Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 26 de febrero de 2016

Luis Soler, Se traspasa (un bodrio infumable)

Soler, Luis, Se traspasa (Ediciones irreverentes, s.l.: 2014)
Una novela que leimos a propuesta del club de lectura de la Biblioteca Pública de Mahón para la tertuia del 24/2/2016.
No sé si en algún lugar he hablado de mi desconfíanza hacia los autores locales mahoneses. La primera perla de éste es la tilde sobre Luís en la página 16 y siguientes. Si el autor dice llamarse Luis y lo escribe sin tilde en la portada, ¿qué puede esperarse? En fin, que prometo desde ahora no leer ninguna obra de ningún autor mahonés ni que sea pariente mío.
La obra no merece reseña pero sí voy a dejar constancia de algunos errores. Pero, a diferencia de lo que suelo. no indicaré la página de las citas, que no voy a hacerle al autor el trabajo de corrector porque no creo que el autor merezca mi verbo ni yo me rebajo a esas chominadas, que mi saber no es de este mundo:
-Sin tilde en que interrogativo indirecto al menos 5 veces.
-No sólo si no también otras tantas.
-Sanlucar, coger al azahar esos vestidos, se alejaba de mi, el sólo gesto...
En resumen: no domina la lengua castellana, presupuesto básico para escribir cualquier texto. Consecuencia de ello serán los líos que se monta con los elementos narrativos: la acción transcurre en una tienda que a ratos está un pueblo, luego en una ciudad, luego en un pueblo y así sucesivamente; con el tiempo, algo parecido: en una página es final de junio y dos semanas después sigue siendo junio.
Por no hablar de la ausencia de lecturas o de cultura general del autor que trasluce la obra. Total: un autor novel de los que aprenderán nunca. Para gente como él hay alguna página de Internet que he recomendado a veces: Tusrelatos, donde se puede escribir impunemente haber si vienes y, si te lo echan en cara, contestas que lo importante no es la forma sino el contenido y te quedas tan ancho.

lunes, 22 de febrero de 2016

Françoise Sagan, Bonjour tristesse, I (primera parte)

