Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 16 de abril de 2016

Kenzaburo Oé, Una cuestión personal

Oé, Kenzaburo, Una cuestión personal (Anagrama, Barcelona: 2015)
Una novela que leemos para la tertulia del club de lectura en la librería VaDllibres el sábado 12/3/2016. Diremos que no conocíamos al autor, japonés, más que de nombre del mismo modo que nos ocurrió con Haruki Murakami cuya obra Al sur de la frontera, al oeste del Sol, reseñamos hace poco. Comentaremos:
  • Al protagonista no se le denomina jamás por el nombre sino por un apodo, Bird, que arrastra desde los 15 años (10). Puede éste entenderse como nombre parlante en sentido irónico: nunca emprenderá el vuelo a su espacio deseado desde la primera línea de la obra: Mientras miraba el mapa de África... (7) y se quedará sólo contemplando los mapas que compre (8); y, además, siempre tenderá hacia abajo, hacia el infierno. De su descripción se dice poco y negativo; además es tal y como él mismo se ve al contemplarse en un cristal : Tenía veintisiete años y cuatro meses [...] Era pequeño y delgado [...] Parecía un anciano atleta demacrado [...] no sólo los hombros alzados, como alas plegadas, le asemejaban a un pájaro (10).
  • Los contrastes: mientras Bird mira los mapas de África en la tienda, su mujer está pariendo: Junio, seis y media [...] la esposa de Bird rezumaba sudor por todos los poros de su cuerpo mientras gimoteaba de dolor, ansiedad y esperanza (7). Y no será hasta el  capítulo 8 cuando, por fin, Bird visite a su esposa entes de reunirse definitivamente con ella en el último: Cuando Bird descendió las escaleras [...] Su esposa estaba de pie (187).
  • Las extrañas relaciones entre motivos del texto; por ejemplo, entre el mapa de África o, mejor, la impresión que le produce a Bird, y la enfermedad de su bebé, esa hernia cerebral (30): El continente parecía el cráneo distorsionado de un hombre gigantesco [...] parecía una cabeza muerta en proceso de descomposición [...] parecía una cabeza despellejada (8). Igual ocurre cuando vuelve a dormir a casa la primera noche: tiene una pesadilla en la que se ve en el lago Chad atacado por una extraña criatura un phacochoerus y le despierta el teléfono comunicándole que su mujer ha parido pero Hay ciertas anomalías en el bebé (24).
  • Que así como en otras obras podemos hablar de descenso a los infiernos, en ésta no ocurre así exactamente porque ya se parte de ahí: es un viaje por esos infiernos. Intentamos estructurarlo:
  1. Quizá comience al salir de la tienda y cruzarse con esa extraña mujer que resultará ser un travesti (11) con el que luego piensa que podría haberse ido (12) y que puede guardar relación de simetría con el homosexual Kikuhiko del capítulo 13. Inicia así un recorrido caótico: la calle de los bares baratos (13) que le evoca cómo, tras casarse a los 25 años, permaneció borracho cuatro semanas seguidas [...] a la deriva por un mar de alcohol (13); luego, tras llamar a su suegra desde una sala de juegos pasadas las 7 de la tarde y saber que su mujer aún no ha parido (16), se mete en una oscura calle lateral [...] con prostitutas alineadas (20) y se pelea con una pandilla que le venía siguiendo desde la sala de juegos (19-22) y que volverán a aparecer al final (189); luego se va a casa a dormir.
  2. A la mañana siguiente va al hospital y, tras saber de la anomalía de su bebé, sale y toma la bicicleta tras pensar: Puedes conducir esta bicicleta hasta un paraje desconocido y atiborrarte de alcohol durante cien días (33). Vuelve a casa y al hospital, luego acude a ver a su suegro, profesor universitario, y le da la noticia de la deformidad del bebé con una imagen rara: Tiene la cabeza vendada, como Apollinaire (47). El suegro le regala una botella de Johnny Walker (48) y, al recordar a una compañera de estudios, Himiko, acude en taxi a su casa, en un barrio rodeado de templos y cementerios [...] al final de un callejón (50), la encuentra meditando sobre el universo pluralista (54) y le propone hacerlo con whisky. Será significativa la reacción de Bird al espiar a Himiko mientras se ducha: le vio la espalda, las nalgas y las piernas. La imagen le provocó una repugnancia irreprimible (56). Se queda a dormir con ella la segunda noche y, al despertar, los numerosos demonios que se reproducían en su vientre perforaron sus entrañas (71); y de modo parecido se dirá que los ogros pueblan el sueño de Himiko (72).
  3. Bird tendrá resaca: No hay padecimiento más estéril que la agonía de una resaca: a través de él no puede expiarse el sufrimiento de ninguna persona (73). Vomita: hubiese preferido arrojarse dentro del wáter cuando tiró de la cadena, y ser arrastrado al infierno de la cloaca (74). Va a su trabajo, a dar clase en una escuela universitaria y vomita en medio de la clase (83) a raíz de lo cual luego lo expulsarán (131). Acude al hospital donde le piden 30.000 yenes para hospitalizar a su hijo (92) y piensa en su viaje a África: Tengo... que librarme de él. Además, ¿qué ocurriría con mi viaje a África (95); A excepción de los mapas Michelin, ya no quedaría nada que lo vinculase a África (99). Y en el hospital conoce a un hombre que acaba de tener un bebé sin hígado y que hace deposiciones blancas (93-95). Decide volver a casa de Himiko con intenciones claras -la follaré (100)- a pesar de la repulsión que había sentido al verla desnuda y ella le recrimina: siempre que me pides que me vaya a la cama contigo estás hecho una piltrafa (101). Tras una discusión sobre cuestiones sexuales sobre si Bird teme la vagina y el útero de Himiko (105) se deciden por la sodomía; Bird piensa: a ella le dolería muchísimo, probablemente se rasgaría e incluso sangraría. ¡Quizá ambos se llenaran de mierda! (106). Y, aunque antes Bird había deseado una clase de sexo más malvado, un coito abyecto y vil, un coito basado en la ignominia (107), practican la sodomía y cada convulsión de placer de Bird hacía gritar de dolor a Himiko (108). 
  4. Al día siguiente Bird visita a su mujer en el hospital y ésta teme que Bird vuelva a recaer en un episodio alcohólico o le dé por irse a África (121): A veces pienso que en cada ocasión crucial que se presente, tú estarás borracho o dominado por algún sueño fantástico (121). Luego vuelve con Himiko.
  5. A la mañana siguiente, acude a visitar a Himiko su suegro y les propone vender la casa y marchar a África (156). Himiko empieza a entusiasmarse por África y estudia los mapas (160) mientras a él le ocurre lo contrario: Pero el continente que Bird podía imaginar ahora era desolado e insípido (165). Himiko cree que la pasión por África los une: -En principio nuestra relación se limitaba a lo sexual. He sido un refugio sexual contra tu angustia y vergüenza [...] Pero anoche surgió en mí la pasión por África [...] Nos hemos elevado sobre lo meramente sexual (165): lo que ha ocurrido en realidad es que Bird habrá desplazado hacia Himiko su pasión por África pues será ésta quien parta hacia allí sin él (188).
  6. Pero antes de ello se produce un episodio entre anagnórisis y reencuentro a tres entre Himiko, Bird y Kikuhiko, amigo de juventud de Bird (vid. infra) que ha montado un bar, un antro de maricas (183): El dramatismo de este reencuentro no lograba despertar las emociones internas de ninguno de ellos (181). Y, tras ello, un final algo brusco por el que Himiko se ha ido a África mientras Bird vuelve al seno familiar y operan con cierto éxito al bebé, cuya dolencia no parecía ser tan grave. Quizá la frase clave que podría cerrar la novela es la que su suegro le dice a Bird: Esta vez sí que hiciste frente a los problemas (188).

