Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 26 de mayo de 2016

Henry James, Las bostonianas

James, Henry Las bostonianas (Penguin, Barcelona: 2015)
Vamos a pasar de puntillas por el hecho de que Penguin publique en español y diremos ya que leemos la obra para la sesión del club de lectura del Ateneo de Mahón del día 23/5/16. Si se ha escogido este autor, como antes Shakespeare con Macbeth, es porque también ese año se celebra el centenario de su muerte ocurrida en 1916. No comento que por la misma razón se podía haber leído algo de Cervantes porque tengo parte de responsabilidad al no haberlo propuesto; pero como aún quedan varias sesiones dentro de este año, ya propondré.
Como comentario previo diré que no sé el suficiente inglés -y eso lo doy como mérito- para discutir por qué el título original The Bostonians se traduce en femenino. Gramática sí sé, y me da que el título inglés es epiceno pero bueno... Total, a lo nuestro, que la comentaremos no sin antes decir que es pesada de leer porque el tema es de tipo ideológico y, de ahí, cierta densidad expositiva. Una cosa más: en lo que al tratamiento de la mujer se refiere esta obra, de 1886, parece dialogar con una novela anterior ubicada en un territorio próximo, La letra escarlata escrita por Nathaniel Hawthorne en 1850 y que reseñamos aquí. Ahora sí, con respecto a nuestra obra diremos:
  • La novela está dividida en 3 libros con diferencias bien marcadas entre ellos: a grandes rasgos, el primero está ambientado en Boston y gira alrededor de la relación entre Olive Chancellor y Verena; el segundo comienza año y medio después del comienzo del primero (219), se sitúa en Nueva York y se centra en Basil Ransom y Adeline Luna; y el tercero transcurre, sobre todo, en Marmion, la población a la que van de vacaciones veraniegas Olive y Verena acompañadas de la doctora Prance y la señorita Birdseye, y a donde acudirá Basil con el propósito de tomar posesión de Verena (407).
  • Uno de los ejes de la novela, el ideológico, versa sobre la emancipación de la mujer. Ya en el cap. III Olive invita a Basil a acompañarla a casa de la señorita Birdseye para escuchar a la señora Farrinder junto a unas cuantas personas "interesadas en las nuevas ideas" (23). Esa señora Farrinder será la principal encarnación del feminismo: Sus conferencias tenían por tema la templanza y los derechos de la mujer; los fines que proseguía era el de darles a las mujeres de su país el derecho a votar (36); y expone sus ideas al público desde Maine a Texas (186). La misma señorita Birdseye será otra buena representante del movimiento; morirá mientras acompaña a Olive y Verena de vacaciones en Marmion: Fue una muerte dulce; la doctora Prance insinuó que nunca había visto a nadie morir tan plácidamente (467); pero su muerte adquiere tonos simbólicos si se pone en paralelo con el abandono de sus ideales por parte de Verena. De otro lado, una de las vertientes del asunto es la visión negativa del matrimonio: Verena [...] se había educado [...] entre personas que despreciaban el vínculo matrimonial mientras que Olive no tenía ideas formadas sobre el vínculo matrimonial fuera de que en sí ya era detestable (100).
  • Interviene un narrador en primera persona que no participa de la acción y, a veces, quiere guiar al lector: Este joven [...] es [...] el personaje más importante en mi relato. Él desempeñó un papel muy activo en los acontecimientos que me propongo narrar (7); Debo confiarle al lector, a quien en el curso de nuestra historia me veré obligado a impartir mucha información secreta, que la señorita Chancellor era víctima de ataques de tremenda timidez (12); no debemos interesarnos sino en lo que puede servirnos (219).
  • Las relaciones entre los personajes guardan cierto grado de complejidad:
  1. Entre Olive y Adeline, hermanas, y Basil: Su parentesco [...] no era muy próximo (16) aunque constantemente se les da como primos. Se oponen, además, porque las primeras son de Boston y él es oriundo de Mississippi (17) y la novela comienza con la visita de él a Olive a petición de esta última sin que él entienda bien la razón: entre las cosas que deseaba conocer era por qué le había escrito aquella susceptible solterona (30).