Sagan, Françoise, Bonjour tristesse (Julliard, París: 1991)
Leemos la obra (1954) para discutirla en la tertulia que se celebró en la librería Espai 14 de Mahón el 17 de febrero de 2016. De hecho, inauguran con esta novela un club de lectura que se pretende en francés. Ojalá prospere una idea tan original como es la del club de lectura en francés. De momento, y para facilitar la labor, proponen leer la obra en dos etapas. El 17 de febrero, pues, se lee sólo la primera parte. Y así vamos a empezar el análisis de la obra, dedicado sólo a esa primera mitad:
  • El párrafo primero, antes incluso de la presentación del personaje, está dedicado a una definición muy personal, y a la vez compleja, de la tristeza: parte del hecho de que la tristeza es honorable, tiene un beau nom grave y, por eso, duda de estar sintiéndola al percibir un sentiment inconnu con ennui y douceur y si complet, si egoïste que j'en ai presque honte. Acaba por entenderla y concebirla como quelque chose (qui) se replie sur moi comme une soie, énervante et douce, et me sépare des autres (11). A su vez, como se opone el tiempo anterior cuando esa tristeza Je ne la connaissais pas y Aujourd'hui, en que parece conocerla, se anuncia que la novela se va a dedicar a explicar ese proceso de conocimiento. Símbolo de todo ello será la piedra que recoge del mar más adelante (36, vid infra): en aquel momento le suponía felicidad y al observarla en la actualidad le produce tristeza.
  • En el párrafo segundo se introducen los personajes y, así, sabremos: que ese narrador interno, además de tener 17 años, es femenino y, precisamente, el rasgo por el que sabemos el sexo es el opuesto al del párrafo anterior -j'étais parfaitement heureuse (11)- abundando en la idea de la novela como evolución de la felicidad a la tristeza (en el capítulo III aún es feliz: Je ne sentais envahie d'un bonheur, d'une insouciance parfaits [33] y en el IV: ces trois semaines heureuses [41]); que su padre, Raymond (sólo en 38) es viudo, de 40 años, y su amante actual es Elsa. Significativo será que a ambos los conciba como les autres en referencia al párrafo anterior como oponiéndose a ellos en la relación yo=tristeza/ellos=felicidad.
  • Quizá cabría decir que, hasta aquí, se está presentando un esquema -hija, padre, amante del padre- que puede sugerir el mito de Electra. Pronto se complicará ese esquema y mucho después, al final de esta primera parte, la narradora niega el complejo deElectra (66).
  • El espacio en el que empezará a discurrir la novela es el ideal para mantener la felicidad: a principios de julio (14), durante las vacaciones, su padre alquila una casa en el Mediterráneo y se presenta el escenario perfecto: une grande villa blanche [...] dominant la mer, cachée [...] par un bois de pins [...] une petite crique dorée, bordée de rochers roux où se balançait la mer (12); es un espacio que limpia y con atención especial al sol: je fus réveillée par un rayon de soleil oblique et chaud, qui inonda mon lit et mit fin aux rêves étranges et un peu confus où je me debattais (30); ese sol iluminará después el amor con Cyril: Dans la lumière du matin, il était aussi doré (33). Se entiende como espacio opuesto a Paris: bañarse resulta para la narradora como me laver de toutes les ombres, de toutes les poussières de Paris; y no tendrá preocupaciones: coger arena entre los dedos y dejarla caer se compara al tiempo huyendo: une idée facile et [...] il était agréable d'avois des idées faciles (13). A su vez, es un espacio abierto y opuesto al espacio cerrado donde vivía anteriormente la protagonista: à ma sortie de pension, deux ans plus tôt (11); En pension on ne lit pas, sinon des oeuvres édifiantes (27).
  • Diferente será la visión del espacio que la narradora proyecte desde el momento de la narración y que estará distanciado del vivido como protagonista de la misma: Je me rends compte que j'oublie, que je suis forcée d'oublier le principal: la présence de la mer, son rythme incessant, le soleil (26). Sobre ese espacio habrán pasado, como una apisonadora, los acontecimientos.
  • Pronto entra en escena Cyril abundando en ese bienestar con su petit bateau à voile (13); su descripción es positiva: quelque chose d'équilibré, de protecteur (13). Il était grand et parfois beau, d'une beauté qui donnait confiance (14). Se intuye así un cuadrado amoroso armónico: narradora-Cyril/padre-Elsa. De ahí la reflexión de la narradora: Nous étions trop tranquilles, cela ne pouvait durer! (15). Además, Cyril se opone a los ligues parisienses sin importancia: il m'attirait sous une porte et m'embrassait : je découvrais le plaisir des baisers. Je ne met pas de nom à ces souvenirs : Jean, Hubert, Jacques. Des noms communs à toutes les petites jeunes filles (27).
  • Y así aparece el elemento distorsionador en forma de Anne Larsen, que los visita. Es une ancienne amie de ma pauvre mère et n'avait que très peu de rapports avec mon père (15). La relación de la narradora con ella es significativa: J'en avais conçu pour elle une admiration passionée qu'elle avait habilement detournée sur un jeune homme de son entourage (15-16); la descripción también sugiere: c'était une femme très séduisante, très recherchée, avec un beau visage (16); aunque mínimamente, se puede entender en clave lésbica y, al leer el pasaje, no pudimos sino recordar una película situada en el mismo ambiente del Midi, La piscina, dirigida por François Ozon y protagonizada por Charlotte Rampling y Ludivine Sagnier, que vendrían a reproducir el esquema. La narradora -y sólo entonces sabremos que se llama Cécile- interroga a su padre sobre Anne: Pourquoi as-tu invité Anne? Et pourquoi a-t-elle acceptée? (17); y le avisa de cómo Elsa puede sentirse incómoda. Y acaban hablando de las relaciones amorosas con el padre diciendo que las complicaciones del amor, elles étaient imaginaires (18). Cécile, completamente segura de lo que ocurrirá tras la llegada de Anne, decide que Je profitais de ces derniers jours de vraies vacances aun cuando han alquilado la villa por dos meses (19). Así será poco más tarde: Je courus vers la mer, m'y enfonçai en gemissant sur les vacances que nous aurions pu avoir, que nous n'aurions pas ; y para protegerse de ello recurre a un talismán: J'aperçus au fond de la mer [...] une pierre rose et bleu ; je plongeai pour la prendre [...] Je décidai que c'était un porte-bonheur, que je ne la quitterais pas de l'été. Je ne sais pas pourquoi je ne l'ai pas perdue, comme je perds tout [...] Elle est dans ma main aujourd'hui, rose et tiède, elle me donne envie de pleurer (36). Hasta que todo empieza a ir mal: Quel est le jour où mon père regarda ostensiblement la bouche d'Anne [...] Celui où il compara sans en sourire sa subtilité avec la semi-bêtise d'Elsa? [...] Ma tranquillité reposait sur cette idée stupide qu'ils se connaissaient depuis quinze ans et que s'ils avaient dû s'aimer, ils auraient commencé plus tôt; como consuelo se refugiará en Ciryl: Mais Cyril était là et suffissait a mes pensées [...] le soir dans les boîtes de Saint-Tropez [...] Le jour, nous faisions de la voile autour de la côte (41).
