Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 28 de febrero de 2016

Virginia Woolf, La señora Dalloway

Woolf, Virginia, La señora Dalloway (Lumen, Barcelona: 1980)
Otra novela que leemos porque andaba por algún rincón de nuestra biblioteca. Y ya reseñamos de esta autora su novela Orlando. En esta destacamos:
  • Puesto que narra un día en la vida de Clarissa Dalloway en el Londres de entreguerras -la novela es de 1925- se puede entender como una respuesta al Ulises de James Joyce de 1922. Una de las diferencias será que en esta obra se dan constantes saltos atrás.
  • Por lo demás, la novela es difícilmente transitable. En la primera frase -La señora Dalloway dijo que ella misma se encargaría de comprar las flores (9)- ya se insinúa que va a haber una fiesta; y a su preparación parece enfocarse la novela: Clarissa [...] gritó: -¡Acuérdate de la fiesta! ¡Acuérdate de la fiesta de esta noche! (143); -¿Irás a la fiesta de esta noche? -preguntó la señorita Kilman (149); los taxis [...] transportaban a gente que iba a su fiesta, la fiesta de Clarissa (185); Vendrá el Primer Ministro (186). Pronto se nos darán marcas temporales para ubicar ese día: el mes de junio estaba mediado. La guerra había terminado (11).
  • Del mismo modo, ya al comienzo aparece un personaje, Peter Walsh, del que luego sabremos que acaba de volver a Inglaterra tras cinco años de ausencia -desde 1918 hasta 1923 (84)- y que andaba enamorado de la protagonista aunque ésta se casó con Richard Dalloway. Y se nos dirá la edad de la protagonista: Acababa de entrar en su quincuagésimo segundo año (46). También se evoca el momento en que Richard Dalloway conoce y se enamora de Clarissa ante la presencia de Peter Walsh: (Clarissa) hablaba con un hombre joven sentado a su derecha. Peter tuvo una brusca revelación. "Se casará con este hombre" se dijo (72). Peter Walsh lo acepta aburridamente, sin resentimiento (74) mientras que por momentos asoman los celos de Richard Dalloway: Tiempo hubo en que tuvo celos de Peter Walsh; celos de él y de Clarissa (133).
  • Se da una descripción de Mrs. Dalloway no muy positiva: no era llamativa; en modo alguno hermosa; nada pintoresco había en ella; nunca decía nada destacadamente inteligente (89). Y se dispersan sus rasgos psicológicos: Siendo dos veces más inteligente que Dalloway, Clarissa tenía que verlo todo a través de los ojos de Dalloway (90); tras exponer la muerte de su hermana Sylvia por accidente, decide que los Dioses no existían, que a nadie cabía culpar; y, por ello, formuló la atea doctrina de hacer el bien por el bien (91).
  • Hay otro matrimonio joven, Septimus Warren Smith y Rezia, que aparecen repetidas veces en la novela pero cuya relación con el resto de personajes es muy tangencial: Y esto es lo que significa ser joven, pensó Peter Walsh al pasar junto a ellos (83); o en este otro momento en que el narrador hace confluir, a efectos de cohesión, dos acciones diferentes en un mismo instante: Las doce sonaron cuando Clarissa Dalloway dejaba su vestido verde sobre la cama, y el matrimonio Warren Smith avanzaba por Harley Street (108); de nuevo cuando Elisabeth Dalloway va en autobús hacia el Strand (154-155) y luego se dice que veía Septimus Warren Smith, yacente en el sofá de la sala de estar [...] ora el Strand gris, ora los autobuses de vivo amarillo (158); también cuando se llevan a Septimus, que ha querido suicidarse, en ambulancia y poco después Peter Walsh oía el alto y ligero sonido de la campana de la ambulancia (170); Septimus morirá según se sabrá porque su médico estará en la fiesta de Clarissa: "[...] un joven (esto era lo que Sir William contaba al señor