  2. Basil no siente la menor atracción por Olive: nada en el mundo lo lograría inducir a hacerle la corte a semejante tipo de mujer y piensa que es una mujer predestinada a la soltería (21). Y ello a pesar de que Adeline cree que se podrían casar según le dice a su hermana: Tenía la idea de que para estas fechas ya te habrías casado con él (324). Aunque el problema de Olive parece ser una cierta reticencia ante el sexo masculino, según se sigue de algo que reprocha a Verena: Voy a decirte cuál es tu problema; tú no detestas a los hombres como especie (334). Y en la misma dirección cabe situar que, casi al final de su relación, cuando Verena se enamora de Basil, Olive se arrepienta de no haberle exigido voto de virginidad eterna (444): se preguntaba [...] si hubiera sido capaz, en el caso de haber obtenido aquella promesa, de hacerla respetar frente a las complicaciones actuales (445).
  3. La familia Tarrant está formada por el doctor Selah Tarrant, curandero mesmeriano, su esposa, de una antigua familia abolicionista (38) y su hija. Y es curiosa la caracterización de la hija, Verena: La muchacha era bonita a pesar de ser pelirroja (38), que recuerda tanto el Nigra sum sed formosa del Cantar de los cantares como la descripción del dómine Cabra en El Buscón de Quevedo cuando, tras decir que es pelirrojo se añade lo de no hay más que decir para quien sepa el refrán. Se vuelve al asunto desde la perspectiva de Basil: la extraña, bella y ridícula improvvisatrice pelirroja (235). La muchacha, además, tiene un rasgo que, en principio, puede chocar con las perspectivas que tiene Olive para ambas: Había en el carácter de Verena una buena dosis de epicureísmo (341). El matrimonio tiene un comportamiento extraño en tanto venderán prácticamente a su hija a Olive quien, para que permitan a su hija ir a vivir con ella durante un año le endosó al señor Tarrant un cheque por una cantidad muy considerable prometiéndole más al final de ese año (194); y luego le da más: le había dado a Selah sumas muy considerables, en dos ocasiones, con un intervalo de un año (476); y aún más según se sigue de lo que contesta Verena a Basil al preguntarle éste dónde había estado: Estuve con mis padres. Esa mañana [Olive] me envió con ellos, con una carta. No sé qué contenía. Tal vez dinero (518).
  4. Verena Tarrant va adquiriendo protagonismo en el terreno de las reformadoras feministas acercándose a ellas: permítame presentarle a la señorita Tarrant; se muere por conocerla a usted, señora Farrinder (61). A la vez, se la va caracterizando de modo que se le sugiere una sexualidad equívoca: aquella atractiva y ambigua joven (68). Y, como se sigue de lo dicho acerca de la venta de que es objeto por parte de sus padres, se convierte por momentos en mera mercancía: así ocurre cuando la señora Burrage se la pide a Olive: Préstenosla por algún tiempo (362); y Olive se lo plantea porque así la protegerá de Basil: no se trataba de que Verena fuera prestada por unos días, sino que era un regalo, una dádiva [...]. Hubiera sido imposible utilizar a los Burrage como un cobijo (366-367).
  5. Basil va sintiendo progresivamente atracción por Verena Tarrant: era la primera joven atractiva que había visto en Boston. La muchacha [...] tenía un gran abanico rojo que mantenía constantemente en movimiento (53); la muchacha le divertía y le gustaba (68); aquella criatura virginal (75). De ahí que pida a la señorita Birdseye, anfitriona de la casa donde se celebra una reunión por la causa feminista si podía concederle el gran honor de serle presentado a la señorita Verena (79), y ello provoca los celos de Olive. Eso no quita para que, llegado a Nueva York, mantenga una relación con una "actriz" de variedades, que vivía en la misma casa y que le supone un pasatiempo para matar aquellas horas (223) ni para que, tras una velada con Adeline Luna, se sintiese no diré que dispuesto al matrimonio, sino ya casi casado (230); hasta el punto de que casi llegó a persuadirse de que era su deber, de que una ley moral le obligaba a contraer matrimonio con la señora Luna (231); así lo cree también su hermana: Le parecía que Adeline había sido ya bastante desagradable al no haber logrado inducir a Basil Ransom al matrimonio (324). Pero Basil ya había cambiado de opinión y llegado a la conclusión de que no desea casarse con la señora Luna. Quería tener más noticias sobre la muchacha que vivía con Olive (235) ni era su obligación casarse (240) con ella. Y así sentirá progresivamente admiración por Verena y la visitará en un viaje de Nueva York a Boston: una radiante figura hizo su aparición en la sala. / Recordaba que era muy bonita, pero ahora, que se había cultivado y desarrollado, la pequeña profetisa le pareció todavía más hermosa. Su espléndida cabellera parecía refulgir; la dulce curva de las mejillas y del mentón lo asombró por su delicadeza; sus ojos y labios estaban llenos de sonrisas y saludos. La muchacha le había parecido antes un ser luminoso; pero ahora parecía que iluminaba el lugar, que irradiaba luz (260). Y más: A Basil Ransom lo que más le impresionaba de Verena era su constante sencillez; pero había momentos en que su candor le resultaba sobrenatural (286). Verena era indescriptiblemente atractiva, y eso era lo que más le importaba a él (312). La irá conquistando a partir de sucesivos paseos: primero en Boston en el capítulo XXV (368). También por Nueva York en el capítulo XXXIII: Basil va a buscar a Verena al hotel donde se hospeda con Olive y ésta se sorprende al volver y no encontrarla: el sirviente [...] le dijo [...] que la señorita Tarrant había salido con el caballero que se había presentado por la mañana y que aún no había vuelto. Olive se quedó petrificada (368) Y parecida reacción había tenido antes Olive al enterarse, por boca de su hermana, de que Basil y Verena se han visto más veces de las que ella cree: -¿Estás segura de que ayer se vieron solo por tercera vez? -insistió la señora Luna (325). Por último, pasean también por el campo en Marmion mientras Verena está de vacaciones con Olive (XXXVIII-XXXIX). A pesar de ello, en un principio Basil siente que Era vergonzosamente pobre, su situación era demasiado precaria como para tener el derecho de proponerle matrimonio (373). Al final Verena acabará enamorada de él y dejando a un lado sus ideas: Amaba, estaba enamorada... lo sentía en cada partícula de su cuerpo.[...] contemplaba estupefacta el polvo incoloro en que, en solo tres breves meses [...] se habían convertido sus antiguas convicciones (449). Ello no sin antes resistirse: ¡Solo he venido para decirle que nuestra unión es enteramente imposible! (472).
  6. La relación de mayor peso en la obra es la que se establece entre Olive y Verena: primero Olive decide marcharse con Basil de la reunión en casa de la señorita Birdseye para impedir que éste le sea presentado a Verena: debía marcharse, no se sentía muy bien [...] Ransom se sentía decepcionado, comprendió que estaba a punto de ser sustraído del lugar (79). Olive se pone muy nerviosa en ese momento -Estaba en tal estado de excitación que no se sentía dueña de sí (80)- y se dirige hacia Verena para darse a conocer e invitarla a que la visite: -Usted no me conoce, pero yo deseo conocerla [...]