Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 18 de diciembre de 2015

Antonia, V: Mi novio de Internet

No sé si lo habréis notado pero yo soy muy de mi marido, que lo tengo en un pedestal. Por eso puede parecer raro lo que voy a contar hoy, y es que una vez me salió un novio, o algo parecido, por Internet. Como suena.

Fue en un foro de cocinitas al que yo entraba, y sigo entrando,  a media mañana cuando tengo ya la casa recogida. Me había puesto un nombre de esos falsos pero que se viera que era bien falso, Ana Bolena, había buscado una imagen de ella en la wikipedia y la había añadido como avatar. Y si escogí Ana Bolena fue por algo que me contó mi marido y me hizo gracia: es una de las muchas mujeres de un rey inglés, Enrique VIII, que, cuando se cansa de ella, le manda cortar la cabeza. Pero para chula ella: como no se fía del verdugo inglés, hace venir uno francés pagándole de su bolsillo, que eso fue lo que me hizo gracia. Y en el foro de cocinitas, ya os podéis imaginar: que si qué tipo de arroz va mejor para esto o aquello, que si ya me gustaría cortar la cebolla como Arguiñano, cosas así.

Y con mi novio, o lo que fuera, pasó que en la parte inferior de la pantalla del foro hay una ventanita como en el Facebook que te dice quienes están conectados en ese momento y puedes hablar con ellos aparte. Y ahí estaba yo un buen día cuando, después de mandar un mensaje sobre sopa de marisco, me entra por la ventanita un señor muy serio de Murcia, que llevaba más tiempo que yo y se llamaba Señor García, y me dice como si fuera un gran secreto que le añadiera Pernod, que es un licor francés, a la sopa. Yo le dije que no hacía falta, él que sí, yo que no; y todo por la ventanita, por supuesto, durante varios días y a la misma hora, y tanto me insistió en que lo probara y le diera mi opinión que compré una botella, lo probé, a mi marido le gustó y se lo dije al Señor García. Pero a todo esto ya me había soltado un día que si yo era Ana Bolena, le gustaría tener mi cabeza puestecita en la vitrina para mirarme, que se ve que sabía lo de que le cortaron la cabeza. Me dio la risa por lo retorcido del piropo y, entre una cosa y otra, nos dimos la dirección de correo electrónico que yo, para seguirle la gracia, me abrí una cuenta como ana.bolena@gmail.com. A los dos días de escribirnos ya me llamaba sabrosona; a la semana, en vez de despedirse con Saludos, empezó a despedirse con Besos; poco después me manda, sin pedírsela yo, una foto en plan serio y con corbata, que veo que por lo menos es veinte años mayor que yo. Y me pide otra foto mía. Yo empiezo a darle largas con que no tengo máquina de fotos, él que me la haga con el móvil y la pase al ordenador, yo haciéndome la loca con que no sé hacerlo… hasta que, sin venir a cuento, me manda un mensaje larguísimo que yo, al empezar a leer “Estimadísima Ana”, ya imaginé que pasaba algo. Me venía a contar que su señora había descubierto “lo nuestro”. Eso decía, “lo nuestro”. Y que por el bien de su matrimonio… pero lo mejor vino al final, que me pedía perdón por tenerme engañada porque no se llamaba García sino Martínez. Le iba a contestar que no veía la diferencia pero…


Y ya está: que lo bueno es que yo tuve un novio por internet pero no me enteré de que lo tenía hasta que dejé de tenerlo, que incluso desapareció del foro. Y que no sé si soy una ciberadúltera. Otra cosa: que se quedó convencido de que yo me llamaba Ana Loquesea pero en realidad me llamo Antonia. 

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