Dalloway) se había matado. Había estado en el ejército". ¡Oh!, pensó Clarissa en medio de la fiesta, he aquí la muerte, pensó (207). De otro lado, ya se había narrado de modo bastante irónico cómo Septimus estuvo en la guerra y cómo conoció a su mujer: Septimus fue uno de los primeros en presentarse voluntario. Fue a Francia para salvar a una Inglaterra que estaba casi íntegramente formada por las obras de Shakespeare [...] Cuando llegó la paz se encontraba en Milán, alojado en una pensión con un patio, flores en tiestos [...], hijas que confeccionaban sombreros, y de Lucrezia, la menor de las hijas, se hizo novio un atardecer (100). Y el final de la novela se basará en el contraste entre la muerte de Septimus y la fiesta: El joven se había matado pero Clarissa no le compadecía [...] Debía ir al encuentro de Sally y Peter (209-210).
  • Hay un momento en que se insinúan tendencias lésbicas en Clarissa Dalloway: a veces no podía resistir el encanto de una mujer, no de una muchacha, de una mujer confesando, cual a menudo le confesaban, un mal paso, una locura. Y, tanto si se debía a piedad, o a la belleza de estas mujeres [...] Clarissa sentía sin lugar a dudas lo que los hombres sienten (41). Y esas tendencias llegan a concretarse: ...este enamorarse de mujeres [...] su relación en los viejos tiempos con Sally Seton. ¿Acaso no había sido amor, a fin de cuentas? (42). La protagonista reflexiona sobre esas sensaciones: Lo raro ahora, al recordarlo, era la pureza, la integridad, de sus sentimientos hacia Sally. No eran como los sentimientos hacia un hombre. Se trataba de un sentimiento completamente desinteresado (42). Y evoca el beso que se dieron: se produjo el momento más exquisito de la vida de Clarissa, al pasar junto a una hornacina de piedra con flores. Sally se detuvo; cogió una flor; beso a Clarissa en los labios (45).
  • Más tarde, cuando aparezca el grupo de amistades de Clarissa, Sally seguirá entre ellas: Pero, de entre las personas que formaban aquel antiguo grupo, el grupo de amigos de Clarissa -los Whitbread, Kindersley, Cunningham, Kinloch Jones-, Sally probablemente era la mejor (85).
  • Y, aparte de los anteriores, se van introduciendo y acumulando personajes hasta el punto de que es difícil seguir el hilo: el doctor Sir William Bradshaw, que visita a Septimus (108ss.) y luego está en la fiesta (207); Hugh Whitebread, aristócrata que se mueve en los mejores círculos: dice haber visto a Clarissa esa mañana en el parque (117ss) y luego pasea con Richard Dalloway por Mayfair (128); Elisabeth Dalloway, -creo que- sobrina de Clarissa (140ss); otra mujer que parece concebirse en oposición a Elisabeth (152-153), la señorita Kilman (140ss), excesivamente religiosa y, por eso y por pertenecer a un estrato social inferior, dice: -Yo nunca voy a fiestas (150); Daisy, al parecer enamorada de Peter Walsh (178-179); la señora Walker, concinera de los Dalloway (186-187).
  • Gran parte del texto contiene reflexiones de Clarissa acerca de cualquier cuestión concreta o abstracta: ¿acaso había en el mundo un hombre capaz de comprenderla a ella? [...] Clarissa no podía imaginar a Peter o a Richard tomándose la molestia de dar una fiesta sin razón alguna (139); ¡Amor y religión!, pensó Clarissa con el cuerpo estremecido [...] ¡Cuán detestables, cuán detestables eran! (144).
  • Aunque la novela tiene como escenario Londres, se dan pocas marcas espaciales: Eran exactamente las doce; las doce del Big Ben (108). O Richard Dalloway camino de Westminster con un ramo de flores para su mujer (131); la torre de la catedral de Westminster (151); esporádicamente aparece el Strand .(155), Fleet Street (156)...