  • Para complicar más la cuestión, la llegada de Anne coincide con un salto en la relación entre Cécile y Cyril. Ese mismo día ella baja a la playa y cuando él llega ella dice que je n'avais pas envie de lui parler, ni à personne (20). Pero se produce un cambio paulatino: él la toca y mon coeur se mit a battre durement [...] quelque chose en moi doucement se déchire [...] Je commençais à le connaïtre  (20). Pero ella piensa en los últimos días y presiente que la felicidad se va a romper: Je revis les derniers jours de cette semaine, ma confiance, ma tranquillité auprès de lui et je regrettai l'approche de cette bouche [...] "Cyril, nous étions si heureux..." / Il m'embrassa doucement. Je regardais le ciel [...] le goût des premiers baisers (21). Y, efectivamente, todo se rompe de modo brusco y simbólico con el claxon del coche de Anne -un coup de claxon nous sépara comme des voleurs- y su frase de presentación: C'est la maison de la Belle-au-Bois-dormant! (21). A la mañana siguiente, avanza la relación con Cyrile: Je sentais qu'il était bon et prêt à m'aimer ; que j'aimerais l'aimer. Je mis mes bras autour de son cou, ma joue contre la sienne (32); Il me tenait serrée contre lui [...] je l'aimais (33).
  • Algún sentido habrá de tener esa alusión a la Bella Durmiente: El caso es que pronto, justo a la mañana siguiente, veremos a Anne comportándose con Cécile como una verdadera madrastra: Cécile, vous ne mangez pas? /-Je préfère boire le matin parce que... -Vous devez prendre trois kilos por être présentable [...] Allez donc chercher des tartines (31). Lo mismo poco después en lo que se refiere a los estudios; al enterarse de ha suspendido la pone a estudiar para aprobar en octubre: "Anne, dis je, vous n'allez pas me faire ça, me faire travailler par ces chaleurs... ces vacances qui pouvaient me faire tant de bien..."(35). En seguida se dirá del padre que se dirigía a Anne comme à une seconde mère de sa fille (37).
  • Pronto se percibe la tensión entre Anne y Elsa. Anne llega imprevistamente en coche cuando se suponía que había de llegar en tren y por eso el padre, con tous les glaïeuls du jardin (19), y Elsa ha ido a la estación. Entonces, Cécile anuncia a Anne que Elsa está en la casa y a Anne le cambia la cara: Ce visage que j'avais vu si calme, si maître de lui se transforma completamente: Son visage s'était brusquement défait; la bouche tremblante (22). De ahí la pregunta de Cécile: Pourquoi ce visage, cette voix troublée, cette défaillance? (23). Luego, con los cuatro ya reunidos, se opone la visión del padre -À ses yeux tout allait bien- a la de la hija: Mais je revoyais tour à tour le visage passionné de Cyril, celui d'Anne [...] et je me demandais si les vacances seraient aussi simples que le déclarait mon père (24). 
  • Anne y Elsa son mujeres opuestas que la narradora presenta en competencia: Dans l'escalier, je croissais Elsa. Visiblement, elle sortait du lit, les paupières gonflées, les lèvres pâles [...] Anne était en bas avec un visage soigné et net [...] (Elsa) avait vingt-neuf ans, soit treize moins qu'Anne (31). Luego apreciará en la playa que Anne tiene La taille mince, les jambes parfaites (33). Hay un capítulo, el IV, donde se vuelven a oponer y se conciben en une sorte d'antithèse comme le soleil et l'ombre (38) que alcanza incluso el modo de expresarse: las bêtises de Elsa frente a las phrases brèves de Anne (37); pero es Elsa, por supuesto, quien va con el padre a la siesta en mettant dans son intonation dix ans de galanterie française : "Vous venez, Raymond?" (38). Y, al quedarse solas Anne y Cécile, está hará un comentario jocoso, aquélla se molestará y acabará dándole consejos amorosos en relación, de nuevo, con su papel maternal: Vous vous faites de l'amour une idée un peu simpliste (40).
  • Como figura lateral aparece la madre de Cyril, viuda, que invita a todos a un té: dice Anne: Elle a rempli ses devoirs de mère et d'épouse. Y pregunta Cécile: Et son devoir de putain? (42). No entiendo las alusiones: si Cécile insulta indirectamente a Anne, si se oponen modelos de mujer... 
  • La conclusión a muchas de las líneas anteriores será que la situación explota: Et puis, un jour, ce fut la fin (45). Deciden salir de noche a Cannes y habrá que remarcar que es en Cannes donde ocurrirá la anécdota en cuestión en oposición al espacio anterior de tipo bucólico. Y antes de partir son de notar dos aspectos: el comentario dirigido a Anne de que Tous les charmes de la maurité semblaient réunis en elle, ce soir là; la siguiente escena de conjunto vista desde lo alto de la escalera: au premier plan, devant moi, la nuque dorée, les épaules parfaites d'Anne; un peu plus bas, le visage ébloui de mon père, sa main tendue et, déjà dans le lointain, la silhouette d'Elsa (47). Ya en el casino grâce aux manoeuvres de mon père, nous nous perdîmes vite (48) y Cécile se encuentra bebiendo con Elsa hasta que ésta busca al padre y con air de Cassandre (49 con alusión compleja, porque es la que interfiere en el matrimonio de Agamenón con Clitemnestra) dice que no lo encuentra; Cécile dice que va a buscarlo y lo encuentra con Anne en el parking. Ésta dice: "Nous rentrons. Dites-lui que j'étais fatiguée et que votre père m'a ramenée. Quand vous vous serez assez amusées, vous rentrerez avec ma voitura". Y Cécile se encara con su padre: -Tu amènes une fille rousse à la mer sous un soleil qu'elle ne supporte pas et quand elle est toute pelée, tu l'abandonnes (50). Al volver Cécile junto a Elsa, ésta le dice llorando: ô Cécile, nous étions si heureux (52); y así se rompe también la felicidad para Elsa que decide quedarse en Cannes.
  • Parece así abrirse una etapa de armonía en el nuevo conjunto y que reproduce el estado inicial. De un lado, su padre con Anne: mon père l'aimait. Je les voyais descendre le matin appuyés l'un à l'autre, riant ensemble, les yeux cernés, et j'aurais aimé, je le jure que cela durât toute la vie [...] Le mariage devait avoir lieu à Paris à la rentrée (58-59). De otro lado, Cécile y Ciryl: Nous faisions du bateau ensemble, nous nous embrassions au gré de nos envies (59). Hasta que Anne vuelve al ejercicio de madrastra de modo aún peor prohibiendo a Cécile ver a Cyril: -Je vous prie de ne pas le revoir [...] vous avez dix-sept ans, je suis un peu responsable de vous à présent et je ne vous laisserait pas gâcher votre vie (61). Y, además, se lo sustituye por Bergson poniéndola a estudiar -vous allez troquer votre personnage de fille des bois contre celui de bonne écolière (63)- su filosofía a propósito del cual se fija en una compleja frase sobre hechos y causas.
  • Y esta primera parte termina con la toma de conciencia por parte de Cécile: ve cómo la nueva amante de su padre allait faire de nous le mari et la fille d'Anne Larsen mientras que lo que ella quiere es retrouver mon père et notre vie d'antan (65). Y analiza las verdaderas causas de su estado negativo: no son un amour incestueux pour mon père ou une passion malsaine pour Anne sino la chaleur, Bergson [...] l'absence de Cyril [...] nous étions à la merci d'Anne (66).
(La presente entrada tiene su continuación aquí)


