Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 17 de julio de 2017

Arnold Zweig, El sargento Grischa

Zweig, Arnols, El sargento Grischa (Cenit, Madrid: 1929)
Desconocíamos a este autor de origen judío y lengua alemana (1887-1968), y nos decidimos por esta novela porque la tenía por casa y porque está en este catálogo de lecturas, que sigo de lejos y es uno de tantos que recomiendan lo que has de leer antes de morir.
La novela es bélica, con escenario en el frente del este durante la Gran Guerra y la situación inicial es la fuga de ese sargento Grischa, ruso, de un campo de prisioneros alemán. Además, estamos en el momento de la revolución rusa; dice un soldado alemán: -[...] allá en Rusia hay revolución (20); aunque poca presencia tendrá en la obra: a lo sumo, una discusión entre dos personajes, Sasha y Dwore sobre si el impulso para la transformación de la descarriada sociedad burguesa viene del campo o del trabajo fabril (85). Comentamos en desorden:
  • La situación paralela en la que se encuentran los soldados de ambos ejércitos en tanto todos quieren volver a casa: Grischa Ilytsch Paprotkin, sargento, tiene su hogar en Volodga, allá, muy adentro, al noroeste de los potentes terrenos rusos; y si busca mujer e hijos, tiene que ir a encontrarlos al otro lado del frente (14). Y lo mismo uno de los soldados alemanes que vigila a los prisioneros: -Yo no necesito más que irme a casa -exclama-, volver a ser Hepptke, el cerrajero de Eberswalde; ir los domingos por la tarde a la taberna a echar un vaso de cerveza; ver al crío meciéndose en la cuna y a la madre haciendo calceta  (21).
  • Grischa huye escondiéndose en un tren de mercancías y, al salir de él, se ha de internar en un bosque que adquiere valores simbólicos a la luz de los que expone, por ejemplo, Jacques Le Goff en Lo maravilloso en el occidente medieval o cualquier interpretación de los cuentos folclóricos: es lugar lleno de peligros según la conversación entre dos ferroviarios: -[...] atrévete a meterte allí. Tú, Félix, cuenta cómo quisiste ir a buscar el asado en Navidades y cómo tuvimos que sacarte, después de cuatro horas, con tiros y silbidos (32); más tarde será territorio, según hablas populares, de un ogro (77) o de una bruja (81). Aún así, Grischa sabe sobrevivir cazando con arco y venablos que fabrica a partir de un paraguas (36-37). Y poco después, ese espacio se transformará en un locus amoenusel vocerío encantado de pajarillos invisibles, el tierno júbilo de los paros, la voz argentina de los pinzones (59).
  • En el bosque tiene lugar el encuentro con un grupo de personajes entre los que destaca, por su papel posterior, una mujer lituana, Babka, que cuenta cómo a su padre y dos de sus hermanos los fusilaron los alemanes, según parece, por haber escondido una escopeta (53-55). Y se anticipa así lo que le ocurrirá a Grischa, que la dejará embarazada. Y Babka aparece caracterizada con rasgos contradictorios: -la mujer rústica que había intervenido en dos combates y fusilado por su propia mano a tres hombres- todo lo duro y la hombruna corteza de su alma, y en los brazos de Grischa tan sólo yacía y palpitaba una mujer joven en la cual lo maternal y lo femenino se armonizaban con lo amoroso (64). Ante ella vuelve a insistir Grischa en su deseo de irse a casa: Hay en mí algo que quiere ir a casa, y tan sólo por eso no puedo quedarme contigo (56).
  • Es esa Babka quien le propone a Grischa que cambie su uniforme por el de otro soldado ruso muerto, Byuschew, que parece haber sido un desertor (57). No entendemos bien el por qué de ese cambio de uniforme -quizá porque parece mejor pasar ante los alemanes como desertor que como fugitivo-, que, según se espera a partir de la tradición literaria, tendrá consecuencias; y serán fatídicas. Pero Babka protege a Grischa y quiere irse con él: una mujer que escogía para sí un solo hombre [...] y que deseaba ahora [...] permanecer en la senda del amado para defenderlo y también para poseerlo (65); Otra vez tengo un fin en la vida. Otra vez vale la pena de pelearse con los alemanes y sus patrullas por la vida querida (67). Por eso le pone delante de una imagen de la Virgen un amuleto ruso como lo había llevado Byuschew -tres santas protegidas por dos cabezas de ángeles grabadas primorosamente en una medalla cuadrada, de bronce amarillo (66); y ello tendrá doble valor: además de sugerir un símbolo de matrimonio, impone a Grischa una suerte parecida a la de Byuschew de quien pronto sabremos que ha sido condenado a muerte por haber andado espiando, por tiempo indeterminado, detrás del frente alemán (94). Además, al marcharse Grischa, uno de los compañeros de Babka le anticipa su suerte: a la postre caerás en manos de los guardias, compañero (73).
