Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 2 de diciembre de 2015

Oscar Wilde, La decadencia de la mentira

Wilde, Oscar, La decadencia de la mentira (Acantilado, Barcelona: 2014)
Precioso opúsculo, en forma de diálogo, en que se reivindica la prevalencia del arte sobre la naturaleza y la vida. Y es de 1898, para que se aprecie la distancia con respecto a los Machado (Antonio, el hermano del poeta), Unamuno, Baroja...

El diálogo se establece en un espacio significativo: una biblioteca de una casa de campo; y así queda ya establecida una de las oposiciones de la obra, la que se da entre la literatura -o el arte- y la naturaleza. Del mismo modo ocurre entre los dos interlocutores, Cyril y Vivian. El primero propone salir a disfrutar de la Naturaleza y a fumar un cigarrillo tumbados en la hierba (5) y el segundo responde que la Naturaleza resulta muy incómoda. La hierba pincha, es húmeda y está llena de bultos y de repugnantes insectos negros (6). Éste último, Vivian, es quien parece encarnar el ideario del autor y se expresa por momentos a base de boutades: la experiencia me dice que cuanto más estudiamos el Arte menos nos interesa la Naturaleza (6); si la Naturaleza hubiera sido más cómoda. la humanidad nunca habría inventado la arquitectura [...]. Nada es tan evidente como el odio de la Naturaleza a la inteligencia (7). De ahí que pertenezca al club de Los Hedonistas Fatigados (10)
Vivian está escribiendo un artículo que resume su pensamiento y lo titula La decadencia de la mentira, una condena (9) cuyo contenido es justamente eso, la decadencia de la Mentira como arte, ciencia y placer social (11). Es decir, que se trata de reivindicar la mentira como motor de creación.
Apunta también hacia posturas propias del Simbolismo y el Modernismo. Por ejemplo, la torre de marfil: El público supone que, puesto que a él le interesan las cosas de su entorno inmediato, el Arte también debería interesarse y tomarlas como tema. Pero el simple hecho de que el público se interese por esas cosas las invalida como temas para el Arte (24). Por ejemplo también, el esteticismo: El Arte únicamente se expresa a sí mismo. Posee vida independiente, como el Pensamiento, y sólo obedece a su propio criterio. No tiene por qué ser realista en una época de realismo ni espiritual en una época de fe (67); Para quienes vivimos en el siglo XIX, cualquier siglo salvo el nuestro es un tema artístico adecuado (68).
En rigor la obrita se convierte en un manifiesto antinaturalista: Zola, Dickens... renuncian a la belleza, que ha de ser la máxima aspiración del arte. Y Zola es blanco de sus críticas: su obra es un desatino de principio a fin, no en sentido moral sino artístico. Lo que esperamos de la literatura es la distinción, el encanto, la belleza y la capacidad creativa (18-19). Si el arte consigue liberarse de la realidad no sólo no imitará a la naturaleza o la vida sino que se convertirá en modelo de una y otra.


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