jueves, 18 de febrero de 2016

Sófocles, Tragedias, II (Les dones de Traquis, Àiax, Electra, Filoctetes)

-Sòfocles, Tragédies traduïdes per Carles Riba.  II Les dones de Traquis, Àiax, Electra, Filoctetes (Curial, Barcelona: 1990)
Y, como hicimos en la entrada anterior dedicada a otras tragedias de Sófocles, antes de ir a éstas en concreto, anotaremos los detalles más significativos que hemos detectado en el libro de Charles Segal, El mundo trágico de Sófocles (Gredos, Madrid: 2013):

domingo, 14 de febrero de 2016

Sófocles, Tragedias, I (Edipo rey, Edipo en Colono)

La presente entrada pretende ser continuación tanto de la que hace tiempo dedicamos aquí a las tragedias completas de Sófocles como de esta otra dedicada a Antígona. En realidad la vamos a dedicar a detalles sueltos que nos han hecho reflexionar a propósito bien de la lectura de las obras en la traducción de Carles Riba, bien de la bibliografía auxiliar que presentábamos en la entrada dedicada a Antígona. Desarrollamos la exposición a partir del orden en que Carles Riba dispone la obra en sus dos volúmenes en el bien entendido que lo que se refiere a Antígona ya queda dicho.
Pero antes, unas ideas previas sobre la tragedia extraídas del libro ya citado de Jacqueline de Romilly, La tragedia griega:

miércoles, 10 de febrero de 2016

Sófocles, Antígona

Releemos Antígona para la sesión del club de lectura de Ciudadela que se celebrará el 20 de febrero con el agravante de que fui yo quien propuso esta obra. De paso, amplíamos parcialmente la reseña que dedicamos aquí a la totalidad de las tragedias sofocleas. Y utilizamos varias ediciones:
-Sòfocles, Tragédies traduïdes per Carles Riba. Edip rei. Edip a Colonos, Antígona (Curial, Barcelona: 1981). De un lado tiene el problema de no presentar los versos numerados que se compensa, de otro lado, por la calidad de la traducción de Carles Riba.
-Sófocles, Tragedias (Gredos, Madrid: 1981)
-Sófocles, Teatro completo (Bruguera, Madrid, 1981)
Además, nos auxiliamos de bibliografía como:
-Segal, Charles, El mundo trágico de Sófocles (Gredos, Madrid: 2012)
-Romilly, Jacqueline de, La tragedia griega (Gredos, Madrid: 2011)













