Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 23 de marzo de 2016

Sófocles, Tragedias, I (Edipo rey, Edipo en Colono)

La presente entrada pretende ser continuación tanto de la que hace tiempo dedicamos aquí a las tragedias completas de Sófocles como de esta otra dedicada a Antígona. En realidad la vamos a dedicar a detalles sueltos que nos han hecho reflexionar a propósito bien de la lectura de las obras en la traducción de Carles Riba, bien de la bibliografía auxiliar que presentábamos en la entrada dedicada a Antígona. Desarrollamos la exposición a partir del orden en que Carles Riba dispone la obra en sus dos volúmenes en el bien entendido que lo que se refiere a Antígona ya queda dicho.
Pero antes, unas ideas previas sobre la tragedia extraídas del libro ya citado de Jacqueline de Romilly, La tragedia griega:
  • El ambiente religioso en que se representaban a partir de su origen religioso asociado a Dioniso (16). De ahí habría que acudir al libro de Nietzsche, El nacimiento de la tragedia para ampliar la idea.
  • El carácter oficial de la tragedia. era el Estado quien se encargaba de organizar las representaciones, y de elegir a los ciudadanos ricos que debían sufragar los gastos. Se invitaba a todo el pueblo y, en tiempos de Pericles, los más humildes recibían un pequeño subsidio (17).
  • Está claro que temas como los de Electra y Orestes los conocían todos los ciudadanos desde la escuela. De ahí que lo original de las tragedias no fuera el tema sino la interpretación personal del mismo por parte del autor, los nuevos significados que supiera presentar, las emociones manifestadas (23). Por ejemplo: el asesinato de Agamenon por parte de Egisto y Clitemnestra y el regreso de Orestes son de sobre conocidos por los espectadores más atentos a los enfrentamientos en escena de Clitemnestra con Orestes o al delirio de Casandra; o, por fin, a la aparición de las Erinis para juzgar a Orestes y que desde entonces se convertirán en protectoras de Atenas (24-25).
  • El origen de la tragedia -y ahí habría que volver a Nietzsche- está en el diálogo de un personaje con el coro. De ahí, en el desarrollo, la existencia de dos espacios diferenciados: el escenario donde se movían los personajes; y la orquesta, algo elevada y donde se situaba el coro que, desde allí, realizaba su función lírica cantando sin impedir que, desde allí, el corifeo pudiera hablar con los personajes. Todo ello tendrá consecuencias, también, a la hora de estructurar la tragedia puesto que ésta no consta de actos sino de episodios separados por las intervenciones líricas del coro. Visto así, la obra costa de: un prólogo anterior a la entrada del coro; el párodo o entrada del coro; los episodios separados por los cantos del coro o estásimos; y la salida del coro o éxodo.
  • Se produce una evolución de la tragedia de Esquilo a Sófocles: mientras que para el primero el centro de la obra era una jugada cruel tramada por los dioses sobre la que se interroga un coro angustiado y así Las suplicantes, para Sófocles, y luego Eurípides, el interés se centra en los hombres y en los acontecimientos que rechazaban o imponían. Así por ejemplo, la obra de Esquilo dedicada a la muerte de Clitemnestra a manos de Orestes se titula Las coéforas porque el coro entra portando libaciones funerarias; pero las obras de Sófocles y Eurípides dedicadas al mismo tema se titulan Electra porque ésta es el eje de la acción y nos interesamos por lo que hace y lo que siente. Será así como las obras pasarán a llevar los nombres de sus héroes: Antígona, Áyax, Filoctetes... en Sófocles; y Hécuba, Medea, Ifigenia en Áulide en Eurípides.
  • Interesantes son los giros de la acción que Aristóteles llamará peripecias: como el mensajero en Edipo rey que llega de Corinto anunciando con alegría que Edipo va a ser el nuevo rey pero acaba provocando el efecto contrario al causar que se desvele la verdadera identidad de Edipo (45). No dejan de ser ironías propias de la tragedia: como la de Edipo saliendo de Delfos y, por huir de su destino, toma el camino de Tebas en vez del de Corinto y, así, acaba matando a su verdadero padre.
  • Los mitos de los que bebe la tragedia, como los de otras civilizaciones, están llenos de horror. Pero se convierten en obras literarias que insisten en ese horror: véase cómo predominan como temas trágicos los crímenes en el seno de dos familias, los átridas y los labdácidas; y también hay horror en personajes como Deyanira, Heracles, Medea... Quizá el resumen de ese horror contra natura está en lo que dice Edipo: ¡Yo que he resultado nacido de los que no debía, teniendo relaciones con los que no podía y habiendo dado muerte a quienes no tenía que hacerlo (Edipo rey, 1185).
  • Ese horror de la tragedia griega no se da, por ejemplo, en la tragedia clásica francesa donde, curiosamente, no se trata el tema de Edipo y sí otros temas griegos a los que se quita su aspereza. Pero esa aspereza, esas situaciones tan directas y esas emociones tan fundamentales, son terreno que el psicoanálisis reconocerá como suyo. De ahí a la importancia del complejo de Edipo en Freud quien cree, incluso, que en el éxito literario de Edipo rey influye la constancia de las tendencias que dan lugar a ese complejo. Pero por ese camino se abre la puerta a interpretaciones que caen en malentendidos: así, por ejemplo, en Sófocles Edipo sólo mata a su padre y se casa con su madre por error y sin desearlo en ningún momento puesto que ni lo conocía ni los había visto nunca. Sin embargo, muchas veces quienes interpretan las obras desde la psicología moderna superan en mucho las intenciones de los autores del siglo V a.C.
  • La tragedia griega no busca sus temas en la actualidad con la única excepción conocida de Los Persas de Esquilo. Ahora bien, lo que sí ocurre es un intento de trasposición a la actualidad de los temas trágicos: así, Agamenón es el rey imprudente que, quizá por hybris, arrastra a Argos a una guerra extrema, sacrílega y sin causa justificada, y de ahí que se tracen paralelos con Jerjes; Edipo en Colono tiende a mostrar que el cuerpo de Edipo garantiza la protección de Atenas frente a Tebas...
  • La tragedia griega, mucho más que la de otras épocas, ve, más allá del hombre, unas fuerzas divinas o abstractas que deciden su destino sin apelación. Y esas fuerzas pueden ser Zeus, los dioses, el daimon o la Moira, el destino.

