Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 27 de enero de 2016

J. Pòrtulas, Introducció a la Ilíada. Homer entre la història i la llegenda

Pòrtulas, Jaume, Introducció a la Ilíada. Homer entre la història i la llegenda (Alpha, Barcelona: 2008)
Utilizaré uno de los tópicos de la retórica laudatoria: no hay palabras suficientes para alabar la labor, la sabiduría y erudición, el saber razonar, el verbo florido... de Jaume Pòrtulas en este texto. Se abra por donde se abra uno se queda boquiabierto. Porque, además de ser un verdadero edificio donde cada pequeño capítulo es como un fila de ladrillos que van subiendo hacia la cumbre, cada uno de esos capítulos es legible independientemente y otra vez queda uno boquiabierto. Por explicarlo de otra manera: esos que gustan de subrayar libros, y que incluso serían capaces de hacerlo con uno de la fundación Bernat Metge, subrayarían aquí desde la primera hasta la última palabra.

Por cierto que asistí a un curso con su autor en el que traducíamos la Antígona de Sófocles -creo que en 1982- y también en ello rebosaba sabiduría, Poco después, en 1983 y 1984, preparando las oposiciones para cátedra de instituto -que saqué en la especialidad de Lengua y Literatura españolas- leí, para empaparme de uno de los primeros temas -Homero-, las páginas de la Historia de la literatura griega de Albin Lesky correspondientes a la cuestión homérica. Y diría que aquí o se supera o se diluye la cuestión. O la cuestión es mera excusa para una exhibición -nunca gratuita- de sabiduría.
Y tanto más se aprecia un libro si es capaz de hacerle variar a uno -a sus 60 años recién cumplidos- convicciones de siempre. Como la visión completa de la Ilíada, que yo solía explicar(me) a partir de esa paradoja consistente en que, aun siendo una obra de tanta exaltación de lo masculino, son las mujeres -Helena, Criseida, Briseida- la causa de aspectos tan centrales como la causa de la guerra o de la cólera de Aquiles. Esa visión la he enriquecido en muchos aspectos:
Tetis da a Aquiles la armadura hecha por Hefesto
1º) Una base es la explicación, procedente de Jacob Burckhardt -ya lo decía, erudición de primer orden- de los rasgos del hombre heroico (45ss): ambición y pasión, ferocidad primitiva, eterna juventud, lucha, gloria... Es así como entrarán en tensión Aquiles y Agamenón: si éste último es quien manda la empresa con el consentimiento global, arrebatarle la esclava a Aquiles es, aunque un acto arbitrario, una manera de reafirmar su autoridad (47); pero además, detrás de ellos está Apolo, que actúa igual, defendiendo su honor ultrajado por Agamenón al hacerse éste con Criseida, hija de su sacerdote Crisis. Y por encima de todos, Zeus y de ahí el verso I,5 de la Ilíada (Διὸς δ᾽ ἐτελείετο βουλή), ese cumplíase la voluntad de Zeus que Pòrtulas dice ser controvertido cuando yo siempre lo había interpretado en sentido tópico: la voluntad de Zeus es que muchas almas fueran al Hades según el verso 3 (πολλὰς δ᾽ ἰφθίμους ψυχὰς Ἄϊδι).
Aquiles arrastra a Héctor
2º) La muerte de Patroclo, el gran compañero de Aquiles, se interpreta normalmente como castigo por la ὕβρις (soberbia, desmesura...) de Aquiles al no aceptar los presentes que le ofrecen Ulises, Fénix y Áyax Telamonio como embajadores de Agamenón (IX) pero explica lúcidamente el autor que no hay tal soberbia, que si Aquiles no acepta riquezas es porque al serle arrebatada Briseida se ha ultrajado su honor y sólo aceptará como restitución la merma de honor en Agamenón que se producirá cuando Héctor derribe el muro de los aqueos y empiece a quemar las naves. Y esto último conlleva, como contrapartida, la muerte de Patroclo (XVI).
3º) La embajada a Aquiles tiene aún más consecuencias. Aquiles entiende que el modo de llevar las cosas de Agamenón es impropio y, en consecuencia, la vida y el sistema de valores heroico pierde su gracia. De ahí, al desengaño en boca de Aquiles y la renuncia momentánea al ideal heroico con observaciones como que la muerte alcanza por igual al hombre inútil y al bravo combatiente: κάτθαν᾽ ὁμῶς ὅ τ᾽ ἀεργὸς ἀνὴρ ὅ τε πολλὰ ἐοργώς (IX,320); y, de ahí, el deseo de volver a casa, casarse y disfrutar de sus riquezas (IX,398ss.). Y lo mismo ocurre después en la Odisea (XI,488-491): en la Nekuia -que yo antes escribía Nekya-, esto es, el descenso a los infiernos, Ulises se encuentra a Aquiles en el Hades y éste le dice que prefiere la vida a la gloria, que prefiere ser esclavo a ser el rey de todos los muertos. Pues bien, ese desengaño, ese volverse humano antes que héroe, ese ver la guerra por momentos como algo absurdo, diferencia a Aquiles de todos los demás personajes.
