Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 17 de abril de 2018

Paul Auster, Tombuctú

Auster, Paul, Tombuctú, (Seix Barral, Barcelona: 2017)
Leímos la presente obra a propuesta del grupo de lectura del Ateneo de Mahón para el encuentro celebrado el 22 de marzo. Y del autor ya comentamos otra de sus novelas, El palacio de la luna. De esta destacamos:
  • La relación de parecido con En el camino de Jack Kerouac en lo que se refiere a las drogas o a la vida nómada de Willy que, además, está escribiendo una epopeya de título Vida vagabunda (16) además de soltarle a su perro una disquisición sobre las virtudes morales de la vida sin hogar (83).
  • Más remota es la relación con El coloquio de los perros de Cervantes aunque hay ideas en común en ambas obras: la capacidad de dominar el lenguaje humano por parte de los perros; el dolor del perro por la muerte del amo; el cambio de amos... Y dice Pérez Reverte en este artículo del suplemento de fin de semana del periódico local, común a otros periódicos, que también él ha sacado una novela con perros pensantes; y en ese artículo cita novelas que tratan el tema, la de Cervantes incluida, pero no ésta de Paul Auster.
  • Una relativa simetría entre el comienzo donde se anuncia la muerte de Willy (no iba a durar mucho [9]) y el final con la muerte de Míster Bones.
  • Los cambios de nombre de los dos protagonistas que, además, se presentan en la relación de maître / valet: don Quijote / Sancho, ciego / Lázaro… La diferencia consiste en que Willy decide cambiar su nombre añadiéndole Christmas como apellido y, en cambio, a Míster Bones son los demás quienes se lo cambian. Aunque es cierto que el cambio de nombre de Willy es producto de una alucinación al ver a Santa Claus dirigiéndose a él por televisión (27-31); y, más aún, tras observar la poca diferencia que va de Santa a Satán que vienen a representar el bien y el mal Willy se decide por el bien y se hace tatuar la imagen de Santa Claus como un signo visible de su transformación (31). Y traslada la bondad al perro: ¿Era Míster Bones un ángel metido en el cuerpo de un perro? (47).
  • Willy toma conciencia de la visión del modo de ser y expresarse de su perro, y de su visión del mundo: sobre todo de la diferencia que va de la percepción del mundo a partir de la vista o del olfato (49-51): era lógico pensar que el mundo percibido por un perro era completamente distinto del captado por el hombre (51); aunque eso es algo en lo que el perro ya había caído: para un perro, querido amo, el mundo es una sinfonía de olores (57).
  • En relación con lo insinuado más arriba sobre la novela como camino o, lo que es casi lo mismo, peregrinación, ésta lo es a varios niveles: a) El camino hasta Baltimore, donde Willy pretende encontrar –y encuentra poco antes de morir de modo que el camino tiene éxito- a su antigua maestra la señora Swanson (91). b) El camino de Míster Bones al azar una vez muere su amo. Y c) el camino hacia Tombuctú: en efecto, Willy le explica a Míster Bones que es allí donde va la gente al morir, que era un sitio que existía de verdad […] en medio de algún desierto; y lo presenta con cierto tono mítico: -Donde termina el mapa del mundo, es donde empieza Tombuctú; y para llegar allí hay que atravesar un territorio de eterna nada (62-63); y, en efecto, tras la muerte de Willy, como Míster Bones ha creído en ello -sabía con certeza que su amo estaba en Tombuctú (151)- ése es el espacio que pretende el perro al final de la obra.
  • Conscientes de que los sueños siempre tienen importancia en cualquier obra literaria, no entendemos bien la función de los que aquí aparecen aunque se alude explícitamente a la duda entre sueño y realidad –Cf. La vida es sueño- y al sueño dentro del aueño -Cf. algún cuento de Borges o/y Cortázar-: no estaba seguro de si volvía a estar en el mundo real o acababa de despertarse en otro sueño (99). Así ocurre, por ejemplo con un sueño del perro de tipo premonitorio: Fue entonces cuando tuvo el sueño en que veía morir a Willy (82); así, sueña algo que luego ocurre, cómo estando frente a la casa de E.A. Poe y, tras un discurso de múltiples temas por parte de Willy, se detiene un coche de policía que ordena a Willy que se marche pero éste, al parecer, sufre un desmayo y se lo llevan en ambulancia (86ss.): Hasta ahí, el sueño no había sido muy distinto de la realidad (89). Inmediatamente después el sueño se complica con una transformación, Míster Bones se sintió dividido en dos partes. Una de ellas siguió en la esquina […] y la otra se convirtió en mosca. […] mientras la parte perro esperaba en la esquina, la mosca se elevó en el aire […] persiguiendo a la ambulancia con toda la rapidez que le permitían sus alas. Y es en esa forma de mosca como el perro asiste a la muerte de su amo (98) para, en seguida, volver a la situación inicial: se encontraba de nuevo en la esquina […] viendo cómo la ambulancia se perdía en la distancia (98). Y hemos dicho que el sueño era de tipo premonitorio porque, tras él, se producen todos los hechos soñados y en el mismo orden e incluso el discurso de Willy es exactamente el mismo; pero, en el momento en que llega la ambulancia el perro halla la vía de escape: tampoco se quedó a esperar que apareciese la ambulancia. ¿Qué sentido habría tenido? Estaba seguro de que […] no mucho después de amanecer Willy estaría de camino a Tombuctú (107). Más tarde, el perro narrará otro sueño de cuatro años y medio atrás: tras una tarde en que Willy y él van a Coney Island a visitar al tío Al y llegan a su casa (144ss), el perro sueña lo mismo con la variante de que antes de llegar Willy se baja del metro y lo deja solo: quizá es otro sueño premonitorio que anuncia la soledad de Míster Bones tras la muerte de su amo porque, de hecho, el episodio está narrado poco después de la muerte de éste,
