Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 21 de julio de 2016

Miguel Hernández, El labrador de más aire

Hernández, Miguel, El labrador de más aire (Cátedra, Madrid: 1997)
Leemos esta obra de teatro para la última tertulia de este curso en la Biblioteca Pública de Mahón y sin entender muy bien la razón de que se escogiera porque... O quizá es, simplemente, que el autor no es de mi gusto: endecasílabos del tipo pajareará mi alma colmenera o voy de mi corazón a mis asuntos hablan por sí solos. Pero tampoco vamos a negar que merezca un sitio en la literatura española del XX junto a los autores del 27 ni que conozca a los clásicos.
De la obra diremos que:
  • Hay una mezcla tal de temas que dispersa la atención: el amor de diversos modos (la mujer desdeñada, la diferencia social entre los enamorados, la malmaridada...), el tema social con el cacique, la envidia con tono cainita, dos elogio del vino (I,1006-1061, III,577-636) no muy justificados...
  • En algún momento parece una obra construida a partir de moldes del teatro clásico y, sobre todo, de Lope de Vega y sus dramas sobre el villano que defiende su honor ante el noble; ejemplos de Lope son Peribáñez y el Comendador de Ocaña y Fuenteovejuna; y también El alcalde de Zalamea calderoniano. Pero cuando parece que la cuestión va por ahí, la obra deriva hacia otros derroteros.
  • Formalmente está compuesta en verso. Y dividida en tres actos subdivididos, a su vez, en cuadros.
  1. Acto I: presenta un mundo en orden y armonía: todas las cosas están / oliendo a mayo y a pan / oliendo a paz y alegría (I,391-393); Campea mayo amoroso; / el amor ronda majadas (I,800-801). Da comienzo, pues, en el mes de mayo (I,152) y el tema central será amoroso con un amor que impregna la naturaleza: hay un estruendo de vacas / [...] / Los toros de las dehesas / las oyen dentro del agua / y hunden con ira en la arena / sus enamoradas astas (I,763,766-769). El conflicto central será que Encarnación está enamorada de su primo Juan y que llega el cacique don Augusto y pretende a Encarnación. A ese momento de cierto clímax sigue un anticlímax basado en cantos alternos entre mozos y mozas de exaltación del amor y cargados de simbolismo: Lo mismo que un olivo / con una encina / me juntaré contigo / morena mía (I,714-717); Una flecha de avena / me has disparado, / y me venzo de amores / sobre un costado (I,735-738); ¡Mayo de espigas, / de dos en dos mis labios / la besarían! (I,818-820); y de dos en dos se abren / a ti mis brazos (I,823-824). Y a ello sigue otro clímax cuando se escapa un toro en medio de la fiesta y todos huyen.
  2. Acto II: el ambiente primaveral y festivo varía y ahora estamos ante las faenas del verano: Rabioso llueve el verano / de chicharras y calor (II,1-2); Dura es la siega del grano / y junio también es duro (II,5-6). Se introducirá el tema social con el enfrentamiento entre el cacique y Juan, variará el tema amoroso cuando éste pretenda a la hija de aquél y cuando mozas y mozos se emparejen entre sí. Y se cerrará el acto con el enfrentamiento entre Juan y el cacique.
  3. Acto III: comienza con la tensión entre Juan y Alonso relajada por la tensión amorosa entre Rafaela y Tomaso que parecen llegar a un acuerdo. Sigue a ello una escena en la taberna con mínima o ninguna función: si acaso presentar un problema muy lateral, la relación entre el borracho Carmelo su mujer Antonina, ejemplo de malmaridada. Pero de ahí se va a parar al enfrentamiento entre Juan, concienciado, y el resto de mozos, que juegan y beben en la taberna. Y en cuanto al tema amoroso, Juan, inexplicablemente, cambiará y se decidirá por su prima Encarnación justo antes de morir a manos de Alonso.
