Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 11 de junio de 2016

Jack Kerouac, En el camino

Kerouac, Jack, En el camino (Anagrama, Barcelona: 1989)
  • Una novela prejipi quizás; por la marihuana que fuman. O de la generación beat. Un roadmovie sin movie. Una novela itinerante y de itinerario caótico: ahora Nueva York, luego San Francisco, luego Denver, vuelta a San Francisco, Nueva York... Pero narraciones de itinerario caótico hay muchas: piénsese sólo en La Odisea; o La Colmena a su escala... Comentaremos: Está narrada en primera persona y situada justo tras la Segunda Guerra Mundial de modo que una de las pocas fuentes de ingresos del protagonista es una paga de veterano. Otra será la venta de un libro puesto que tiene pretensiones literarias: La venta de mi libro me proporcionó algo de dinero (297).
  • Se da una cierta visión idealizada del oeste desde el este: iríamos juntos al oeste algún día. Esto era en el invierno de 1947 (14). Se refiere a la decisión que el narrador, Sal Paradise, toma con su amigo Dean, personaje peculiar que acompaña al narrador en algún viaje: En el Oeste había pasado una tercera parte de su vida en los billares, otra tercera parte en la cárcel, y la otra tercera en la biblioteca pública (15). Más adelante (vid. infra) tambiél el sur será mágico.
  • Son viajes en auto-stop, en autobús, en coches desvencijados... Y en condiciones precarias como en su primer viaje al oeste: Comí otro pastel de manzana y otro helado; eso es prácticamente todo lo que comí durante mi travesía del país (25); y lo mismo poco después: Comí tarta de manzana y helado (27).
  • Las descripciones son rápidas y con mucha adjetivación; al regreso en autobús del primer viaje, Cruzamos Nuevo México durante una noche negra como la tinta; en el amanecer grisáceo estábamos en Dalhart, Texas; durante la triste tarde del domingo rodamos de un chato pueblo de Oklahoma a otro; al caer la noche estábamos en Kansas (125).
  • Abundan el sexo, el alcohol y las drogas, Refiriéndose a ese mismo viaje en autobús dice el narrador: Conocí a una chica y nos achuchamos todo el tiempo hasta llegar a Indianápolis (125); y de esa sensación de caos antedicha porque la chica Venía del estado de Washington (126), al norte, y está viajando en dirección norte. O enamoramientos tan súbitos como efímeros: allí estaba la chica de ojos puros e inocentes que siempre había buscado. Decidimos amarnos locamente (360). 
  • El segundo viaje al oeste es en grupo: no pararíamos hasta el verdor y el olor a río de la vieja Nueva Orleans, en el fondo de América; luego iríamos al oeste. Ed iba en el asiento de atrás; Marilou, Dean y yo íbamos delante y hablábamos animadamente de lo buena y alegre que era la vida (160).
  • En el tercer viaje quiere establecerse en Denver: En la primavera de 1949 tenía unos cuantos dólares ahorrados de mis cheques de veterano y fui a Dénver pensando establecerme allí (215). Pero pronto cambia de opinión y vuelve a California: Fui a ver a una chica rica que conocía. Por la mañana sacó un billete de cien dólares de su media de seda y dijo: -Has estado hablándome de un viaje a San Francisco; ya que quieres ir, coge este dinero, vete y diviértete (217).
  • El cuarto viaje lo provoca la primavera: Siempre que llega la primavera a Nueva York no puedo resistir la llamada de la tierra que llega soplando por el río desde Nueva Jersey, y tengo que irme (297). Se despide de su amigo Dean y decide ir de nuevo hacia Denver; de nuevo la adjetivación durante el recorrido: El oscuro y misterioso Ohio, y Cincinnati al amanecer. Después los campos de Indiana de nuevo, y por la tarde San Luis como siempre bajo las grandes nubes del valle. Los adoquines cubiertos de barro y los troncos de Montana [...] (303). Hace amistad en el autobús con Henry Grass, que acaba de salir de prisión (304) y al poco Dean se reúne con él: La llegada de Dean fue algo así como una vieja película (309). Deciden entonces ir a Méjico: hacia el mágico Sur. Tuvimos una visión de todo el hemisferio occidental hundiéndose hasta la Tierra del Fuego y de nosotros volando y siguiendo la curvatura del planeta (315). Y, al llegar, lo mismo: Al fin habíamos encontrado la tierra mágica al final de la carretera y nunca nos habíamos imaginado hasta dónde llegaba esa magia (327); y en palabras de Dean: Al fin hemos llegado al cielo. No puede ser más tranquilo, no puede ser mejor, no puede ser nada más (329).
  • Algún personaje destaca entre la cantidad de amigos que encuentran por las ciudades de sus viajes. Sobre todo Dean Moriarty, que oscila entre varias mujeres y a quien el narrador acaba considerando como un padre en la frase final de la obra: pienso en el viejo Dean Moriarty, ese padre al que nunca encontramos, sí, pienso en Dean Moriarty (364).

No hay comentarios:

Publicar un comentario