Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 25 de septiembre de 2015

Carmen Laforet, Nada

Primera edición: mayo de 1945
Laforet, Carmen, Nada (Destino, Barcelona: 1945)
Leemos a toda prisa la obra. La empezamos a leer a mediodía del 21 de setiembre con intención de asistir a la sesión del club de lectura que se celebrará en la Biblioteca pública de Mahón la tarde del miércoles 23. Como anécdota diré que utilizamos una primera edición, de mayo de 1945, y que lleva la firma de mi madre bajo la fecha del 15 de agosto de ese 1945, es decir, que fue un regalo por su santo cuando tenía 18 años. Damos por sentado que es de sobra conocido que la novela fue el primer premio Nadal, de 1944, y pasamos ya a su comentario:
Fecha y firma de mi madre en Barcelona 15/8/1945 
  • Está presentada en forma pseudoautobiográfica, narrada en primera persona por una muchacha, Andrea, de dieciocho años, que accede a un mundo nuevo: llegué a Barcelona a medianoche (11). Es la asistencia a la universidad el motivo de su venida a Barcelona y de ahí que, en cuanto a la estructura general, la obra abarque un curso escolar: desde octubre hasta el próximo setiembre en que la protagonista marcha a Madrid; y todo ello con el tiempo muy marcado: Navidad (70), mayo (176), junio (202)... Y se divide en tres partes: la primera hasta Navidad; la segunda comenzará en enero y presentará ciertos paralelos con el comienzo de la primera sobre todo una noche en que Andrea llega a casa: El mismo vigilante del día de mi llegada a la ciudad, me abrió la puerta. Y la abuela, como entonces, salió a recibirme, helada de frío (122); y la tercera, a modo de epílogo, tras san Juan y acabado ya el curso escolar. 
  • Llega, pues, a Barcelona a estudiar llena de sensaciones positivas: Mi equipaje era un maletón muy pesado -porque estaba casi lleno de libros- y lo llevaba yo misma con toda la fuerza de mi juventud y de mi ansiosa expectación (11-12). Pero pronto, sólo abrirse la puerta del piso de la calle Aribau donde viven los parientes que la van a hospedar, varían sus sensaciones: Luego me pareció todo una pesadilla (13). Así, una lámpara [...] sucia de telarañas (14), el manchado espejo del lavabo -¡qué luces macilentas, verdosas, había en toda la casa!- [...] aquellas paredes sucias (17). Y poblando ese espacio, una serie de tipos negativos: una viejecita decrépita, [...] un tipo descarnado y alto (14), varias mujeres fantasmales (15).
  • A partir de ahí se dibujará un cuadro problemático de la parte de la familia que vive en ese piso: la abuela, viuda; la tía Angustias a la que la narradora juzga corta de luces y autoritaria (27) y con la que estará constantemente en tensión: A la primera conversación que tuve con ella supe que nunca íbamos a entendernos (61); más adelante, casi en tono delirante la tía le dirá: ¡Hubiera querido matarte cuando pequeña antes de dejarte crecer así! (107). El tío Román, con el pelo rizado y la cara agradable e inteligente que, en su primera aparición en escena, se ocupaba de engrasar una pistola (28). Juan, hermano del anterior y casado con Gloria, con la que tiene un niño: en otra de las primeras escenas familiares de conjunto, Román insulta a Gloria, tercia Juan y, tras acabar peleándose todos, Román dice a la narradora: -No te asustes. pequeña. Esto pasa aquí todos los días (30). Sabremos también que los dos hermanos tienen veleidades artísticas: Juan, pintor, se sirve de su mujer desnuda como modelo: Gloria, enfrente de nosotros, sin su desastrado vestido, aparecía increíblemente bella y blanca entre la fealdad de todas las cosas (37); Román toca el violín y el piano (151, 155), afirma pintar mucho mejor que Juan (42) y luego sabemos que pintó a su cuñada Gloria: Román me pintó en el Parque del Castillo... Yo misma me quedé asombrada de ver lo guapa que era cuando me enseñó el retrato (135). Y todo ello presidido por la criada Antonia a la que la abuela dice aguantar porque gracias a ella no fusilaron a Román (53). Por lo demás, las tensiones llegan hasta la violencia física sobre todo por parte de Juan que, aparte las constantes palizas a Gloria (108, 207, 254...), zanja una discusión con Angustias con un bofetón [...] tan brutal que [la] hizo tambalearse [...] y caer al suelo (75).