  • El alcohol será una constante: piensa sobre sus cuatro semanas borracho (13): muchas veces se preguntó cómo pudo permanecer borracho durante setecientas horas. Pero nunca llegó a una respuesta definitiva. Y mientras su descenso a los abismos del whisky constituyera un enigma, cabía un riesgo constante de caída repentina (14); Varias semanas viviendo como un cavernícola, encerrado entre grutas de whisky (121). Cuando lee que también en las aldeas africanas son frecuentes celebraciones a base de alcohol, piensa que también allí están insatisfechos y, reconociendo que él también lo está, se cuidaba de no volver a recaer en el alcohol (14). Luego comparte una botella de whisky con Himiko (48ss).
  • Hay otros personajes presentados también como monstruos: el médico con un ojo de cristal se convierte en el doctor de un solo ojo (34). Himiko, al ir a beber whisky frunció el labio inferior, como un orangután que prueba un sabor nuevo (57). El doctor con ojos de tortuga [...] brutal y altanera (94).
  • Y hay también personajes que pueden concebirse en red: 1) el marido suicida de Himiko: ella llama a Bird y fue él quien liberó el cuello del ahorcado y quien ayudó a bajarlo al suelo (110). La tercera noche, antes de dormir, Bird pensará: El marido muerto soy yo [...] Pero yo no me suicidaré (110). 2) Kikuhiko, un amigo de junventud de Bird: tuvieron una experiencia extraña [...] Habían aceptado el trabajo de atrapar a un loco fugado de un manicomio [...] El loco creía que el mundo real era el infierno y temía a los perros porque los consideraba demonios disfrazados (123): hasta aquí, el loco guarda semejanzas con Bird (71, 74) y, cuando a la mañana siguiente Bird encontró al loco ahorcado en una colina (124) la semejanza es con el marido de Himiko. Por lo demás, como Kikuhiko abandona la búsqueda, Bird le recuerda la aventura que había tenido con un homosexual norteamericano (124) y ello será procedente cuando el personaje reaparezca al final. 3) Delchef, agregado en la legación diplomática de un pequeño país socialista de los Balcanes que vive con una chica menuda, extraña y pálida (80), luego joven depravada (132), trasuntos de Bird y Himiko. Bird irá a buscarlo y Delchef se niega a volver: Mi amiga quiere que permanezca aquí (152). 4) El padre de Bird, también suicida: se disparó en la cabeza con una pistola; y al contar la anécdota Himiko le dice: -No te suicidarás, Bird. ¿De acuerdo? (137); y para culminar con en motivo del suicidio, la alusión a un animalillo, similar a una rata, el lemming; a veces los lemmings se suicidan en masa (174).
  • Hay otras imágenes de descenso a los infiernos como la referida a la cueva de Tom Sawyer: Lo que experimento ahora es como cavar en solitario el pozo vertical de una mina, recto hacia abajo, hacia una profundidad sin esperanzas (144). O el episodio de una novela africana que cuenta Himiko sobre demonios encarnándose en bebés (160).

No hay comentarios:

Publicar un comentario