Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 4 de febrero de 2016

Haruki Murakami, Al sur de la frontera, al oeste del Sol

Murakami, Haruki, Al sur de la frontera, al oeste del Sol (Tusquets, Barcelona: 2015)
Otra lectura, de un autor que desconocía completamente, para el club de la Biblioteca de Mahón.
Comentaremos que la obra viene a ser toda una educación sentimental:
  • Es una narración pseudoautobiográfica presentada ab initio: Nací el 4 de enero de 1951. Es decir: la primera semana del primer mes del primer año de la segunda mitad del siglo XX. [...] Ésta fue la razón por la que decidieron llamarme Hajime ("Principio") (7). Quizá ello pueda sugerir que el protagonista va a ser alguien prototípico.
  • La narración en primera persona permite que, a pesar de la identificación entre narrador y protagonista, se pueda diferenciar entre el protagonista que va avanzando por la narración y el narrador, que se sitúa al final de ésta para verla en perspectiva. Quiere esto decir, por ejemplo, que en el capítulo 6 el protagonista va siguiendo a una mujer porque cree que es una antigua novia suya; y acaba el capítulo sin que sepamos si lo es o no mientras que el narrador sabe perfectamente que lo es y no nos lo comunicará hasta mucho después en el capítulo 8.
  • Un rasgo al que dará cierta importancia es que es hijo único: Yo no tenía hermanos. Era hijo único. Y por eso sentí durante toda mi niñez algo parecido al complejo de inferioridad [...] los demás pensarían en un acto reflejo: "Hijo único. Seguro que es un niño consentido, enfermizo y egoísta" (9). Y eso le lleva a un cierto pesimismo: -Me lo dijo alguien. Hace mucho tiempo. Que los padres que no se llevan bien sólo tienen un hijo. Al oírlo me puse muy triste (19). Según se verá más abajo, ese rasgo condicionará sus primeras relaciones con las mujeres.
  • Si hemos dicho que de educación sentimental se trata, detallaremos las relaciones del protagonista:
  1. En la escuela conoce a Shimamoto. También era hija única. Y, al andar, arrastraba ligeramente la pierna izquierda (10). Escucha música en casa de ella (16-18) y, de entre sus discos, mi preferido era el de los conciertos de piano de Liszt (16) aparte de otro de Nat King Cole que A mis oídos sonaba como un conjuro (18) y que mucho más tarde adquirirá un significado especial. Es su primera relación: me sentía atraído por ella, pero no sabía qué hacer con mis sentimientos [...] Me tomó de la mano una sola vez (23). Y se distancian al cambiar de escuela: se visitan a veces espaciando cada vez más los encuentros: Incluso después de dejar de visitarla, la seguí recordando con cariño [...] En la época en que íbamos juntos, yo sólo tenía doce años y no sentía deseo sexual propiamente dicho (25).
  2. La siguiente será Izumi y progresa: No era demasiado guapa [...] a mí me gustó desde la primera vez que la vi [...] poseía una dulzura natural (29). Con ella se le despiertan los instintos y lo que hace es pedirle condones a un amigo (35); la respuesta de ella será: no vayas tan de prisa (37). Aun así se dan avances: sí vi desnuda a Izumi. Una sola vez (42). Y, a pesar de su retraimiento, ella le practica felaciones: tomó mi pene entre sus labios y empezó a lamerlo. Era la primera vez que lo hacía [...] Desnudos, nos abrazamos con fuerza innumerables veces. Yo eyaculé varias veces. Cada vez que lo hacía, ella iba al lavabo a enjuagarse la boca (43). Y sobre esta relación también pesa el que sea hijo único: -[...] No soportas que los demás sepan lo que tienes en la cabeza. Tal vez sea porque eres hijo único [...]. No se refería a mí como a un niño mimado y consentido sino como un ego propenso a aislarse (50).
  3. La primera chica con la que me acosté era hija única (53) y, además, prima de Izumi, a la que estaba muy unida (55). Siente por ella una fuerte atracción: desde la primera vez que la vi me sentí atraído hacia ella de una manera tan violenta que yo mismo me asombré (53); desde la primera vez que la vi, quise acostarme con ella (55). Es, además, tres años mayor: yo tenía diecisiete años y cursaba tercero de bachillerato, ella tenía veinte y estaba en segundo de universidad (55). La conoce a través de Izumi y ambos se sienten atraídos: No íbamos nunca al cine, no salíamos nunca a pasear, Jamás hablábamos de nada (56) y su única conversación es acerca de que los dos son hijos únicos. Sólo hacíamos el amor [...] Cada vez que nos veíamos hacíamos el amor cuatro o cinco veces. Copulaba hasta quedarme literalmente sin semen (56-57).
