Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 30 de diciembre de 2015

F. Scott Fitzgerald, El gran Gatsby

Scott Fitzgerald, F. Scott, El gran Gatsby (Orbis, Barcelona: 1983)
Hace muchísimos años leí esta novela e incluso creo haber visto una película basada en ella protagonizada por Robert Redford; creo, incluso, que hay otra posterior con Leonardo di Caprio. La releo porque es la propuesta para la reunión del club de lectura de Ciudadela el 12 de diciembre.
Destaco:
  • La narración en primera persona por parte de un personaje lateral, Nick Carraway, un primo segundo de Daisy Buchanan, la mujer de la que está enamorado Jay Gatsby: Gatsby [...] plasmaba todo aquello hacia lo que siento un irrefrenable desprecio (8-9). Pero parece que se producirá un cambio de opinión en el narrador: Gatsby resultó ser un hombre de una pieza (9). Y los hechos narrados durarán poco más de tres meses: Me acordé de la noche en que, por vez primera, hacía tres meses, acudí a su ancestral mansión (217).
  • El retraso hasta el capítulo III de la aparición en escena del protagonista alrededor del cual se va creando expectación: dicen que es sobrino carnal del kaiser Guillermo. De ahí procede su dinero (49); Alguien me contó que se decía que había matado a un hombre [...] más bien diría que durante la guerra fue espía alemán (66). Se destaca su opulencia: En los fines de semana su "Rolls Royce" se convirtió en ómnibus, transportando gente desde o hacia la ciudad (59); A lo menos una vez cada quince días, un ejército de proveedores acudía con centenares de metros de lona y suficientes luces de colores para convertir el enorma jardín de Gatsby en un gigantesco árbol de Navidad (60).
  • Cuando por fin aparece directamente en escena lo hace en dos tiempos: primero entra en contacto con el narrador y resulta que ambos habían sido compañeros de armas: -Su rostro me es familiar -dijo, cortésmente-. ¿Acaso durante la guerra estuvo usted en la Primera División? (70); luego le revela su identidad: -Soy Gatsby -exclamó de repente. / -¿Qué...? ¡Oh, le ruego que me disculpe! / -Creí que lo sabía, camarada (71).
  • Se insiste en las constantes fiestas que ofrece Gatsby: Creo que la primera noche que acudí a casa de Gatsby, era yo uno de los pocos que habían sido verdaderamente invitados (62); en ellas se reúne la mejor sociedad neoyorquina.
  • Más adelante, Jay Gatsby hace confidencias al narrador sobre su identidad y su vida que luego resultarán no ser exactas del todo: me eduqué en Oxford [...] Toda mi familia murió, y heredé mucho dinero [...] viví en todas las capitales extranjeras como un joven rajá (95). Luego sabremos que su verdadero nombre, como más tarde corroborará su padre (237-238), es James Gatz, que Sus padres eran errantes y poco afortunados campesinos (142) y que toda su formación la consiguió a partir de una relación con Dan Cody, el dueño de un yate con el que viaja alrededor del mundo (145). Aunque más adelante Meyer Wolfsheim dice haber tenido también parte en la formación de Jay Gatsby: -Le saqué de la nada, de la misma cloaca. Al instante me di cuenta de que tenía buena apariencia; era un chico distinguido (241). Y cuando se sucede la desgracia final Jay Gatsby confiesa que todo su modo de vida era para ponerse al nivel de Daisy: había dado a Daisy una sensación de seguridad, la dejó creer que pertenecía a su mismo ambiente, que estaba ampliamente capacitado para cuidar de ella (210).
  • A su vez se van tejiendo levemente relaciones personales que serán inevitables para explicar el desenlace: 1º) el narrador, Nick Carraway, entra en relación con Jordan Baker (18), amiga de su prima Daisy. 2º) Daisy está casada con Tom Buchanan. 3º) Daisy había sido novia de Jay Gatsby en Louisville (107-108). 4º) Tom Buchanan tiene una amante, Myrtle Wilson (42), casada con el dueño del garaje donde pone gasolina.
  • La antigua relación de Jay Gatsby con Daisy va a condicionar la novela a partir del capítulo VI cuando Jay Gatsby confiesa al narrador que su intención es que Daisy se dirigiera a Tom, y le dijera, nada menos, que nunca le había querido (157); luego borrarían los cuatro años de matrimonio y decidirían qué medidas tomar: Una de ellas consistía en ir a Louisville, cuando ella estuviese libre, como si retrocedieran cinco años (158). Se trata, pues, de volver a su noviazgo desde el principio y de ahí la vuelta a Louisville a donde ya había ido justo al volver de la guerra: Permaneció allí una semana paseando por las calles donde sus pasos y los de su amada habían resonado al unísono bajo la noche de noviembre (215).
