Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 27 de marzo de 2016

Manuel Rivas, El último día de Terranova

Rivas, Manuel, El último día de Terranova (Alfaguara, Barcelona: 2015)
Otro libro que leemos para el club de lectura de la librería VaDLlibres de Ciutadella; en concreto para la tertulia del 13 de febrero de 2016.
El autor gallego nos propone un tema que, en rigor, es metaliterario: la desaparición de una librería por causas económicas (62-64). A partir de ahí nos cuenta una historia con continuos saltos temporales y espaciales que, a veces y a nuestro entender, provocan cierta falta de cohesión. Quizá a medida que vayamos redactando esta entrada podamos rectificar esa afirmación y apreciar que la novela tiene una arquitectura meditada. De todos modos, en ningún momento caeremos en el comentario fácil que se esconde tras la moraleja de la novela acerca de la desaparición de las pequeñas librerías, Y comentaremos a nuestro modo:
-Está presentada a partir de un narrador interno, el hijo del librero, y, por tanto, en primera persona: Me salvó el Pulmón de Acero (11); Mi padre tenía un apodo para el señor Hadal, el propietario (60).
-La novela comienza con un temporal que puede entenderse, a partir del título del capítulo -Liquidación final Galicia, otoño de 2014 (9)- como metafórico: El mar se embravecía. Se acercaba el temporal (20) Y decimos que el temporal puede entenderse metafóricamente en el sentido de que la que va a ser arrasada es la librería.
-Lo mismo puede decirse de la escena final con el narrador-protagonista evocando una visita, con la argentina Garúa ya fallecida, al Faro: La linterna del Faro, sí. Un buen lugar para abrazarse, para sentir que la mano busca, es llevada, acaricia, enciende una tea en el origen del mundo (274-275).
-En cuanto a los personajes, presentamos en primer lugar a la familia que regenta la librería Terranova:
     -Antón Ponte, padre de Eliseo y Comba, al que entierran en Terranova y con cuyos ahorros Comba pudo abrir la librería. De él queda un retrato entre el poeta navegante Manuel Antonio y Ernest Hemingway y, por eso, a la pregunta sobre qué escribió para estar ahí, el narrador contesta: Ese escribió El último día de Terranova (55).
     -Amaro, inseparable de Eliseo desde la época universitaria en que era ya conocido por su pasión por la Odisea (46) y por eso le llaman Polytropos (87, 99), el epíteto de Ulises, como su hijo lisiado dice ser conocido como Pies Ligeros (103), el epíteto de Aquiles; es expulsado de la enseñanza en 1942 y se casa con Comba en 1947 (61-62). Por supuesto, es amante de los libros: Qué fiesta para él recibir a los viajantes que volvían de Portugal con los "torgas" [...] cuando llegaban de vuelta los conductores frigoristas que hacían las rutas a París, con los libros y los Cuadernos del Ruedo Ibérico (72). Escribe, aparte de los ensayos que se citan más abajo, textos considerados de vanguardia como El ladrón de ganado, Ironía en el Hades, El cíclope y el ojo panóptico del poder... (115).
     -El tío Eliseo: acude a ver al narrador al sanatorio y le cuenta cuentos como el del soldado que, al modo futurista de Marinetti, grita: La guerra è bella! La guerra è bella! (79). Suele desaparecer por temporadas: cada viaje de Eliseo a América o Europa era, en realidad, un internamiento en un sanatorio mental No por loco [...] por homosexual (146). Acaba huyendo y viajando de verdad (266-267) hasta que muere en un geriátrico de París (268).
     -El hijo, que actúa de narrador, y que está impedido: Él fue a verme pocas veces al Pulmón de Acero (71). Y allí la enfermera Sara le llama el capitán Nemo (84). Del mismo modo, él se considera el barco ebrio (123) en referencia a Le bateau ivre de Rimbaud.
     -Garúa, la argentina a la que el narrador conoce en Madrid cuando la muerte de Franco (34); Amaro la nombra curandera y componedora de libros de Terranova (200). La perseguirá la policía secreta argentina (189ss) y, al parecer, acabará muerta en Madrid en julio de 1980 (268-270). 