Y vamos ya a las tragedias en concreto:
  • Edipo rey:
  1. Como se ha dicho, actúa el principio de ironía: Layo abandona a Edipo para que éste no le mate pero provoca así que vaya a parar a Corinto; y Edipo huye luego de Corinto para no matar a su padre topándose así con Layo y matándolo; se cumplen así los oráculos que se han intentado evitar.
  2. Hay nueva ironía cuando Edipo, que había descifrado el enigma de la esfinge, no sabe descubrir al asesino de su padre. Y a eso se va a dedicar la tragedia.
  3. Como Creonte en Antígona, Edipo no quiere hacer caso al adivino ni a las respuestas del oráculo que su cuñado le trae.
  4. La tierra está sacralizada: por eso enferma de peste, porque se desestabiliza la relación entre cielo y tierra y, a su vez, entre los dioses y Edipo.
  5. Al descubrir la verdad, Edipo se arrancará los ojos porque ni quiere ver ni quiere ser visto.
  • Edipo en Colono:
  1. Curiosamente Edipo, ciego ya, al llegar a Colono se dirige al extranjero, aludiendo al hecho de que Antígona le sirve de guía, en los mismos términos en que Tiresias se presentaba ante Creonte con su lazarillo. Dice aquí Edipo: Bon home, aquesta noia, que té ulls pels dos / per mi i per ella... (80). Y dice Tiresias en Antígona: Senyors de Tebes, hem vingut dos en comú / pels ulls dun sol veient-hi (183).
  2. Edipo, al llegar a Colono, entra involuntariamente en un espacio sagrado y prohibido según le indica el extranjero: surt d'aquest / seient: et trobes en un lloc defès al peu. /[...]/ Lloc intocable i on no es viu: el tenen les / temibles filles de la Terra i de l'Obscur (80); luego el corifeo insiste: aquest vell: no és de la terra / car no hauria mai posat el peu / al bosc intransitat / d'aquestes Imbatibles Verges/[...]/ -guarda't bé / d'acostar-t'hi /[...]/ allunya't d'uns indrets. que al peu són interdits (84-85). Entiendo que se está preparando así la muerte de Edipo: no es gratuita la transgresión de ese espacio sagrado sino que abunda en todas las transgresiones anteriores; ahora bien, pronto nos enteramos de que un oráculo ha revelado a Edipo que al llegar ahí acabarán todos sus males: En revelar-me tant de mals, el déu va dir / que cessarien, amb el temps, quan, pervingut / en un país de terme jo prengués asil / dúns númens venerables (82)..
  3. Ismene comunica a Edipo que Creonte viene en su busca para llevarlo a morir a Tebas y Edipo responde en términos que anuncian el entierro simbólico, con polvo, de Polinices: ¿I amb pols tebana pensen aombrâ el meu cos? (95). según dice Edipo: Vinc a donar-te aquest meu cos miseriós / en do (102). Y Creonte viene a causa del mismo oráculo anterior por el que de Edipo traerá buena ventura a la ciudad que lo acoja: guany, si m'hi estatjo, pels qui m'hagin acollit, / dissort pels qui em bandiren, que van fer-me lluny (83); porto un benefici gran / al vostre poble (90)
  4. Se anuncia ya el episodio de la expedición de los siete contra Tebas que generará la siguiente tragedia en lo que se refiere al orden lógico, Antígona. En efecto, Polinices acude a hablar con su padre y le explica que su hermano le ha arrebatado, que lo ha desterrado y que la culpable es la misma devinidad que está protegiendo a Edipo: Soc a l'exili, tret del meu terrer pairal /[,,,]/ Etèocles, nat després de mi / va desterrar-me /[...] / La culpable n'és / la teva Erinis (129). Como consecuencia, le anunciará la expedición contra Tebas y la respuesta de Edipo no será otra que la maldición: ni el país dels teus parents / a pica vencis ni reveure puguis mai / la conca d'Argos, ans per mà d'igual estirp / moris i matis el qui t'ha expulsat a tu! Això t'impreco (131).
  5. En la misma dirección actúa el diálogo entre Antígona, que intenta impedir la marcha del ejército sobre Tebas -Gira l'exèrcit cap a Argos tot seguit (132)- y Polinices que le ruega, en caso de morir, un entiierro digno: si els funestos precs / del pare es realitzen i teniu que mai / torneu a casa, no em deshonoreu almenys / doneu-me sepultura i ritus funerals (132); Zeus us meni, si per mi, difunt, / cumpliu (133).
Y, ya redactado todo lo anterior, leemos un libro que puede servir de buen complemento para todo lo expuesto acerca del ciclo tebano, El mito de Edipo de Martín S. Ruipérez (Alianza, Madrid: 2006), y lo reseñamos aquí.

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