miércoles, 24 de febrero de 2016

Luis Soler, Se traspasa (un bodrio infumable)

Soler, Luis, Se traspasa (Ediciones irreverentes, s.l.: 2014)
Una novela que leemos a propuesta del club de lectura de la Biblioteca Pública de Mahón para la tertuia del 24/2/2016.
No sé si en algún lugar he hablado de mi desconfíanza hacia los autores locales mahoneses. La primera perla de éste es la tilde sobre Luís en la página 16 y siguientes. Si el autor dice llamarse Luis y lo escribe sin tilde en la portada, ¿qué puede esperarse? En fin, que prometo desde ahora no leer ninguna obra de ningún autor mahonés ni que sea pariente mío.
La obra no merece reseña pero sí voy a dejar constancia de algunos errores. Pero, a diferencia de lo que suelo. no indicaré la página de las citas, que no voy a hacerle al autor el trabajo de corrector porque no creo que el autor merezca mi verbo ni yo me rebajo a esas chominadas, que mi saber no es de este mundo:
-Sin tilde en que interrogativo indirecto al menos 5 veces.
-No sólo si no también otras tantas.
-Sanlucar, coger al azahar esos vestidos, se alejaba de mi, el sólo gesto...
En resumen: no domina la lengua castellana, presupuesto básico para escribir cualquier texto. Consecuencia de ello serán los líos que se monta con los elementos narrativos: la acción transcurre en una tienda que a ratos está un pueblo, luego en una ciudad, luego en un pueblo y así sucesivamente; con el tiempo, algo parecido: en una página es final de junio y dos semanas después sigue siendo junio.
Por no hablar de la ausencia de lecturas o de cultura general del autor que trasluce la obra. Total: un autor novel de los que aprenderán nunca. Para gente como él hay alguna página de Internet que he recomendado a veces: Tusrelatos, donde se puede escribir impunemente haber si vienes y, si te lo echan en cara, contestas que lo importante no es la forma sino el contenido y te quedas tan ancho.