  4. El personaje central masculino, Juan, es ejemplo de la deriva temática antedicha. Empieza deseando encontrar una mujer de tonos telúricos: como la tierra ha de ser / de sencilla y amorosa, / que así será más esposa / y así será más mujer (I,69-72); la asocia a símbolos tradicionales: Será una mano serena, de agua clara por demás (I,81-82). Poco después lo veremos piropeando a una de las mozas, Luisa (I,846-849). En el acto II será el portavoz del tema social queriéndose enfrentar al cacique: buscaremos nuestro amparo, / si es preciso, en nuestras hoces (II,199-200); Nadie merece ser dueño / de hacienda que no cultiva (II,1303-1304). Ello con la contradicción de pretender a la hija del cacique: escondes tu temor / para hablar mal del señor / y hacer a su hija la ronda (II,289-290). Efectivamente, se ha enamorado de ella al protegerla del toro en escena -supongo- inspirada en Peribáñez y el Comendador de Ocaña: Desde que la vi la adoro / [...] / El toro la echó en mis brazos (II,451-453); tengo gana / de vivir bajo su aliento / de espuma y de mejorana (II,521; en oposición a la imagen también vegetal puesta en boca de su prima poco antes: Muerdo la flor de la ruda [II,342]). En el acto III se enfrentará en la taberna al resto de mozos porque mientras él habla de el hambre casa por casa (III,684) la respuesta que encuentra es Déjanos beber en paz (III,689); pero aún insiste de forma más intensa, con símbolos claramente comunistas -¿Por qué no lleváis dispuesta / contra toda villanía / una hoz de rebeldía / y un martillo de protesta (III,745-748)- y echándoles en cara su pasividad: salid ya de vuestro vino / y de vuestra mansedumbre (III,827-828).
  • Frente a él, su prima Encarnación, enamorada de él (I,338) y con malos presentimientos acerca de ese amor: Pocas flores, mayo / diste a mi vergel: ¡la del amormío / no va a florecer! (190-193). Y expresa el amor en términos que se adecúan a la mujer telúrica que él desea: me ensancha el alma el amor / y su reja labradora (I,347-348); vuelve luego a ello explicando cómo se enamoró viéndolo labrar: labraba de igual manera / con el arado el barbecho / [...] / La tierra que removía / con la reja y con la yunta (I,490-495) aunque va a parar a una imagen premonitoria de tipo negativo: La tierra se descubría / y abría su espesa rosa, / y al preparar una fosa / para la lluvia y la mies / le tiraba de los pies / como una novia celosa (I,498-503). De ahí el primer conflicto: Blasa, la madre de Juan, le recomienda que, en vez de a su primo, A quien tienes que querer / es a Tomaso, un gañán / más bueno que mazapán (I,458-460) y ella se reafirma: Y yo me muero por Juan (I,463). Más aún en el acto II donde se vuelve a expresar en términos simbólicos y a base de antítesis de base petrarquista: muero y vivo (II,323); larga nieve y fuego largo (II,331); es mi vida muerte larga (II,336); sé molino de mi afán / que harina deseo ser / y soy trigo (II,369-371); Quéjate ya, corazón, / de par en par malherido,  / ciervo de muerte vestido (II,1023-1025). Y en el acto III recita un soliloquio (III,897-928) cargado de imágenes premonitorias y negativas: humedad amarga, mortal presentimiento, sangre corrompida, Huele a sangre y a mortaja, mi sangre lleva zumo / de amor, de muerte, de amor.
  • Juan y Encarnación acabarán encontrándose aunque es de notar la constancia de ella frente a las variaciones -Luisa, Isabel- que él sufre a lo largo de la obra. Él cae rendido con un conjunto de imágenes simbólicas (III,989ss.): Me salvas de la sequía; fuente amante; Desde un páramo sin flor / hasta un florido cercado; los hijos de tu vientre; tu aliento de totovía... Pero al instante cae muerto por la hoz, que él quería levantar contra el cacique, de Alonso, instigado precisamente por ese cacique.
  • Alrededor, un conjunto de personajes masculinos y femeninos. Algunos de los masculinos están caracterizados a partir de rasgos tópicos:
  1. Tomaso se presenta como el bobo rústico, aunque, al modo de Sancho Panza, habla desde honda sabiduría como con el argumento del poder igualatorio de la muerte con el que pretende conquistar a Encarnación: al mayor listo le espera / la muerte que al mayor tonto (I,142-143); insiste en el acto II con curiosas imágenes: esas / pestañas de perejil / y esas orejas que son / dos rosas a medio abrir (II,1043-1046); soy tonto, pero te quiero / aunque tontamente, sí (II,1077-1078).
  2. Lázaro, Lorenzo y Roque actuarán como personaje coral a la hora de acudir a la fiesta con las mozas (I,714ss.).
  3. Alonso, que aparece marginado: Mozas, no me habéis mirado / en toda la tarde nada (I,856-857). Pronto se convertirá en encarnación de la envidia para con Juan y de ahí que Blasa, la madre de éste, lo maldiga: ¡Que un rayo te carbonice, / que los cielos te maldigan (951-952).