  • También sabremos que alguno de los personajes tienen una doble vida, o una vida alternativa, fuera del piso. Román se había hecho arreglar un cuartillo en las guardillas de la casa (39) y a él acude a veces la narradora. A Gloria Andrea la descubre un día corriendo escaleras abajo hacia la portería (43) y más tarde sabe que va a ver a su hermana: en su casa se come bien. Hay pan blanco, chica, y buenas butifarras [...] Mi hermana me proporciona a veces dinero cuando estamos apurados (135-136); y por fin nos enteramos de que a lo que va a casa de su hermana es a jugar para ganar dinero; dice la hermana de Gloria a Juan: Ya es hora de que sepas que Gloria te mantiene (186). Angustias desaparecerá unos días porque está preparando su retiro definitivo a un convento de clausura (114).
  • Se van completando las biografías de los personajes: Gloria dice que fue Román quien la trajo a la casa durante la guerra: Él mismo, que ahora no me habla, me trajo aquí en plena guerra (47); luego nos enteramos de que era la novia de Juan y de que éste, queriendo pasarse a los nacionales, le pidió a Román que la llevara a esa casa (50). Sabemos también que Angustias ha trabajado para un tal don Jerónimo, que se escondió en la casa durante la guerra porque le buscaban para matarle (47); luego, el día de Navidad, Juan insinuará una relación adúltera entre ellos: la mujer de tu jefe tiene razón en insultarte por teléfono, como hace a veces y [...] anoche no fuiste a misa del Gallo ni a nada por el estilo (76); insistirá y, al desaparecer unos días Angustias, preguntará: -¿De modo que no se ha fugado Angustias con don Jerónimo? (85); también sabremos, a partir de una reunión de las amigas de Angustias, que la narradora compara con una bandada de cuervos posados en las ramas del árbol del ahorcado (109), que a ella le gustaba don Jerónimo: ¿Y aquel pretendiente tuyo, aquel Jerónimo Sanz por el que estabas tan loca? (110); que no se pudo casar con él por oposición paterna según explica Juan: No te casaste con él porque a tu padre se le ocurrió decirte que era poco el hijo de un tendero para ti..., ¡Por esooo! Y cuando volvió casado y rico lo has estado entreteniendo, se lo has robado a su mujer durante veinte años (114); que Román lee las cartas de amor que recibe (112); que Gloria dice que don Jerónimo y Angustias se veían todas las mañanas en la iglesia (113). Román, por su parte, ha estado en una checa (53) y, tras un episodio en el que acosa a su cuñada -ahora te deseo. Sube a mi cuarto. Acabemos ya de una vez-, sabemos que fue por culpa de ella que estuvo preso: ¿quieres saber por culpa de quién estuviste en la checa?, pues por mi culpa  (214); para complicar aún más la cuestión, Román se relacionará también no sólo con Ena, la mejor amiga de Andrea -vid. infra-, sino con la madre de ésta, que había estado enamorada de él: así se lo confiesa ella a Andrea: De su magnetismo y de su atractivo, ¿qué me va a decir usted que yo no sepa? (240); y llega al extremo de cortarse una trenza a petición de él y regalársela en un episodio que parece reflejo del del pañuelo -vid. infra- que Andrea regala a Ena: Le envié mi trenza con la misma ansiedad un poco febril, que fríamente parece tan cursi de la heroína de una novela romántica (243).
  • Si algún personaje destaca alrededor de Andrea ése es, según se va viendo, su tío Román. Se mueve alrededor de Andrea y, según se va viendo, tiene relaciones traumáticas con todos los personajes. En cierto modo la novela se va a cerrar con su muerte, que no deja de presentarse desde diversos ángulos: en principio se trata de un suicidio claro: -Se degolló con la navaja de afeitar -concluyó Antonia (287); luego Gloria, refiriéndose a Antonia parece acusarla de haberlo matado: -¡No se morirá la bruja! ¡No se morirá la asesina! (291); Por fin la misma Gloria se hace responsable: -Yo fui quien hizo que Román se matara. Yo le denuncié a la Policía y él se suicidó por eso (292).