sábado, 20 de febrero de 2016

Josep Masanés, Camins sense retorn

Masanés, Josep, Camins sense retorn (Delite, Barcelona: 2015)
Una novela histórica sin mucha complejidad y con un argumento de fácil resumen: a fines del XVIII dos hermanos irlandeses, Willie y Austin Tibbets, son enrolados a la fuerza en la marina inglesa, sufren las duras condiciones de la vida a bordo y, al llegar a Menorca, asisten a la conquista de ésta por parte de las tropas aliadas. Lo más notable será que no vuelven a Irlanda. Y, por cierto, partiendo de la misma idea inicial, la leva forzosa, creé hace años un pequeño relato, Maldita sea tu suerte,
Cuestiones:
  1. La madre perdida es un referente constante para los dos hermanos en lo que se refiere a los recuerdos y los sueños, y especialmente para Willie. Éste, poco antes de comprobar que ha perdido dos dientes, sueña con una rara visión de su madre: estranya pintura carmí als llavis [...] els ulls d'un ofidi (23). Poco más tarde, y también con motivo de la pérdida de dientes, sueña en una estampa hogareña con La mare asseguda a la vora del foc (42) y que ésta li allargava el braç per lliurar-li quatre dents (43); mucho después, algo parecido: va de la mano de su madre por un pasillo y una presencia amenazadora les impide entrar; y añade un elemento vegetal: Les buganvíl·lies. En els seus somnis sempre sortien [...] Quin significat tenien? (104). Su hermano Austin, en cambio, tiene dos sueños seguidos y de tintes muy negativos: dins una cova i seguia un camí [...] el camí no s'acabaria mai [...] el que cercava s'allunyava a cada passa que jo feia (142-143); de ellos acaba por concluir que no quiere volver a casa.
  2. En ese rasgo, los sueños en varios sentidos, se oponen los hermanos. Willie, además de los sueños anteriores, evoca un día de paseo y baño con su Isadora: -Un record per no oblidar (33). Por eso quiere regresar, para recuperar La mare, Isadora [...] Es negava a enterrar el records mientras que la postura de su hermano, y de ahí sus sueños, es la opuesta: Res no tornaria a ser igual. Que no podien aferrar-se al passat (129). Y la novela termina con Willie decidido a regresar y recuperando la buganvilla de su sueño: va veure als seus peus una corol·la roja. No era una buganvíl·lia però li va recordar [...] Ell tornaria a casa. Amb la mare. Amb la Isadora (152).
  3. El juramento de Willie cuando el contramaestre Davies ordena dar latigazos a su hermano -Juro que venjaré el que el contramestre Davies t'ha fet (51)- se ve cumplido aunque de manera algo indirecta. Durante el sitio de san Felipe Davies descubre que los españoles lanzan bombas con la mecha demasiado larga; por eso acude, arranca la mecha y la bomba no explota. Cuando los hermanos se pasan al lado de los españoles,Willie, para intentar cumplir su promesa, toma una bala i amb un guix va escriure sobre el ferro fred i calm el nom del mal (o sea, de Davies). Després en va agafar una altra i una altra fins que totes van ser escrites. Quan arribessin les ordres de disparar, es cuidaria de deixar ben curta la metxa (148). Cuando luego preguntan si Davies sigue vivo sabrán que Va voler treure una metxa d'una bomba que ens van llançar els espanyols poc després que volsaltres desertéssiu i li va explotar deu metres abans que hi arribés (151).
  4. Además de ese final de la novela con las actitudes opuestas de los dos hermanos con respecto al regreso a casa, hay un epílogo en el que se describe una situación paralela a la de la bomba anterior en la que un descendiente de los protagonistas lanza la bomba atómica sobre el Japón: Cent seixante-tres anys més tard [...] una única bomba que no duia cap nom escrit [...] fou llançada pel coronel Paul Tibbets en una altra illa (153).
Aspectos negativos:
  1. La siguiente imagen que creemos poco apropiada: los soldados que capturan a los dos hermanos mientras éstos están en el campo son comparados a talps zombis (17). No diremos que el autor no tiene derecho a tal comparación sino que la idea de zombi pertenece a una etapa posterior al XVIII y por una cuestión de coherencia...
  2. En el mismo orden de cosas entendemos medidas como uns quaranta metres (18) o pocs quilòmetres (31) o trenta metres (106) aplicadas en un espacio y en tiempo donde difícilmente rige ni el metro ni el sistema métrico decimal. Y si bien el narrador, dirigiéndose a un público actual, aún tiene cierta excusa pasa servirse de ellas, difícilmente lo podrá hacer un personaje: va explotar deu metres abans que hi arribés (151).
  3. Donde sí creemos ver contradicción es en la siguiente frase pronunciada con motivo de la desaparición de uno de los componentes de la tripulación con motivo de una salida a explorar el campo menorquín: -El lindo Lyndon ha desaparegut (66). Desde nuestro desconocimiento del inglés a esos niveles nos preguntamos si puede darse ese juego de palabras en una conversación en inglés.
  4. Un detalle de artillería: Els espanyols han llançat una d'aquelles bombes dobles amb una cadena que les uneix i que serveixen per abatre la bandera (124). O no lo entiendo bien o ¿qué sentido tiene abatir una bandera? Esas bombas ligadas se usaban en combates marítimos para desarbolar, para que la cadena rompiera los mástiles.

