Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 28 de junio de 2017

Yasunari Kawabata, Lo bello y lo triste



Kawabata, Yasunari, Lo bello y lo triste (Planeta, Barcelona: 2016)
Leemos la presente novela a propuesta del grupo de lectura de la Biblioteca Pública de Mahón y para la sesión del 28 de junio. Y desconocíamos al autor (1899-1972) que, a lo que parece, es puntero en la narrativa japonesa del XX. Y tan japonés, que se suicida aunque inhalando gas. Como japonesa o, al menos, alejada de la narrativa occidental, está esta novela -de 1966- llena de templos, jardines, té, quimonos... incluso geishas. Y se basa en varios triángulos amorosos superpuestos de tal modo que más bien se asemejan a un polígono. Comentaremos:
  • El origen remoto de la trama se basa en la relación adúltera entre Oki Toshio, hombre casado, y la joven Ueno Otoko, que se llevan once años. Una mínima explicación se da en que Otoko se queda huérfana de padre a los once años (15). Sea como fuere, Oki la desflora cuando ella tiene quince años (15) y de tal relación nace una niña muerta (17). Como resultado, Otoko intenta suicidarse (25; luego sabremos que también Oki estaba dispuesto a morir [139]) y luego su madre y ella se trasladan a Kioto: entonces, Oki tuvo la certeza de que su relación había terminado. Pero ¿había terminado realmente? (22). Y aquí se ha dado ya el primer triángulo amoroso: Oki, su mujer y Otoko.
  • Por eso, en la primera página, Oki acude a Kioto el 29 de diciembre con el propósito de escuchar las campanas que señalaban el comienzo del nuevo año (9; y vamos a dejar de lado el porqué de que en el Japón el año empiece el 1 de enero). Pero en el viaje hay una segunda intención: También lo había impulsado un acuciante deseo de volver a ver a Ueno Otoko después de tantos años (10). Más adelante sabremos que han pasado veinte años (34).
  • Ya en Kioto, Oki llama a Otoko para quedar pero no es ella quien va a recogerlo al hotel sino la joven Sakami Keiko, discípula de Otoko, que ahora se dedica a la pintura, y que convive con ella (24ss). Pasan los tres juntos la noche de fin de año y ello ya apunta a otro triángulo.
  • Al irse Oki de Kioto, es también Keiko quien va a despedirlo. Y él le pide que le envíe alguna pintura suya: Una pintura abstracta, de esas que la señorita Ueno califica de un poco locas (35). Y así actúa Keiko que, poco después, le lleva dos cuadros y, como Oki no está en casa, se los deja en el estudio (48): será simbólica, en relación con lo que luego ocurrirá, esa penetración de objetos de Keiko en casa de Oki; de momento, es de notar la reacción de Fumiko, la esposa de Oki: -¡Sea como sea, detesto esos cuadros! -exclamó y su cara se contrajo de rabia-. ¡No los quiero en mi casa! (51); y los cuadros acabarán en la habitación de Taichiro (81). Además, es Taichiro, el hijo de Oki, quien acompaña luego a Keiko a la estación (48) y la madre se queda preocupada porque tarda mucho en volver: Una chica tan bonita, maliciosamente fascinante; y Oki intenta contrarrestarlo aludiendo a una posible relación lesbiana entre Keiko y Otoko: tal vez ella y Otoko sean amantes (52).
  • Pero no son infundados los temores de Fumiko a tenor de la respuesta de Keiko cuando Otoko le pregunta por su viaje a Tokio: Otoko, quiero vengarte (61); y al preguntarle Otoko por qué si ella misma no piensa en eso, Keiko responde: -Porque todavía lo amas... porque no podrás dejar de amarlo mientras vivas (62); e insiste más tarde: -Quiero destrozar su familia para vengarte (94). De este modo, Keiko va a convertirse en el elemento distorsionador.
  • El segundo paso de Keiko consiste en volver a Tokio con otro cuadro representando un campo de té y entregárselo a Oki (81). Ya se dan elementos que muestran como si Keiko quisiera sustituir a Otoko: ella le dice, refiriéndose a una novela que, sobre su amor con Otoko ha escrito Oki (vid. infra): -A mí no me importaría que escribiera sobre mí (80). Y Oki y Keiko acaban follando en un hotel: los labios de Oki estaban sobre los de ella. Fue un beso muy largo. [...] No tardó en comprobar que no era virgen (89; aunque más tarde Keiko le dirá a Otoko: él ni siquiera es capaz de un beso prolongado y que Es la primera vez que me acuesto con un hombre [97]). Más tarde, en un paseo campestre, Oki recuerda un detalle curioso de la escena: ella le había entregado su pezón derecho, pero le había negado el izquierdo (148) y ello puede responder simbólicamente a la intención de Keiko de no entregarse completamente.