  • En el lado opuesto a los pobladores del piso de la calle Aribau están los compañeros de la universidad: Pons y Ena. Esta última, además, había preguntado a la narradora el primer día de curso si era pariente de un violinista célebre (62). Intimarán las dos hasta el punto de que la narradora le regala un pañuelo de magnífico encaje antiguo que [su] abuela [le] había mandado el día de [su] primera comunión (72) y que acabará provocando una fuerte discusión en su casa cuando Angustias, que le revuelve la maleta y ve que el pañuelo no está, acuse a Gloria de haberlo robado. De otro lado, Ena acude un día a su casa con la excusa de ir a verla pero, como no está, habla con Román, que era el violinista por el que se interesaba; al llegar Andrea ve a Román tocando el piano con Ena escuchando y, al marcharse esta última, intuye que hay algo entre ambos: Estaba nerviosísima (152); luego sabrá a través de un amigo de Pons que han estado juntos en un cabaret del Paralelo: Iba elegantísima y la acompañaba un tipo estraño que se la comía con los ojos (198). A través de Pons, por su parte, entra en contacto con otro círculo de rasgos bohemios; dice Pons: estos de aquí, de la Universidad, no son realmente mis amigos. Se trata de Guíxols, de Iturdiaga principalmente... en fin, ya los conocerás. Todos son artistas, escritores, pintores... un mundo completamente bohemio. Completamente pintoresco (157).
  • De ese lado hay que situar a las relaciones fallidas de Andrea con los hombres: a) Con Gerardo, al que conoce de casa de su amiga Ena y encuentra una noche de paseo: sale con él, él le besa el cabello y ella acaba con tan mala impresión que Le prometí que no volvería a salir con él (150). b) Con Pons, en quien pone esperanzas incluso de pasar el verano; dice éste: -Mi madre quiere conocerte. Siempre le estoy hablando de ti. Quiere invitarte a pasar el verano con nosotros en la Costa Brava (207); sus esperanzas se convierten en verdaderas ilusiones cuando la invita a la fiesta de su santo en el barrio rico -una casa espléndida al final de la calle Muntaner (225)-: el sentimiento de ser esperada y querida me hacía despertar mil instintos de mujer; una emoción como de triunfo, un deseo de [...] sentirme como la cenicienta del cuento, princesa por unas horas (222); y ya antes, a propósito de lo mismo, había recordado el cuento de Cenicienta: la palabra baile evocaba un emocionante sueño de trajes de noche y suelos brillantes, que me habían dejado la primera lectura del cuento de la cenicienta (209); y quizá sea en relación con el cuento como Andrea explique a partir de sus zapatos que Pons no le haga ni caso en la fiesta: Quizá había estropeado todo la mirada primera que dirigió su madre a mis zapatos (229; y antes, refiriéndose a la madre de Pons: la mirada suya, indefinible, dirigida a mis viejos zapatos [226]).
  • Se crea una cierta oposición entre un espacio opresivo y triste, el piso de la calle Aribau, y el exterior, más bien positivo: Las hojas lacias y amarillentas caían en una lenta lluvia desde los árboles. Una mañana de otoño en la ciudad, como yo había soñado durante años que sería en la ciudad el otoño: bello, con la naturaleza enredada en las azoteas de las casas y en los troles de los tranvías (44).
  • Está presente, en tanto obra sitada en la primera posguerra, y al lado de ese rebaño de chinches hambrientas (202) que parece metáfora de los habitantes del piso, el tema del hambre. Y cuando Andrea tiene dinero lo gasta, irónicamente, en agasajar a quienes aprecia: Cuando recibía mi mensualidad iba a casa de Ena cargada de flores, compraba dulces a mi abuela y también me acostumbré a comprar cigarrillos, que ahorraba para las épocas de escasez de comida, ya que me aliviaban (145). 
  • Tiene algún toque que remite a la magdalena proustiana: Inmediatamente tuve una percepción nebulosa, pero tan vívida y fresca como si me la trajera el olor de una fruta recién cogida, de lo que era Barcelona en mi recuerdo: este ruido de los primeros tranvías, cuando tía Angustias cruzaba ante mi camita improvisada para cerrar las persianas que dejaban pasar ya demasiada luz (20).
  • Usa por momentos un procedimiento de caricaturización y, en concreto, de deformación de los personajes por animalización; nos hemos fijado en dos ejemplos parecidos: Gloria, la mujer serpiente, durmió enroscada en su cama (108); la voz de Román reptaba como una serpiente (266); y además: la criada empezó a jadear y a hipar más desahogadamente, como un animal rendido (287).
  • Por fin diremos que, a pesar del título, la obra se cierra con esperanza cuando Andrea, gracias a la familia de Ena, consigue salir de su ambiente y trasladarse a Madrid con muy buenas perspectivas: Hay trabajo para ti en el despacho de mi padre, Andrea, Te permitirá vivir independiente y además asistir a las clases de la Universidad (307-308).


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