Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 4 de marzo de 2017

James Slater, Años luz

Slater, James, Años luz (Salamandra, Barcelona: 2016)
Leemos la presente novela a propuesta del grupo de lectura del Ateneo de Mahón y para discutirla en la sesión del próximo 16 de marzo.
Y una buena pregunta es: ¿a qué viene el título? La única respuesta que se nos ocurre es que la expresión años luz puede sugerir la distancia que va desde la armonía en que parecen vivir los personajes de la obra hasta la realidad. Efectivamente, hasta algo avanzada la novela no hemos conseguido captar el intríngulis: se trata de cómo la felicidad es, a veces, sólo aparente. Y una vez apreciado el detalle, vemos que quizá la frase inicial -Surcamos el río negro (9)- tiene un valor simbólico y premonitorio que se entenderá en el último capítulo con el suicidio –sugerido más que explicado- de Viri (cap. 5,11).
  • Los personajes centrales, esa familia feliz, presentada en otoño de 1958 (14), está formada por:
  1. El marido, Viri, arquitecto: Había nacido después de una guerra y antes de otra, en 1928, de hecho, un año de crisis, un año en la senda del siglo. Había nacido sin tener en cuenta la época  (46).
  2. La mujer, Nedra: Le cuesta mucho hacer amistades. No tiene tiempo para la amistad, se desengaña enseguida (53). Tiene un pasado complejo: ni siquiera a los dieciséis años presagiaba a la mujer en que habría de transformarse hasta que de pronto un verano abandonó todo y desapareció (130).
  3. Las hijas Danny y Franca, de 5 y 7 años (14).
  4. Los animales: el poni Ursula (11), un lagarto, una serpiente parda, una tortuga (11), el perro Hadji (37), el conejo (174).
  • El espacio es doble –el campo con la casa junto al río Hudson y la ciudad, Nueva York- y concebido como opuesto: En cuanto cruzas el puente, estás entre árboles, en la oscuridad, la ciudad desaparece (16). Y, de otro lado, veremos más abajo cómo Europa se concobe casi como el espacio idóneo para arreglar los problemas personales.
  • El tiempo parte de 1958 cuando las niñas tienen siete y cinco años (14) y se va marcando a partir de la edad de los miembros de la familia: se dice, refiriéndose a Nedra, que Ella tenía treinta y cuatro años (134). Luego, que A los dieciséis años, Franca cambió (199). Cuando Viri y Nedra viajan a Inglaterra, Franca Tenía diecinueve años (239) y, al volver y divorciarse, Nedra tenía cuarenta años (254); poco después, Viri cumplirá cuarenta y cuatro (285) con lo que estaremos en 1972 porque había nacido en 1928 (46); por fin, al ir Viri a Roma, Tenía cuarenta y siete años (347). Y los mismos tiene Nedra a su muerte (267).
  • Alrededor de la familia está el amplio círculo de amigos con el que celebran comidas, cenas, reuniones, festividades: Peter Daro y su mujer (15); otros amigos en otra fiesta cuya función parece la presentación de personajes: Bruce Ettinger, Eve Caunt, Gerald deBeque, Faye Massey, Arnaud Roth, George Clutha y Kaya, (cap. I,6). Todo es, en principio, armónico: Cenas en el campo, la mesa rebosante de vasos, flores, comer hasta saciarse, cenas que acababan en humo de tabaco, una sensación de bienestar. Cenas pausadas. La conversación no se interrumpe. Su vida de pareja es especial, fervorosa, prefieren pasar el tiempo con sus hijos, sólo tienen unos pocos amigos (19). Algo parecido ocurre en casa de Marcel Maas, casado con Nora y padre de Kate: Viri se reúne con ellos y  aparece Jivan (cap. 1,10); o cuando Arnaud y Eve acuden un verano junto al matrimonio y se dice de Arnaud: Lo primero que hizo fue comprar ciento cincuenta dólares de licor (135); o con las amigas de Nedra: Almorzaba con Eve o con Marina, a veces con ambas. Eran mediodías en que los restaurantes se llenaban de clientes, de clamor y de una luz perfecta y serena (145); aunque enseguida Eve proponga a Nedra: ¿Por qué no compartes a Viri conmigo? (146). O el Domingo de Pascua. La mañana era hermosa, los árboles se inundaban de sol. Aparecieron los Vern, Larry y Rae (159). Y, a propósito del licor citado, en otra de las cenas Kate Marcel-Maas se emborracha: Kate ha bebido un poquito más de la cuenta (193). Y será significativo que a Viri, tras divorciarse, le ocurra lo mismo en casa de los Daro: antes de que sirvieran la cena, cruzó a trompicones la cocina para desmayarse, de bruces, en la cama de la habitación de la sirvienta (284).
