Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 4 de abril de 2016

Fedor Dostoyevsky, El Jugador

Dostoyevsky, Fedor, El Jugador (Bruguera, Barcelona: 1980)
Una lectura de cara a la tertulia del Ateneo de Mahón del día 16/2/2016. Y por algún lado de este blog ya hemos alabado la labor que en su día hizo la editorial Bruguera, en la que leemos la novela, a la hora de difundir... de difundirlo todo.
La obra es de 1866 y lo digo para situarnos: porque el tipo de personaje, por su marginalidad -vicio, enfermedad, locura- apunta hacia el Naturalismo, esto es, hacia el momento en que la novela pasa de prestar atención a la realidad a atender los aspectos más sórdidos de ésta. Comentaremos:
  • A pesar de lo que acabamos de decir, la obra se sitúa en ambiente aristocrático, en una ciudad alemana de nombre parlante, Ruletenburgo. Y sus espacios dominantes serán un hotel aristocrático, y el casino; con el final de la novela en París y un epílogo con el protagonista rodando caóticamente por las ciudades con balneario y casino: Fui [...] a Homburg, pero volví a Ruletenburgo, y estuve en Spa, incluso en Baden (238).
  • Las líneas generales de la novela apuntan en una dirección: el dinero -y el juego, su variante- como elemento que disuelve las relaciones personales.
  • Está narrada en primera persona y el planteamiento inicial de la novela es amoroso: el narrador, Alexéi Ivanóvich, está enamorado de Polina -hasta en sueños la tenía ante mis ojos (18); la quiero locamente y me permite hablarle de mi pasión (31)- que, no sólo no le corresponde sino que lo utiliza y lo desprecia: No podría expresar mejor su desprecio que dejándome hablar libremente y sin censura de mi amor (31). Y la ama tan ciegamente que incluso afirma: me niego a comprender qué hay de bueno en ella (65). Tendrá celos en algún momento: ¡Polina y Des Grieux! Dios mío, ¡qué comparación! (168). Más tarde conoceremos más detalles a propósito del narrador: que es el preceptor de los hijos del general, que tiene veinticinco años, es noble y licenciado por la universidad  (73).
  • La preocupación por el dinero mueve a los personajes. Así, Polina había enviado al narrador a París a empeñar sus joyas y el dinero no le basta: -Necesito dinero como sea -me dijo-, tengo que encontrarlo; de lo contrario estoy perdida (14); luego lo manda a jugar de su parte porque Necesito dinero por encima de todo (18). El narrador juega, lo pierde todo (39-41) y Polina le explica por qué necesita dinero: Tomé dinero prestado y quisiera devolverlo. Tenía la extraña y loca idea de que iba a ganarlo aquí, en las mesas de juego (51).
  • Se crean lazos extraños entre los personajes. Polina es hijastra del general, que está enamorado de Mlle. Blanche (60). Están pendientes de la muerte de la abuela (15, 34). El general, para heredar, porque debe al marqués Des Grieux 30.000 rublos que le ha prestado, al parecer, para ocultar un desfalco (33); se los ha prestado contra hipoteca de todos sus bienes, incluida la finca, y como no se muera la abuela entrará en posesión de todo (49-50; 185) como así ocurrirá (232). Mlle. Blanche de Cominges está, a su vez, pendiente de la fortuna del general para casarse con él: Todo depende de la fortuna de la familia, es decir, de que el general pueda mostrarles mucho dinero. Si se recibiera la noticia de que la abuela no ha muerto, estoy seguro de que Mlle. Blanche desaparecería (36). Pasa por pariente del marqués Des Grieux, está acompañada de su madre (84) aunque se duda de todo ello: es muy posible que el marqués no sea pariente suyo, y que su madre no sea su madre (36): luego se sabrá que no se llamaba de Cominges sino du Placet (234). Y la sorpresa será total cuando aparezca la abuela en el hotel mismo y pierda una gran cantidad en el casino (103ss.): La aparición de la abuela, en lugar del telegrama esperado con tanta impaciencia anunciando su muerte -y, por lo tanto,la herencia que les dejaba-, había deshecho [...] todo el sistema de proyectos y decisiones ya tomadas (142). De ahí que el general ruegue al narrador que la haga desistir de ir al casino (149).
  • Esa tal Mlle. Blanche es figura que contrapesa a Polina. Se da de ella una descripción física muy positiva: Tendrá unos veinticinco años. Es alta [...] Hermoso pecho y cuello [...] los cabellos negros [...] Los ojos negros [...] Sus manos y sus pies son admirables (35). Curiosamente, la descripción de Polina se dará más tarde: es bonita [...] Alta y esbelta. Demasiado delgada [...] Sus cabellos, de un ligero tono rojizo (65).
  • Se presenta toda una teoría sobre el modo de jugar: Un caballero, por ejemplo, puede jugarse cinco o diez luises [...] pero por el propio juego, por puro entretenimiento, por el placer de observar el proceso de ganancias y pérdidas, pero jamás interesándose por el dinero [...] no por el deseo plebeyo de ganar (24). O sobre el cálculo de probabilidades en la ruleta: Suele ocurrir, por ejemplo, que tras las doce cifras centrales, salgan las doce últimas (40).