  4. Carmelo, hombre casado y caracterizado como borracho: él es quien recita uno de los elogios del vino (I,1006-1061). Se opone a todos los demás hombres por su desprecio al trabajo según le recrimina su mujer: Perro, que quitas el pan / de la boca de mis hijos; / vago, que dejas crecer los cardos y los espinos (III,537-540).
  5. Quintín que, quizá complementando al anterior, elogia a las mujeres: No hay ninguna moza fea: / en todas las mozas hallo / una cualidad de mayo / que mis ojos hermosea (1094-1097).
  6. Don Augusto, el cacique, actúa de antagonista desde el momento en que, al llegar al pueblo, se fija en Encarnación: Un portento / de hermosura campesina (I,702-703); Zagala / de más primor y más gala / nunca vi en mi vida (I,712-714).
  • En cuanto a los personajes femeninos, algunas mujeres están enamoradas de Juan:

  1. Baltasara lo expresa con simbología animal: atravesada me siento / por sus ojos de venado (I,212-213).
  2. Luisa con elemento vegetal: Nunca olí rosa mejor / que su pechera (I,231-232); y luego con el símbolo del cuchillo como en Lorca: Me clavó en el corazón cuchilladas de colores (I,239-240).
  3. Teresa se expresa de modo parecido: con cuchillos: El color de su calzona / ha sido en mi ojo cuchilla (I,234-235); y con flores: Todo el mozo Juan es flores (I,241-242). Luego con términos agrarios en relación con la mujer telúrica que anhela Juan y con imagen fuertemente sexual: tengo un corazón / de tierra para su arado (I,327-328).
  4. Rafaela se expresa también con imagen punzante: mi corazón herido / de un solo dardo certero / dejaba como al descuido (I,206-208).
  5. Y cada una de las anteriores es pretendida: Baltasara por Lázaro: No ignora nadie lo fino / de tu talle, Baltasara (I,854-855); Luisa por Juan: No es preciso que te quejes, / para llevar mi mirada, Luisa, / a los puntos del suelo / donde se pone tu planta (I,846-849); Teresa por Roque: Ya sé, Teresa, que tienes / un cuello como una garza (I,850-851); Rafaela por Lorenzo: Rafaela, sé hace tiempo / que tus manos son de plata (I,852-853). Pero todas ellas se encomendarán a Juan a la hora de que las proteja cuando se escape un toro (I,1291ss). Sin embargo, todo parecerá reordenarse en el acto II cuando las mozas, reunidas simbólicamente en la fuente, pretendan emparejarse: Luisa con Alonso, Baltasara con Roque, Teresa con Lorenzo y Rafaela con Lázaro (II,1023ss.).
  6. A pesar de todo lo anterior, Rafaela pide relaciones a Tomaso: Necesitan mis días / un cuerpo varonil, / igual que en los rosales / las rosas un abril (III,157); y él accede (III,263-264).
  7. Isabel, la hija del cacique, también se encomienda a Juan ante el toro y éste la salvará: ¡Defiéndeme tú o saldré / malparada de este trance! (I,1294-1295). Luego, enamorado Juan, le desdeñará -¡Qué me importan corazones! (II,565)- y de paso, desdeñará todo lo rural en un menosprecio de aldea y alabanza de corte: harta de ver las gallinas, / el campo, el trigo, las eras, / [...] / me irrita ya tanta flor / y tanto cuadro sencillo (II,573-580). De ahí un diálogo entre Encarnación y Juan (II,704-744) en que ambos se refieren a ella en términos opuestos: para Encarnación es maleza, piedra, mancha, uñas, cardos; para Juan, en cambio, es cereza, tórtola, fuente, alas, plumas y rosas.
En resumidas cuentas, la obra nos parece floja por algunos aspectos ya dichos -las odas al vino, que sobran; la inconstancia amorosa de Juan- y otros: parece que el autor ha tomado aisladamente elementos de Lope de Vega que luego no ha sabido desarrollar: la pretensión del cacique hacia Encarnación, inspirada en Fuenteovejuna, Peribáñez o El alcalde de Zalamea es momentánea; el motivo del toro, procedente también de Peribáñez pone en contacto a Juan con Isabel pero no va más allá...




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