Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 15 de enero de 2016

Antonia, VIII: El semáforo de mi pueblo

Hola, que ya dije un día que a mí, si no me pasa nada curioso, no escribo. Total, que como el sábado pasado sí me ocurrió algo, voy a contarlo.
Ya dije en el primer relato que envié aquí que en casa yo me encargo de las plantas del patio y a mi marido no le dejo ni tocarlas. Por eso algunos sábados por la mañana me acerco a unos viveros que están a las afueras del pueblo. A veces con idea de comprar alguna planta concreta y otras veces, como el sábado pasado, a lo que salga. Y me vine con tres cactus.
Y fue entonces, de vuelta a casa, cuando me pasó algo divertido. Bueno, antes tengo que explicar que vivimos en un pueblo no muy grande, de veinte mil habitantes que, más o menos, nos conocemos. Y tenemos un casco antiguo peatonal muy bonito con una iglesia románica que atrae mucho forastero.
—Gente que no sabe si el románico va antes o después del paleolítico o de Picasso.
Eso dice mi marido, que a veces es un poco exagerado. Pero a lo que iba: a que en el pueblo sólo tenemos un semáforo. Ah, y lo que presumo yo de pueblerina por internet con eso de que sólo tenemos un semáforo. Y eso es, que estaba yo parada en el semáforo y vi en la acera del otro lado a Jorge con su mujer y empujando un cochecito de bebé. Me lo quedé mirando y empecé a acordarme de los achuchones que me daba por los rincones del instituto, que Jorge fue mi primer novio. Bueno, el único que tuve antes de mi marido, que de novios sí que no voy a presumir. Y en eso estaba yo, mirándolo, cuando resulta que el semáforo se puso verde y el coche de detrás me pitó. Y, claro, era forastero, que en el pueblo puedes parar el coche para preguntarle a una vecina por el reuma y a nadie se le ocurre pitarte. Total, que miré por el retrovisor y vi que era un matrimonio con dos niños. Puse punto muerto y el freno de mano, salí del coche, me fui hasta el marido con cara de indignada y le dije:
-¿A usted nunca le ha pasado entretenerse en un semáforo porque le estaba mirando el culo a alguna señora? Pues eso.

Volví al coche, arranqué y me vine a casa con mis cactus. 

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