martes, 16 de febrero de 2016

Françoise Sagan, Bonjour tristesse, I (primera parte)

Sagan, Françoise, Bonjour tristesse (Julliard, París: 1991)
Leemos la obra (1954) para discutirla en la tertulia que se celebrará en la librería Espai 14 de Mahón mañana, 17 de febrero de 2016. De hecho, inauguran con esta novela un club de lectura que se pretende en francés. Ojalá prospere una idea tan original como es la del club de lectura en francés. De momento, y para facilitar la labor, proponen leer la obra en dos etapas. El 17 de febrero, pues, se lee sólo la primera parte. Y así vamos a empezar el análisis de la obra, dedicado sólo a esa primera mitad:
  • El párrafo primero, antes incluso de la presentación del personaje, está dedicado a una definición muy personal, y a la vez compleja, de la tristeza: parte del hecho de que la tristeza es honorable, tiene un beau nom grave y, por eso, duda de estar sintiéndola al percibir un sentiment inconnu con ennui y douceur y si complet, si egoïste que j'en ai presque honte. Acaba por entenderla y concebirla como quelque chose (qui) se replie sur moi comme une soie, énervante et douce, et me sépare des autres (11). A su vez, como se opone el tiempo anterior cuando esa tristeza Je ne la connaissais pas y Aujourd'hui, en que parece conocerla, se anuncia que la novela se va a dedicar a explicar ese proceso de conocimiento. Símbolo de todo ello será la piedra que recoge del mar más adelante (36, vid infra): en aquel momento le suponía felicidad y al observarla en la actualidad le produce tristeza.
  • En el párrafo segundo se introducen los personajes y, así, sabremos: que ese narrador interno, además de tener 17 años, es femenino y, precisamente, el rasgo por el que sabemos el sexo es el opuesto al del párrafo anterior -j'étais parfaitement heureuse (11)- abundando en la idea de la novela como evolución de la felicidad a la tristeza (en el capítulo III aún es feliz: Je ne sentais envahie d'un bonheur, d'une insouciance parfaits [33] y en el IV: ces trois semaines heureuses [41]); que su padre, Raymond (sólo en 38) es viudo, de 40 años, y su amante actual es Elsa. Significativo será que a ambos los conciba como les autres en referencia al párrafo anterior como oponiéndose a ellos en la relación yo=tristeza/ellos=felicidad.
  • Quizá cabría decir que, hasta aquí, se está presentando un esquema -hija, padre, amante del padre- que puede sugerir el mito de Electra. Pronto se complicará ese esquema y mucho después, al final de esta primera parte, la narradora niega el complejo deElectra (66).
  • El espacio en el que empezará a discurrir la novela es el ideal para mantener la felicidad: a principios de julio (14), durante las vacaciones, su padre alquila una casa en el Mediterráneo y se presenta el escenario perfecto: une grande villa blanche [...] dominant la mer, cachée [...] par un bois de pins [...] une petite crique dorée, bordée de rochers roux où se balançait la mer (12); es un espacio que limpia y con atención especial al sol: je fus réveillée par un rayon de soleil oblique et chaud, qui inonda mon lit et mit fin aux rêves étranges et un peu confus où je me debattais (30); ese sol iluminará después el amor con Cyril: Dans la lumière du matin, il était aussi doré (33). Se entiende como espacio opuesto a Paris: bañarse resulta para la narradora como me laver de toutes les ombres, de toutes les poussières de Paris; y no tendrá preocupaciones: coger arena entre los dedos y dejarla caer se compara al tiempo huyendo: une idée facile et [...] il était agréable d'avois des idées faciles (13). A su vez, es un espacio abierto y opuesto al espacio cerrado donde vivía anteriormente la protagonista: à ma sortie de pension, deux ans plus tôt (11); En pension on ne lit pas, sinon des oeuvres édifiantes (27).
  • Diferente será la visión del espacio que la narradora proyecte desde el momento de la narración y que estará distanciado del vivido como protagonista de la misma: Je me rends compte que j'oublie, que je suis forcée d'oublier le principal: la présence de la mer, son rythme incessant, le soleil (26). Sobre ese espacio habrán pasado, como una apisonadora, los acontecimientos.
  • Pronto entra en escena Cyril abundando en ese bienestar con su petit bateau à voile (13); su descripción es positiva: quelque chose d'équilibré, de protecteur (13). Il était grand et parfois beau, d'une beauté qui donnait confiance (14). Se intuye así un cuadrado amoroso armónico: narradora-Cyril/padre-Elsa. De ahí la reflexión de la narradora: Nous étions trop tranquilles, cela ne pouvait durer! (15). Además, Cyril se opone a los ligues parisienses sin importancia: il m'attirait sous une porte et m'embrassait : je découvrais le plaisir des baisers. Je ne met pas de nom à ces souvenirs : Jean, Hubert, Jacques. Des noms communs à toutes les petites jeunes filles (27).
