Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 15 de marzo de 2016

Antonia, XV: Mi admirador secreto

Me pasa cada cosa...
Vuelvo ayer de la compra y, al mirar en el buzón, ¿qué me encuentro? Bueno, sí, una carta del banco, pero ¿qué más?: un sobre a mi nombre. Y mi nombre escrito con letra caligráfica, de esa que parece antigua. Sin remitente y con el matasellos de aquí mismo, del pueblo.
Guardé la compra, cada cosa en su sitio, cogí el sobre y me senté en el sofá. Y como tenemos abrecartas, pues eso, lo abrí como se debe y me encontré una hoja tamaño folio bien dobladita. La desplegué y me vi -¿queda alguien que escriba a mano?- todo el folio escrito con esa misma letra tan bonita; con su fecha y todo arriba en el ángulo derecho. Pero lo primero, mirar la firma, por supuesto: Tu admirador secreto. Como que no sé si de la risa o del susto fui al mueble-bar y me pusé un dedito de whisky antes de seguir. Volví al sofá:
Apreciadísima Antonia:
He pensado mucho antes de dirigirme a ti y, por fin, me he decidido. No puedo contenerme más y por eso te confieso mi amor.
(Traguito de whisky)
Y al hablarte de amor me refiero al de verdad, al de pensar constantemente en ti, desde antes de abrir los ojos por las mañanas hasta después de cerrarlos al acostarme. Pero no quiero que te preocupes. Sé que eres una mujer felizmente casada y, como mi amor -ya te lo he dicho- es sincero y verdadero, no espero nada de ti, sólo esa emoción y ese vuelco en el corazón al cruzarme contigo por la calle.
(Otro traguito de whisky. ¿Quién será ese señor?... Y que nadie se piense que soy un pibón: ni guapa ni fea, del montón. Además, con gustarle a mi marido...)
Soy un hombre mayor, de la edad de tu padre -q.e.p.d.- y, como lo conocía, te respeto también como a una hija. Por eso me extraña que el amor haya llamado así, contigo, a mi corazón pero, ya lo dicen, el amor es ciego. Y, además, qué quieres que te diga, Antonia, prefiero amarte a ti en silencio que liarme con alguna otra de esas que, en el baile de los martes en el Centro de Jubilados, lo primero que te preguntan es cuánto cobras de pensión.
(Otro traguito de whisky. Y que me empezó a gustar cómo se explicaba y lo bien que escribe)
Y hay también algo que, aunque me dé vergüenza, te voy a confesar. Soy viudo y no cato mujer desde hace... hasta el punto de que, o por eso o por la edad, ya me creía muerta... bueno, ya sabes, eso que tenemos los hombres.
(Aquí viene cuando me acabé el whisky de golpe y me puse otro)
Pues te confieso que me lo has hecho revivir. Hay veces que estoy pensando en ti y noto como si... en fin, como si volviera toda mi virilidad. Y así, sin tú proponértelo ni siquiera saberlo, me haces feliz. Sin embargo, como no quiero terminar hablándote de bajas pasiones te diré que mi amor por ti es total: te amo virilmente, te amo de todo corazón y te amo con este cerebro mío que ni puede ni quiere dejar de pensar en ti.
(Traguito largo de whisky)
Nada más, Antonia. Sólo que te da las gracias por haberle leído
Tu admirador secreto

Y ya está, que aún no me he recuperado.

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