Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 4 de diciembre de 2017

Quijote, I,36-37

Continuamos con nuestra lectura del Quijote para ponerla en común con el grupo de Temps de lectura del Ateneo de Mahón y, en concreto, acudimos a los capítulos 36 y 37 de la primera parte situados en la venta de Juan Palomeque el Zurdo:

Capítulo 36: la venta
  • Anecdóticamente diremos que el epígrafe del capítulo -Que trata de la brava y descomunal batalla que don Quijote tuvo con unos cueros de vino- no se corresponde con el contenido puesto que tal batalla ya ha ocurrido en el capítulo anterior. Más aún: don Quijote no hace acto de presencia en todo el capítulo puesto que está durmiendo.
  • Se ve clara en este capítulo la función de la venta: lugar de encuentro de personajes y consecuente anagnórisis. Se reconocerán entre sí y se reordenarán las parejas de enamorados presentes o aludidos en los capítulos anteriores: Cardenio-Luscinda, Fernando-Dorotea. Se consigue así un final feliz para ellos a diferencia de lo que ocurría en El curioso impertinente.
Capítulo 37: el discurso de las armas y las letras
  • Solventado el problema amoroso y cerrada, pues, esa trama secundaria, se insinúa otra con la llegada a la venta de dos nuevos personajes: el cautivo y Zoraida. Se consigue crean cierta expectación a partir del hábito del cautivo y la procedencia de Zoraida: sugieren que su historia es de interés. 
  • Tras ello, cenan todos juntos y don Quijote pronuncia el discurso de las armas y las letras. Es de notar la simetría con el discurso de la Edad de Oro: igual que este último precedía a la trama de Marcela y Grisóstomo, el de las armas y las letras servirá de pórtico a la historia del cautivo.
  • El discurso de las armas y las letras es de tema tópico: basta con citar el Debate de Elena y María del siglo XIII acerca de si es mejor ser la amante de un caballero o de un clérigo. Por supuesto, don Quijote se decanta por las armas: no hay que dudar sino que esta arte y ejercicio excede a todas aquellas y aquellos que los hombres inventaron (442); Argumenta el componente intelectual del ejericio de las armas: las armas requieren espíritu como las letras; y da como finalidad del mismo la paz: tienen por objeto y fin la paz (443).



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