  • Se analiza también la psicología del jugador: el narrador, tras jugar con el dinero de Polina y perder, afirma: Sigo plenamente convencido de que en cuanto juegue para mí, ganaré sin falta (53). La abuela, junto a la ruleta, le dice: -¿Crees que no he visto cómo te brillaban los ojos? (140). O las reflexiones del narrador: Me encariñaba con determinadas cifras y probabilidades, mas pronto las abandonaba y volvía a hacer las posturas casi inconscientemente (197); fui a la ruleta, ¡Cómo me latía el corazón. No era dinero lo que yo ansiaba [...] oigo ya el tintineo de las monedas esparcidas y me siento desfallecer (239); puedo jurar que se experimenta una sensación particular cuando uno está solo, en un país extraño arriesga (y) su último florín (252).
  • Y se da el caso de varios personajes que pierden mucho en el casino: el general, tras jugar a rojo o negro y ganar a base de doblar pierde de repente 1.200 francos: Se apartó sonriente, con pleno dominio de sí mismo (25, en oposición a lo que le ocurrirá más adelante). El narrador que, jugando para Polina y ganando considera que Era el momento de irme, pero una extraña sensación se apoderó de mí [...] Hice la máxima apuesta permitida, cuatro mil florines, y los perdí. En un arrebato saqué el resto, repetí la jugada y de nuevo perdí (41). La abuela, que gana cuatro mil florines sobre todo apostando repetidamente al cero en la ruleta contra los consejos del narrador (132-136); más tarde volverá, perderá, realizará valores con cambio usurario (160) y, al perder tanto que se queda sin dinero para el viaje de vuelta, se encara con el general: He malgastado mis cuartos y no los vuestros (164); más tarde, cambiando más valores, pierde otros diez mil rublos (169) y, así, hasta que acabó de perderlo todo definitivamente (173). Y el narrador, que gana treinta mil florines (197) o doscientos mil francos (203) pero se los funde con Mlle. Blanche en París; fui al casino y en dos posturas perdí mil quinientos florines (240).
  • En cuanto al tiempo, se producen dos saltos marcados: El primero de casi un mes: Ha transcurrido casi un mes sin que volviera a tocar estas notas (171). Se anuncia que en ese lapso ha sobrevenido una catástrofe [...] cien veces más brusca e inesperada de lo que yo pensaba y que todo se desvaneció como un sueño, hasta mi pasión (171). Y se explica lo que ha ocurrido: que Mme. Blanche huye del general y se relaciona con un príncipe: Se descubrió pronto que el príncipe no tenía donde caerse muerto (179); que el general ruega al narrador que fuera inmediatamente a ver a mademoiselle Blanche y le implorara, le exhortara a volver con él, a casarse con él (184); que el narrador, tras ganar en el casino, se encuentra en su habitación con Polina muy nerviosa con arrebatos de ternura y amor (206) pero él, desde el mismo instante en que la víspera había tocado la mesa de juego y había empezado a ganar los fajos de billetes, desde ese instante mi amor quedó relegado a un segundo plano (213); que el narrador acaba yéndose a París con Mlle. Blanche, gastándose los doscientos mil francos ganados -Estuve allí algo más de tres semanas solamente, y en ese tiempo me gasté mis cien mil francos [...] los otros cien mil se los di a mademoiselle Blanche (221)- y emborrachándose con champán (222-223); que el general, al que había dado un ataque al saber la marcha de Mlle. Blanche (228-229), acude a París después de que otra persona de su círculo, el inglés Mr. Astley, le huiera pagado la factura del hotel (231) y se casa por fin con Mlle. Blanche que lo explota haciéndole firmar pagarés a favor de su amante (233). El segundo lapso es más largo: Ya hace un año y ocho meses que no he vuelto a coger estas notas (237). El narrador se ve en el punto más bajo de su trayectoria: soy peor que un mendigo [...] He echado a perder mi vida (237); rueda de ciudad en ciudad, cae preso: Estuve en la cárcel en Ruletenburgo por una deuda. Un desconocido la pagó. ¿Quién? ¿Míster Astley? ¿Polina? (238); y se encuentra por azar con Mr. Astley que le da cuenta de la trayectoria de algunos personajes y ello sirve de epílogo a la novela: Actualmente miss Polina viaja con la familia de mi hermana, que se ha casado. Sus pequeños hermanos tienen la suerte asegurada gracias a la abuela, y están estudiando en Londres. Su padrastro, el general, ha muerto hace un mes en París, a consecuencia de una apoplejía. Mademoiselle Blanche le trató bien pero consiguió poner a su nombre todo lo que la abuela le dejó (245-246); le cuenta, por fin, que Polina está en Suiza y que le amaba: ella le amaba a usted, y ahora puedo decírselo porque usted es un hombre perdido (249). Y termina la novela de forma indecisa con el narrador queriendo ir en busca de Polina: Ahora lo principal es Suiza; pero tentado por el juego: ¡Tengo un presentimiento, no puedo equivocarme! Dispongo de quince luises (251). Juega y a los veinte minutos salía del casino con ciento setenta florines en el bolsillo (252).

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