Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 13 de abril de 2017

Quijote, I,17-18

Continuamos con la lectura de la obra a ritmo de dos capítulos mensuales y éstos son los que tocan para la sesión del Ateneo de Mahón del próximo 20 de abril:

Capítulo 17:
  • El vómito: vomita don Quijote tras beber el bálsamo de Fierabrás y, tras dormir, queda sano; luego Sancho Panza, al beber el resto, comenzó […] a desaguarse por entrambas canales y, al revés que su amo que sale ileso, sufrirá el manteo.
  • El dinero: como ya había ocurrido en la primera venta (I,3), don Quijote se niega a pagar, pero ésta vez sí que lleva dinero según se sigue de I,7.
  • Vuelve a sufrir Sancho Panza, manteado esta vez y socorrido luego por Maritornes. 

Capítulo 18:
  • El tiempo narrativo: se dice que es el tiempo de la siega. Y a lo largo de la obra habrá una insistencia total en el verano incluso contra la lógica temporal: quizá para oponerse a la primavera eterna de la literatura pastoril.
  • Confusión de ejércitos y rebaños: y es don Quijote quien, como en el capítulo I,1, parece crearlo todo a través de la palabra dotando de nombres, por lo demás ridículos, a los caballeros de los ejércitos. Además, toma los nombres y la situación de sus lecturas de donde lo que ocurre es que construye el mundo a partir de la literatura y no a la inversa. A la vez, se insiste en la polvareda que levantan los rebaños con lo que, en realidad, don Quijote crea ese mundo a partir del caos del polvo como Dios del barro en el Génesis.
  • Discusión entre amo y escudero sobre la sustancia de lo que ven: ejércitos o rebaños como antes gigantes o molinos. Y que se solventará más adelante con el baciyelmo.
  • Al arremeter don Quijote contra las ovejas se dice que comenzó de alanceallas: ello lleva a Torrente Ballester, en El Quijote como juego, a dudar de la locura de don Quijote porque, si les da con la lanza es porque la lleva oblicua y no paralela al suelo como en el caso de que atacara a otro caballero.
  • El resultado vuelve a ser el mismo: pedradas para don Quijote. Y nuevo vómito, esta vez sobre Sancho que, a su vez, vomita sobre don Quijote. Si no fuera porque hay un episodio parecido entre amo y criado en el Lazarillo (Tratado I donde Lázaro vomita sobre el ciego), podría hablarse de la irrupción de la fealdad –y lo escatológico- como rasgo de la literatura barroca en oposición a la belleza renacentista. Visto de otra manera, se ha pasado de lo épico a lo escatológico.

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