Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 10 de mayo de 2016

William Shakespeare, Macbeth

Con motivo del cuarto centenario de la muerte de Shakespeare -y de Cervantes- leemos Macbeth para la sesión del 19 de abril en el Ateneo de Mahón. Usamos para la lectura la siguiente edición:
Shakespeare, William, Hamlet, Macbeth (Aguilar, Madrid: 1983, traducción de Luis Astrana Marín). Citaremos por esta edición según número de acto, de escena y de página.

Diremos de momento que no respeta las unidades aristotélicas: la de espacio, en tanto se desarrolla en Escocia y en Inglaterra variando de la una a la incluso en el mismo acto, el IV; y la de tiempo por el necesario para trasladarse de un espacio al otro.

Por lo demás está estructurada en cinco actos de los que presentamos lo más destacable:
ACTO I:
-El comienzo es claro: una ambientación tenebrosa que igual sirve para el barroco que luego para el romanticismo: Una llanura desierta. Truenos y relámpagos a los que luego se añade el páramo (I,1,169) y la niebla y el aire impuro (I,1,170). Los personajes están a juego con el ambiente: tres brujas como tres Moiras o Parcas que serán quienes marquen el destino al quedar citadas luego para un encuentro con Macbeth. Estamos, además, ante el tres folclórico que volverá a aparecer más adelante.
-Tras ello se exponen varias escenas bélicas narradas por un Sargento y por el noble Ross, que cumplen la misma función que cumplía el mensajero en la tragedia griega: explicar lo que ocurre fuera del escenario. De esas narraciones se sigue la heroicidad de Macbeth y Banquo, y la traición de Cawdor (I,2,171-2).
-Simétricamente se vuelve a las tres brujas en la escena siguiente (I,3) ambientada de nuevo en Un páramo. Truenos (I,3,173). Insistiendo en el número 3, hacen un conjuro consistente en cogerse las manos y dar tres veces tres vueltas. En la misma dirección, al encontrarse con Macbeth y Banquo -con lo que la escena es síntesis de las dos anteriores-, saludan las tres al primero cada una con diferentes títulos nobiliarios: 1º) el suyo, thane de Glamis; 2º) uno que le sorprende, thane de Cawdor; y el tercero, una clara profecía: en el futuro serás rey. Con Banquo, en cambio, se expresan las tres en términos crípticos: ¡Menos grande que Macbeth, y más grande [...] Serás tronco de reyes; pero no serás rey (I,3,175). Estamos así cerca de oráculos como los de Edipo rey que se repetirán más adelante (IV,1). Y en la misma escena aparecerán inmediatamente Ross y Angus, nobles escoceses, para anunciar que, por la traición de Cawdor, el título pasa a Macbeth (I,3,177). Éste, en consecuencia, piensa que, del mismo modo que se ha cumplido esa profecía, se cumplirá la que lo convierta en rey: ¡Si el Destino ha decretado que sea rey, ¡bien!, que se me corone, sin que tenga yo parte en ello! (I,3,179).
-Se va a producir tensión en cuanto Duncan, rey de Escocia, reparta títulos entre sus nobles en compensación por sus méritos en la guerra; aparte del título de thane de Cawdor concedido a Macbeth, decide transmitir a su primogénito Malcolm la corona que las brujas habían prometido a Macbeth. Tras ello decide partir para Inverness, residencia de Macbeth (1,4,181).
-Entra en acción Lady Macbeth, que ha recibido una carta en la que su marido le explica las profecías de las brujas. Quizá Lady Macbeth pueda alinearse junto a éstas en tanto decide inclinar al mal a su marido porque lo ve falto de instinto del mal para conseguir la corona (I,5,183). Y no sólo por ello sino también por su lenguaje: ¡Corred a mí, espíritus propulsores de pensamientos asesinos! [...] haced que me desborde de la más implacable crueldad! (I,5,184). Y va a ser ella quien convenza a su marido, que duda en un monólogo: soy su pariente y vasallo, dos poderosas razones contra el crimen [...] a no ser mi honda ambición (I,7,188). Y es ella quien urda el plan (I,7,189-190).

