Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 7 de enero de 2016

Juan Rulfo, Pedro Páramo

Rulfo, Juan, Pedro Páramo y El llano en llamas (Planeta, Barcelona: 1980)
Leimos Pedro Páramo para comentarla en la sesión del club de lectura que se celebró en la Biblioteca Pública de Mahón el 16/12/15. Es una obra de difícil lectura que trataremos de entender a base de destacar aquellos aspectos que nos han llamado la atención:
  • Está presentada en secuencias cortas y a partir de la combinación de varias voces narrativas: un narrador en primera persona; otro, omnisciente, en tercera; y todos aquellos que, hablando desde más allá de la muerte según parece, se expresan en primera persona. Todo ello llevará a que la novela se convierta en un rompecabezas que el lector deberá recomponer.
  • El narrador en primera persona, el protagonista, es el hijo de Pedro Páramo, Juan Preciado. Su madre, al morir, le hace prometer que irá a Comala en busca de su padre: El abandono en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro (22). El campo semántico que acompaña a esa marcha es positivo: sueños [...] ilusiones [...] esperanza (7). Pero pronto, al iniciar el camino, se invierte: canícula [...] aire de agosto [...] caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias (7).
  • El narrador topa con alguien que le guiará en el camino. Ocurre en "Los Encuentros", donde se cruzaban varios caminos (9). Y por la insistencia en el calor parece un camino hacia el infierno: la canícula de agosto, la reverberación del sol (8), nos íbamos hundiendo en el puro calor sin aire (9). Además, tras una bandada de cuervos, es un camino hacia abajo: bajamos cada vez más. Habíamos dejado el aire caliente allá arriba y nos íbamos hundiendo en el puro calor sin aire (9). Hasta que el acompañante presentará explícitamente el infierno: Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija (9). Visto así, el guía, que dice ser también hijo de Pedro Páramo (9) y llamarse Abundio (12), puede compararse con Virgilio acompañando a Dante al infierno; un nuevo detalle será que se le dará por muerto (19) con lo que su aparición habrá sido fantasmagórica. 
  • El narrador en tercera persona aparece describiendo una escena de la niñez de Pedro Páramo junto a su madre y su abuela (14-17) que alterna con un discurso en el que éste, en primera persona, evoca positivamente a Susana en un entorno también positivo: Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes [...] el rumor viviente del pueblo [...] El aire nos hacía reír [...] el verdor de la tierra [...] tus ojos de agua marina [15].
  • El espacio: es de notar la oposición arriba/abajo referida a Susana/Comala y a cielo/infierno. Ya hemos hablado de la segunda parte de la oposición. Y Susana, cuando la evoca Pedro Páramo, está arriba y en el cielo: encima de todas las nubes, mucho más allá de todo, estás escondida tú, Susana. Escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia, donde yo no puedo alcanzarte (16).
  1. Comala está caracterizada como pueblo sin ruidos, las casas vacías; las puertas desportilladas, invadidas de yerba (11) y opuesta a Sayula, un pueblo por el que el narrador había pasado el día anterior: los niños juegan en las calles (10), el vuelo de las palomas rompiendo el aire (11), Y pronto se sugiere que es un pueblo de muertos a partir de lo que al narrador le había dicho su madre: Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti (12).
  2. Desde el principio se insiste en un lugar llamado la Media Luna del que es propietario Pedro Páramo y cuya extensión es toda la tierra que se puede abarcar con la mirada (10).
  • El tiempo: en relación con el tema de la muerte hay momentos en que el tiempo se presenta en modo circular como en estas escenas que enmarcan una aparición: vi pasar parvadas de tordos [...]. Luego unas nubes ya desmenuzadas [...]. Después salió la estrella de la tarde, y más tarde la luna (52). Y poco después: Como si hubiera retrocedido el tiempo. Volví a ver la estrella junto a la luna. Las nubes deshaciéndose. Las parvadas de los tordos [...]. El arriero que me decía: "¡Busque a doña Eduviges, si todavía vive!" (54).
  • Los personajes:
  1. El narrador, Juan Preciado, que vagabundea por el pueblo. En algún momento se produce su tránsito a la muerte: Me faltó el aire que se necesita para respirar [...]. Tengo memoria de haber visto algo así como nubes espumosas [...]. Fue lo último que vi. [...]. Me mataron los murmullos [...]. se me heló el alma. Por eso es que ustedes me encontraron muerto (56-57); mientras su madre, desde el más allá habla del aire en forma positiva: el aire camba el color de las cosas (57).