  • Y así aparece el elemento distorsionador en forma de Anne Larsen, que los visita. Es une ancienne amie de ma pauvre mère et n'avait que très peu de rapports avec mon père (15). La relación de la narradora con ella es significativa: J'en avais conçu pour elle une admiration passionée qu'elle avait habilement detournée sur un jeune homme de son entourage (15-16); la descripción también sugiere: c'était une femme très séduisante, très recherchée, avec un beau visage (16); aunque mínimamente, se puede entender en clave lésbica y, al leer el pasaje, no pudimos sino recordar una película situada en el mismo ambiente del Midi, La piscina, dirigida por François Ozon y protagonizada por Charlotte Rampling y Ludivine Sagnier, que vendrían a reproducir el esquema. La narradora -y sólo entonces sabremos que se llama Cécile- interroga a su padre sobre Anne: Pourquoi as-tu invité Anne? Et pourquoi a-t-elle acceptée? (17); y le avisa de cómo Elsa puede sentirse incómoda. Y acaban hablando de las relaciones amorosas con el padre diciendo que las complicaciones del amor, elles étaient imaginaires (18). Cécile, completamente segura de lo que ocurrirá tras la llegada de Anne, decide que Je profitais de ces derniers jours de vraies vacances aun cuando han alquilado la villa por dos meses (19). Así será poco más tarde: Je courus vers la mer, m'y enfonçai en gemissant sur les vacances que nous aurions pu avoir, que nous n'aurions pas ; y para protegerse de ello recurre a un talismán: J'aperçus au fond de la mer [...] une pierre rose et bleu ; je plongeai pour la prendre [...] Je décidai que c'était un porte-bonheur, que je ne la quitterais pas de l'été. Je ne sais pas pourquoi je ne l'ai pas perdue, comme je perds tout [...] Elle est dans ma main aujourd'hui, rose et tiède, elle me donne envie de pleurer (36). Hasta que todo empieza a ir mal: Quel est le jour où mon père regarda ostensiblement la bouche d'Anne [...] Celui où il compara sans en sourire sa subtilité avec la semi-bêtise d'Elsa? [...] Ma tranquillité reposait sur cette idée stupide qu'ils se connaissaient depuis quinze ans et que s'ils avaient dû s'aimer, ils auraient commencé plus tôt; como consuelo se refugiará en Ciryl: Mais Cyril était là et suffissait a mes pensées [...] le soir dans les boîtes de Saint-Tropez [...] Le jour, nous faisions de la voile autour de la côte (41).
  • Para complicar más la cuestión, la llegada de Anne coincide con un salto en la relación entre Cécile y Cyril. Ese mismo día ella baja a la playa y cuando él llega ella dice que je n'avais pas envie de lui parler, ni à personne (20). Pero se produce un cambio paulatino: él la toca y mon coeur se mit a battre durement [...] quelque chose en moi doucement se déchire [...] Je commençais à le connaïtre  (20). Pero ella piensa en los últimos días y presiente que la felicidad se va a romper: Je revis les derniers jours de cette semaine, ma confiance, ma tranquillité auprès de lui et je regrettai l'approche de cette bouche [...] "Cyril, nous étions si heureux..." / Il m'embrassa doucement. Je regardais le ciel [...] le goût des premiers baisers (21). Y, efectivamente, todo se rompe de modo brusco y simbólico con el claxon del coche de Anne -un coup de claxon nous sépara comme des voleurs- y su frase de presentación: C'est la maison de la Belle-au-Bois-dormant! (21). A la mañana siguiente, avanza la relación con Cyrile: Je sentais qu'il était bon et prêt à m'aimer ; que j'aimerais l'aimer. Je mis mes bras autour de son cou, ma joue contre la sienne (32); Il me tenait serrée contre lui [...] je l'aimais (33).
  • Algún sentido habrá de tener esa alusión a la Bella Durmiente: El caso es que pronto, justo a la mañana siguiente, veremos a Anne comportándose con Cécile como una verdadera madrastra: Cécile, vous ne mangez pas? /-Je préfère boire le matin parce que... -Vous devez prendre trois kilos por être présentable [...] Allez donc chercher des tartines (31). Lo mismo poco después en lo que se refiere a los estudios; al enterarse de ha suspendido la pone a estudiar para aprobar en octubre: "Anne, dis je, vous n'allez pas me faire ça, me faire travailler par ces chaleurs... ces vacances qui pouvaient me faire tant de bien..."(35). En seguida se dirá del padre que se dirigía a Anne comme à une seconde mère de sa fille (37).
