Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 17 de abril de 2017

Stefan Zweig, Castellio contra Calvino

Zweig, Stefan, Castellio contra Calvino (Acantilado, Barcelona: 2001)

Leemos la siguiente obra para la sesión del grupo de lectura que se reunirá en el Ateneo de Mahón el jueves 20 de abril. Y ya comentamos otras obras del mismo autor: Las hermanas, en esta misma colección; un conjunto de Relatos; y los relatos Una partida de ajedrez. Una carta.
La obra nos sitúa en el contexto de la Reforma protestante, de las convulsiones en Europa producidas por la renovación de la espiritualidad. Es la primera mitad del XVI, el tiempo de Lutero y Erasmo. Comentaremos:
Ginebra: Muro de los reformadores
  • Aunque la obra plantea el enfrentamiento entre Castellio, cuya existencia confieso haber desconocido hasta ahora, y Calvino, y, de hecho, así comienza, el eje de toda la primera parte será la personalidad de Calvino y su enfrentamiento con Miguel Servet.
  • Así, se pondrá a Calvino junto a Savonarola y John Knox para decir que quieren destruir la belleza que hay en el mundo y convertir la tierra en un seminario de moralidad. Y opone tales personajes a espíritus libres como Erasmo, Rabelais, Montaigne (18).
  • Traza una biografía poco positiva de Calvino:  joven ambicioso, huye de su Francia natal tras tomar partido por Lutero y se refugia en Basilea donde escribe su Institutio religonis Christianae, que pretende ser la obra canónica del protestantismo (29). (Hay que destacar el ambiente protestante de Basilea: años después, en 1565, se publicará allí una de las primeras traducciones de la Biblia al castellano desde un punto de vista protestante, la llamada Biblia del Oso de Casiodoro de Reina, revisada en 1602 por Cipriano de Valera).
  • La labor de Calvino en Ginebra es precedida por la de Farel, que consigue por referéndum la implantación de la religión reformada (24); tras ello propone a Calvino la dirección espiritual de Ginebra (31) y la consecuencia será que éste acabará convirtendo la ciudad de una república democrática en una dictadura teocrática (33). Y eso es grave porque rompe un principio básico de la Reforma:  la concepción de la religión como una cuestión individual de conciencia (35); la Reforma pretendía que cada hombre interpretara el Evangelio libremente. En lugar del Papa en Roma y de los Concilios, era la conciencia individual la que debía formar su propio cristianismo (50): frente a eso, Calvino instaura una nueva ortodoxia protestante en lugar de la del Papa; es la bibliocracia en la que él, en tanto predicador, es el único intérprete competente. Pero antes, a causa de su enfrentamiento con la autoridad civil, es desterrado y es curiosa la reflexión del autor al compararlo con otros personajes como César, Napoleón o Lenin, que se apartan de su espacio para volver a él y hacerse con todo el poder (44).
  • Calvino trata de convertir Ginebra en el primer Estado divino sobre la tierra (49). E impone su credo; elimina de la iglesia todo lo que pueda apartar al hombre de Dios: incienso, arte, música, esculturas, campanas, solemnidades como Navidad o Pascua, festividades de los santos… (61); la devoción no puede acreditarse por medio de signos externos sino sólo internos (y en ello coincide con Erasmo).
  • Calvino se opone a Castellio y veta que sea nombrado predicador por dos cuestiones nimias: la interpretación del Cantar de los Cantares, que Castellio ve como un poema de amor, y el significado del descenso de Cristo a los infiernos (93); Castellio acabará en Basilea, importante núcleo humanista.
  • Pero la cuestión de Miguel Servet es más grave: niega el dogma de la Trinidad, aceptado por Lutero, Zvinglio y Calvino. Y de ahí la terrible condena a muerte de Miguel Servet, quemado vivo en la hoguera: el primer asesinato religioso dentro de la Reforma según Voltaire (152). Y de ahí la reacción de Castellio. Y tiempo después Calvino acaba por inventar una conspiración contra él mismo y ejecuta a todos los oponentes que no pueden huir (207).
  • La acusación inicial de Castellio contra Calvino tras la ejecución de Miguel Servet es grave: le acusa de haber asesinado a un hombre por celo fanático y, con ello, de haber aniquilado la libertad de conciencia en el seno de la Reforma (9). Califica a Servet de víctima inocente y rechaza la argumentación de Calvino diciendo: Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre (19).
  • Se pone en tela de juicio el término hereje aplicado a Miguel Servet: es un absurdo para la doctrina evangélica puesto que asigna a cualquiera el derecho a la libre interpretación de las Escrituras (152); discute la esencia de la herejía y acaba concluyendo que es completamente relativa en tanto un calvinista es hereje para un católico o un anabaptista para un calvinista (171). En la misma dirección, Castellio propone la diversidad y ambigüedad de cualquier verdad terrena o divina y, de ahí, su obra De arte dubitandi (163). En cambio, Calvino, en tanto juez total, decreta que la doctrina de Castellio es herejía (181): pero no tiene ningún derecho para ello sino que su deber habría sido el de ilustrar sobre sus errores al adversario y tratar de convencerle (191).
  • La conclusión última del libro será la plantear qué hubiera sido de Europa si hubiera triunfado completamente la disciplina de Calvino con sus ideas puritanas: ni teatro, ni pintura, ni música; ni Shakespeare, ni Rembrandt, ni Molière, ni Rubens, ni Mozart, ni Beethoven… (244-248). Contrariamente, países como Holanda, Inglaterra y los Estados Unidos serán los de mejor disposición para las libertades democráticas. Paradójicamente, de Ginebra será Rousseau y allí acudirá a retirarse Voltaire. Y así conviven en Holanda, Inglaterra o América la tolerancia de Castellio y la religión de Calvino (248).

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