Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 19 de enero de 2016

Antonia, IX: La lengua de mi marido

Pues sí, me temo que voy a hablar de lo que sugiere el título, que no sabía cuál poner. Además, como ya conté aquí un día lo que le hice yo a mi marido una noche mientras leía las Rimas de Bécquer, ahora explico lo que me hizo él a mí anteayer y quedamos en paz.
Pero antes quiero decir que mi marido y yo, además de estar casados, nos queremos mucho. Y además de querernos mucho nos gusta… bueno lo del placer de nuestras carnes. Y como mi marido tiene vacaciones desde el día 24 hasta Año Nuevo, anda más relajado y…  Pero lo voy a contar despacito.
Ya he dicho que fue anteayer. Y después de comer, que recojo yo la mesa, él se pone a fregar los platos y yo, al cabo de un momento, me pongo a su lado a aclararlos. Pero como él acabó antes se situó detrás de mí y empezó a provocarme. Y yo a él, por supuesto, que mientras me desabrochaba los botones de la blusa yo eché el culito un poco hacia atrás y lo iba moviendo de un lado al otro mientras notaba… que para mí es uno de los grandes misterios de la naturaleza lo de que a los hombres les aumente el volumen pero, claro, si no fuera así cómo podría luego yo sentir a mi marido dentro. Y en eso estaba entretenida, que hasta me olvidé de los platos, cuando él, que ya me había desmontado el sujetador, me dice muy bajito al oído:
—Te lo quiero hacer con la lengua.
Ni que decir cómo me puse, que me doy la vuelta, le doy un beso estilo Hollywood y acaba cogiéndome en brazos. Y así me llevó hasta la alcoba y me dejó caer sobre la cama. Nos desnudamos y, al verlo con todo su volumen, le digo:
—Pero luego te quiero dentro.
—De momento ponte como te has de poner.
Y eso hice. Y no exagero si digo que se estuvo más de media hora hasta que llegó con la lengua donde tenía que llegar: que si mordisquitos en todos los dedos de los pies, que si besitos por las piernas y la cara interior de los muslos, que si pasa de largo y me arranca un par de pelillos con los dientes, que si el ombligo, que si sube hasta buscarme los pezones. Ya digo. Y sabe hacerlo muy bien. Lo de tenerme en tensión y excitarme hasta el límite, que cuando me alcanzó por fin me metí un pañuelo en la boca para morderlo y no gritar y formar un escándalo.
Y cuando yo ya había llegado e intentaba recuperar el aliento, se me vino encima sin más y sentí dentro de mí moviéndose todo su volumen. Me quité el pañuelo de la boca y le empecé a decir al oído cuánto le quería. Y sería que es un artista o que vamos muy compenetrados pero llegamos los dos juntitos y esa vez para no gritar le busqué los labios y lo besé.
—Me gusta mucho que levantes el culo cuando estás a punto.

Eso me dijo luego mientras descansábamos abrazados y dándonos besos suaves, que, después, solemos ponernos tiernos. Y en eso estuvimos hasta que me tuve que levantar para ir a casa de mi suegra a ayudarla con la cena de Nochebuena.

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