. ¿Vendrá usted a visitarme? (80). Efectivamente, Verena la visitará al día siguiente estimulada por su madre (83) y tras recordar algo negativamente la impresión que le había producido la primera vez en que se habían visto: había notado [...] que vestía muy fúnebremente, que parecía que hubiese estado llorando (91). La intención de Olive es clara desde esa visita: finalmente encontraba lo que desde hacía tanto tiempo buscaba: una amiga del propio sexo, con quien poder establecer una comunión de almas (95). Pronto se toman las manos: -[...] Cuando a mí me gusta algo, me gusta demasiado. Pero desde luego otra cosa es que yo le guste [...]. -Le tendió una mano a Verena, y el movimiento fue a la vez tan suplicante y espontáneo que la muchacha la tomó instintivamente entre las suyas. Así, tomadas de las manos, las dos jóvenes permanecieron por algunos momentos contemplándose la una a otra (96); y Olive declara necesitarla: -No se trata de su padre ni tampoco de su madre. No pienso en ellos ni los necesito. Solo a usted, tal como es (97). Verena parece corresponderla: no tenía ninguna impresión desagradable; solo se sentía agradablemente protegida. También ella había soñado con tener una amistad (98), y es así como Olive le propone que vaya a vivir con ella. Se iniciará, pues, una relación que en principio se basa en la protección de Verena por parte de Olive; de la conversación en su primer encuentro ésta ve todos los peligros de que debía salvarla (100). Se basa también en una comunidad de sentimientos: Olive consideraba que ella [Verena] era la única persona que hasta la fecha había conocido que sintiera la misma ternura y la misma piedad por las mujeres que sentía ella (101). Se proponen, en consecuencia, una vida plácida: un cuadro armonioso de noches tranquilas de invierno pasadas bajo la lámpara, mientras fuera caía la nieve, el té sobre una mesita (102). La relación, por supuesto, tiene asomos de lesbianismo: Olive apenas pudo contener el deseo de besarla (101); Con esta frase y otras [...], acompañadas de un beso indefinido, insolitamente lánguido [...] quedó sellado el pacto (341). Verena, por su parte, según le cuenta a su madre, siente admiración por Olive: Es todo lo pura que alguien puede ser [...]. Es tan noble que te hace sentir deseos de elevarte a su nivel (118). Y Olive la quiere con total exclusividad: admitió tener celos, admitió no querer que la muchacha le perteneciera a nadie que no fuera ella (129). De ahí algún gesto de posesión como el que sigue a una propuesta de la señora Burrage para que Verena vaya a pasar con esa familia una temporada en Nueva York: Olive se dispuso a ponerle el manto sobre los hombros (181; curiosamente ese gesto se repetirá casi al final de la obra pero ejecutado por Basil: vio sobre una silla una larga capa forrada de piel, la tomó y, antes de que ella hubiera podido oponer la menor resistencia, se la puso sobre los hombros [519]). El resultado último será que empezarán a vivir juntas en cumplimiento de un arreglo celebrado entre Olive y Selah Tarrant y su esposa (186) que ya hemos comentado; y Verena lo hace también por la perspectiva de nuevos horizontes sociales y el deseo de una vida distinta (197). Y en principio la convivencia va bien: Verena florecía como las rosas (204); y, bajo la óptica de la señorita Birdseye, la suya Es una amistad muy íntima y muy hermosa (254). Escriben a medias sus discursos feministas -Los discursos son tanto de la señorita Chancellor como míos (262)- y Verena tiene éxito hasta el punto de que algunas tiendas de Boston vendían su retrato (277). Y la señorita Birdseye destaca lo mucho que les gusta estar juntas; parece como si ninguna de ellas pudiera estar sin la otra (422).
  7. Desde el primer momento se establecerá, pues, una competición entre Basil y su prima Olive por Verena. Al llevar Olive a Basil a casa de la señorita Birdseye ella ya intuye peligro: su corazón había comenzado a latir con la convicción de que si él cruzaba aquel umbral ella recibiría un daño (93). Y se yuxtaponen las sensaciones de una y otro frente a Verena: a Olive le parece en algún momento más hermosa que nunca (110) y, en seguida, para Ransom es ¡la criatura más encantadora que existe en el mundo! (111) además de declararse Convertido a la señorita Tarrant (112) antes que a la causa. Olive pretenderá a toda costa que Basil no le quite a Verena: llegó a preguntarse si Verena no estaría mejor defendida contra el joven sureño en Nueva York [...] que en Boston, en casa de la prima del enemigo (367); Si los Burrage conquistaban a Verena, la sustraerían de Olive inconmensurablemente menos de lo que Ransom sería capaz (368).
