Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 17 de julio de 2016

José Saramago, Memorial do Convento

Saramago, José, Memorial do Convento (Camino, Lisboa: 1999)
Nunca le he visto la gracia ni el mérito a Saramago y ésta, de 1982, es la tercera novela que le leo tras A Jangada de Pedra (1986) y el Ensaio sobre a Cegueira (1995). No me convencen esos finales abruptos de esas dos novelas por las que, sin mucha explicación, todo vuelve al estado inicial. Aparte de que, como dije una vez en un encuentro sobre Camus, el Ensaio sobre a Cegueira me parece demasiado inspirado en La Peste por no decir un plagio. Y en cuanto a A Jangada de Pedra, muy mona la intención iberista, pero para ello ya estaba Miguel Torga a quien Saramago não chega aos calcanhares en palabras de Lobo Antunes. Sea como fuere, comentaremos:
  • El planteamiento es el matrimonio de João V de Portugal con Maria Ana de Austria y la promesa del rey de construir un convento si ella queda preñada: Prometo, pela minha palavra real, que farei construir um convento de franciscanos na vila de Mafra se a rainha me der um filho no prazo de um ano (14). La acción se sitúa pues, a fines del XVII y comienzos del XVIII (que aparecerán dos fechas concretas, el 8 de junio de 1719 con motivo de una procesión del Corpus y el 22 de octubre de 1730 [352] en que consagran el convento; y constancia de un terremoto y maremoto en Lisboa [222-224] que será reflejo del de 1755): quedará preñada la reina, dará a luz a una niña (75) y el rey cumplirá su promesa. Pero antes, dos detalles: 1º) Una anécdota parecida la cuenta Gonzalo Torrente Ballester en Crónica de un rey pasmado (1989) sobre las dificultades del Conde-Duque de Olivares para tener descendencia y seguramente se basa en alguno de los episodios que expone Gregorio Marañón en su Don Juan (1940). 2º) La reina tiene sueños de tono erótico y quasiincestuosos: quando el-rei vem ao seu quarto [...] o infante D. Francisco, seu cunhado [...] dança em redor dela, empoleirado em andas, como uma cegonha negra (17); y en algún momento parece que se ronden: observa a rainha que de cada vez chega o infante mais perto, que quererá ele, e ela que quererá (32). Y a esa cuestión se volverá luego cuando el rey se ponga enfermo: Então, morrendo meu irmão, casamos. Se esse for o interesse do reino, e se daí não viesse ofensa a Deus nem dano à minha honra, casaremos. Prouvera que ele morra, que eu quero ser rei e dormir com vossa majestade, já estou farto de ser infante (116).
  • La acción se desplaza después desde la realeza hacia el pueblo y, en concreto, hacia un personaje, Baltasar Mateus, o Sete-Sóis, soldado licenciado por haber perdido una mano en la guerra contra España (35). Enlaza con lo anterior porque es natural de Mafra (36), el lugar donde se va a edificar el convento y a donde quiere ir. Pero de momento, mendigando consigue llegar a Lisboa y al poco asiste a un auto de fe (52ss.) en el que conoce a Blimunda, hija de una condenada que va a ser desterrada a Angola por bruja (53).
  • Los ojos de Blimunda tendrán un tratamiento especial. Ella está junto a un fraile, el padre Bartolomeu Lourenço que le atribuye una capacidad quizá en relación con su madre: esses teus olhos que tudo são capazes de ver (53); más tarde sabremos la razón: Estive de olhos abertos na barriga de minha mãe, de lá via tudo (333). Y son esos mismos ojos los que enamoran a Baltasar: cada vez que ela o olha a ele sente um aperto na boca do estômago, porque olhos como estes nunca se viran (57). Al acabar el auto de fe, Blimunda y el fraile van a casa de la primera y Baltasar los sigue. Allí el fraile los casa: Aceitas para a tua boca a colher de que se serviu a boca desde homem, fazendo seu o que era teu, agora tornando a ser teu o que era dele, e tantas vezes que se perca o sentido do teu e do meu, e como Blimunda já tinha dito que sim, antes de perguntada, Então declraro-vos casados (56). Baltasar expone su idea de ir a Mafra donde tiene familia pero se siente imposibilitado por los ojos de Blimunda: deitaste-me um encanto [...] Olhaste-me por dentro, Juro que nunca te olharei por dentro (56).
