Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 29 de julio de 2016

Álvaro Pombo, El metro de platino iridiado

Pombo, Álvaro, El metro de platino iridiado (RBA, Barcelona: 1993)
No había leído nunca nada de este autor y, como vi esta novela por 2 euros en Sant Cugat del Vallés y en una librería de viejo tan moderna que se llamaba outlet, la compré a pesar de que el título tira para atrás.
Sin embargo, a pesar del título quiero decir, la novela refleja el ambiente en la alta sociedad madrileña en la tardía posguerra y me recuerda, de lejos, Entre visillos de Carmen Martín Gaite. Y la comentaré, como siempre, a salto de mata:


--Los personajes
  • María es uno de los centrales y a ella se refiere el título; ella es la medida y la equidad frente al resto de personajes: María era el valor-oro, el metro de platino iridiado que medía todos los otros metros (257). A pesar de eso ella piensa de sí misma: Soy desmedida (50).
  • Martín, su marido, ejerce de profesor universitario de, nada menos, Metafísica: se había especializado en teología natural aristotélico-tomista (28). De ahí montones de reflexiones suyas acerca de la relación con su mujer: Lo inquiero y lo quiero: lo masculino y lo femenino: lo convencional e instalado frente a lo creador sin instalar aún (28); Que el amor fuera inmóvil distaba mucho de ser una proposición evidente (30). O alguna frase entre cómica y ridícula que dice a María: ¡Amor mío, chiquilla, eres un imposible supraentitativo y a la vez más corriente y moliente que los lunes...! (33). O una frase -Vivir es más importante que escribir (45)- que recuerda la decisión de don Quijote cuando prefiere hacerse caballero andante a acabar la novela de Feliciano de Silva; a pesar de ello decide escribir un libro de título Viaje de novios (55).
  • María y Martín tendrán un niño al que llamarán Pelé (99).
  • Hay momentos en que la dispersión mental de Martín es más que evidente. Como cuando gira alrededor de uno de los términos, status, que Boecio emplea para definir la beatitud: los tres estados, el estado español, estar en buen estado, mujeres en estado (56).
  • Martín, además, escribe la novela antedicha, Viaje de novios, que envía al premio Nadal (66) y, más tarde, otra de argumento banal: no podía esperarse de un hombre de mediana edad que se había pasado la vida de oficinista en un banco, escribiendo por las tardes y los días festivos una novela de la absoluta interioridad, que a la hora de salir al exterior y enamorarse de una joven mecanógrafa, estuviera en condiciones físicas óptimas (325). En esa novela reflejará su adulterio con Virginia, la amiga de su esposa, y, además, la comentará frecuentemente con ésta última: toda la magnitud paradójica de la aventura de una conciencia que al salir de sí misma entra de lleno en el adulterio, residía precisamente en que el amor fundamental no se negaba (324); El adulterio le está viniendo bien. Lo último que he escrito es todo sobre eso, sobre el regreso a la mujer legítima sin abandonar a la otra (351).
  • Virginia es la amiga frívola de María. Se divierte con sus pretendientes: ¡Menos mal que mañana contaría a María por teléfono con todo lujo de detalles esta cena en el Palace con Rodrigo Arriola! (82). Llega al punto de besarse con Martín en el jardín de la casa familiar: Se besaron por eso: porque no había más remedio que besarse y porque deseaban saber a qué sabían los besos de una boca y una lengua que habían imaginado ya mil veces (296); a partir de ahí mantienen frecuentes encuentros en la caseta del jardinero: Martín lo hacía muy bien, muy limpio, tal vez un poco demasiado rápido por razón de las circunstancias (324); el hermano de María, Gonzalo, sabe de esa relación: Gonzalito estaba harto ya de saber el estúpido secreto de Martín y Virginia (336); y más adelante Pelé, el mismo hijo de María, que los ve con su tío Gonzalo: hizo que su sobrino metiera la cabeza por un hueco del matorral, entre el matorral y la pileta. Y ahí estaban los amantes (347). Y luego Virginia se toma a broma su matrimonio y las relaciones sexuales con su marido, Waitzenbecker: el hurgar de la lubricada y colorada punta del pene de Waitzenbecker entre sus piernas le hacía sentirse agnóstica (317).
