Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 25 de mayo de 2017

Antonio Buero Vallejo, Las Meninas

Las Meninas
Buero Vallejo, Antonio, Historia de una escalera. Las Meninas (Espasa-Calpe, Madrid, 1982)
Leemos 'Las Meninas' para la sesión del club de lectura de la Biblioteca Pública de Mahón del 24 del corriente. Y destacamos:
  • En cuanto al tema, dice Ricardo Doménech en el prólogo, que es la España posible frente a una España real: intenta buscar las causas lejanas del presente español del momento.
  • Personajes:
  1. El de Velázquez será el papel más positivo: caritativo, fiel a su mujer y a su rey, ajeno aunque sufriendo las maledicencias de la corte,…
  2. Junto a él, el mendigo Pedro, casi ciego pero consciente según el tópico del ciego que ve y conoce –Homero, Tiresias, el primer amo de Lázaro, Max Estrella- y, por ello, comprende la pintura de Velázquez que los demás no comprenden; así se sigue de lo que le dice su compañero Martín a propósito del cuadro Las Meninas:  ¡No sé cuántas simplezas te tengo oídas ya de ese cuadro! ¿Qué sabes tú de él, si ves menos que un topo? (185). Además, la ceguera está en relación con el tema de la luz, básico en pintura. Velázquez lo recuerda positivamente al haberle servido de modelo hace tiempo: estoy solo. Y sin embargo… Conocí hace años a alguien que hubiese podido ser como un hermano (124).
  3. En el polo opuesto a Pedro, la infanta María Teresa, confidente del pintor, que, viendo, no
    conoce el mundo: sigo siendo una niña que no sabe de nada (145); La verdad de la vida no puede estar en el protocolo… A veces creo entreverla en la ternura sencilla de una lavandera, o en el aire cansado de un centinela (146). Además, llega a enfrentarse a su padre: Podéis seguir engendrando hijos con mujerzuelas y castigar a quien tuvo la osadía de enseñaros que se puede ser fiel a la esposa (233); con ello, Velázquez y el rey se muestran como opuestos.
  4. Y si la infanta es la confidente, del otro lado están quienes acusan al pintor: Nieto, el Marqués y Nardi; y a propósito de ello, habla Ricardo Doménech, en el prólogo a la edición, de mito cainita para la relación entre ellos y Velázquez (18). Nardi será antagonista de Velázquez en su manera de entender la pintura a juzgar por lo que dice de Las Meninas: La falta de sobriedad en sus actitudes (de las infantas) las hace parecer simples damas de la Corte; los servidores, los enanos y hasta el mismo perro parecen no menos importantes que ellas… […] Tampoco se escoge el adecuado país para el fondo, […] sus majestades se reflejarían en el espejo. No ha encontrado lugar más mezquino para vuestras majestades en el cuadro, mientras él mismo se retrata en gran tamaño (162-163).
  5.  Algunos de estos personajes y los restantes actúan por parejas: Los mendigos Martín y Pedro; los enanos Mari Bárbola y Nicolasillo; la infanta María Teresa y Doña Juana, la mujer de Velázquez.
  • En las acotaciones iniciales ya se aprecia el lenguaje dramático, diferente del de otros géneros. Y así, el juego de sonidos y luces o el vestuario: Se oye el lejano doblar de una campana […]. capa raída […] mugriento sombrero […]. La luz crece. […] entra un dominico (107). Diremos de paso que la presencia del dominico, cuyo hábito contrasta con los andrajos de los mendigos, sirve de anticipo al juicio al que se va a someter a Velázquez.
  • Se puede entender así la obra, en tanto el teatro es visual, como texto metapictórico –cuadros que hablan de cuadros- y, así:
Venus del espejo
  1. La escena inicial recuerda dos cuadros de Velázquez por la presencia de los dos mendigos que, unos dieciséis años antes, sirvieron de modelos a Velázquez para sus irónicas versiones de Menipo y Esopo (106). Más adelante se juzga al pintor por haber pintado la Venus del espejo con la diosa desnuda y él se defiende: El hambre crece, el aire se envenena y ya no tolera la verdad, que tiene que esconderse como mi Venus, porque está desnuda (233); con ello el cuadro adquiere ciertos tintes simbólicos. Por fin, en la escena final y como culminación de la obra se presenta a los personajes dispuestos tal como aparecen en Las Meninas: hombres y mujeres componen, inmóviles, las actitudes del cuadro inmortal (237).
  2. Se discute sobre lo que debe representar la pintura. Le dice Velázquez al rey a propósito del cuadro Las Meninas: Yo creo que la verdad… está en esos momentos sencillos más que en la etiqueta… Entonces, todo puede amarse… El perro, los enanos, la niña… (169). Y se opone así a la visión que tenía Nardi (vid. supra).
  • Se insiste largo y tendido en un gesto que el pintor hace con las manos: Se toma lentamente la mano izquierda con la derecha y se la oprime (121); Se vuelve a oprimir las manos (123); se oprime las manos (140); se oprime las manos con tensa expectación (154); se oprime las manos (156). Y, a juzgar por lo que dice su mujer, ésta lo achaca a infidelidad: antes [...] tú buscabas mi mano con la tuya […] ¿A quién busca esa mano? […] ¿A… otra mujer? (123). Después sabremos que hubo motivos –que luego resultan infundados- durante la estancia del pintor en Italia: el esclavo Pareja dice refiriéndose a una modelo: Yo hubiera dado por ella todo […] Pero se mofaba de mí […] mientras os daba a vos todos sus favores (197). Pero el gesto de las manos vuelve cuando el matrimonio discute sobre la presencia del mendigo Pedro en su casa: Velázquez se las oprime y ella se lo retrae: ¡Otra vez tus manos! (181). Y curiosamente Pedro repetirá el gesto poco antes de salir de casa de Velázquez para ir a morir: se toma una mano con la otra en un gesto apenado (205).

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