ACTO II:
-Nuevo monólogo de Macbeth dudando sobre el crimen y hablando con el puñal para avanzar -¡Tú me marcas la dirección que he de seguir y el arma misma que debo usar!- y con el suelo para detenerse -Tú, tierra sólida y firme, apaga mis pasos- (II,1,193). Acaba por matarlo.
-La muerte de Duncan provoca desorden natural: el viento ha derribado nuestras chimeneas. Se han oído [...] voces que profetizaban [...] grandes conmociones y confusos sucesos (II,3,199-200). Y de igual modo a la mañana siguiente: Según el reloj es de día, y, sin embargo, la sombría noche apaga la lámpara viajera [...] los caballos de Duncan [...] tan hermosos y dóciles [...] han roto sus pesebres (II,4,204-205). Y ello guarda ciertos paralelos con el momento de la muerte de Jesucristo en la cruz; la razón está en que el rey es quien guarda el orden social y, entonces, también natural; así lo explicará en el Acto V,1,250 el médico de Lady Macbeth: Actos contra naturaleza engendran desórdenes contra naturaleza. Habrá un momento semejante en el acto III cuando Macbeth dice: ¡Se ha visto moverse a las piedras y a los árboles hablar (III,4,221; y anticipo de lo que ocurrirá después al moverse el bosque de Dunsinane); Y en el acto IV,1,229 Macbeth insistirá en el tema y exigirá respuestas a las brujas Aunque tengáis que desatar los huracanes y lanzarlos contra las iglesias; [...] aunque se tiendan los trigos en ciernes y se arranquen de cuajo los árboles; [...] aunque ruede revuelto el tesoro de los gérmenes de la naturaleza.
-Muerto Duncan, mata también a los criados que velaban por él para echarles la culpa y ésa será la versión que dará en público. Los hijos de Duncan, Malcolm y Donalbain, no le creen -¡Al hombre falso le es fácil aceptar un dolor que no siente! (II,3,204)- y huyen a Inglaterra e Irlanda respectivamente; ello, según Macduff, los hará sospechosos de haber sobornado a los criados (II,4,205). Aun así Macduff no asiste a la coronación de Macbeth y luego (III,6,225) sabremos que ha huido a Inglaterra junto a Malcolm a solicitar ayuda para derrocar a Macbeth.

ACTO III:
-Gira en torno a Banquo, de quien las brujas habían vaticinado que sus hijos serían reyes. En un nuevo monólogo Macbeth se da cuenta de que su crimen tendrá como efecto hacer reyes a los hijos de Banquo (III,1,209) y que por ello ha entregado el alma al diablo. Y para impedir que Banquo o su hijo Fleance le arrebaten la corona decide matarlos y contrata a dos asesinos (III,1), que luego (III,3) serán tres viniendo así a contrapesar a las tres brujas que antes asociábamos a Lady Macbeth.
-El resultado será que Banquo muere pero su hijo huye (III,3). Con ello vuelven los temores de Macbeth -me veo oprimido, encadenado y agarrotado a mis miedos y dudas insolentes (III,4)- que tomarán forma con la visión del espectro de Banquo -cf. Hamlet, El burlador de Sevilla- que le desquicia. Por eso decidirá volver a hablar con las brujas.
-Por su lado Hécate, reina de las brujas, convoca a éstas en el Aqueronte, para explicar a Macbeth su destino (III,5,222-223).

ACTO IV:
-Como el Acto I, comienza con las tres brujas y un ambiente tenebroso: Una caverna oscura [...] Truenos (IV,1,226). Ahí acude Macbeth y se incidirá en dos motivos anteriores: los oráculos que ya habían aparecido en el acto I y los espectros y visiones ya presentes en el acto III. Además de la vuelta al número 3 en las invocaciones -Macbeth, Macbeth, Macbeth (IV,1,230)- y en los oráculos en boca de una aparición y de los que también el primero se repite tres veces: ¡Guárdate de Macduff! (IV,1,230). Y los otros dos se presentarán de forma críptica: ninguno dado a luz por mujer puede dañar a Macbeth [...] Macbeth no será nunca vencido hasta que el bosque de Birnam suba marchando para combatirle a la alta colina de Dunsinane (IV,1,231). Tras ello, un desfile de espectros y, entre ellos, de nuevo Banquo.
-Consecuencia de lo anterior y, tras conocer que Macduff ha huido a Inglaterra, Macbeth hace matar a su familia.

ACTO V:
-Empieza con la locura de Lady Macbeth como antecedente del castigo que espera a su marido. Y esa locura consiste en sentirse manchada de sangre: Todavía hay aquí una mancha [...] ¿No he de poder ver limpias estas manos (V,1,249); en ver visiones, como.su marido, según explica el médico: No es tan grave su dolencia, señor, como la agitación que sufre por incesantes visiones que la impiden reposar (V,3,254). El resultado será su muerte; traerá como consecuencia una reflexión de Macbeth de tintes completamente barrocos y que suscribiría el mismo Quevedo: El mañana y el mañana y el mañana avanzan en pequeños pasos, de día en día hasta la última sílaba del tiempo recordable; y todos nuestros ayeres han alumbrado a los locos el camino hacia el polvo de la muerte... ¡Extínguete, extínguete, fugaz antorcha! La vida no es más que una sombra que pasa [...]; un cuento narrado por un idiota con gran aparato, y que nada significa (V,5,257).
-Los vaticinios de las brujas acaban por cumplirse: 1º) el del bosque: del lado de Birnam [...] el bosque comenzaba a moverse (V,5258); 2º) el del hombre nonato: Macduff fue arrancado antes de tiempo del vientre de su madre (V,6,262).