  2. Pedro Páramo: su primera caracterización la hace el guía definiéndolo como Un rencor vivo (9). Del mismo modo Bartolomé San Juan lo caracterizará luego como la pura maldad (80). Ya de niño se enfrenta a su abuela cuando ésta le dice que ha de resignarse si quiere progresar: -Que se resignen otros, abuela, yo no estoy para resignaciones (21). Loco por Susana San Juan, una mujer que no era de este mundo (103), y como está enferma trata de sustituirla por la criada Margarita (100). Se sugiere su muerte a manos de Abundio, que va a pedirle dinero para enterrar a su mujer: La cara de Pedro Páramo se escondió debajo de las cobijas como si se escondiera de la luz (115); Sé que dentro de pocas horas vendrá Abundio con sus manos ensangrentadas a pedirme la ayuda que le negué. Y yo no tendré manos para taparme los ojos y no verlo (117).
  3. Susana San Juan: nombre quizá motivado por el relato bíblico de la casta Susana en el libro de Daniel. De su primera aparición en escena al ser evocada por Pedro Páramo asociándola a Dios y la Divina Providencia (16) se sigue que podría haber causado la salvación de aquél. Es hija de Bartolomé San Juan aunque se insinúa incesto entre ellos (78, 80) y será la última esposa de Pedro Páramo. Habían jugado de pequeños y, como ella se marcha del pueblo, él la manda buscar treinta años después (78) y la encuentra. Gran parte de su vida de casada la pasa enferma y al cuidado de Justina (87ss), su confidente después de muerta (73). Se sugiere que ha tenido relación con un tal Florencio: lo que yo quiero de él es su cuerpo. Desnudo y caliente de amor (96); Hemos pasado un rato muy feliz, Florencio (105). A su muerte, un 8 de diciembre (109), Pedro Páramo lo abandona todo: la tierra se quedó baldía [...] se consumió la gente; se desbandaron los hombres (77). 
  4. Miguel Páramo, hijo de Pedro: parece morir a causa del caballo cuando va a visitar a su novia a Contla; había tenido relación con Eduviges (vid. infra) y por eso va a verla una vez muerto: Se me perdió el pueblo. Había mucha neblina o humo o no sé qué [...] no había más que humo y humo y humo (24); incluso parece que su ánima ronda a otras mujeres (30). Y su caballo, sin jinete, sigue galopando por el camino de la Media Luna (23) o por donde se cruza la calle real con el camino de Contla (30). Mata al marido de Dorotea la Cuarraca (61-63), alcahueta que le conseguía muchachas (71) y que parece ser quien ha enterrado a Juan Preciado (56-60).
  5. Lucas Páramo, padre de Pedro Páramo, al que matan (26) por error 76) y que considera a su hijo un inútil (38).
  6. Eduviges Dyada: acoge, de parte de Abundio, al protagonista a su llegada a Comala y le da una habitación que luego sabemos imposible porque en ella ahorcaron a Toribio Aldrete (34), pequeño propietario, por un pleito que tenía con Pedro Páramo (34-35) por una cuestión de lindes (40-41) y condenaron la puerta para que su alma no encontrara reposo. Dice haber sido amiga de su madre y que la madre de usted no me avisó sino hasta ahora (13) de su llegada. Con ello se sitúa en el terreno de los muertos máxime si más adelante sabemos que se ha suicidado tras haber tenido un hijo que ninguno de quienes habían follado con ella quiso reconocer (32); y también Damiana Cisneros dice de ella que está muerta y que debe de andar penando todavía (34). Y la relación con la madre del protagonista ha sido estrecha hasta el punto de que, cuando le vaticinan malos augurios si una noche se une a un hombre, Eduviges la sustituye en la cama de Pedro Páramo (19-21; luego parece que Pedro Páramo mata a Inocencio Osorio, que es quien ha vaticinado esos malos augurios [53]); de ello se sigue una relación casi maternal entre el protagonista y ella: Al año siguiente naciste tú; pero no de mí, aunque estuvo en un pelo que así fuera (21).