  • El padre Bartolomeu Lourenço será el tercer personaje en liza y su rasgo básico es su empeño en construir una máquina voladora: faz dois anos que voei, primeiro fiz un balão que ardeu, depois construí outro que subiu até o tecto duma sala do paço (63). A ello le ayudará Baltasar pero el fraile está convencido de que necesita éter para que su máquina vuele: Partirei breve para a Holanda, que é terra de muitos sábios, e lá aprenderei a arte de fazer descer o éter do espaço, de modo a introduzi-lo nas esferas, porque sem ele nunca a máquina voará (94).
  • Se separan así porque Baltasar Sete-Sóis con Blimunda, a quien el padre Bartolomeu bautiza simétricamente como Sete-Lúas porque vês às escuras (92), partirán hacia Mafra. Allí se produce el reencuentro familiar: à mãe, Marta Maria [...]. O pai não estava em casa, andava no trabalho do campo, a irmã de Baltasar, única, casou-se e já tem dois filhos, chama-se Álvaro Pedreiro o homem dela (103); uno de esos hijos morirá al poco con dos años y, más tarde, morirá paralelamente con la misma edad el infante don Pedro (107). Sabremos que al padre el rey le expropió tierras: Vai mandar construir ali um convento de frades (105).
  • Un nuevo reencuentro entre los tres personajes principales se produce cuando el padre Bartolomeu vuelve de Holanda tres años después de su partida (117) y acude a visitar a Baltasar y Blimunda a Mafra para pedirles que más tarde se reúnan con él en S. Sebastião da Pedreira, junto a Lisboa, donde tiene el artefacto volador.
  • Se produce un desequilibrio total en la novela al prestar excesiva atención a un hecho nimio, el traslado de una gran piedra con motivo de la construcción del convento: se le dedican 23 (243-266) de las 350 páginas de la novela.
  • Ya he dicho al principio que no me convencen las novelas de Saramago. No sé si la sustancia de ésta, si la tiene, está en la relación entre los dos proyectos, el de la construcción de la máquina voladora y el del convento. En cuanto a la primera, tiene cierto éxito pues consiguen que funcione y se eleve con los tres dentro: o padre Bartolomeu Lourenço [...] pôde ver afastar-se a terra a uma velocidade incrível [...] e aquilo além qué é, Lisboa, claro está, e o rio, oh, o mar (198); luego aterrizan sin problemas, el padre Bartolomeu decide quemar la máquina -Se tenho de arder numa fogueira, fosse ao menos nesta (207; y es frase premonitoria)- y desaparece mientras Baltasar y Blimunda vuelven a Mafra donde recibirán noticias de que o padre Bartolomeu de Gusmão morreu em Toledo, que é em Espanha, para onde tinha fugido, dizem que louco (226); más tarde, sin embargo, Baltasar, que va regularmente a ver la máquina y arreglarla, se sube a ella y, por accidente, emprende el vuelo (337). Y en lo que se refiere al convento, Parecia impossível que tantos anos de trabalho, treze, fizessem tão poco vulto, uma igleja inacabada, um convento que [...] ao todo, quarenta celas acabadas, em vez das trezentas que vão ser precisas (330); aun así se celebra la ceremonia de su consagración con motivo del cuarenta cumpleaños del rey (352).
  • Y la obra termina con la peregrinación durante años de Blimunda en busca de Baltasar, desaparecido en la máquina voladora. Pasa seis veces por Lisboa y a la séptima lo encuentra ardiendo en un auto de fe: Naquel extremo arde um homem a quem falta a mão esquerda (359). Y así la obra termina con una cierta simetría cuando la separación entre ambos se produce en un momento semejante, el auto de fe, al que se conocieron.

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