  • Tras esas escenas iniciales de armonía y felicidad sobreviene por sorpresa la infidelidad conyugal de uno y otro. Primero será Viri; y exponemos su vida amorosa extraconyugal por etapas:
  1. Se presenta la relación con intriga, en una escena de él con una mujer en principio presentada sólo con pronombres: Ella llevaba un vestido sin mangas […]. Él sabía que ella no llevaba nada debajo del vestido (61). Tampoco conocemos su nombre cuando ambos se envuelvan en una atmósfera de sensualidad: Él se estaba escabullendo de su ropa […] ella lo esperaba tendida. […] Su calidad de mujer nueva lo ahogaba […] Se despertaron mucho más tarde, débiles, indultados. Ella tenía la cara hinchada de amor. […] Ella pasó por delante, desnuda, y su piel rozó la suya. […] Había entrado en aquella habitación donde había una mujer que lo estaba esperando, una mujer inteligente que sabía por qué había ido (62-63). Luego sabremos que es una compañera de trabajo (64), Kaya (103).
  2. Lo curioso es que, poco después, Viri aprecia la armonía conyugal: La presencia de Nedra era la garantía definitiva de orden y santidad […]. La casa estaba en silencio, las ventanas oscuras, sus hijas estaban acostadas. En el dedo de Nedra, cerca de él, había un anillo conyugal de oro [… Cf. 243]. Estaban acostados juntos en la oscuridad. En una gaveta del escritorio […] había una carta de amor (70-71).
  3. Aun así, se intuye la catástrofe: Una noche por semana, alegando el trabajo como excusa, y a veces dos noches por semana, siempre que podía, Viri se quedaba hasta tarde en la ciudad. Poco a poco su vida se estaba dividiendo. […] El desplome está escondido, debe alcanzar cierto grado antes de irrumpir en la superficie, de que las columnas empiecen a ceder y las fachadas a derrumbarse. Su enamoramiento de Kaya era como una herida (103).
  4. Y el final llega cuando Viri acude a su piso y ella no le deja entrar porque está con otro; su reacción es casi física: Estaba enfermo, se estaba muriendo (105). Luego acude al piso cuando ella no está y, en un acto simbólico, rasgó el cuello de un vestido largo, oscuro, el más hermoso de los que poseía (107).
  5. No logra olvidarla porque luego sueña con ella: Viri vio, en su último sueño, a una mujer con un bonito vestido que llegaba al ascensor de un gran hotel. Era Kaya (149). Mucho más tarde, la ve casualmente y aún se inquieta: El corazón le dio un vuelco. Era Kaya Doutreau […]. Resultaba terrible que le afectase tanto la presencia de Kaya, los rasgos sencillos de los que ella era completamente inconsciente: su desenvoltura, el modo de sentarse, el peso de sus pechos dentro de la blusa pálida de punto (205). Y vuelve a tener con ella un sueño cargado de simbolismo: soñó con una orilla de plata agitada por el viento. Kaya se le acercó. […] Las caderas de Kaya eran tan reales […] que él apenas se avergonzó cuando su madre pasó por delante, fingiendo que no los veía. No sabía a ciencia cierta si su madre se lo diría o no se lo diría a Nedra (221). Y vuelve a pensar en ella mientras asiste a la representación de una obra de Ibsen: tenía el nombre de ella impreso en el regazo: Kaya (273); pero al salir del teatro piensa en Nedra y cree ver a su padre: Todavía no se había liberado de ella, de su aprobación, de sus caprichos. Súbitamente, veinte pasos por delante de él, vio a su propio padre. […] No se parecía en nada (274-275). Y es curioso que en una y otra visión Viri asocie a Kaya con su madre y su padre.