  7. Dolores Preciado: es la madre del protagonista. Pedro Páramo pide su mano porque le debe dinero (37). Se casarán y ella permanecerá con él hasta que se añora de su hermana Gertrudis, va a verla a Colima y su marido no le pide que vuelva. Habla desde más allá de la muerte en términos positivos y evocando un espacio opuesto a Comala: Llanuras verdes [...] el viento que mueve las espigas [...] el olor de la alfalfa y del pan. Un pueblo que huele a miel derramada (21).
  8. El padre Rentería: odia a la familia de Pedro Páramo porque su hijo Miguel había matado a su hermano y violado a su sobrina Anita (27): Hay esperanza [...] Pero no para ti, Miguel Páramo, que has muerto sin perdón y no alcanzarás ninguna gracia (26-27).
  9. Damiana Cisneros, caporala de las criadas de Pedro Páramo que había cuidado al protagonista cuando nació (34); y es la caporala por haberse dado a respetar (101), es decir, por no haber cedido a los abusos de Pedro Páramo. Estará presente cuando Abundio pida dinero a don Pedro para enterrar a su mujer (115).
  10. Fulgor Sedano, administrador de Pedro Páramo y antes de su padre (36): es quien ahorca a Toribio Aldrete (35) y se encarga de la muerte de Bartolomé San Juan (81).
  11. Donis y su hermana con la que vive en concubinato (50): invitan a su casa al protagonista (46-56) y se insiste en el dormir: déjame dormir (47); -¿Por qué no te duermes y me dejas dormir? (48); -¿No duerme usted? -me preguntó ella (54)
  • Temas:
  1. El tema básico viene a ser la muerte, que se hace omnipresente. Aparte de Eduviges, hay otros personajes que vienen de la muerte: Damiana Cisneros cuenta al protagonista que se le había aparecido su hermana Sixtina, muerta a los 12 años (42), y luego sabemos que la misma Damiana era una aparición: -¿Está usted viva, Damiana? ¡Dígame, Damiana! / Y me encontré de pronto solo en aquellas calles vacías (43). Otra aparición es la de la vieja madre de Donis que viene a recoger unas sábanas (53). O la misma madre del protagonista: ambos se oyen pero no pueden verse (55). O el gentío de ánimas que andan sueltas por la calle [...] un puro vagabundear de gente que murió sin perdón (51). O el murmullo de gente diciendo "Ruega a Dios por nosotros" (58) que precede a la muerte del protagonista. O Bartolomé San Juan apareciéndose a su hija tras su muerte (85-86, 88). Y la ambientación general es de muerte: -Este pueblo está lleno de ecos [...] Oyes crujidos [...] Y risas [,,,] Y en días de aire se ve al viento arrastrando hojas de árboles, cuando aquí como tú ves, no hay árboles. Los hubo en algún tiempo (41-42). Igual ocurre con las carretas vacías, remoliendo el silencio de las calles. Perdiéndose en el oscuro camino de la noche. Y las sombras. El eco de las sombras (46) con ese último logro lingüístico basado en la sinestesia; y esas carretas vacías se oponen a otras.de las que acaba de hablar desde la muerte la madre del protagonista: Llegan de todas partes, copeteadas de salitre, de mazorcas, de yerbas de pará (46). En la misma dirección hay que apuntar la presencia del sueño, metáfora de la muerte, en casa de Donis y su hermana (46-50). Y el monólogo y diálogo de los muertos en el cementerio entre quienes se encuentran el protagonista y Susana San Juan: no estoy [...] sino en un cajón negro como el que se usa para enterrar a los muertos [...] / -¿Eres tú la que ha dicho todo eso, Dorotea? [...] -Ha de ser la que habla sola. La de la sepultura grande. Doña Susanita (72-78). Y Susana ya se da por enterrada cuando el padre Rentería va a darle la extremaunción: Tengo la boca llena de tierra  [...]. mastico terrones plagados de gusanos (107-108).
  2. El caciquismo: de ahí el asesinato de Toribio Aldrete; o el abuso de las mujeres por parte de Pedro Páramo, que incluso tiene un alcahuete, Filoteo Arechiga, que se encarga de conchavarle muchachas (43), y de su hijo Miguel.
  3. La revolución mejicana en forma de partidas de hombres cuyo bando no tienen claro (111). Son ellos quienes matan a Fulgor Sedano (89) y, a raíz de ello, Pedro Páramo hace tratos con ellos y luego los traiciona (92ss).


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