  • La relación de Otoko y Keiko no es sólo la que se da entre la maestra y su discípula sino que va más allá; según vamos entendiendo, se confirma la relación lesbiana intuida por Oki: 1º) Keiko le pide a Otoko que la pinte desnuda y ésta acepta: -Pero no desnuda. Los desnudos pintados por mujeres nunca quedan bien (59). 2º) Duermen en camas juntas: Keiko se tendió al lado de Otoko (70). 3º) Más tarde Keiko gritará -¡Ay!... ¡Otoko, Otoko! (89) mientras está follando con Oki. 3º) Keiko confiesa a Otoko haber follado con Oki y haber deducido que Todavía te ama y tiene la conciencia sucia. Eso basta para despertar mis celos (94). 4º) Otoko diseña un quimono para Keiko: (Keiko) Trató de ajustarlo por delante [...] En ese instante sus labios pronunciaron el nombre de Otoko. Al mirar la prenda, vio a Otoko en el estampado de las mangas y la falda. Otoko había creado aquel estampado para ella (104); y, poco más tarde, un gesto de complicidad: Keiko se acercó a Otoko y enderezó la costura trasera de su quimono con suavidad (107). 5º) Y las dos tienen relaciones sexuales claramente pero mediatizadas por Oki:  (Otoko) Cuando recordaba lo que él le había enseñado y lo imitaba al hacer el amor a Keiko (128); con ello estamos ante otro triángulo amoroso: Oki, Otoko, Keiko.
  • El tercer paso de Keiko se produce con motivo de un viaje de Taichiro, por causas universitarias, a Kioto. Es un viaje lleno de malos presentimientos. Por parte de su padre: No puedo permitir que Taichiro la vea (151); lo mismo su madre cuando, ya en Kioto, habla con Taichiro por teléfono: vuelve a casa [...] Es una mujer abominable (203); y por parte de Otoko, que dice a Keiko: No vayas, por favor [...] -No vayas. Te ruego que no vayas. ¡Si vas preferiría que no regresaras! Si te vas hoy no vuelvas nunca más (176-177) refiriéndose al encuentro con Taichiro. Y también en el terreno de la superstición: dice Keiko al ir a recibirlo al aeropuerto: lo he estado observando desde que salió del avión. Fue el séptimo en salir (154); y cuando, desde un balcón, ven los dos una pelea de perros dice Keiko: -No soporto a los perros. Si un perro te ladra por la mañana, seguro que te espera un mal día (185). Incluso se da una conversación entre Keiko y Taichiro, a propósito de ir a dar un paseo en barca, que anticipa lo que va a ocurrir: -No me importaría que el bote volcara -dijo Keiko. / -No estoy muy seguro de poder salvarla (158). Sea como fuere, Keiko y Taichiro se reencuentran y Keiko confiesa sus intenciones: -Yo quería vengar a la señorita Ueno. / -¿Vengarse en mi padre? / -¡Y en usted también! (160). Pasean en busca de lo que quiere investigar Taichiro y trazan un recorrido algo simbólico: 1º) de ascenso hacia un templo: ¿Hay que subir más aún? (196; y el desenlace se producirá abajo, en el lago); 2º) de bifurcación del camino: -Probablemente tengamos que tomar el de la izquierda (196). Y es arriba cuando se besan y Taichiro le mete mano: Él deslizó la palma de la mano sobre el quimono, contra el seno derecho. Las manos de ella [...] la guiaron hacia el otro pecho. [...] / -No toques el derecho, no me gusta [...] me hace sentir triste (197; y es lo contrario de lo que había ocurrido con Oki, a quien no quiere entregar el pezón izquierdo [148]); aunque luego, Taichiro accede al pecho derecho: Keiko arqueó la espalda y ofreció sus pechos desnudos. / -¡No! El derecho no. ¡Por favor! ¡Por favor, el derecho, no! -Las lágrimas brotaban a torrentes de sus ojos firmemente cerrados (205). Será así como se llegará al trágico desenlace final con el accidente de lancha en el lago y la desaparición de Taichiro (207) .
  • El final resuelve la acción a base de simetrías y reconocimientos: 1º) Fumiko se encuentra por vez primera con Otoko y la acusa de la muerte de Taichiro: -De modo que usted es la que hizo matar a mi hijo (208). 2º) Se traza un paralelo con el principio de la novela con la muerte del hijo de Otoko. 3º) Parece producirse una reconciliación entre Keiko y Otoko en la frase final: Keiko abrió los ojos. Las lágrimas seguían brillando en ellos cuando miró a Otoko (209).
  • Se da un paralelo entre Oki y Otoko en el plano artístico puesto que uno y otra han reflejado su historia de amor el primero en una novela y la segunda en un cuadro:
  1. Oki escribe una novela titulada Una chica de dieciséis en la que cuenta la historia de sus amores con ella [...] idealizándola hasta cierto punto (36) y que tiene gran éxito. La cuestión está en que Oki le da el manuscrito a su esposa Fumiko, que había sido dactilógrafa, para que lo pase a limpio. Y, como Fumiko conoce la historia de su marido, sufre al pasarla a limpio y ello de provoca un aborto (44): se da así un paralelo entre las dos mujeres con sendos hijos muertos.
  2. Otoko, por su parte, había guardado varios bocetos de su bebé muerto [...] para un cuadro que titularía Ascensión de un infante (66).

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