Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 18 de noviembre de 2015

Antonia, XII: Mi marido dentro de mí

Hoy estoy contenta. Aunque yo suelo estar siempre contenta. Pero hoy más porque mi marido y yo hemos empezado el año muy bien. Como siempre.
Y dudaba si contarlo porque el otro día un chico me dijo aquí que no sabía si una cosa que yo había explicado era erótica o no. Y yo no quiero escribir cosas eróticas, quiero explicar cosas curiosas que me pasan. Y si lo que me pasa es erótico, como no tengo nadie a quien explicárselo porque ni lo comento con mis cuñadas ni con las cajeras del supermercado, pues vengo aquí y, como no me da vergüenza porque no me conoce nadie, voy y lo explico.
El caso es que ya conté cómo la Nochebuena la pasamos en familia en casa de mi suegra: que si cuñadas y cuñados diciendo tonterías a partir de la segunda copa, que si los niños correteando, que si a las tantas tener que recogerlo todo… Pero el día de Nochevieja no, ese día es sólo para mi marido y para mí. ¿Y qué hacemos? Pues tampoco me da vergüenza explicar que se me ocurrió a mí el último año de novios: y desde entonces siempre hemos recibido el año con mi marido dentro de mí.
Lo primero después de cenar es llevarnos la tele a la alcoba para oír las campanadas desde la cama; y dejamos las uvas en la mesita de noche. Y eso hicimos ayer que, cuando quedaba poco, nos pusimos cariñosos y… bueno, que me subí y me puse. Ah, y es la única vez que lo hacemos sin mirarnos a la cara, que yo me pongo de espaldas para poder mirar la tele y estar atenta a las doce campanadas. Y a cada campanada, una uvita y un meneíto, que yo subía y bajaba despacio. Hasta que se acabaron las campanadas y, como no me pude contener, empecé a moverme rápido y más rápido aún cuando mi marido empezó con sus suspiritos.
Y por eso estoy hoy tan contenta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario