Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 28 de febrero de 2016

Virginia Woolf, La señora Dalloway

Woolf, Virginia, La señora Dalloway (Lumen, Barcelona: 1980)
Otra novela que leemos porque andaba por algún rincón de nuestra biblioteca. Y ya reseñamos de esta autora su novela Orlando. En esta destacamos:
  • Puesto que narra un día en la vida de Clarissa Dalloway en el Londres de entreguerras -la novela es de 1925- se puede entender como una respuesta al Ulises de James Joyce de 1922. Una de las diferencias será que en esta obra se dan constantes saltos atrás.
  • Por lo demás, la novela es difícilmente transitable. En la primera frase -La señora Dalloway dijo que ella misma se encargaría de comprar las flores (9)- ya se insinúa que va a haber una fiesta; y a su preparación parece enfocarse la novela: Clarissa [...] gritó: -¡Acuérdate de la fiesta! ¡Acuérdate de la fiesta de esta noche! (143); -¿Irás a la fiesta de esta noche? -preguntó la señorita Kilman (149); los taxis [...] transportaban a gente que iba a su fiesta, la fiesta de Clarissa (185); Vendrá el Primer Ministro (186). Pronto se nos darán marcas temporales para ubicar ese día: el mes de junio estaba mediado. La guerra había terminado (11).
  • Del mismo modo, ya al comienzo aparece un personaje, Peter Walsh, del que luego sabremos que acaba de volver a Inglaterra tras cinco años de ausencia -desde 1918 hasta 1923 (84)- y que andaba enamorado de la protagonista aunque ésta se casó con Richard Dalloway. Y se nos dirá la edad de la protagonista: Acababa de entrar en su quincuagésimo segundo año (46). También se evoca el momento en que Richard Dalloway conoce y se enamora de Clarissa ante la presencia de Peter Walsh: (Clarissa) hablaba con un hombre joven sentado a su derecha. Peter tuvo una brusca revelación. "Se casará con este hombre" se dijo (72). Peter Walsh lo acepta aburridamente, sin resentimiento (74) mientras que por momentos asoman los celos de Richard Dalloway: Tiempo hubo en que tuvo celos de Peter Walsh; celos de él y de Clarissa (133).
  • Se da una descripción de Mrs. Dalloway no muy positiva: no era llamativa; en modo alguno hermosa; nada pintoresco había en ella; nunca decía nada destacadamente inteligente (89). Y se dispersan sus rasgos psicológicos: Siendo dos veces más inteligente que Dalloway, Clarissa tenía que verlo todo a través de los ojos de Dalloway (90); tras exponer la muerte de su hermana Sylvia por accidente, decide que los Dioses no existían, que a nadie cabía culpar; y, por ello, formuló la atea doctrina de hacer el bien por el bien (91).
  • Hay otro matrimonio joven, Septimus Warren Smith y Rezia, que aparecen repetidas veces en la novela pero cuya relación con el resto de personajes es muy tangencial: Y esto es lo que significa ser joven, pensó Peter Walsh al pasar junto a ellos (83); o en este otro momento en que el narrador hace confluir, a efectos de cohesión, dos acciones diferentes en un mismo instante: Las doce sonaron cuando Clarissa Dalloway dejaba su vestido verde sobre la cama, y el matrimonio Warren Smith avanzaba por Harley Street (108); de nuevo cuando Elisabeth Dalloway va en autobús hacia el Strand (154-155) y luego se dice que veía Septimus Warren Smith, yacente en el sofá de la sala de estar [...] ora el Strand gris, ora los autobuses de vivo amarillo (158); también cuando se llevan a Septimus, que ha querido suicidarse, en ambulancia y poco después Peter Walsh oía el alto y ligero sonido de la campana de la ambulancia (170); Septimus morirá según se sabrá porque su médico estará en la fiesta de Clarissa: "[...] un joven (esto era lo que Sir William contaba al señor Dalloway) se había matado. Había estado en el ejército". ¡Oh!, pensó Clarissa en medio de la fiesta, he aquí la muerte, pensó (207). De otro lado, ya se había narrado de modo bastante irónico cómo Septimus estuvo en la guerra y cómo conoció a su mujer: Septimus fue uno de los primeros en presentarse voluntario. Fue a Francia para salvar a una Inglaterra que estaba casi íntegramente formada por las obras de Shakespeare [...] Cuando llegó la paz se encontraba en Milán, alojado en una pensión con un patio, flores en tiestos [...], hijas que confeccionaban sombreros, y de Lucrezia, la menor de las hijas, se hizo novio un atardecer (100). Y el final de la novela se basará en el contraste entre la muerte de Septimus y la fiesta: El joven se había matado pero Clarissa no le compadecía [...] Debía ir al encuentro de Sally y Peter (209-210).
  • Hay un momento en que se insinúan tendencias lésbicas en Clarissa Dalloway: a veces no podía resistir el encanto de una mujer, no de una muchacha, de una mujer confesando, cual a menudo le confesaban, un mal paso, una locura. Y, tanto si se debía a piedad, o a la belleza de estas mujeres [...] Clarissa sentía sin lugar a dudas lo que los hombres sienten (41). Y esas tendencias llegan a concretarse: ...este enamorarse de mujeres [...] su relación en los viejos tiempos con Sally Seton. ¿Acaso no había sido amor, a fin de cuentas? (42). La protagonista reflexiona sobre esas sensaciones: Lo raro ahora, al recordarlo, era la pureza, la integridad, de sus sentimientos hacia Sally. No eran como los sentimientos hacia un hombre. Se trataba de un sentimiento completamente desinteresado (42). Y evoca el beso que se dieron: se produjo el momento más exquisito de la vida de Clarissa, al pasar junto a una hornacina de piedra con flores. Sally se detuvo; cogió una flor; beso a Clarissa en los labios (45).
  • Más tarde, cuando aparezca el grupo de amistades de Clarissa, Sally seguirá entre ellas: Pero, de entre las personas que formaban aquel antiguo grupo, el grupo de amigos de Clarissa -los Whitbread, Kindersley, Cunningham, Kinloch Jones-, Sally probablemente era la mejor (85).
  • Y, aparte de los anteriores, se van introduciendo y acumulando personajes hasta el punto de que es difícil seguir el hilo: el doctor Sir William Bradshaw, que visita a Septimus (108ss.) y luego está en la fiesta (207); Hugh Whitebread, aristócrata que se mueve en los mejores círculos: dice haber visto a Clarissa esa mañana en el parque (117ss) y luego pasea con Richard Dalloway por Mayfair (128); Elisabeth Dalloway, -creo que- sobrina de Clarissa (140ss); otra mujer que parece concebirse en oposición a Elisabeth (152-153), la señorita Kilman (140ss), excesivamente religiosa y, por eso y por pertenecer a un estrato social inferior, dice: -Yo nunca voy a fiestas (150); Daisy, al parecer enamorada de Peter Walsh (178-179); la señora Walker, concinera de los Dalloway (186-187).
  • Gran parte del texto contiene reflexiones de Clarissa acerca de cualquier cuestión concreta o abstracta: ¿acaso había en el mundo un hombre capaz de comprenderla a ella? [...] Clarissa no podía imaginar a Peter o a Richard tomándose la molestia de dar una fiesta sin razón alguna (139); ¡Amor y religión!, pensó Clarissa con el cuerpo estremecido [...] ¡Cuán detestables, cuán detestables eran! (144).
  • Aunque la novela tiene como escenario Londres, se dan pocas marcas espaciales: Eran exactamente las doce; las doce del Big Ben (108). O Richard Dalloway camino de Westminster con un ramo de flores para su mujer (131); la torre de la catedral de Westminster (151); esporádicamente aparece el Strand .(155), Fleet Street (156)...

1 comentario:

  1. Hola S. Justo ayer estuve viendo la película 'Las horas' que, como ya sabrás, trata este tema. Los actores estupendos y la historia aunque va y viene, me gustó. Saludos.

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