  • A partir de ahí Jay Gatsby cambia y ya no ofrece fiestas ni mantiene la casa ostentosamente iluminada de noche; y cambia de criados. Todo ello porque cree que Daisy desaprobaba ese modo de vida.
  • Tras ese nuevo estado se sucederán una serie de acontecimientos que llevarán a la catástrofe final. El punto de partida es la llegada del narrador y Jay Gatsby a casa de Tom Buchanan: Daisy y Jordan estaban tendidas, como ídolos de plata en un enorme diván (166); y así se vuelve al punto inicial pues las dos habían aparecido en escena de la misma manera: un enorme diván en el que dos jóvenes se hallaban sujetas como globos cautivos (17). Tras ello los cuatro beben, deciden ir a la ciudad a divertirse y van en dos coches, el de Tom y el de Jay Gatsby. Tom se detiene en la gasolinera de Wilson, el marido de su amante, y éste le comunica que quiere irse con su mujer al oeste. De ahí que el narrador ponga en paralelo a Tom y Wilson: las sospechas de Wilson no se habían dirigido aún sobre Tom. Había descubierto que Myrtle tenía otra vida lejos de él, en otro mundo, y la conmoción le había enfermado físicamente. Le miré, luego miré a Tom, que en menos de una hora había hecho un descubrimiento paralelo (177). Tom, pues, está en una situación límite: Tom experimentaba los terribles latigazos del pánico. Su mujer y su amante, hasta una hora antes seguras e inviolables, eludían, precipitadamente, su dominio (178). Por ello la situación se vuelve más tensa cuando se ponen a beber cócteles y Tom y Jay Gatsby se enfrentan: -Su mujer no le quiere -manifestó Gatsby-; jamás le ha querido. ¡Me quiere a mí! (185).
  • Y pronto se sucede la catástrofe final. El matrimonio Wilson tiene serios problemas según el marido comunica a un vecino: -Tengo a mi mujer encerrada -explicó Wilson tranquilamente-. Allí se quedará hasta pasado mañana. Entonces nos iremos (193). Pero la mujer consigue zafarse y, al escapar, sale a la carretera y un coche la atropella: El coche asesino, como le llamaron los periódicos, no se detuvo (194). Poco después pasa por el lugar, de regreso de Nueva York, Tom en cuyo coche van, además, Nick y Jordan; se enteran de lo ocurrido y, además, de que el causante ha sido un coche amarillo, que es el color del coche de Jay Gatsby. Efectivamente, al llegar Nick a casa de éste, oye su versión de lo sucedido y se entera de que era Daisy quien conducía: Al salir de Nueva York estaba muy nerviosa; creyó que conducir la calmaría, y la mujer se precipitó [...] Me pareció que la mujer quería hablarnos; se le debió ocurrir que nos conocía (202).
  • Wilson, en cambio, tiene otra interpretación del accidente: cuando sé una cosa la sé. Fue el hombre del coche. Ella echó a correr para hablarle, y él no quiso pararse (223); además, se informa a partir de Tom de quién era el coche: Estaba lo bastante loco como para matarme si no le digo de quién era el coche (251). Y por ello disparará contra Jay Gatsby y será juzgado sin mayor trascendencia: Wilson quedó reducido a un hombre desequilibrado por el dolor, y el asunto se convirtió en lo más simple del mundo (232).
  • Es curiosa la insistencia en un anuncio publicitario junto a la gasolinera de Wilson: por encima de la grisácea tierra y superando los espasmos del agitado polvo que flota incesantemente en el aire, se advierten los ojos del doctor T.J. Eckleburg. Los ojos del doctor T.J. Eckleburg son azules y gigantescos (38); los apagados ojos del doctor T.J. Eckleburg aparecieron en la carretera (175); Las gigantescas pupilas del doctor Eckleburg continuaban vigilando por encima de los montones de ceniza (177); Wilson miraba fijamente las pupilas del doctor T.J.Eckleburg (224).
  • Un buen detalle se da cuando, levantando el atestado del atropello de Myrtle Wilson, el policía pregunta a un vecino cómo se llama ese lugar y el vecino responde: -No tiene nombre (197).

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