  • De otro lado, pronto se presenta a los oficiales alemanes enfrentados a propósito de, precisamente, el fusilamiento de Byuschew. Von Lychow lee la orden de fusilamiento firmada por Schieffenzahn y piensa: Y vamos a fusilar al hombre por marcharse de sus tropas sin permiso (106). Ese enfrentamiento, junto a las peripecias burocráticas, será el eje principal de la novela; ya capturado Grischa, que dice ser Byuschew (118), ello llevará, como se intuye, a su fusilamiento. Pronto Von Lychow confirma la orden dirigida contra Byuschew: el desertor Ilya Pawlowitsch Byuschew, convicto y confeso de espionaje, es condenado a la pena de muerte (119). Y ocurrirá a pesar de que Grischa diga no ser Byuschew y haberse comprobado su identidad, tras pedir informes al campo de prisioneros del que se fugó y acudir desde allí un suboficial y un cabo (155-156): Aunque la identidad del sentenciado Byuschew con un prisionero de guerra fugado, Paprotkin [...] ha sido en cierto modo comprobada, sin embargo, desde más altos puntos de vista, no puede hablarse de una plena demostración de identidad (218). Por eso Lychow se opone una y otra vez al fusilamiento: Se ha sentenciado a un hombre por una cosa que -según clara demostración- no ha cometido, y, en lugar de un nuevo proceso, quieren hacerlo fusilar. Y Lychow no se presta a ello (231). Mientras, Schieffenzahn se mantiene en la postura contraria y vuelve a ordenar la ejecución mediante telegrama: Disponga asunto Byuschew en sentido convenido; anuncia ejecución dentro veinticuatro horas (290); y encuentra una clara justificación: como cada día se sacrifican a la victoria de la causa alemana unos mil hombres, podía muy bien caer con ellos un desertor ruso (294). Más tarde aún queda cierta esperanza para Grischa porque, a causa de la nieve, hay una avería eléctrica y no funcionan las comunicaciones para transmitir la última orden para la ejecución; y aún tiene otra oportunidad cuando Babka le prepara una fuga con altas posibilidades de éxito; pero él, ya cansado, no quiere (377ss.). Y llegará la ejecución con una serie de ironías: 1º) Es Grischa quien ha limpiado los fusiles que se van a utilizar: Así, por lo menos, sabe que recibe una bala limpia (315). 2º) Y quien cava su propia tumba (412). 3º) La ejecución sigue a una fiesta protestante del día de Todos los Santos que los alemanes celebran alegremente (339ss.); con ello, Grischa será fusilado al día siguiente, día de los Fieles Difuntos. 4º) Se da gran importancia a los elementos formales de la ejecución: el fusilamiento de un hombre era un acto solemne [...] el desfile de los poderes espirituales del teólogo, que salva al alma, y el médico que certifica la muerte [...]. debe darse comunicación a los ejecutantes para que se vistan sus mejores galas (350).
  • La prisión de Grischa no es del todo dura: sale a trabajar y recibe visitas de Babka (200) que le comunica su embarazo (214).
  • Hay alguna acción paralela de tipo secundario como el flirteo entre el soldado alemán Bertin, centro de los trámites burocráticos que afectan a Grischa y convencido de que se va a salvar (174), y la enfermera Sofia. Pero, al parecer, Bertin tiene mujer en la retaguardia, Leonor; y se equipara así a Grischa, que tiene a la suya y a Babka.
  • Otro personaje secundario de interés es el judío Täwje, para quien Grischa trabaja como prisionero. Encuentra paralelos entre éste y multitud de personajes bíblicos: quiere volver a su casa como Tobías, es metido en prisión como José o Daniel... (181).
  • En rigor, el final de la obra tiene un aspecto positivo, el parto de Babka, que viene a compensar la muerte de Grischa: era una muchacha, pesaba más de seis libras, bien formada (445).
Un detalle marginal: la traducción parece deficiente o, al menos, basarse en un castellano algo forzado

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