  • Su vida adulta, aparte del matrimonio, será en cierta medida un regreso a esas relaciones y en sentido inverso: sólo sabrá de la última cuando ésta muera, tendrá noticias confusas de Izumi, y se enamorará de Shimamoto:
  1. Yukiko, la mujer con la que se casa A los treinta años porque le atrajo con una fuerza casi irracional (85). Y la piropea con gracia: -[...] eres bonita -respondía yo. / -Eres la primera persona que me lo dice. / -Es que soy el único que lo sabe. (86). Le es infiel sin tener mucha conciencia de ello: Mientras mi mujer estaba encinta tuve algunas aventuras [...] Sólo me acosté una o dos veces con cada una [...] ni siquiera tenía una conciencia clara de ser infiel (93). La relación con ella se irá resintiendo a medida que progrese con Shimamoto (vid. infra): -Oye, ¿qué te pasa? Últimamente estás un poco raro (186). Y al final será la esposa paciente que recoge los desechos del protagonista: -¿Sabes que deseo empezar una nueva vida a partir de mañana? ¿Qué te parece? / -Me parece bien -respondió Yukiko con una tenue sonrisa- (263).
  2. Shimamoto: a través de un compañero de trabajo tiene una cita, antes de casarse, con una chica que cojea (67) y no sólo no siente nada sino que la compara con Shimamoto: Sólo con pensar en Shimamoto, me estremecía con una excitación febril que parecía abrir una puerta situada en lo más hondo de mi corazón (70). Más tarde ve por la calle una mujer que cojeaba de manera idéntica a Shimamoto (73) y la sigue en el extraño episodio comentado más arriba y que termina sin que sepamos si la mujer es o no Shimamoto y con un desconocido que le detiene y le ofrece diez billetes de diez mil yenes (70) por dejar de seguirla. Más tarde, y como monta un bar nocturno de jazz y su nombre sale en una revista dedicada al ocio, ella tiene noticias de él, aparece en el bar (106) y él tarda en reconocerla (109). Entonces sabremos que sí era ella la mujer a la que había seguido y el tiempo que hace de ello: ¿Por qué me seguiste aquel día? Hace unos ocho años (111); pero no se aclara por qué el desconocido le entregó el dinero. Pero sí empieza una cierta aproximación entre ellos: -¿Pensabas mucho en mí? / -Sí. / -Yo también pensaba mucho en ti -dijo Shimamoto- (121); aunque se despiden sin que ella le asegure que volverá (123). Sí vuelve pero no le da en ningún momento explicaciones de su vida: No puedo explicártelo pero me ha sido imposible venir (127). Y le pide un favor, que la lleve a un río (136-137); él la lleva a pesar del problema que puede tener ante su mujer y constata que de lo que se trataba es de que ella echara al agua unas cenizas: Me pregunté de qué o de quién serían (146). De nuevo la diferencia entre el protagonista, que en ese momento lo ignora todo sobre las cenizas, y el narrador, que sí sabe porque Shimamoto se lo dirá poco después: -Murió enseguida, el día después de nacer (148). El viaje acabará con un susto al ponerse ella muy mal hasta que todo se soluciona con una pastilla (149-151). Tras ello, el protagonista piensa en Shimamoto cuando folla con su mujer: mientras estaba dentro de ella, no me quité de la cabeza a Shimamoto [...] Me sentía culpable por haber hecho el amor con Yukiko pensando en Shimamoto (171; y compárese con lo que ha dicho acerca de no tener conciencia de haber cometido infidelidad cuando ha estado con otras mujeres al tener a la suya embarazada; vid. supra). El punto de inflexión en la relación vendrá cuando ella le regale uno de los discos que escuchaban de pequeños, el de Nat King Cole; él propone -Shimamoto, ¿por qué no vamos a escucharlo a alguna parte? (213)- y, tras darle a su mujer la excusa de que necesita una noche para pensar (214), acuden a su casa de campo y escuchan allí la canción que da medio título al libro -South of the border (217)- diciéndose el uno al otro que, al oírla de pequeños, se preguntaban qué había al sur de la frontera (217-218); la otra mitad del título es una historia sobre Siberia que ella cuenta y por la que hay campesinos que, hartos de la rutina, un buen día lo abandonan todo y van hacia el oeste del sol (219-220). Hablan después de amor empezando por una propuesta de ella -o me tomas por entero o no me tomas (221)- tras la que le confiesa su amor -Yo también te quiero, Hajime. Eres la única persona a la que he amado en toda mi vida (223)- y luego pasan al terreno carnal: Mi lengua se entrelazó con la suya (223); él se desnuda (224) y ella se la chupa mientras se hace una paja: Tomó el pene y los testículos con la mano derecha, los