     -Hadal, dueño de la finca que, cuando venía a cobrar, parecía que la verdadera razón era comprar una de aquellas novelas negras del Club del Misterio (59). Detrás de él está Fernando Lamarella, apodado Master, quien se va a quedar con el edificio y amenaza con el desahucio (244-245). A él y al juez recurre inútilmente el narrador para evitar ese desahucio y el fin de la librería (245-246). Pero acabarán quemándolo todo (254). Sin embargo, se vengarán de Master vendiéndole, de acuerdo con la policía, una imagen religiosa antigua y deteniéndolo después (261).
     -Dombodán, del pueblo de Chor (80).
     -Personajes curiosos como Guillermo, el vagabundo que de vez en cuando venía a venderme algún libro abandonado, que él mismo había birlado el día anterior [...] Primero lo leía y luego venía a vendérmelo (59). O el Confidente John Deere: Los libros lo volvían loco (149): dice que trabaja de profesor pero Goa, la cocinera, descubre que no es así Porque no huele a profesor (153). O Expectación, que no quiere aprender a leer porque todas las cartas que llegaban o eran para ir a la guerra o para dar noticia de alguna muerte (198); pero Garúa acaba por enseñarla a leer y lee diez o quince veces Pedro Páramo (239). O Viana y Zas, pequeños delincuentes que están mariscando furtivamente al comienzo de la novela (9ss); acaban escondiéndose de la policía en la librería y Viana cuenta cómo, durante un vis a vis, Zas le dice: Tú eres mi hemoglobina. Y a mí me pareció bonito. Que alguien me llamase Hemoglobina (241). 
-Personaje central será también, por supuesto, la librería: del capítulo titulado La fundación Galicia, verano de 1935 (45-55) sabemos los orígenes y, a narrar su final después de varias calas en diferentes épocas, está dedicada la novela.
-Juegan especial papel los animales que pueblan la librería y casi todos con nombres de resonancia literaria y de lo más diverso: Lezama, Antígona, el capitán Nemo, los gatos noctámbulos de la casa; la perra Baleia, quizá Moby Dick (26); los perros Zein y Seit, de raza existencialista (78; vid infra); el loro Falstaff (152).
-En cuanto al espacio destaca, frente al urbano de la librería, el rural de Chor donde Amaro había tenido casa (63). Allí huyen cuando la policía argentina persigue a Garúa (189ss.)
-Es excesiva la cantidad de autores que cita sin que parezca venir siempre a cuento: un sapo evoca a Neruda, Curros Enríquez, Francis Jammes (poeta francés del XIX-XX), Luis Pimentel y, todo ello, para ir a parar a Teixeira de Pascoaes (28); Rosalía y Manuel Murguía (74); María Zambrano (143); Eduardo Blanco Amor (263); Samuel Beckett (268). Se entretiene en los ismos: el existencialismo (78), el futurismo (80), el abyeccionismo inventado por Eliseo (86), la Internacional Surrealista (87).
-Toca, al estilo borgiano, la pseudoerudición como los ensayos Miguel de Cervantes y la "serie negra" (59) o Mnemósine in Hispania (103), compuestos por el padre del narrador, Amaro Fontana.
-Sí que tiene algún logro lingüístico: Estaba más delgada y me pareció que le había cambiado la voz, también el silencio (42); Tengo mucha morriña de lo que no conozco (195-196), de indudable sabor pessoano.
-Y, a veces, el autor mete la pata por exceso de pedantería: ya se ha dicho que los perros Zein y Seit son de raza existencialista; pues se dice de ellos, refiriéndose al lugar donde está el narrador en su Pulmón de Acero: todo el pabellón estaba pendiente del Ser y la Nada (78). Bien, se entiende el juego de palabras entre Zeit/Sein, típicas de existencialismo, y Zein/Seit; pero no son el Ser y la Nada sino el Ser (Sein) y el Tiempo (Zeit). De modo parecido en una cita de la Odisea: A Ulises, ese náufrago que el mar arroja a la playa, lo reconocen el perro, el porquero, el ama de cría (229); sí, es la anagnórisis final, pero, aparte de que también lo reconoce Telémaco, Ulises no llega náufrago sino acompañado por los feacios (Odisea, XIII) y, de hecho, se está confundiendo con la llegada al país de estos últimos donde sí llega náufrago (VI).

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