Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 24 de abril de 2016

Boris Cyrulnik, Las almas heridas

Cyrulnik, Boris, Las almas heridas (Gedisa, Barcelona: 2015)
Una lectura rara. Como se decidió, en el grupo de lectura del Ateneo de Mahón, leer cada año una obra de ensayo, hela aquí. Pero está a años luz de la lectura de hace dos años, La utilidad de lo inútil de Nuccio Ordine. La presente obra va de psiquiatría sin que tengamos conocimientos suficientes más que para observar que el autor es lacaniano. Lo decimos por la cantidad de veces que lo cita. Muy por encima de Adler, Jung, el mismo Freud o incluso Foucault. De todos modos no nos vemos capaces de dar una visión global de la obra; si acaso, sólo que gira alrededor del concepto de resiliencia, que define como la vuelta a la vida después de un trauma psicológico (232) y entendemos de forma aproximada también como capacidad de resistencia al dolor. Y por esa razón, porque nos cuesta seguir la línea argumental, nos limitaremos a entresacar aquellos aspectos que nos han parecido curiosos:

  • El libro de convierte en una autobiografía desde el punto de vista psiquiátrico; o, mejor dicho, la evolución de su autor en cuanto a sus ideas sobre psiquiatría desde 1960 cuando se practicaba la lobotomía, el encierro entre muros y las camas de paja en los hospitales (15; sin que entendamos a qué se refiere con lo último).
  • Discute la lobotomía: en E.E.U.U. Walter Freeman practica a domicilio más de 3.000 consiguiendo un 14% de muertes, miles de destrucciones mentales y algunas curaciones asombrosas (29). Y presenta en caso de un ingeniero con neurosis obsesiva: tardaba 3 horas en afeitarse para que ningún pelo sobresaliera más que otro, limpiaba repetidamente el pomo de la puerta del baño...; él mismo pidió una lobotomía; se creía que cortando las conexiones del tálamo con el lóbulo prefontal, desaparecían las obsesiones; así se la practicaron al ingeniero que, en un primer momento pareció curado pero tres semanas más tarde volvió al hospital sin angustia, pero también sin vida psíquica y mentalmente muerto  (27-28).
  • Trata de la angustia observando cómo el concepto procede de la filosofía: Kierkegaard, Sartre, Heidegger la entienden como inherente a la condición humana pero no como una patología. Sin embargo la palabra pasó rápidamente a las publicaciones psiquiátricas definida como estado afectivo dominado por el sentimiento de inminencia de un peligro indeterminado (33).
  • Para Freud, la hipnosis -o transferencia por la que uno afecta al otro- explica la relación amorosa, el trance de las masas, el fervor en la iglesia y el coraje en el ejército; es una relación de dominio en la cual el individuo, ligado libidinalmente a su líder, se somete por amor. Todo alejamiento del jefe, toda disolución del lazo, provoca un pánico ansioso (44).
  • A partir de la etología, del estudio del comportamiento de los animales, se llega a la etnolingüística, el estatus semiótico del gesto. Para Freud Aquél cuyos labios callan, parlotea con la punta de sus dedos (72); y de ahí el estudio de los gestos en la enfermedad de Alzheimer o en los niños autistas.
  • Todo objeto de ciencia es una confesión autobiográfica en el sentido de que puede darse que un lingüista haya escogido esa disciplina para entender a un padre afásico o un hermano autista (73). De otro lado, las ciencias duras, a diferencia de la cultura, se prestan poco a la interpretación: si Pitágoras levantara la cabeza observaría cómo las matemáticas se siguen rigiendo por las mismas leyes que en sus tiempos pero se asombraría de que la esclavitud sea un crimen contra la humanidad. De modo parecido, en ciencias inciertas o imprecisas como la psiquiatría o la neurología es difícil distinguir entre un objeto de ciencia y un objeto de creencia (76).
  • Cita frecuentemente mayo del 68: para hacer depender de él el estatuto universitario de la psiquiatría (87) o incluso para marcar el inicio de la disciplina (251); para variar la idea del sufrimiento psíquico: antes se entendía que éste era consecuencia de una culpa y, después de mayo del 68, que es la sociedad la fuente del sufrimiento psíquico (104); para decir que antes de mayo del 68 no había hospitales mixtos con hombres y mujeres (126); para decir que en él participaron intensamente educadores, psiquiatras y psicólogos (210); para observar el origen de una nueva política sanitaria que favoreció el progreso de la neurocirugía (251).
    Nudo borromeo
  • Es constante la presencia de Lacan con ideas curiosas como la existencia del llamado nudo borromeo que ata tres registros del ser: lo imaginario, lo simbólico y lo real.
  • También aparece Foucault: para criticarle que se refiriera como gran encierro a una ley de creación del Hospital general de 1656 que permitió salir de sótanos o graneros donde estaban encerrados a personas con síndrome de Dawn, autistas, esquizofrénicos... y ser cuidados en instituciones (117).
  • Trata de los experimentos con espejos que siempre hemos asociado a Lacan: experimentos por los que un perro no reconoce su propia imagen e intenta interactuar con ella como si de otro perro se tratara (172). Luego experimentos con niños para detectar a qué edad reconocen su imagen: primero sonríen al otro niño, luego dicen 'Ahí está Emmanuel', hacia los 3 años dicen 'Soy yo' y, ya luego, con una mancha de chocolate en la mejilla serán capaces de entender que su imagen está invertida en el espejo. De ahí a los momentos en que los esquizofrénicos, en sus brotes disociativos, serán incapaces de reconocer su propia imagen (172-173).
  • Otro experimento interesante es el de envolver a una araña en vapores de alcohol: borracha, tejerá una tela de araña perfectamente simétrica porque el alcohol le ha eliminado su capacidad de adaptarse al medio e introducir las variables del viento y la luz (174).
  • Plantea la cuestión del por qué la presencia de animales en las cunas de los bebés pero no vemos que la desarrolle (174).
  • Usa repetidamente el concepto de serendipia (15, 85, 105), que nos sonaba pero que ahora entendemos: son los descubrimientos accidentales, casuales, en ciencia, y aquí se suele aplicar a la observación de cómo unos medicamentos pensados para una enfermedad resultan ser útiles para otra. De ahí una buena frase: Primero el azar, luego la razón (85).
  • Contiene alguna idea curiosa como la de la fortuna de Baviera al tener un rey como Luis II, que intentaba enmascarar su esquizofrenia haciendo construir maravillosos palacios o protegiendo a Wagner (51).
  • Una anécdota divertida es la del ensayo de llevar a esquizofrénicos de excursión en barco. Desembarcan en una playa y los hombres se quedan mirando los pechos de una mujer en top-less. Cuando ella los amenaza con llamar a la policía, le contestan que les es igual, que no irán a prisión porque son esquizofrénicos (185).


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