Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 31 de enero de 2016

Antonia, XI: ¿Y si no fuéramos más que personajes de una novela que Dios ha escrito?

Ya he venido hablando de mi marido y de mí y he contado cómo lo mío son las plantas y lo de mi marido los libros. Esas son, como si dijéramos, nuestras aficiones. Porque, por lo demás, mi marido trae el dinero y yo llevo la casa.
También expliqué un día cómo mi marido lee un libro diferente cada mes y este mes le toca Ana Karenina, un libro que trata de una señora rusa muy adúltera.
Y a eso iba, a que esa señora no existió nunca porque se la inventó un novelista que se llama Tolstoi. Y mi marido me contó que por la misma época había otras novelas parecidas con otras señoras inventadas y también adúlteras, que si una de Oviedo que se llamaba Ana Ozores, y que si otra francesa, la más adúltera de todas, que se llamaba Emma Bovary… Bueno, y luego hay libros que hablan de señoras y de otras personas que sí existieron, como aquella Ana Bolena que cité un día porque su marido era un rey de Inglaterra que mandó cortarle la cabeza; o nuestra reina Sofía, que me parece que una periodista le escribió una biografía.

Pues eso pensaba el otro día: que nadie va a escribir nunca un libro que trate de mí porque yo no soy importante pero… Nosotros, mi marido y yo, no vamos a misa, claro, pero… ¿y si Dios sí que está ahí arriba mirándonos?, ¿y si sabe todo lo que hacemos?, ¿y si sabe también todo lo que haremos? Eso pensaba hasta que acabé imaginándome que Dios era como un novelista que tenía escritas millones de novelas cada una con la vida de cada uno. Y las tenía ordenadas como mi marido pero en muchísimas más estanterías. Y en una de esas novelas la protagonista era yo y salía también mi marido, mi suegra, el pueblo…; en otra el protagonista era mi marido y salía yo; en otra la vecina, en otra… en fin, cada uno era el protagonista de su propia novela ordenada en las estanterías de Dios. Y en cada novela Dios había escrito todo lo que había hecho cada uno y tenía ya escrito lo que iba a hacer en el futuro. Había escrito, incluso, que yo iba a escribir esto. Bueno, y no sigo porque acabaré liándome.

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