Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 4 de agosto de 2015

Mario Vargas Llosa, Los cachorros

Vargas Llosa, Mario, Los cachorros (Lumen, Barcelona: 1976)
Leí la obra durante la carrera, en un curso sobre teoría literaria, y recordaba justo el tema central de la emasculación. La he vuelto a leer ahora durante un viaje a Portugal y pocos aspectos tengo que anotar:
  • El tema central, como se ha dicho, es la emasculación de Cuéllar. Más bien la divergencia entre éste y sus compañeros de escuela en el camino de la adolescencia a la edad adulta. Y esa divergencia comienza, claro está, con el accidente que supone, entre otros aspectos, un nuevo nombre, un nuevo bautizo para Cuéllar: comenzaron a decirle Pichulita (65); de modo parecido a como Alonso Quijano pasa a ser don Quijote de la Mancha.
  • La oscilación gramatical en el uso del verbo presente a lo largo de toda la novelita y ya desde la frase inicial: Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos (53). Dice José Miguel Oviedo en el prólogo que el mismo Vargas Llosa pretende, con ese procedimiento, expresar simultáneamente la realidad objetiva y la subjetiva en una misma frase (30).
  • Como pequeño detalle diremos que es curioso que el perro que muerde a Cuéllar en un colegio religioso se llame Judas (63).
  • El problema del protagonista es, por supuesto, el de la virilidad. Su cuerpo se va desarrollando: Te has vuelto un Tarzán, Pichulita, le decíamos, qué cuerpazo te echas al diario (73). Y él trata de sobreactuar su virilidad frente a sus compañeros mediante el alcohol: se metían a la bodega de la esquina y le pedíamos al chino, golpeando el mostrador con el puño: ¡cinco capitanes! Seco y volteado, decía Pichulita, así, glu glu, como hombres, como yo (72-73).
  • En un estadio posterior sus amigos empiezan a tener novia: El primero en tener enamorada fue Lalo (75). Todos, y sobre todo Cuéllar, interrogan a éste para que dé detalles y Cuéllar se emborracha: Pichulita se zampó. Recostado contra un poste, en plena Avenida Larco, frente a la Asistencia Pública, vomitó (75). Y también más tarde poniéndose violento: se presentó borracho en la Misa de Gallo y Lalo y Choto tuvieron que sacarlo […], quisiera tener un revólver, ¿para qué, hermanito?, […] ¿para matarnos?, sí (85). Luego comenzó a hacer locuras para llamar la atención. […] a que me robo el carro del viejo y nos íbamos a dar curvas a la Costanera, muchachos?, […] y él se sacaba el Chevrolet de su papá y se iban a la Costanera; ¿a que bato el récord de Boby Lozano? (77); ¿a que me vuelo todos los vidrios de esa casa con la escopeta de perdigones de mi viejo?, a que no, Pichulita, y él se los volaba (78). Tras Lalo, los demás del grupo también van consiguiendo salir con chicas: Choto le cayó a Fina Salas y le dijo que sí, y Mañuco a Pusy Lañas y también que sí (78): la reacción de Cuéllar es encerrarse en casa un mes. Chingolo le cayó a la Bebe Romero y le dijo que no, a la Tula Ramírez y que no, a la China Saldívar y que sí (80): la reacción ahora será aislarse mientras los amigos le piden que busque novia: ¿por qué no le caes a alguna muchacha de una vez? Así serían cinco parejas (81).
  • Tras ello, cuando los amigos incluso llegan a intercambiarse las novias –Chabuca ya no era enamorada de Lalo sino de Chingolo y la China ya no de Chingolo sino de Lalo (89; aunque Lalo y Chabuca vuelven: Cuando Lalo se casó con Chabuca [113])- parece que Cuéllar se va a decidir por una chica: llegó a Miraflores Teresita Arrarte: Cuéllar la vio y, por un tiempo al menos, cambió. De la noche a la mañana dejó de hacer locuras (89). Él no acaba de decidirse –¿y si Tere sabía, si alguien se lo decía? (99)- y los amigos le insisten: no puedes seguir así, amargándose, enflaqueciéndote, chupándose, que le cayera de una vez (100). Pero él no se decide y vuelve al alcohol: tomaba, qué odio sentía, […] hasta emborracharse (101). Por fin Teresita se decide por otro, por Cachito Arnilla (101) y Cuéllar pasa a hacer surf para demostrar su hombría: olones de cinco metros […], como diciéndole Tere fíjate a lo que me atrevo y Cachito a nada (103).
  • Los amigos, según su evolución viril normal, van de putas y Cuéllar los acompaña: a veces […] se iba dando un portazo, no vuelvo más, pero otras se reía y les seguía la cuerda […] que ellos escogieran su polilla, subiéramos y bajaran: qué rapidito, Chingolo, les decía, ¿cómo te fue?, o cuánto te demoraste, Mañuco, o te estuve viendo por el ojo de la cerradura, Choto, tienes pelos en el poto, Lalo (108). Hasta que un día reacciona negativamente: pagó su cerveza y salió, ni se despidió. Salimos a la Avenida Grau y ahí lo encontraron, acurrucado contra el volante del Nash, temblando (109).
  • El final es previsible. Vuelve a los coches: si ya había conducido un Chevrolet y un Nash, ahora será un Volvo: Cuando Lalo se casó con Chabuca […] Cuéllar ya había tenido varios accidentes y su Volvo andaba siempre abollado, despintado, las lunas rajadas (113). Y sigue por ese camino: a las pocas semanas tuvo su primer accidente grave, haciendo el paso de la muerte las manos amarradas al volante, los ojos vendados- en la Avenida Angamos. Y el segundo, tres meses después (115). Hasta que se mata; y se cuenta sin ninguna ceremonia y de forma natural como si fuera de esperar, que lo es: y ya se había matado, yendo al Norte, ¿cómo?, en un choque, ¿dónde?, en las traicioneras curvas de Pasamayo (116-117).
  • El  párrafo final presenta a los amigos instaurados en la vida burguesa normal: Eran hombres hechos ya y teníamos todos mujer, carro, hijos que estudiaban […], y se estaban construyendo una casita para el verano […], y comenzábamos a engordar y a tener canas, barriguitas (117).

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