Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 15 de julio de 2017

Oscar Wilde, La decadencia de la mentira

Wilde, Oscar, La decadencia de la mentira (Acantilado, Barcelona: 2014)
Precioso opúsculo, en forma de diálogo, en que se reivindica la prevalencia del arte sobre la naturaleza y la vida. Y es de 1898, para que se aprecie la distancia con respecto a los Machado (Antonio, el hermano del poeta), Unamuno, Baroja...

El diálogo se establece en un espacio significativo: una biblioteca de una casa de campo; y así queda ya establecida una de las oposiciones de la obra, la que se da entre la literatura -o el arte- y la naturaleza. Del mismo modo ocurre entre los dos interlocutores, Cyril y Vivian. El primero propone salir a disfrutar de la Naturaleza y a fumar un cigarrillo tumbados en la hierba (5) y el segundo responde que la Naturaleza resulta muy incómoda. La hierba pincha, es húmeda y está llena de bultos y de repugnantes insectos negros (6). Éste último, Vivian, es quien parece encarnar el ideario del autor y se expresa por momentos a base de boutades: la experiencia me dice que cuanto más estudiamos el Arte menos nos interesa la Naturaleza (6); si la Naturaleza hubiera sido más cómoda. la humanidad nunca habría inventado la arquitectura [...]. Nada es tan evidente como el odio de la Naturaleza a la inteligencia (7). De ahí que pertenezca al club de Los Hedonistas Fatigados (10)
Vivian está escribiendo un artículo que resume su pensamiento y lo titula La decadencia de la mentira, una condena (9) cuyo contenido es justamente eso, la decadencia de la Mentira como arte, ciencia y placer social (11). Es decir, que se trata de reivindicar la mentira como motor de creación.
Apunta también hacia posturas propias del Simbolismo y el Modernismo. Por ejemplo, la torre de marfil: El público supone que, puesto que a él le interesan las cosas de su entorno inmediato, el Arte también debería interesarse y tomarlas como tema. Pero el simple hecho de que el público se interese por esas cosas las invalida como temas para el Arte (24). Por ejemplo también, el esteticismo: El Arte únicamente se expresa a sí mismo. Posee vida independiente, como el Pensamiento, y sólo obedece a su propio criterio. No tiene por qué ser realista en una época de realismo ni espiritual en una época de fe (67); Para quienes vivimos en el siglo XIX, cualquier siglo salvo el nuestro es un tema artístico adecuado (68).
En rigor la obrita se convierte en un manifiesto antinaturalista: Zola, Dickens... renuncian a la belleza, que ha de ser la máxima aspiración del arte. Y Zola es blanco de sus críticas: su obra es un desatino de principio a fin, no en sentido moral sino artístico. Lo que esperamos de la literatura es la distinción, el encanto, la belleza y la capacidad creativa (18-19). Si el arte consigue liberarse de la realidad no sólo no imitará a la naturaleza o la vida sino que se convertirá en modelo de una y otra.


No hay comentarios:

Publicar un comentario