  6. Otra de sus relaciones será, tras el divorcio y la marcha a Europa, la italiana Lia a la que conoce en un estudio de arquitectos: Él adoraba los pormenores de su vida, lo electrizaban. Había entrado en un período en que todo lo suyo parecía ser una repetición que acontecía por segunda o tercera vez (341). Pronto entran en relación sexual: Él no sintió vacilación ni miedo. Era como si nunca hubiese visto a una mujer; lo abrumó verla desnuda (343); Soy tuya –dijo, con una voz sin esperanza-. Haz conmigo lo que quieras (354). Acaban casándose y, significativamente, La madre de Lia le regaló a Viri un anillo francés esmaltado que había pertenecido a su familia (356; vid. otros anillos en 70 y 243). Parece que son felices: Estaban en calma, estaban en paz en la Vecchia Roma (356); pero al poco Lia desaparecerá de escena y, sin ninguna explicación, volveremos a encontrar a Viri en América (379).
  • Simétricamente, están las relaciones de Nedra:
  1. Se entiende con un amigo de la familia, Jivan: A mediodía, dos veces por semana, y a veces más a menudo, Nedra se acostaba en la cama de Jivan […]. No llevaba nada encima; tenía las manos, las muñecas, desnudas. […] Él se lo hacía con el mismo ritmo regular […]. Los gritos de ella no tenían fin, sus pechos estaban duros. Emitía los sonidos de una yegua […]. Al cabo de tres, cuatro, cinco acometidas […], él se derramaba en un chorro enorme […]. Ella tenía los pezones más grandes (80-81); Tenía las manos en los hombros de ella, en la prominencia de sus nalgas (97). Es curiosa la mezcla entre gastronomía y sexo mientras Jivan cocina: A él se le hacía la boca agua pensando en Nedra (131).
  2. Se hacen confidencias que descubren las contradicciones de Nedra: -No soy materialista, tú lo sabes. Bueno, supongo que lo soy. Me gusta la ropa y la comida […]. Debería haberme casado con alguien de dinero. Viri no lo tendrá nunca. […] Realmente no estamos hechos para vivir juntos. Y sin embargo, ya ves, lo miro haciendo marionetas para las niñas (96); al mismo tiempo está la estupidez de esta clase de vida, el aburrimiento, las riñas (97). Y, del mismo modo que ocurría con Viri, poco después se la ve feliz con su marido: Él advirtió que a ella, esa noche, le gustaba su vida (99).
  3. Jivan llega incluso a compartir con el matrimonio una cena de Nochebuena: Viri y Nedra trabajaban juntos, Jivan los ayudaba y las niñas envolvían regalos en sus habitaciones (124-125). Y le regala una pulsera que ella no oculta ante su marido: Resonaba cuando ella se movía, un sonido sensual que declaraba que ella le pertenecía, incluso cuando él estaba sentado con el marido de ella y oía a Nedra en la cocina (131).
  4. Durante un verano, se dice de Nedra que Había perdido interés por el matrimonio. No había nada más que decir. Era una cárcel (135) y, acto seguido, escribe a Jivan: Sabes cuánto detesto la idea de estar separados […] pienso en ti más que nunca (136). Pero en seguida y, en referencia al matrimonio con Viri, se dice: los días, el sentimiento de satisfacción, de júbilo pagano. Aclamaban el verano de sus vidas en que, libres de peligro, reposaban. Su carne, su bienestar, hablaba por ellos (142).
