Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 17 de julio de 2016

Pedro Fraile, Un espacio para castigar

Fraile, Pedro, Un espacio para castigar (Serbal, Barcelona: 1987)
Un libro que compré hace montones de años en una de las librerías de Barcelona que vendían por catálogo: te enviaban mensualmente un catálogo, marcabas crucecitas en los libros que te interesaban y te los remitían contra reembolso. Antes de Internet, Amazon y toda modernidad.
Compré otros muchos libros de esa editorial, monos, con muchos santos como decían antes, e incluso leí en ella El origen de las especies de Darwin.

Y este lo compré porque conocía al autor, Pedro Fraile. Trabajé un curso con él en un instituto, el curso 1983/84; algo antes de lo que llamaron la reforma, eso que resultó cuando los pedagogos decidieron que los alumnos habían de convertirse en ciudadanos críticos (o algo por el estilo). Pedagogos que no se habían leído la Paideia de W. Jaeger, pedagogos que no sabían que desde Sócrates ya estaba todo dicho, pedagogos que incluso ignoraban la gran labor pedagógica de Ferrer Guardia en el paredón... En fin, que me voy por las ramas de Úbeda.
Sabía que el autor, Pedro Fraile, estaba preparando una tesis doctoral sobre el espacio carcelario y he visto que el libro es una versión simplificada de ella; claro, que por experiencia sé que una tesis es volumen, aparato erudito, venga bibliografía... Luego supe que el autor logró salir del sistema y andaba por la universidad de Lérida; sana envidia, que yo oposité sin conocer a nadie en la universidad de Oviedo frente a dos candidatos de la casa y nada. Claro que la cumbre de toda mi buena fortuna, en frase de Lázaro de Tormes, llegó en el 97 cuando saqué por concurso una plaza en el exterior y estuve seis años en Ginebra cobrando 6.600 euros con 4.000 de ellos libres de IRPF. Bueno, pero aunque yo no sea Umbral, iba a hablar del libro.
Y el libro se remonta, o parte de, la Ilustración. Por cierto que con ello pensé en espacios carcelarios anteriores presentes en la literatura española. En el Buscón en concreto: una cárcel en Segovia en la que los presos dejaban caer por la ventana una cuerda con una cesta atada y, desde una taberna en la calle, les enviaban comida y bebida; o la cárcel de Madrid con los presos hacinados y entre ellos un puto -como en la época se llamaba a lo que luego fue un maricón- de modo que los demás no se atreven a tirarse pedos para no recordarle al puto que tienen culo.
Seguiré por puntitos:

  • De la Ilustración parte y, en concreto de Bentham y de una idea suya en lo que a arquitectura carcelaria se refiere, el llamado panóptico, fácil de entender para quien sepa griego porque, además, la plabra se asemeja a la utilizada para tres de los cuatro evangelios, sinóptico. Edificio panóptico es, pues, aquel distribuido de tal forma que todo puede ser visto desde un punto; visto y controlado, claro está.
  • Más adelante, sin embargo, Bentham presenta alguna idea sobre arquitectura o, más bien, decoración carcelaria, que más parece barroca que ilustrada: la de pintar los muros de la cárcel de blanco, gris o negro según los delitos de los encarcelados sean, respectivamente, menos o más graves; y, sobre todo, la de colgar dos esqueletos en la puerta de la cárcel (52). Parece que estemos en ese arte barroco que pretende no deleitar ni crear belleza sino impresionar; y recuérdese la calavera junto al lecho de Felipe IV.
  • Pero en suma, de lo que trata Bentham es de concretar sobre el terreno lo que él cree que deben ser las penas que deben darse en el encierro: soledad, oscuridad y dieta. De ahí la búsqueda del diseño perfecto para una cárcel que lo pueda llevar a cabo en su justa medida (53). 
  • Ya sabía yo que la guillotina fue un avance en los derechos del reo en tanto la muerte es instantánea y sin salvajismos, que no debe ser fácil cortarle a alguien la cabeza porque el condenado por fuerza ha de moverse; de ahí la anécdota sobre la ejecución de Ana Bolena, la segunda mujer de Enrique VIII, para la que hicieron venir un verdugo francés que era todo un artista. Pues bien, el autor lo sitúa en el contexto ilustrado: se trata de disminuir el contacto físico entre reo y verdugo, de reducir la teatralidad (49); y además lo ilustra con una cita de Foucault que culmina diciendo: Se entra en la era de la sobriedad punitiva (49 con error ortográfico que, como está en una cita, no sabemos si es del autor o del traductor de Foucault: relogero). Y para ilustrar esa teatralidad y esa proximidad entre verdugo y reo, nada mejor que la ejecución que aparece al comienzo de una novela que reseñábamos aquí, La lunga vita di Marianna Ucrìa, de Dacia Maraini: en un ahorcamiento, el verdugo tiene que subirse a los hombros del ajusticiado para acabar con su pataleo, y ello en la Sicilia del XVIII y, justamente, en una sociedad, tal como la presenta la novela, en tensión entre Ilustración y tradición.
  • Son de agradecer la cantidad de fotos, ilustraciones, grabados, planos... Interesante es el esquema de retrete de la página 201. Como de lo que se trata es -y de ahí lo de panóptico- de que el preso sepa que siempre puede ser vigilado y como -según entiendo- el sistema de desagüe del retrete es una vía de posible comunicación entre celdas, se idea un mecanismo que avisa de que el preso está haciendo uso del retrete a la vez -al parecer- que, mediante una válvula, queda bloqueada esa posible comunicación. 
  • Impresionante una conclusión a la que se llega, por fin, en la página 205. Es aquello de que uno va leyendo y leyendo e intuye que en algún momento aparecerá una genialidad. Y así es. Se dice a propósito de la Modelo de Barcelona y su fracaso; porque fue ejemplo de fugas y desórdenes. Se viene a decir que el poder necesita de la delincuencia y, por tanto, de la escuela donde prepararla. He ahí la función de la cárcel. Es lo de la omnipresencia del poder, que para eso lo es.
Bien en general, pues, la obra, como juicio emitido desde mi desconocimiento de la materia. Quizá se resiente un poco por un salto algo brusco entre la parte teórica inicial y la parte práctica inicial aunque, claro, no podría ser de otra manera. Quizá sea sólo el modo de reducir una tesis doctoral a un libro manejable. Y lo que sí me ha parecido algo fuerte es lo de citar a T. Kuhn a propósito de esto; se entiende sí, es lo del paradigma que sustituye al paradigma, pero aún así...

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