Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 11 de marzo de 2016

Antonia, XIV: Sola en casa

Mi marido se ha ido de viaje por trabajo. Tres días que serán tres eternidades. Si cuando se ha cerrado la puerta del garaje ya lo estaba echando de menos... Ahora que se ha ido contento y me ha dejado contenta. Echándole de menos pero contenta.
El caso es que me he despertado con él, muy pronto como siempre que se va de viaje, y he preparado el desayuno mientras él se duchaba. Hemos desayunado y le he acompañado al garaje porque nos damos besos muy ricos cuando se va. Y cuando vuelve, claro, pero entonces lo de menos es el beso. Pues eso, que voy con él al garaje, nos buscamos los labios, me da un achuchón y... Que no he dicho que yo iba en bata y sin nada debajo. Porque mientras me besaba, me pasa la mano bajo la bata y empieza a pellizcarme suave el culito. Y entre eso y que el beso era de lengua no sé cómo he acabado desnuda y tumbada en el capó del coche diciéndole que no me había duchado y él contestando que le daba lo mismo mientras me daba meneítos suaves, que me recorría toda muy despacio. Y que luego no me he fijado pero a lo mejor le he dejado bien marcado el culo en la carrocería; porque al final los meneítos ya no eran tan suaves.
Y me ha dejado tan tierna que después, cuando me he puesto con la casa y he entrado en la alcoba para barrer, al ver su libro en la mesita de noche me he sentado en la cama y he empezado a acariciarlo con las manos. Como si fuera un símbolo de mi marido, que lo es. Y no sé cómo habrá sido que en un momento he pasado de acariciar un simbolito a imaginar que acariciaba a mi marido de verdad. Bueno, no exactamente a mi marido sino esa parte de él que a mí me gusta llamar mi Paquito.
A todo esto, la escoba y el recogedor apoyados en la pared y muertos de asco. Que se han quedado así un ratito más porque he acabado por quitarme la bata, tumbarme boca abajo en la cama, por supuesto en el lado de mi marido, que buscaba su olor, y, después de alzar un poquito el culo, pasarme la mano entre las piernas y buscarme yo solita. Hasta que he acabado mordiendo la almohada.
Luego ya, cuando he recuperado el aliento, me he vuelto a poner la bata, he cogido la escoba y a barrer.

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