  5. Nedra parece querer romper con Jivan poco después de decidir vender la casa: Algo había cambiado entre ellos. Siempre le tendría afecto, pero el verano ya había pasado (212). Se encuentran luego en una casa que ha comprado él –Ella se había encargado de la decoración; su huella estaba en todas partes (223)- y allí conoce a André Orlosky. Jivan quiere mantener la relación –Te echo en falta horriblemente- Pero por toda contestación, ella Lo besó en la mejilla (227).
  6. Al poco André la llama por teléfono y ella acude a verlo tras visitar al yogui Vinhara. Parece que entablan relaciones: -A veces pienso –le dijo ella- que si vivieras en el lado oeste yo no haría esto (230).
  7. Viri parece enterarse de la relación y le dice: -Esas cosas... Estoy seguro de que comprendes que esas cosas, hechas abiertamente […] pueden causar un efecto profundo en las niñas (232). Y ella responde: ¿no es mejor ser una mujer que sigue su verdadera vida y es feliz y generosa, que una mujer amargada y que es fiel? (233).
  8. Ya en Europa, tras el divorcio, conoce a un actor de teatro, Richard Brom, que le regala un pez de plata: Llevaba el pez reluciente y nada más debajo cuando Brom iba a verla. […] Hacían el amor despacio. […] De sus labios brotaban gemidos. […] Él le tapaba la boca con la mano cuando ella quería chillar (294-205; y es de notar que tampoco Kaya llevaba nada bajo el vestido [61]); Sus gemidos, sus gritos, excitan lo indecible a Brom (297).
  • Se insiste en el difícil equilibrio de la armonía conyugal más o menos en crisis: Noches de matrimonio, conyugales, la casa en silencio por fin […]. Si ellos hubieran sido otra pareja, a ella le habría atraído, lo habría amado, incluso… eran tan infelices (156). Le quiero, es un padre maravilloso, pero es terrible. No puedo explicarlo. Es lo que te hace trizas (165); dormían como si se tratase de un arreglo entre ellos; ni siquiera se tocaban con los pies. Era un arreglo, era un matrimonio (230). Viajan a Inglaterra, algo que deseaban, quizá en un intento de salvar el matrimonio (239): No quiero volver a nuestra antigua vida (247); y pasan unos días en Kent, en casa del matrimonio formado por Thomas Alba y Claire; Viri analiza el matrimonio comparándolo con el suyo: Intentó ver máculas en la dicha de sus anfitriones, pero la superficie lo cegaba. Los dedos de Claire no llevaban anillo (243 y Cf. 70). Ni aun así se arreglan: Durmieron en camas separadas […] como monarcas de reinos distintos (249); y, además, Nedra escribe a su último amante: pienso en tu cara y en lo que te quiero […]. Te añoro, te ansío, te veo en todas partes. […] Te amo muchísimo hoy (249). Se divorcian al regresar: Durante todos los trámites, vivieron como siempre, como si nada ocurriese (253). Y el hito siguiente será la venta de la casa por parte de Viri: Era algo que ella suponía que nunca ocurriría y para lo que no estaba preparada (326). Tras ello Viri, como había hecho su mujer, marcha a Europa, concretamente a Italia (336ss).
  • De otro lado, está la evolución de las hijas:
  1. Franca: a los 16 años se rebela contra su madre: -¡Tú siempre insistes en que yo sea diferente! […] No quiero ser como tú (201). Luego se enamora de Mark: los años adolescentes de Franca se esfumaban ante los ojos de Viri. Ella se desvestiría, viviría en México, se toparía con la vida (219). Y luego, de Nile (265). Pero al entierro de su madre acude sola: No estaba casada (376).