Comentaremos:
  • Una cierta estructura binaria: dos hermanos muertos (Eteocles, Polinices), dos hermanas vivas (Antígona, Ismene). Tiene sus consecuencias textuales: totes dues hem perdut tots dos germans / en un sol dia morts per una doble mà (149); els nostres dos germans / en un sol dia es maten, pobres, i un comú / destí compleixen, ells contra ells, mà contra mà (151); els dos mísers que [...] han tingut part en una mort l'un i l'altre (154); els prínceps, per un doble fat, han mort / en un sol dia (155). Y también para Yocasta con respecto a Edipo, la seva mare... i dona -doble nom!- (150).
  • Otra diferente tendencia al número tres a partir de las tres desgracias de la familia: 1ª) el padre, Edipo, es va picâ amb la seva pròpia mà els dos ulls (150); 2ª) la madre, Yocasta es fa malbé la vida amb un dogal suspès (151); 3º) los hermanos: i terça desventura, els nostres dos germans / en un sol dia es maten (151). De modo parecido Antígona hace una triple libación sobre el cadáver de Polinices: decantant d'enlaire un bronze ben forjat, / corona amb una triple oferta el seu difunt (163).
  • La estructura binaria en lo que se refiere a los personajes femeninos se complica al oponerse una a otra como se oponían los hermanos al modo de Caín/Abel, Jacob/Esaú, Romulo/Remo: Antígona, decidida a desobedecer a Creonte: Ves si em vols ser companya d'obra i de fatic? (150); Ismene, intentando hacerla desistir: oh, trista [...] Ah, temerària (150). Aunque es  cierto que luego, interrogada por Creonte, dice haber participado -tinc part en l'obra i prenc el càrrec sobre mi- y quiere compartir la suerte de su hermana: Almenys, germana, no em refusis l'honra de / morir amb tu (167).
  • El polvo sobre Polinices provoca disputas:
    1. Entre los guardias que custodiaban el cadáver y se acusan entre sí de ello: el guarda acusava al guarda: hauríem acabat / a cops (158).
    2. Entre el corifeo, que lo cree obra de los dioses (hi ha la mà dels déus [158]), y Creonte, que cree que alguien lo ha hecho por dinero (amb pagues [158], per soldada [159]) y de ahí deriva hacia un discurso contra el dinero que parece tener como sustrato la añoranza de la Edad de Oro: la moneda. Ella les ciutats / devasta, ella treu la gent dels seus casals; / ella ensinistra i esgarria els pensaments / honrats a detenir-se en lletges accions (159). El coro parece hacerse eco de esa idea al tratar la Edad de Hierro: l'home / [...] la Terra inconsumible, infatigable /, turmenta, amb el vaivé de las arades (160).
  • La organización posterior de la obra vuelve a tener un ritmo ternario: tras el quebrantamiento de la prohibición y el castigo dictado por Creonte, se oponen a él:
    1. Su hijo Hemón novio, además, de Antígona: per la noia aquesta ciutat es dol / [...] / destesa l'ànim, doncs, consent-te un mudament (173). Además, al llegar de fuera, actúa como portavoz de la ciudad: El poble tot de Tebes no ho diu pas així (174).
    2. El adivino Tiresias, que ve la ruina de la ciudad y le pide que rectifique: I és culpa teva si és malalta la ciutat / [...] / Doncs pensa-hi fill, és hora: la condició / dels homes vol que sigui a tots comú l'errar; / però, comesa l'erra, ja no és un pec / ni un miserable l'home que, si ha caigut / en mal, repara (184). Además le lanza malos augurios referidos a la muerte de Hemón: no has de viure gaires tombs rabents de sol / que, de les teves vísceres tu, tu mateix / un mort no donis en rescat dels altres morts (186).
    3. El corifeo siguiendo a Tiresias: blancs, / de negres que eren, se m'han fet aquets cabells / que ell no vaticina en fals a la ciutat (186). Le aconseja así levantar el castigo a Antígona restableciendo el orden natural: treu la noia del cobert on és, davall / de terra, i funda sepultura al qui no en té (187). Y convence por fin a Creonte: mudo tanmateix de cor [...] la meva idea s'ha girat (187).
  • La prohibición de Creonte, pronto violada por Antígona, se tornará contra él a partir del papel de los pájaros: el cadáver de Polinices será dolç tresor / per els ocells, que sotgen per delit de past (150); o bien: s'ha fet la crida [...] / que es deixi el seu cadàver insepult, d'ocells / i gossos menja (155-156); y luego en boca de Hemón: el seu germá / [...] / menjat dels gossos cornissers o dels ocells (173). Esos mismos pájaros y perros, según dirá después Tiresias, traerán la desgracia a la ciudad: Perquè les nostres ares i les nostres llars / són totes plenes de bocins que ocells i cans / han arrencat del pobre fill d'Edip caigut. / I els déus ja no ens accepten les oracions / dels sacrificis ni les cuixes flamejant / ja no hi ha ocell que emeti crits de bon senyal (184); lo que ha ocurrido, pues, ha sido que el cadáver corrompido de Polinices que huele mal a los guardianes (vid. infra) ha corrompido a la ciudad según le dice Tiresias a Creonte: és culpa teva si és malalta la ciutat (184); con ello se invierte el papel inicial que se atribuía Creonte de salvador de la ciudad: és a bord d'aquesta nau / que anem carrera dreta i que ens guanyem amics. / Amb tals principis jo l'Estat engrandiré (155). Y es curiosa también la asociación de Antígona a un pájaro cuando descubre que los guardianes han barrido el polvo que ella había echado sobre Polinices: veiem la noia, que exhalava uns crits aguts / d'ocella condolida, quan repara el llit / de la deserta colga buit dels seus petits (163).
