Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 14 de mayo de 2016

Antonia, XVII: Mi dolor de espalda

Ya he contado otras veces que soy una mujer muy normalita, de las de llevar la casa y cuidar a mi marido. Más adelante ya tendremos niños, aunque aún no me imagino pariendo, y entonces me tendré que organizar de otra manera: que si despertarnos a media noche, que si dar el pecho... Y todo esto lo cuento porque a mí, de momento, me gusta la vida que llevo: arreglar la casa, salir a la compra, mi ratito de ordenador, hacer la comida, esperar a mi marido… Pero hace días que me he salido de la rutina. No tanto como si hubiéramos tenido un niño, ni mucho menos, pero a mí me tocan mis costumbres fijas y es como lo que dicen de un elefante en una cacharrería, que me siento como si yo no fuera yo.
¿Y qué es lo que ha cambiado? Pues de momento el botiquín del cuarto de baño, que antes sólo tenía aspirinas, esparadrapo, agua oxigenada y alcohol, y ahora tiene un montón de pastillas: Voltarén, Nolotil y Paracetamol. ¿Y por qué? Pues porque el otro día me dio un latigazo en la espalda y me quedé un rato largo que no me podía mover. A la mañana siguiente,  andando con la espalda algo torcida, me voy al médico de cabecera y me envía al traumatólogo. Voy al traumatólogo y me manda a hacerme radiografías, vuelvo con las radiografías y me enseña mis vértebras, los discos de en medio y qué sé yo, que luego me lo explicó con una lámina muy bonita de una columna vertebral con los nombres de las vértebras: cervicales, lumbares… Resumiendo, que me mandó un Voltarén cada ocho horas y, si aun así me dolía, intercalara Nolotil y Paracetamol alternando. Y lo que decía que me saca de la rutina, diez sesiones de fisioterapia, que primero hago unos ejercicios y luego me tumbo en una camilla y me ponen una lámpara que da mucho calor, después me dan corrientes y para acabar un masajito. Y en eso estoy.
Ah, y el traumatólogo me preguntó cómo me había dado el dolor de espalda y le contesté que en el hipermercado cargando las bolsas de la compra en el coche. Pero no fue así, que me dio dando saltitos encima de mi marido. Una mentirijilla tonta y sin importancia porque digo yo que si le hubiera dicho la verdad me hubiera recetado lo mismo, ¿o no?


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