lamió. Después, deslizó la otra mano bajo su falda. Empezó a moverla lentamente mientras me chupaba el pene (227); ella dirá luego que eso Para mí es como un rito (229). En ese instante se produce un salto brusco en el pensamiento del protagonista, que rememora el momento en que ella se había puesto enferma durante el viaje al río: Esto es la muerte, pensé. Porque tarde o temprano todos acabamos cayendo eternamente [...] a través de las tinieblas (228). Luego el proceso será el contrario con una sensación de luz: una tenue luz. Me pareció la luz de la vida (229)... y, cuando ya no pude resistir más, entré en su interior (230). Tras todo ello ella promete darle explicaciones sobre su vida al día siguiente pero, al llegar la mañana, ha desaparecido para siempre: "Jamás volveré a verla", pensé. "Ella ya sólo existe en mis recuerdos [...]. Los "quizá" tal vez existan al sur de la frontera. No al oeste del sol" (244), Desaparece incluso, sin que se sepa cómo, el último vestigio que tenía de ella, el sobre que el extraño le había entregado cuando él la siguió (248-249).
  3. Izumi: tiene noticias de ella a través de un amigo que, al ir a visitar a su hermana, la ve porque vive en el mismo edificio: su cara estaba muy cambiada (97); Los niños del edificio le tienen miedo (100). Y, quizá como resultado de lo que le cuenta su amigo, su visión del mundo se vuelve negativa esa noche: A las cuatro de la mañana la ciudad se veía miserable y sucia. La sombra de la putrefacción y la decadencia lo cubría todo. Y yo era una parte integrante de ella (103). Y, hacia el final de la novela, la ve casualmente en un taxi y entiende lo que le había dicho su amigo: su rosto carecía de toda expresión. No, no me he expresado con las palabras exactas. Tal vez debería usar otras. Su rostro había sido despojado por completo de cualquier cosa susceptible de ser llamada expresión (252).
  4. La prima de Izumi: sabrá que ha muerto a los treinta y seis años al recibir un recordatorio. Y reflexiona: Había olvidado su nombre [...] Me acordé de su habitación y de su cuerpo. Recordé nuestras apasionadas relaciones sexuales. Todo había existido tiempo atrás, pero ya no quedaba nada. Y piensa en Izumi: no había olvidado todavía lo que le había hecho, ni me había perdonado (94).
  • Una mujer que queda al margen pero podría haber dado juego es la mamá que ve el protagonista cuando va a buscar a sus hijas al colegio y que aparece caracterizada a partir de su coche, un Mercedes 260E de color azul [...] El abrigo rojo y las gafas de sol me recordaron a Shimamoto el día que la seguí [...] Era hermosa. No aparentaba tener más de veinticinco años (174). Insiste en ella: Vi varias veces a la joven del Mercedes 260E. Charlábamos esperando a que nuestras hijas salieran de la guardería (186); Charlaba con la joven del Mercedes 260E. Fuimos a una cafetería cercana a tomar un café (187). Y al perder a Shimamoto le sirve de algún consuelo: A veces me encontraba a la joven del 260E delante de la guardería y charlábamos. En esos momentos lograba olvidarlo todo (244). Pero en ningún momento se nos dice su nombre.
  • Se da una reflexión del tipo Ubi sunt... que recuerda el Eclesiastés o a Manrique: Cuando una generación muere, le sucede la siguiente. Es así. Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene ninguna importancia. Al final, sólo queda el desierto (102).
  • Hay una aparente contradicción temporal: el suegro del narrador invita a éste a comer (159), comen y beben (162-170), el protagonista vuelve a casa, echa dos polvos con la mujer (171), se duerme y despierta a las tres de la tarde (173).
Y si para algo sirven los clubs de lectura es para contrastar opiniones. Algo en lo que yo no había caído es en la posibilidad de que toda la historia desde que Shimamoto aparece en el bar es producto de la fantasía del narrador. Hubo quien defendió ese punto de vista durante la tertulia y es sugerente. Hay aspectos que lo apoyan: por ejemplo, la extraña desaparición tanto de ella como del sobre con el dinero. Ello me lleva a una nueva lectura: cuando la sigue hasta el taxi no puede constatar si esa mujer es o no Shimamoto; ésa sería la razón de que se la invente, para tener la certeza de que es ella, de que la tiene. Y detrás de todo el problema mental está la preocupación inicial, no superada, de que es hijo único.

1 comentario:

  1. Leí Tokio Blues hace un tiempo. Interesante manera de entender la vida. Me gustó. Intentaré leer este que dices.

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