  • Algo parecido ocurrirá con el castigo a quien viole la prohibición: qui d'això res faci, pena té de mort, / apedregat pel poble enmig de la ciutat (150). Antígona, efectivamente, no tarda en violarla de forma simbólica, no enterrándolo sino echándole polvo por encima: El mort, algú l'ha soterrat / [...] espargint-li pols (157). Y aún una segunda vez: I a plenes mans tot d'una porta seca s / i, decantant d'enlaire un bronze ben forjat, / corona amb una triple oferta el seu difunt (163). Será enterrada por ello.
  • Se producen, así, inversiones: Antígona pasa de enterradora a enterrada y Creonte de castigador a castigado. Hay otras: el llanto femenino de Antígona ya citado -veiem la noia, que exhalava uns crits aguts / d'ocella condolida (163)- y con antecedentes en otros llantos femeninos como el de las mujeres en las murallas de Troya se produce en un espacio extramuros; al final se la obra veremos el lamento masculino intramuros y, en concreto, de Creonte: Oh trist de mi, aquets fruits de la meva / culpa no lligaran mai amb cap altre / dels moridors! (194); además Eurídice se lamentará dentro del palacio con lo que culmina el recorrido del lamento: del campo a la ciudad y, de ésta, al palacio. La tumba de Antígona, por su parte, se convierte de cámara nupcial de ésta con Hemón. Y la inversión más clara es la sustitución del lamento inicial de Antígona completamente sola y ante la ruina familiar, por la del lamento final de Creonte, también solo y sin descendencia.
  • Frente a las inversiones hay claros paralelismos y simetrías: Creonte da orden no sólo de no enterrar a Polinices sino de ni siquiera llorarle: ningú / no l'honri amb sepultura ni amb els seus laments (155); pero no sólo Antígona transgredirá las órdenes sino que la obra acabará con un lamento paralelo, el de Eurídice havent plorat a crits / la sort il·lustre de Megareu, caigut abans, / i avui la d'Hemón (194) y, más aún, el del propio Creonte, que lo había prohibido; Creonte, además, se burla del lamento de Antígona al ser llevada a la tumba -¿Sabeu que les gemecs davant la mort / mai no s'acabarien, si es deixava fer? (180)- y poco después Tiresias le profetizará lamentos generales en su propia casa: gemecs d'homes de dones, dins el teu casal (186). Del mismo modo, la maldición, narrada por el guarda, que lanza Antígona contra Creonte -es posa a fê imprecacions / contra els sacrílegs que han executat el fet (163)- tiene su reflejo al final con la misma maldición lanzada por Eurídice y narrada por el mensajero: damunt de tu / havent cantat malastres, l'assassí del fill (194).
  • Y, además de las anteriores, la obra se basará en otras tensiones de tipo más abstracto como:
    1. Entre fisis y nomos, ley natural y ley humana respectivamente. Es decir, que Antígona argumenta que ha seguido la leyes naturales: car no és d'ara ni d'ahir, és de tostemps / que viuen elles, i ningú no sap de quan (164); y ello frente a la ley humana arbitraria por parte de Creonte a la que califica de mero edicte (164). Es más, para Antígona su acto supone la gloria: ¿en què una glòria hauria jo pogut / guanyar més pura, que posant el meu germà / dins una tomba? (165); y, de modo parecido, para Hemón merecería premio: ¿si no es mereixeria més un premi d'or (173). Y lo mismo más tarde en boca de Antígona: segons aquesta llei jo t'he honorat / de preferència, per Creont he fet un crim (180).
    2. Entre el mundo y el inframundo y entre los que están sobre la tierra y los que están enterrados: es tema básico en la obra e incluso su motor es el polvo vertido sobre Polinices y, simétricamente, el entierro en vida de Antígona anunciado por Creonte: Vés, sota terra estima'ls ja que vols amor (167); del mismo modo, más tarde: deixa-la que cerqui nuvi a l'altre món (172); y también: faré tancar-la viva en un enfony roquer / [...] / I allí que pregui l'Hades / [...] / sabrà, llavors, / que és feina inútil venerâ els qui l'Hades té (176). Además, uno de los argumentos de Antígona para que Polinices sea enterrado como Eteocles es que Hades vol les lleis iguals per tots (166). Y también Tiresias avisa a Creonte de que no se puede ir contra los dioses del inframundo, de que no puede enterrar viva a Antígona mientras mantiene privat dels déus / de sota terra, sense oferta, sull, un mort (186). Por fin, Antígona teme, al ser enterrada viva, quedarse a mitad de camino entre los vivos y los muertos: Ai dissortada, / que ni entre els mortals ni amb els difunts / habitaré, sense ésser ni dels vius ni dels morts (178). 
    3. Entre familia y estado en tanto Creonte se decanta por el segundo al responder la pregunta de Ismene: ¿I mataràs la núvia del teu propi fill? (168); o al no tomarse en serio a Zeus familiar dirigiéndose a su hijo a propósito de Antígona: que himnegi al Zeus familiar (172).

