Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 8 de marzo de 2017

Oliver Sacks, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

Sacks, Oliver, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (Anagrama, Barcelona: 2016)
Leemos la obra a propuesta del club de lectura de la Biblioteca Pública de Mahón para discutirla en la sesión que se ha de celebrar el próximo 29 de marzo. Y la primera sorpresa es el contenido: con ese título uno se esperaría una novela de humor. O al menos, una novela habida cuenta, además, la colección en que está ubicado el texto, los Compactos de la editorial Anagrama. Pues no, ni mucho menos: se trata de pequeños relatos clínicos. Es real, es decir, existió ese hombre que confundía a su mujer con un sombrero; y por eso se la quería poner en la cabeza. Se trata, en el libro, de la descripción de trastornos, de casos de difícil catalogación en el mundo de la psiquiatría: de errores en la percepción, de pérdidas de memoria, de insólitas capacidades...
  1. La primera parte plantea la cuestión de lo que llama "déficit" o incapacidad de la función neurológica: pérdida de habla, del lenguaje, de la memoria, de la visión...; estas disfunciones se denominarán con palabras negativas: afonía, afemia, afasia, agnosia... Y se asocian a lesiones en una zona determinada del hemisferio izquierdo del cerebro (19). De ahí ese primer caso del hombre que confundió a su mujer con un sombrero, un paciente sin rastro de demencia y con ese claro error de percepción.
  2. El segundo caso es el del marinero perdido, un hombre que en 1975 cree estar todavía en 1945 recién llegado de la guerra (43ss).
  3. Muy diferentes son los casos de la segunda parte titulada "Excesos". No se trata de déficit sino de lo contrario, no de amnesia sino, por ejemplo, de hipermnesia, hipergnosia,,, Un buen ejemplo es la anciana del capítulo 14, 'Los poseídos': En la extensión de una manzana pequeña esta anciana frenética caracterizó convulsivamente los rasgos de cuarenta o cincuenta transeúntes en una secuencia vertiginosa de imitaciones caleidoscópicas, que duraban un segundo o dos cada una (165).
  4. La tercera parte, titulada "Arrebatos", trata de la reminiscencia: la percepción alterada, la imaginación,... Y se trata estos fenómenos desde el punto de vista médico explicándolos desde una base orgánica (172). El ejemplo es el de la señora O'C. quien, a causa de una trombosis, empieza a oír canciones irlandesas que conocía de niña: la súbita irrupción de canciones irlandesas en la noche, la activación súbita de rastros de memoria musicales en el córtex, eran, al parecer, consecuencia de un ataque (177). Y algo parecido le ocurría a otro paciente, Shostakóvich: tenía alojada una esquirla metálica en el cerebro y según cómo movía la cabeza podía oír melodías siempre distintas (186-187).
  5. Un caso grave es el planteado en el capítulo 19 donde un joven asesina a su novia bajo el efecto de las drogas y no puede recordarlo ni por hipnosis ni mediante medicamentos. Sin embargo, lo recuerda mucho después tras sufrir un accidente con una grave herida en la cabeza e intenta suicidarse varias veces.
  6. En la cuarta parte, "El mundo de los simples", se presentan individuos, luego llamados sabios idiotas, que, aunque "mentalmente deficientes" en ciertos sentidos, pueden ser mentalmente interesantes, incluso mentalmente completos, en otros (224). Un caso es el del capítulo 22: un individuo con retraso mental debido a una meningitis casi mortal en la infancia y sin formación musical conocía más de dos mil óperas, decía conocer todas las calles de Nueva York y se sabía de memoria una enciclopedia de música que su padre le había leído en voz alta. Y en el mismo capítulo aparece otro individuo que se aprendió las tres primeras páginas de la guía telefónica de Boston tras habérsela leído su padre (y lo mismo aparece, si no yerro, en la película Rain Man donde Dustin Hoffman interpreta a un autista).
  7. Y el caso más sorprendente es el de los gemelos del capítulo 23 capaces de decir al momento en qué día de la semana cae una fecha del futuro o pasado lejanos (250); o de repetir un número de trescientas cifras (252); o de explicar el tiempo meteorológico o los acontecimientos de cualquier día de sus vidas desde que tenían cuatro años (254); o de decir la cantidad de cerillas que se cae de una caja: 111, que al instante descomponen en 37 x 3 (y algo semejante aparecía también en Rain Man); o de ponerse a hablar entre ellos diciendo uno un número primo de seis cifras y contestar el otro con otro número primo.
Un libro curioso, pues, alejado de nuestros intereses pero que ahí queda.

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