  • Así empieza la peregrinación del perro que, por decirlo de algún modo, releva a su amo; y sufre una primera sensación de soledad: la noche fue aún peor, pues era la primera que pasaba solo, y la ausencia de Willy era tan fuerte, […] que Míster Bones apenas hizo otra cosa que yacer inmóvil en su sitio y añorar la cercanía del cuerpo de su amo (118). Y comienza por percibir, por un sexto sentido, su muerte: Era como si todo se hubiera vuelto oscuro, como si se produjera un eclipse en su alma, y aunque nunca llegó a descubrir exactamente cómo lo supo, estaba seguro de que había llegado la hora de que Willy abandonase este mundo (118). Los problemas que tiene, y en los que parece que no había caído por solventarlos su amo, son los normales, sobre todo en lo que se refiere a la alimentación y, así, antes de comer restos en un parque (117), sufre una gran frustración al no poder dar caza a las palomas: Otra paloma echó a volar, luego otra y después otra más (116). Y es de notar que tenga escrúpulos a la hora de comer según qué: mientras hincaba el diente en la nueva y extraña pitanza, inevitablemente pensaba si se estaría comiendo a un congénere (130-131)..
  • En su camino, Míster Bones –y de ahí el parecido con El coloquio de los perros que, a su vez, bebe de la novela picaresca- va pasando de amo en amo. El siguiente (124ss), aún en Baltimore, será Henry Chow, un muchacho de familia china y aficionado al béisbol que lo bautiza con el nombre de un jugador de su equipo, Cal. 
  • Huirá de él cuando lo rechace la familia a la que, además, teme porque tiene un restaurante chinoTras tres días de andar y llegar a Virginia (143) toma conciencia de que, si no quiere pasar hambre, ha de encontrar nuevo amo: Como no encuentres otro amo, estás perdido (147). Tiene suerte y lo adopta una familia que parece el perfecto modelo americano: casa con jardín, dos hijos pequeños… Y le producen una impresión positiva a varios niveles: con la niña llega a la convicción de que Willy […] no era el único bípedo del mundo en el que se podía confiar. Resultaba que había otros, y algunos eran muy pequeños (161-162); y de la madre, Polly, piensa que realmente era muy guapa (158). El único que pone alguna objeción es el padre, Dick, que no le deja entrar en la casa lo que provoca en Míster Bones la siguiente reflexión: no llegaba a comprender cómo un perro podía formar parte de la familia si no tenía derecho a entrar en su hogar (171). Y a ese nuevo estado corresponde un nuevo nombre, Sparky, que, según nota del traductor, tiene relación con chispa
  • En una lectura lata se puede observar una competencia entre Dick, el padre de familia, y Míster Bones por la posesión de la hembra, Polly. Hay al menos dos indicios que apuntan en esa dirección: 1º) Dick decide que a Míster Bones le tenían que capar (171); 2º) si antes el perro había apreciado la belleza de la mujer luego se aficiona a sentarse en el cuarto de baño contemplando a Polly en la bañera (179), cuando su marido está ausente con lo que, además, transgrede la prohibición de no entrar en la casa: dicho de otra manera, penetra en la casa de Dick y, simbólicamente, en su mujer, y de ahí, quizá, la idea de la necesidad de caparlo por parte de él a lo que, por cierto, la mujer se opone: ¿A que no te gustaría que te lo hicieran a ti? (181).
  • En relación con lo anterior está la evolución de la relación entre Míster Bones y Polly: ésta convierte a aquél en confidente y le cuenta cómo había logrado sacar adelante a su hija Alice en la enfermedad (190); de ahí las reflexiones del perro: Polly estaba encantada con la casa, pero no quería a Dick. Esto ya lo tenía claro Míster Bones, y aunque la propia Polly no lo sabía, no tardaría mucho en estrellarse contra la verdad. Por eso necesitaba a Míster Bones, y como él la quería más que a nadie en el mundo, se alegraba de servirle de confidente y caja de resonancia (191): Míster Bones es para Polly, pues, (casi) un sustituto de su marido.
  • El final de la novela, sin embargo, se precipita cuando la familia, siguiendo su modelo, decide ir de vacaciones de Navidad a Disneylandia sin Míster Bones, que se quedará en un albergue para perros del que huye a la primera ocasión (200ss.). En su camino de huida tiene otro de sus sueños (213ss.) en el que se ve plácidamente con Willy que le pide que vuelva al refugio no sin antes haberle prometido que tenía cabida en Tombuctú: -Créeme, chucho, te van a admitir. Ya se ha decidido (216). De ahí que el perro dedida quitarse la vida dejándose atropellar (222).

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