  • Gonzalo, el hermano de María: se teje un cierto ambiente de misterio cuando Virginia, tras salir de cenar con Rodrigo Arriola, lo ve en la calle y decide no saludarle: ¿Qué hacía allí a las tantas Gonzalito? Era preferible hacer como si no. Rarísimo (86); ¿Qué hacía Gonzalito en aquel sitio a esas horas (92, 94); aquel extraño encuentro con Gonzalo en la plaza de Neptuno (111). Algo parecido ocurrirá con Martín: Se había hecho de noche. Siluetas delgadas de estudiantes. Martín de pronto se detuvo. Gonzalito. Tenía que ser Gonzalo el chico que acababa de cruzar la avenida, como saliendo del Nebrija y que acababa de colarse [...] en el parque húmedo y sombrío (128). Y, en cierto modo, en el aspecto literario, Gonzalo se opone a su cuñado Martín: no, no sería escritor porque no escribiría nada: en lugar de escribir, inspiraría a sus amigos (84). Gonzalo marchará a Londres y regresará a la muerte de su padre con dinero que le tiene que enviar su hermana: Gonzalito apareció muy desaseado (227).
  • Gonzalo se siente muy ligado y protegido por su hermana: ¡Di la verdad, María, anda, dila, no te vuelvas tú también, tú no, una mentirosa y una falsa porque eso tú nunca lo has sido y además me quieres mucho! [...] María, contesta sólo sí o no: habláis de mí con frecuencia tú y Martín, ¿sí o no? (117); Los sentimientos de Gonzalo: he aquí una selva minuciosa que María se acostumbró a recorrer, bien que mal, desde pequeña. De entre todos esos sentimientos, el que más había acabado por sobresalir, a partir de los dieciséis años, era el de enamorarse de sus compañeros (121).
  • Pelé, el hijo de María y Martín, que sobrevive entre las contradicciones de la casa gracias a su madre: Pelé acabó entregándose en manos de la resignación. El aire de normalidad y continuidad que María daba a la casa ayudó a Pelé a la larga a sobrellevar sus secretos (359-360).
  • Alfonso Vélez entrará en relación con Gonzalito: Yo me llamo Alfonso Vélez. Y confío en que, a partir de ahora, que ya nos conocemos, nos veamos. Tenemos que vernos muchísimo tú y yo. Y, por cierto, ya me contarás qué hacías ahí, tan solo, en plena noche (150); A Gonzalito, Vélez le quedaba cómodo. Le gustaba que viviera cerca, tenerle a mano, charlar con él de todo un poco. Vélez era cómodo. Con Vélez no tenía que tener más que un cuidado: no darse a conocer en ese aspecto (168). Luego Gonzalo dirá de él que es homosexual y que ejerce (395).
--Los temas:
  • Las relaciones personales: ya se han visto lo frágiles que son las relaciones matrimoniales entre María y Martín o entre Virginia y su marido. Hay otras tensiones como la que se da alrededor de Pelé: Gonzalo le dice a su hermana: Te has puesto de acuerdo con Vélez para quitarme a Pelé (395); y por ese camino vendrá el desastre final, la muerte de Pelé: Gonzalo cree que Vélez y Pelé son amantes, se pelea con el primero y el segundo se interpone: golpeó a Vélez en la cara [...] Pelé se interpuso entre los dos. [...] Pelé estaba al borde de la piscina. Gonzalito dio un paso adelante y le empujó en el pecho con la mano derecha. Pelé bailoteó un instante y cayó a la piscina (398).
  • La homosexualidad: ya en una comida de sábado con todos reunidos -María, Martín, Gonzalo, Virginia- discuten sobre el asunto: Los hombres son [...] mucho más proclives a feminizarse que las mujeres a masculinizarse: Safo de Lesbos fue, de hecho, un griego que, preocupado por los muchos hombres que habían ya cantado al hombre, [...] empezó a cantar a la mujer (105-106); ser homosexual es ser coherente (109). 
  • El tema metaliterario soportado por Martín con sus veleidades literarias. De hecho escribe una novela en la que el protagonista reproduce su relación con María y Virginia en un esquema de muñeca rusa (324-325).
--El conflicto final, la muerte de Pelé provoca: 1º) Enfrentamientos entre los personajes: Martín dijo: "No fue un accidente. Mi cuñado le empujó y le mató. Lo ha dicho él mismo". "Fue un accidente", repitió Vélez. "Yo estaba allí y vi lo que pasó. Ha sido una desgracia terrible. Ha sido un accidente" (399). 2º) La resituación de María en su papel: en un principio abandona la casa, se va a un hotel y piensa en divorciarse (413); luego usa de confidente a Vélez, que se la lleva al campo y, tras reflexionar, decide volver a su mundo: Comprendió que tenía que explicárselo claramente a Vélez para entenderlo ella misma. "Es que no es una obligación. Es que les quiero. Marcharme es no quererles. Es negarles" (421). Y es así como se cierra la obra, con la desarmonía provocada por la muerte de Pelé y con la armonía que restablecerá María al asumir su papel de metro de platino iridiado.

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