  • Se contiene también la paradoja de la locura cuando Antígona responde a Creonte: Si encara et sembla bogeria fê el que faig, / quasi és el jutge que em declara boja el boig (164). La misma idea estará presente en el Elogio de la locura de Erasmo y en el Quijote cuando se pregunte quién está más loco, si el protagonista o los duques que tanto empeño ponen en burlarse de él.
  • Siempre me ha sorprendido, porque lo entiendo atípico de una tragedia, el pasaje en el que el guardián habla del mal olor que produce el cadáver de Polinices: despullem el cos podrit / i en asseiem en una altura, sota el vent, / fugint que ens tiri a sobre la pudor que fa (162-163).
  • Son también de destacar ciertos momentos líricos como la descripción de Antígona ante el cadáver de Polinices por parte del guardia: veiem la noia, que exhalava uns crits aguts / d'ocella condolida, quan repara el llit / de la deserta colga buit dels seus petits. / Talment aquesta, així que veu tot llis el mort, / arrenca un plor i es posa a fer imprecacions / contra els sacrílegs que han executat el fet (163).
  • Y en la obra se alude a la maldición que pesa sobre los Labdácidas: dice el corifeo: alguna càrrega pairal expies; y responde Antígona: tot el destí que ens ha escaigut / als il·lustres Labdàcides! (179); y se da por prácticamente extinguida la familia: Perquè avui sobre / l'arrel extrema s'estenia un raig / en el casal d'Edip, ve que de sobte / la sangosa pols consagrada / als déus de sota terra / la sega i l'oradura / en el parlar, i en el cor una Fúria (170). Y del mismo modo Antígona, dirigiéndose al pueblo de Tebas se considera l'única deixa dels vostres reis (181). Pero, peor aún para Creonte porque mueren sus dos descendientes varones, Hemón y Meneceo, y queda sin descendencia.
  • Aparece el tema del matrimonio de ultratumba, presente luego en las obras dedicadas a don Juan. Y lo hace de dos modos: entendiendo a Antígona novia del Hades según aprecia el corifeo -cap el tàlem on tot s'adorm / veig com Antígona fa via (177)- o la misma Antígona: l'Hades [...] / se m'enduu a la riba / de l'Aqueront, sense haver mai tingut / la part que em tocava de boda, / ni que un cant nupcial / m'hagi cantat; no, d'Aqueront seré la núvia (177); sense cant d'himeneu, / malaurada, sóc duta / en aquest inminent viatge (179); sense llit ni càntics d'himeneu, i sense part / en un connubi ni en la puja d'un nadó (180). Más aún, se pone en paralelo el matrimonio de Antígona con el de sus padres: Ai maternes calamitats / del tàlem i concúbits de la trista / mare amb el pare meu, / amb qui veié la llum d'ella mateixa / dels quals jo sóc nascuda, la mesquina! Cap a ells, maleïda, innupta, / aquí sóc, que m'en vaig a fer-los companyia. / Ai, quin connubi, / germà tan míser vas aconseguir, / que, mort, encara viva m'has atuït a mi (179). Y se establece un significativo paralelo: Oh tomba, oh cambra nupcial, oh sotscavat / estatge que per sempre em guardarà, on vaig / prop dels del meu llinatge (180).
  • Y la catástrofe final con las tres muertes anunciadas gradualmente por los mensajeros y con antítesis como las que veremos en el apartado siguiente: la culpa que hagin mort és dels vivents (189). Primero es Hemón, que se suicida: i és per la seva mà que està sagnant (189); s'ajup damunt / l'espasa i se la clava al pit (191). Luego Antígona, suicida también como su madre: penjant pel coll, / estrangulada, del cinyell que ha fet de nus (191). Se consuman sus bodas, pues, en la muerte: Tal jeu, cadàver a un cadàver arrapat, / i és dins el regne del Hades, pobre, que ha obtingut / de consumar la boda (191). Por fin, Eurídice, la mujer de Creonte y madre de Hemón: La reina és morta, mare en tot d'aquest difunt, / la trista per ferides que s'ha obert adés (193); Colpint-se sota el fetge amb ses mateixes mans, / quan ha sentit els xiscles per la mort del fill (194). Además se producen paralelos en los mutis de Hemón y Eurídice previos a su suicidio: comenta el corifeo tras la marcha de Hemón: Rei, aquest home se n'ha anat amb pressa d'urc (176); y luego, tras la marcha de Eurídice: La senyora ha anat / de nou a dintre, sense un mot bo ni dolent (191). Las tres muertes, por lo demás, se prolongan con el deseo de morir del propio Creonte: Que jo no vegi / més la claror d'un altre jorn! (195).
  • Juegos léxicos en antítesis: Tu àdhuc dels justos, injustes / les ànimes rossegues a l'oprobi (176); En pac / d'una obra pia el nom d'impia m'he guanyat (181).
  • Por último, se produce algún paralelo con Edipo rey aparte de los suicidios de Yocasta y Antígona: el ataque de Hemón a Creonte y el suicidio de Eurídice, reproducen el de Edipo a Layo y el suicidio de Yocasta; a su vez, tanto Edipo como Creonte pierden dos hijos.