4º) Cuando hablábamos de la erudición del autor, no lo hacíamos en vano. Es tal que, amén de la bibliografía que se le supone, sorprende con autores tan alejados de su mundo como Kierkegaard al que cita a propósito de la desesperación trágica del hombre antiguo en relación con lo que se acaba de decir sobre Aquiles (59-60); pero poco después nos deja boquiabiertos con Simone Weil -sí, la cristiana dolorista que se vino a la guerra de España y la CNT la puso de cocinera en el frente de Aragón-: reflexiona ésta, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, acerca de la violencia como constante en la Ilíada y cómo ésta busca la aniquilación -anorreament en el lenguaje de Pòrtulas- de los cuerpos y la anulación de los espíritus; y ello -sugiere el autor- en posible diálogo con Nietzsche, que habla de la exaltación feliz de la fuerza y el coraje (61-63).
5º) No puede sino asombrar, también, el análisis del final de la Ilíada. Queda claro que consiste en dos funerales simétricos: el de Aquiles y los aqueos por Patroclo, y el de Príamo por Héctor, muerto por Aquiles. (Añado tímidamente que la simetría va más allá: dada la unión entre Patroclo y Aquiles las muertes han sido también simétricas: Aquiles mata a Héctor pero éste había matado a una parte de Aquiles). Por supuesto, para conseguir el cadáver de Héctor, Príamo acude ante Aquiles, le besa la mano y lloran los dos por sus muertos. Pues bien, Pòrtulas apunta que Per arribar a aquest plor, han calgut vin-i-quatre cants, gairebé setze mil hexàmetres (69); y añade que han sido también necesarios todos los episodios centrales: la discusión por Briseida, la embajada a Aquiles, los troyanos en el muro aqueo. Algo tan sugerente como que toda la obra está destinada a ese llanto como punto de fuga.
6º) Genial también la disertación (123ss.) sobre los yelmos que Ulises y Diomedes utilizan para su empresa nocturna en la que entran en el campamento troyano (X): son de cuero y no metálicos para que los reflejos de la luna no delaten a sus portadores. Pues bien, ese tipo de yelmos es insólito y había de ser desconocido para el auditorio o incluso el poeta; pero existieron, hay rastros de ellos en tumbas cretenses muy anteriores a Homero y parece que tuvieron una función más bien ceremonial. La conclusión es que de estos cascos la seva memòria se salvà gràcies a la dicció poètica formular (125) y que estamos ante uno de los estratos más antiguos de la obra, hacia los siglos XV o XIV aC. Y mejor está aún la matización posterior: al igual que, al construir ciertos edificios los griegos enterraban en sus cimientos materiales como piezas de cerámica o de esculturas para vincular el edificio con el pasado remoto, esos motivos de la Ilíada no justifican retrotraer la obra más allá de lo establecido sino que son sólo eso, residuos sobre los que se ha superpuesto todo lo demás.
7º) ¿Y el excurso sobre los cadáveres de ancianos y jóvenes caídos en la batalla? Compara sobre la cuestión un pasaje de Tirteo con otro de la Ilíada para discutir su relación. Pero los versos bastan por sí mismos:
És lleig que jegui. caigut al primer rengle,
endavant dels joves, un home més gran.
el cap ja canós i la barba canuda,
[..........................................
.....] Al jove li escau tot,
mentre frueix de la flor brillant de la dolça joventut.
És esplèndid de veure per als homes, desitjat per les dones,
mentre viu. Bell també, en el primer rengle caigut.
(Tirteo)

A un jove li escau tot, quan
mor en el combat [...
...] Un cop mort tot es bell, tot allò que ensenya.
Però, quan el cap canós i la barba canuda d'un vell massacrat,
i les seves vergonyes... els gossos ultratgen això...
això és el més horrible de tot, per els desgraciats moridors.
(Ilíada, XXII, 71-76)

Y esos pasajes no pueden sino recordarnos un soneto de Rimbaud, Le dormeur du val, dedicado a un soldado muerto:
   Un soldat jeune, bouche ouverte, tête nue,
Et la nuque baignant dans le frais cresson bleu,
Dort ; il est étendu dans l'herbe, sous la nue,
Pâle dans son lit vert où la lumière pleut.
   Les pieds dans les glaïeuls, il dort. Souriant comme
Sourirait un enfant malade, il fait un somme :
Nature, berce-le chaudement : il a froid.
   Les parfums ne font pas frissonner sa narine ;
Il dort dans le soleil, la main sur sa poitrine,
Tranquille. Il a deux trous rouges au côté droit.


Y aquí lo dejamos. Podríamos seguir por cualquier lugar porque no hay capítulo en el libro sin provecho pero lo dicho, que ya basta. 

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