Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 8 de febrero de 2016

Antonia, XII: Mi marido dentro de mí

Hoy estoy contenta. Aunque yo suelo estar siempre contenta. Pero hoy más porque mi marido y yo hemos empezado el año muy bien. Como siempre.
Y dudaba si contarlo porque el otro día un chico me dijo aquí que no sabía si una cosa que yo había explicado era erótica o no. Y yo no quiero escribir cosas eróticas, quiero explicar cosas curiosas que me pasan. Y si lo que me pasa es erótico, como no tengo nadie a quien explicárselo porque ni lo comento con mis cuñadas ni con las cajeras del supermercado, pues vengo aquí y, como no me da vergüenza porque no me conoce nadie, voy y lo explico.
El caso es que ya conté cómo la Nochebuena la pasamos en familia en casa de mi suegra: que si cuñadas y cuñados diciendo tonterías a partir de la segunda copa, que si los niños correteando, que si a las tantas tener que recogerlo todo… Pero el día de Nochevieja no, ese día es sólo para mi marido y para mí. ¿Y qué hacemos? Pues tampoco me da vergüenza explicar que se me ocurrió a mí el último año de novios: y desde entonces siempre hemos recibido el año con mi marido dentro de mí.
Lo primero después de cenar es llevarnos la tele a la alcoba para oír las campanadas desde la cama; y dejamos las uvas en la mesita de noche. Y eso hicimos ayer que, cuando quedaba poco, nos pusimos cariñosos y… bueno, que me subí y me puse. Ah, y es la única vez que lo hacemos sin mirarnos a la cara, que yo me pongo de espaldas para poder mirar la tele y estar atenta a las doce campanadas. Y a cada campanada, una uvita y un meneíto, que yo subía y bajaba despacio. Hasta que se acabaron las campanadas y, como no me pude contener, empecé a moverme rápido y más rápido aún cuando mi marido empezó con sus suspiritos.
Y por eso estoy hoy tan contenta.

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