Otros aspectos destacables:
-El recurso ya explicado para la escena I,2 del mensajero para aportar noticias externas que harán avanzar la acción. Así volverá a ocurrir en I,5 donde, cual mise en abîme un mensajero anuncia la llegada de otro mensajero que, a su vez, anuncia la llegada de Macbeth que se ha adelantado para anunciar la llegada del rey Duncan. Un nuevo mensajero anunciará la llegada del peligro a Lady Macduff (IV,2,237). Y otro, por fin, el avance del bosque de Birnam que saca de quicio a Macbeth (V,5,258).
-El uso tópico del monólogo, como en Hamlet, para la duda: así hace Macbeth en I,7, II,1, III,1,...
-Las imágenes de animales, sobre todo aves, tomadas como símbolos o términos de comparación: 1º) Los generales escoceces Macbeth y Banquo, ante la presencia de tropas noruegas, se intimidan como el jilguero intimida al águila o como el buitre al león (I,2,171) con lo que, a su vez, Macbeth y Banquo quedan simbolizados como águila y león respectivamente. 2º) Es el búho, que chilla, fatídico centinela que da las más siniestras buenas noches dice lady Macbeth en el momento de la muerte de Duncan (II,2,194); y luego Lennox se expresará de forma parecida: Se han oído lamentos en el aire, extraños gritos de muerte, voces que profetizaban, con acentos terribles, grandes conmociones [...] ¡El ave de las tinieblas ha gemido toda la noche (II,3,200); parecida será la expresión de lady Macduff al ver la amenaza de Macbeth sobre sí misma y sobre sus hijos: el pobre reyezuelo, el más diminuto de los pájaros, defenderá en su nido a sus crías contra la lechuza (IV,2,235). 3º) Los auspicios: ¡Hasta el cuervo enronquece anunciando con sus graznidos la entrada fatal de Duncan bajo mis almenas! (I,5,184); el vencejo, familiar de los templos, prueba por sus adorados albergues que el hálito de los cielos embalsama aquí el ambiente (I,6,185); el martes pasado, un halcón [...] fue sorprendido y muerto por un búho (II,4,205); Augures y relatos secretos han denunciado, por la voz de los cuervos, urracas y cornejas, al asesino más oculto (III,4,221). Igual ocurre con otros animales: sed la serpiente que se esconde bajo esa flor (I,5,185) son las palabras con las que Lady Macbeth propone a su marido acabar con Duncan; dimos un corte a la serpiente pero no la hemos matado dice Macbeth sobre la necesidad de la muerte de Banquo tras la de Duncan y, acto seguido, dice de sí mismo: mi alma está llena de escorpiones (III,2,213); antes que el murciélago hay cumplido su vuelo claustral [...], el escarabajo estercolerizo haya dado con sus zumbidos soñolientos la señal de los bostezos de la noche, se habrá cumplido aquí una acción de siniestra memoria [...] la luz agoniza, y el cuervo tiende sus alas hacia el bosque grajero dice Macbeth anunciando el asesinato de Banquo y Fleance mientras llama queridísima paloma a su mujer (III,2,214); y, muerto Banquo pero no Fleance, dice Macbeth: La víbora queda aplastada; el viborezno, que ha huido, vendrá más tarde, pero por ahora carece de dientes (III,4,217). O la sentencia de Macbeth ante la visión del espectro de Banquo: nuestros sepulcros serán los vientres de los buitres (III,4,219). O el uso de animales en los conjuros de las brujas: Echemos el lomo de astuta culebra... (IV,1,227).
-La figura del monarca: frente a Duncan, que queda como buen rey que ha premiado a los nobles que han destacado en la guerra, Macbeth aparecerá como un tirano sanguinario que no se detiene ante nada (asesinatos de Banquo, Lady Macduff...). Por su parte, Malcolm, heredero de Duncan, se presentará como digno sucesor de su padre: Ignoro todavía lo que es una mujer, jamás he sido perjuro y no he codiciado siquiera lo que me pertenece (IV,3,243); y así terminará la obra, con su coronación (V,6,264). Pero aún hay algún personaje secundario que completa la galería: así, el rey de Inglaterra presentado positivamente en tanto tiene la potestad de curar mediante la imposición de manos: tal es la santidad que el cielo ha concedido a su mano (IV,3,243). Y recordemos que también en el teatro clásico español, en obras como Fuenteovejuna o El alcalde de Zalamea se presenta muy positivamente la imagen del monarca.
-Los contrastes entre las escenas: brujas, guerra, brujas otra vez en la caverna del Aqueronte, intrigas palaciegas, campo de batalla y bosque de Dunsinane... Y algún momento cómico con la intervención del portero justo tras el asesinato de Duncan (II,3) del mismo modo que ocurría con los sepultureros tras la muerte de Ofelia en Hamlet.
-La equivalencia metafórica entre el sueño y la muerte como en el monólogo de Hamlet. Primero en boca de Hamlet tras haber matado a Duncan: El sueño, muerte de la vida de cada día (II,2,195-196). Luego Lennox al intentar despertar a Malcolm tras descubrir el cadáver de Duncan: ¡Sacudid ese sueño engañoso, imagen de la muerte, y mirad la muerte misma! [...] ¡Salid como de vuestras tumbas y corred lo mismo que espectros para contemplar este horror! (II,3,200).

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