  2. Danny entra en relación con Juan: Estaba desnudo, su cuerpo abrasaba el de ella. No pudo hacer nada cuando él le separó las piernas (238). Viven momentos de felicidad: Él dibujó la boca de ella. Ella dibujó la de él. Él dibujó una D, […] y, dentro de la D, ella los dibujó a los dos, un Adán y Eva sexuales. […] Ella era una muchacha aturdida por el amor (244); y se cambia el nombre a petición de él: Vive con alguien que piensa que debería llamarse Karen (271). Lo curioso es que Juan habla de ella a su hermano y es éste quien acaba casándose con ella: la hija de un arquitecto, diecinueve años, fantástica en la cama (298). Y el día de la boda su padre tiene sensaciones negativas: En el momento en que vio a su hija, de un blanco radiante, cerca de otro hombre, […] Viri sintió una súbita punzada de amargura y de pérdida, como si de algún modo fuera un fracasado (300). Al morir su madre, acude al entierro y tiene ya dos hijas de dos y cuatro años (376).
  • La enfermedad tiene cierto peso en la novela: Robert, al parecer, estaba enfermo […]. Lo estaban tratando de una dolencia tiroidea […]. Neil está enfermo. Tiene diabetes (145). O la niña que se cae del caballo: La presión dentro de la cabeza afeitada continuaba aumentando. Llamaron al cirujano a medianoche (149). O el padre de Nedra: Estaba en sus células, la mancha de tabaco, la oscuridad. Tenía que dejar de fumar (159); más tarde Nedra acudirá a su pueblo a verlo morir y ello parece condicionar la visión del paisaje: Viejas casas de ladrillo descolorido que encogían el corazón […]. De repente todo adquirió color, los campos se volvieron verdes. […] Inerme, reconoció sus orígenes, […] la región vacía e ignorante, […] las ciudades vulgares (176), Abajo estaba la ciudad oscura, empobrecida, con sus aceras desmoronadas (180), Comida pobre, gente vulgar (183); y ya muerto el padre, Nedra toma conciencia de sí misma: Estaba desprotegida. El camino hacia su propio fin quedaba despejado (184). O lo que le ocurre a Arnaud: Le pegaron. Ha perdido un ojo (210), quizá nunca vuelva a hablar bien (216); afecta a Nedra: eran heridas de mal agüero para ella. Señalaban los primeros miedos de la vida, de la malevolencia que formaba parte de su savia, y que no tenían explicación ni cura. Nedra quería vender su casa (211). También Peter: En seis meses había dado un paso gigantesco hacia la muerte (311); En el entierro, su cara dentro del féretro estaba maquillada, como una anciana invencible (319). Y, por fin, la misma Nedra: Los últimos pasos de la muerte son veloces, apresurados. Nedra estaba enferma (367); Dolores abdominales. En un primer momento, no acertaron a diagnosticarle nada. Los rayos X no detectaron nada, tampoco los numerosos análisis de sangre (375); su muerte se produce en otoño en relación con la naturaleza: Las hojas de los árboles habían caído, como quien dice, en una sola noche (375).
  • El final de Viri es diferente; se sugiere el suicidio de vuelta a América y al río inicial: Miró abajo una vez más, en una secuencia de pensamientos lentos. La idea de una caída le pareció horrible, pero en aquel instante tuvo la sensación de que todo lo que había sucedido antes, su vida entera, no era en cierto modo más amplia que el tiempo que tardaría en caer por los aires (379); y éste es el párrafo final, bastante claro en relación con lo anterior: Sí, pensó, estoy listo, siempre he estado preparado (381).
  • Como cuestión anecdótica, es extraña la historia de la anguila que ha dibujado Nedra: ella explica el ciclo vital del animal (66-69).
  • En el plano lingüístico, son curiosas algunas comparaciones: Era charlatán […] como un cartero alemán (128); Aguardaba con una lentitud grave y atroz […] como un hombre que va a tañer una campana (130); chocolate con leche de un papel de aluminio. Del color de sus pezones, dijo ella (355-356); Sus manos […] eran como las de una mujer en una granja cuya hipoteca se ha ejecutado (377).

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