  8. A Olive le molesta que los hombres ronden a Verena: Le rogaba al cielo que aquellos pretenciosos jóvenes que no sabían qué hacer de su tiempo, dejaran en paz a Verena (174): Pero ello no impide que la pretendan: 1º) El periodista Matthias Pardon al que la misma Olive conocerá en casa de los Tarrant (131): estaba convencido de amar a Verena pero su pasión no conocía los celos (147); ello le provocará ciertos temores: estaba aterrorizada ante la idea de que Verena pudiera casarse, un destino que ella no estaba de ninguna manera dispuesta a aceptar; y eso hacía que mirara con sospechas cualquier amistad masculina que tuviera la joven (139); por eso piensa en poder extraer una promesa de ella [...] que las ligase para toda la vida (139): "¡Prométeme que nunca te casarás!", esa era la frase que se repetía como un eco en su mente confusa (158) aunque Verena no tenía deseos de casarse con nadie. De modo que, después de todo, resultaría fácil hacerle a Olive aquella promesa que tanto placer podía producirle (159). Sea como fuere, Verena, tras comparar sus cualidades con las de Electra o de Antígona (164) como luego Olive la comparará a Juana de Arco (169), se lo promete parcialmente: -De cualquier manera quiero prometer que no me casaría con ninguno de los señores que se encontraban el otro día en mi casa tras lo cual Olive le rebaja la promesa: -Prométeme que no te casarás con nadie que no te guste (164). Efectivamente, poco después Pardon la pide en matrimonio y Verena comunica a Olive que se había negado a aceptar sus proposiciones (171). 2º) El señor Burrage del que Olive piensa que su juego era mucho más inteligente que el del joven Matthias, y por lo mismo sentía deseos de vigilarlo (175); y la horrorizaba la idea de que Verena pudiera casarse con el señor Burrage (179). Así ocurre: En marzo, Verena le anunció que el señor Burrage le pedía en matrimonio y le había asegurado al joven que no pensaría en esa cuestión (199). Y Adeline opina sobre ese matrimonio de Verena con Burrage: pienso que ella ya habría conquistado a este delfín si no fuera por Olive; Olive se interpone entre ellos. quiere mantenerla en la hermandad de las vírgenes (301). Y los temores de Olive son constantes: -¿Trató el señor Burrage de hacerte la corte? [...] Se preguntaba si Henry Burrage no tendría intenciones de volver a la carga y si su madre no habría actuado exclusivamente por el interés de su hijo al invitarlas (333-334); había concluido definitivamente que ni Basil Ransom ni Henry Burrage podrían conquistar a la señorita Tarrant (367). Incluso la madre de Burrage entiende la postura de Olive: Hace un año tuve conocimiento de que mi hijo estaba enamorado de la señorita Tarrant [...]. Me atrevería a decir que a usted no le atrae la idea de que ella contraiga matrimonio; eso interrumpiría una amistad que para usted es muy rica en atractivos (355). Pero el verdadero temor de Olive es Basil: por eso su extrañeza cuando se entera de que Verena lo ha hecho invitar a una charla en casa de los Burrage (335) o, más aún, su expresión al ver a Basil en la casa de Marmion donde ella pasa las vacaciones con Verena -lo contempló con indecible horror. Todo el dominio de sí misma pareció abandonarle- frente a la reacción de Verena: su rostro se tiñó de un color carmesí (424). Y antes Verena se había sentido tan presionada por Burrage y por Basil que había suplicado a Olive que se fueran de Nueva York: ¡Olive Chancellor, sácame de aquí, sácame de aquí!; y ésta había quedado convencida de que, al menos en lo que se refería a Basil con Verena, todo el asunto estaba resuelto (399). Como luego resulta no ser así y Basil acude a Marmion a visitar a Verena, ésta teme a Olive: un hielo funesto la había penetrado solo de pensar en la tremenda escena que le esperaba con Olive (431); efectivamente ocurre así y la reacción de Olive es violenta: -¡Me has engañado... me has engañado! [...] ¿Qué es lo que quiere? ¿A qué ha venido?; y Verena contesta lo que más teme Olive: -Ha venido a pedirme que me case con él (432; aunque no se ha narrado esa petición). La escena prosigue: El efecto de esas palabras sobre Olive fue instantáneo; estalló en lágrimas y hundió la cara en el pecho de su amiga. / -No me abandones, no me abandones o me harás morir de dolor. Y se inicia así una lucha interior en Verena: -¡Debes ayudarme... debes ayudarme! (436); de ahí, sus contradicciones: me gusta más que cualquier otro hombre que haya conocido [...] quiero odiar la idea de que me guste (438-439); Renunciar a él o renunciar a Olive... tal vez este último esfuerzo era mayor que el otro (451). Verena se siente avergonzada, tenía vergüenza de su debilidad, de su rápida rendición (480); pero acaba decidiéndose por Basil y ello provocará que Olive caiga en el desengaño: ¿[...] por qué debía consagrar su vida a salvar a un género que, después de todo, no tenía ninguna gana de ser salvado [...]? (477).