sábado, 6 de febrero de 2016

Haruki Murakami, Al sur de la frontera, al oeste del Sol

Murakami, Haruki, Al sur de la frontera, al oeste del Sol (Tusquets, Barcelona: 2015)
Otra lectura, de un autor que desconocía completamente, para el club de la Biblioteca de Mahón.
Comentaremos que la obra viene a ser toda una educación sentimental:
  • Es una narración pseudoautobiográfica presentada ab initio: Nací el 4 de enero de 1951. Es decir: la primera semana del primer mes del primer año de la segunda mitad del siglo XX. [...] Ésta fue la razón por la que decidieron llamarme Hajime ("Principio") (7). Quizá ello pueda sugerir que el protagonista va a ser alguien prototípico.

martes, 2 de febrero de 2016

Necesito confesarte algo

(Otro pequeño relato para un torneo convocado por la página tusrelatos.com con la extensión condicionada, 1.500 palabras, y el título obligatorio)
1 de febrero de 2016
Apreciadísima María Ángeles
Necesito confesarte algo: que casi sin darme cuenta se me había ido formando una bola en el estómago. Y es ésta una manera de empezar como cualquier otra, por esa bola. Al principio la sentía a ratos, primero pequeña y hasta podía localizarla por las paredes internas del estómago. Corría el tiempo, se iban repitiendo una y otra vez las ocasiones y la bola acabó por instalarse definitivamente y convertirse en algo con lo que no me podía acostumbrar a vivir.
Necesito confesarte muchas cosas: que, cuando empezamos, no daba importancia a tus manías. Al contrario, hasta me hacían gracia. ¿Recuerdas aquel día cuando, de novios, me echaste en cara haber mirado a una mujer con la que nos cruzamos en la calle? Me giré para mirarla y te contesté que ni me había fijado en ella pero sí, su escote, su culo… Ahora te confieso que, cuando días después tuvimos la oportunidad de unir nuestros cuerpos y te pusiste encima, yo cerré los ojos y era en ella en quien pensaba mientras te movías rítmicamente.
Y ya que estoy, aprovecho también para confesarte eso: eres muy buena en la cama. Tanto debajo como encima. Tanto gozando pasiva cuando juego con mis labios y mi lengua en tu cuerpo como activa con tus labios y tu lengua en el mío. Sí, eres muy buena. Sin embargo…
Necesito confesarte tantas cosas…: porque lo mismo ocurría en la autopista. Si adelantaba a otro coche y, al rebasarlo, miraba a la derecha y era una mujer quien conducía, nueva bronca. Pero si esa mujer era guapa, aunque no le hubiera visto ni el escote ni el culo, la incluía en mi imaginario para la siguiente vez en que nos pusiéramos uno encima del otro.
¿Y el número que me montaste cuando me cogiste a escondidas el móvil? Te diste cuenta de que en la agenda tenía anotadas las fechas de nuestros aniversarios, del día en que nos hicimos novios y del día en que nos casamos. Que si por qué lo tengo apuntado, que si es ésa la importancia que le doy a nuestra relación, que si nadie olvida esas fechas… Pues, ¿qué quieres que te diga si yo no tengo la memoria que tienes tú?
Así iba creciendo la bola, así me iba ocupando. Se iba endureciendo, cada vez pesaba más y me era más difícil de sobrellevar.
Más tarde decidí apagar siempre el móvil antes de llegar a casa no fuera a llamarme alguien y tener luego que darte las mil explicaciones. ¿Y el portátil? Contigo aprendí algo que todo el mundo sabía, todos menos yo: que pinchas en una pestaña que se llama histórico y aparecen todas las páginas web que has visitado desde ni se sabe cuándo.
Es a propósito de eso, sobre todo, que quiero confesarte… pero mejor lo dejo para el final.
También te confesaré que estuve buscando una solución. Que fui al psiquiatra en un par de ocasiones. No por mí, aunque ya estaba empezando a desquiciarme, sino por ti. O, mejor, para encontrar una explicación. O una solución. Lo ideal, claro está, hubiera sido llevarte a ti pero era prácticamente imposible. Según tú, quien estaba mal era yo y por eso miraba a todas por la calle y olvidaba las fechas de nuestros aniversarios. Celopatía, falta de confianza en ti misma… me dijo el psiquiatra; eso tenías. Y que te hiciera sentir deseada y valorada. Pero ya era tarde.
Quererte sí que te quise; al menos cuando nos casamos. Pero luego, con ese tener que estar siempre pendiente de todo para que no me la liaras, con ese tener que andar por la calle a tu lado mirando al suelo para evitar toda discusión… Así, por más voluntad que uno le ponga, acaba por dejar de querer al amor de su vida. Y desearte… bueno, aunque ahí entra más la naturaleza y tu cuerpo es quizá lo único que no te falla… pero eso también se resiente. Había veces en que lo hacía con odio y, si me preguntas si es posible desear y odiar a la vez, te diré que sí lo es. Incluso vaciarme con odio en las entrañas.
¿Y lo de Luisa? Ahí se resume todo. Eso es lo que he dejado pendiente antes y lo que de verdad te quiero confesar. Quizá no recuerdes quién es Luisa. Es la de dentro de mi portátil. Lo que te decía antes de la pestaña esa de histórico con las páginas visitadas. Esa Luisa, la que me descubriste un día en una página remota de correo, una página alemana, que hasta esos extremos llegaba yo, aquella página que abriste combinando los números de nuestra tarjeta de crédito para dar con la clave. Hace dos años, sí, y con esa memoria que tienes seguro que te acuerdas. Yo siempre borraba, por si acaso, nuestros mensajes, pero aquel día, como ella me acababa de escribir, leíste su texto y, debajo, el mío, aquello de que yo acababa de ir al dentista para hacerme un implante y así poder morderla mejor; y su contestación era que se dejaría morder donde yo quisiera. ¿Te cuento cuántas veces la he mordido ya? Sí, ya sé, te dije que era colombiana y que trabajaba en el ayuntamiento de Caracas, que acostumbrado ya a mentir, te lo dije así de rápido y no te diste cuenta de que había confundido Caracas con Bogotá.
Pues no, te confieso que esa Luisa es de aquí y vivía a cuatro estaciones de metro. Pero antes de entrar en más detalles de ella, quiero contarte lo de aquella misma noche después del escándalo que me montaste. Ya acostados, tú dormías y yo me levanté para vomitar la cena. Lo que te decía de la bola en el estómago. Sin embargo, al salir del cuarto de baño, sentí algo que debe parecerse a la iluminación celestial. Algo que me dijo que durmiera en el sofá, lejos de tu alcance. Ya te digo: dos años hace ya. Dos años decidiéndome, dos años planeándolo minuciosamente. Con lo fácil que era. Se trataba sólo de desaparecer, de huir de tu lado. Y aquella noche en el sofá, al tener la idea… ése fue el primer paso. Ya no siento esa bola en el estómago y seguro que fue entonces, tumbado en el sofá, cuando empezó a disolverse.
Y lo de que Luisa era colombiana o venezolana… seguro que te imaginarías una india con un poncho. Pues no, es de Burgos. Y ya no está a cuatro estaciones de metro sino que la tengo aquí a mi lado. Tan respetuosa con mi móvil o mi portátil que ni por un momento me ha preguntado qué o a quién estoy escribiendo. Ya sabrás apreciar la diferencia. Y ahora la voy a atender y ya imaginas cómo. Quizá no sea tan buena como tú, pero al menos con ella mantengo los ojos abiertos, sé que es ella la que está conmigo y no necesito imaginar a otra.
En resumen: no me esperes a comer, ni a cenar; mañana tampoco, ni al otro…
Tu marido,

Enrique