  • Pronto se percibe la tensión entre Anne y Elsa. Anne llega imprevistamente en coche cuando se suponía que había de llegar en tren y por eso el padre, con tous les glaïeuls du jardin (19), y Elsa ha ido a la estación. Entonces, Cécile anuncia a Anne que Elsa está en la casa y a Anne le cambia la cara: Ce visage que j'avais vu si calme, si maître de lui se transforma completamente: Son visage s'était brusquement défait; la bouche tremblante (22). De ahí la pregunta de Cécile: Pourquoi ce visage, cette voix troublée, cette défaillance? (23). Luego, con los cuatro ya reunidos, se opone la visión del padre -À ses yeux tout allait bien- a la de la hija: Mais je revoyais tour à tour le visage passionné de Cyril, celui d'Anne [...] et je me demandais si les vacances seraient aussi simples que le déclarait mon père (24). 
  • Anne y Elsa son mujeres opuestas que la narradora presenta en competencia: Dans l'escalier, je croissais Elsa. Visiblement, elle sortait du lit, les paupières gonflées, les lèvres pâles [...] Anne était en bas avec un visage soigné et net [...] (Elsa) avait vingt-neuf ans, soit treize moins qu'Anne (31). Luego apreciará en la playa que Anne tiene La taille mince, les jambes parfaites (33). Hay un capítulo, el IV, donde se vuelven a oponer y se conciben en une sorte d'antithèse comme le soleil et l'ombre (38) que alcanza incluso el modo de expresarse: las bêtises de Elsa frente a las phrases brèves de Anne (37); pero es Elsa, por supuesto, quien va con el padre a la siesta en mettant dans son intonation dix ans de galanterie française : "Vous venez, Raymond?" (38). Y, al quedarse solas Anne y Cécile, está hará un comentario jocoso, aquélla se molestará y acabará dándole consejos amorosos en relación, de nuevo, con su papel maternal: Vous vous faites de l'amour une idée un peu simpliste (40).
  • Como figura lateral aparece la madre de Cyril, viuda, que invita a todos a un té: dice Anne: Elle a rempli ses devoirs de mère et d'épouse. Y pregunta Cécile: Et son devoir de putain? (42). No entiendo las alusiones: si Cécile insulta indirectamente a Anne, si se oponen modelos de mujer... 
  • La conclusión a muchas de las líneas anteriores será que la situación explota: Et puis, un jour, ce fut la fin (45). Deciden salir de noche a Cannes y habrá que remarcar que es en Cannes donde ocurrirá la anécdota en cuestión en oposición al espacio anterior de tipo bucólico. Y antes de partir son de notar dos aspectos: el comentario dirigido a Anne de que Tous les charmes de la maurité semblaient réunis en elle, ce soir là; la siguiente escena de conjunto vista desde lo alto de la escalera: au premier plan, devant moi, la nuque dorée, les épaules parfaites d'Anne; un peu plus bas, le visage ébloui de mon père, sa main tendue et, déjà dans le lointain, la silhouette d'Elsa (47). Ya en el casino grâce aux manoeuvres de mon père, nous nous perdîmes vite (48) y Cécile se encuentra bebiendo con Elsa hasta que ésta busca al padre y con air de Cassandre (49 con alusión compleja, porque es la que interfiere en el matrimonio de Agamenón con Clitemnestra) dice que no lo encuentra; Cécile dice que va a buscarlo y lo encuentra con Anne en el parking. Ésta dice: "Nous rentrons. Dites-lui que j'étais fatiguée et que votre père m'a ramenée. Quand vous vous serez assez amusées, vous rentrerez avec ma voitura". Y Cécile se encara con su padre: -Tu amènes une fille rousse à la mer sous un soleil qu'elle ne supporte pas et quand elle est toute pelée, tu l'abandonnes (50). Al volver Cécile junto a Elsa, ésta le dice llorando: ô Cécile, nous étions si heureux (52); y así se rompe también la felicidad para Elsa que decide quedarse en Cannes.
  • Parece así abrirse una etapa de armonía en el nuevo conjunto y que reproduce el estado inicial. De un lado, su padre con Anne: mon père l'aimait. Je les voyais descendre le matin appuyés l'un à l'autre, riant ensemble, les yeux cernés, et j'aurais aimé, je le jure que cela durât toute la vie [...] Le mariage devait avoir lieu à Paris à la rentrée (58-59). De otro lado, Cécile y Ciryl: Nous faisions du bateau ensemble, nous nous embrassions au gré de nos envies (59). Hasta que Anne vuelve al ejercicio de madrastra de modo aún peor prohibiendo a Cécile ver a Cyril: -Je vous prie de ne pas le revoir [...] vous avez dix-sept ans, je suis un peu responsable de vous à présent et je ne vous laisserait pas gâcher votre vie (61). Y, además, se lo sustituye por Bergson poniéndola a estudiar -vous allez troquer votre personnage de fille des bois contre celui de bonne écolière (63)- su filosofía a propósito del cual se fija en una compleja frase sobre hechos y causas.
  • Y esta primera parte termina con la toma de conciencia por parte de Cécile: ve cómo la nueva amante de su padre allait faire de nous le mari et la fille d'Anne Larsen mientras que lo que ella quiere es retrouver mon père et notre vie d'antan (65). Y analiza las verdaderas causas de su estado negativo: no son un amour incestueux pour mon père ou une passion malsaine pour Anne sino la chaleur, Bergson [...] l'absence de Cyril [...] nous étions à la merci d'Anne (66).
(La presente entrada tiene su continuación aquí)