  9. Entre las dos hermanas, Olive y Adeline se establece una relación de oposición no sólo porque a la primera Basil le es antipático y la segunda lo encontraba francamente atractivo (187) sino también porque el rechazo al matrimonio de la primera se corresponde con la disposición a volver a contraer matrimonio (188) de la segunda que, además, tiene un hijo, Newton (186). También se oponen por la opinión que Adeline tiene de Verena: Era una zorrita astuta, y le preocupaban tanto los derechos de las mujeres como a ella el Canal de Panamá y que era una aventurera (239). O por la visión social: Olive solo se interesaba por las clases bajas y por sus luchas sociales; lo que a Adeline le interesaba era la aristocracia derrotada (241).
  • En cuanto al espacio, la obra se desarrolla en dos ciudades, Boston, y de ahí el título, y Nueva York; aparte, el ambiente rural de la tercera parte en Marmion. Curiosa es la atención especial a los medios respectivos de transporte: en Boston es el tranvía: Verena [...] en el congestionado tranvía [...] había tenido que permanecer de pie todo el tiempo (83); de nuevo, al final de la novela en ambiente otoñal: las campanillas de los tranvías tintineaban en el aire helado (497). Y en Nueva York, el ferrocarril elevado, que cruzaba transversalmente la calle, oscurecida y sofocada por la desmesurada espina dorsal y por millares de huesos de un monstruo antediluviano (218); Olive y Verena pasean: dirigiendo la mirada [...] hacia la extraña barrera del ferrocarril elevado (343); y luego Verena lo toma con Basil en su paseo: Fueron a Central Park utilizando el ferrocarril elevado [...]. Lo hermoso del "elevado" era que llevaba hasta el parque y permitía regresar en unos cuantos minutos (378). Y en Boston hay un lugar especial al que ya desde el principio, a propuesta de Matthias Pardon, aspira Verena: una conferencia en el Music Hall (150) hacia donde también tiende la vista Olive (208); será el escenario, al final de la novela, de la huida de Verena con Basil tras renunciar ella a pronunciar su esperada converencia (XLI-XLII).
  • Otro aspecto a destacar es el de la alternancia entre capítulos que tratan de reuniones como la celebrada en casa de la señorita Birdseye con muchos personajes (IV-IX)  o la escena de conjunto en el Music Hall (XLI), con otros dedicados a solo dos personajes como la visita de Verena a Olive (X), los ya presentados paseos de Basil y Verena (XXV, XXXIII), el dedicado a la entrevista entre Basil y la doctora Prance (XXXV), el de la visita de Basil a Adelina con la posterior presencia de Matthias Pardon (XL)...
  • Es curioso el tratamiento que, en ciertos momentos, se da a las miradas de los personajes: de Olive se dice que era heroica, era sublime, toda la historia moral de Boston se reflejaba en sus lentes mal colocados (41). Basil había observado a todas las personas que poblaban el salón, llegando a las conclusiones más disparatadas (48). De Verena se dice que Si alguien la observaba con cierta atención, ella respondía con la misma atención, y sus ojos seductores se habían encontrado varias veces con los de Basil Ransom (53). Basil Sentía sobre él los ojos de todas aquellas señoras maduras (58) o Volvió a sonreír cuando creyó interpretar el significado de la mirada que le dirigió la señorita Chancellor (59). La señorita Birdseye Los observó durante un buen rato mientras su corazón se conmovía al ver al altivo joven sureño cautivado por una hija de Nueva Inglaterra (428).
  • Además de la relación entre Olive y Verena, hay otros momentos en que se roza lo lesbiano; así Olive para con la señorita Birdseye: Olive Chancellor la miró con amor [...] le cerró con ternura un pequeño broche mellado que le rodeaba el cuello y que se había desenganchado (45).
Sólo queda por añadir, como colofón, que es una novela construida sobre dos contradicciones: 1ª) la relación de amistad entre Olive y Verena se basa irónicamente en la compra de ésta por parte de aquélla; 2ª) la ideología feminista se construye sobre la débil base del odio a los hombres y el rechazo al matrimonio. Pero la novela tiene un final feliz en el sentido tradicional y baboso del término: triunfa el amor sobre todo lo anterior.




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