viernes, 12 de febrero de 2016

Antonia, XIII: Que mi marido dice que...

Un chico de aquí me pidió el otro día que escribiera algo diferente y me preguntó si me atrevía con asuntos de terror, que a él le gustan mucho. Al principio pensé que no, que como yo sólo cuento cosas mías de verdad... pero luego, dándole vueltas y vueltas, me acordé de algo que me pasó hace algunos años y que no era de terror del que se te aparece un zombi pero sí de miedo, que yo pasé mucho miedo. El caso es que empecé a escribir para explicarlo pero, como luego me escogieron para un concurso, que me hizo mucho ilusión, y a lo mejor tengo que escribir sobre terror, me lo voy a guardar por si acaso y explicaré otras cosas mías.
Explicaré que ayer mi marido me riñó. Pero sólo un poco, que si primero me da un beso, luego me riñe a su modo y acaba dándome un montón de besos, ya ves qué problema. Porque si me riñe mucho, con desabrocharme otro botoncito de la blusa lo arreglo. Ahora, que ayer me riñó con razón. Todo fue porque yo siempre le cuento todo y, además, ¿qué puedo esconderle si él mismo dice que soy muy transparente? Pero eso no se lo había contado porque no le daba la más mínima importancia. ¿Y qué es lo que no le había contado? Pues precisamente esto, que estoy en esta página de internet escribiendo mis cosas:
-¿Y qué cosas escribes?
-Pues, ¿qué va a ser?: mis cosas, que si podo las plantas del jardín, que si voy de paseo...
Mentira, claro, porque si le digo que cuento lo que hacemos él y yo en la cama... Pero era una mentirijilla tonta.
Estábamos en el sofá del comedor, me cogió de la mano, me llevó a la alcoba, me señaló el libro que había sobre su mesita de noche y me preguntó si sabía cuál era:
-Claro, la Ilíada de Homero.
Que eso lo conté al principio de estar aquí. Conté que mi marido tiene un conjunto de libros, siempre lee los mismos dependiendo del mes y, cuando llega enero, siempre lee la Ilíada porque dice que es el libro más antiguo.
-Pues tú no puedes escribir porque un buen escritor ha de empezar por leer a los clásicos. Y tú no los has leído.
-Pero si yo no quiero ser una gran escritora, sólo lo hago porque, porque... además, que cuando tú lees en voz alta yo te escucho atentamente hasta quedarme dormida y, con las veces que has leído la Ilíada, ya me voy enterando de que los griegos se pelean con los troyanos por una mujer que se llama Helena, que si el mejor guerrero griego se llama Aquiles, que si mata al pobre Héctor, que si... Además, que he visto la peli y sé que se acaba con lo del caballo... Además, si tú lees a los clásicos y yo duermo tan arrimadita a ti, algo se me pegará, ¿o no?
Entonces, como yo me había sentado en la cama, le empecé a desabotonar la camisa y, claro,...

lunes, 8 de febrero de 2016

Antonia, XII: Mi marido dentro de mí

Hoy estoy contenta. Aunque yo suelo estar siempre contenta. Pero hoy más porque mi marido y yo hemos empezado el año muy bien. Como siempre.
Y dudaba si contarlo porque el otro día un chico me dijo aquí que no sabía si una cosa que yo había explicado era erótica o no. Y yo no quiero escribir cosas eróticas, quiero explicar cosas curiosas que me pasan. Y si lo que me pasa es erótico, como no tengo nadie a quien explicárselo porque ni lo comento con mis cuñadas ni con las cajeras del supermercado, pues vengo aquí y, como no me da vergüenza porque no me conoce nadie, voy y lo explico.
El caso es que ya conté cómo la Nochebuena la pasamos en familia en casa de mi suegra: que si cuñadas y cuñados diciendo tonterías a partir de la segunda copa, que si los niños correteando, que si a las tantas tener que recogerlo todo… Pero el día de Nochevieja no, ese día es sólo para mi marido y para mí. ¿Y qué hacemos? Pues tampoco me da vergüenza explicar que se me ocurrió a mí el último año de novios: y desde entonces siempre hemos recibido el año con mi marido dentro de mí.
Lo primero después de cenar es llevarnos la tele a la alcoba para oír las campanadas desde la cama; y dejamos las uvas en la mesita de noche. Y eso hicimos ayer que, cuando quedaba poco, nos pusimos cariñosos y… bueno, que me subí y me puse. Ah, y es la única vez que lo hacemos sin mirarnos a la cara, que yo me pongo de espaldas para poder mirar la tele y estar atenta a las doce campanadas. Y a cada campanada, una uvita y un meneíto, que yo subía y bajaba despacio. Hasta que se acabaron las campanadas y, como no me pude contener, empecé a moverme rápido y más rápido aún cuando mi marido empezó con sus suspiritos.
Y por eso estoy hoy tan contenta.

jueves, 4 de febrero de 2016

Haruki Murakami, Al sur de la frontera, al oeste del Sol

Murakami, Haruki, Al sur de la frontera, al oeste del Sol (Tusquets, Barcelona: 2015)
Otra lectura, de un autor que desconocía completamente, para el club de la Biblioteca de Mahón.
Comentaremos que la obra viene a ser toda una educación sentimental:
  • Es una narración pseudoautobiográfica presentada ab initio: Nací el 4 de enero de 1951. Es decir: la primera semana del primer mes del primer año de la segunda mitad del siglo XX. [...] Ésta fue la razón por la que decidieron llamarme Hajime ("Principio") (7). Quizá ello pueda sugerir que el protagonista va a ser alguien prototípico.