Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 29 de septiembre de 2015

Camí de cavalls, IX (11/4, de son Blanc a sa Caleta)

El lunes 14 de setiembre vamos en coche hasta el punto donde habíamos dejado el camino en la Vorera dels Molls y continuamos. Es la misma hora en que solemos caminar, hacia las 10 de la mañana, y hace calor, quizá sus 27º. Así comenzamos el camino por zona asfaltada y, como antes, separados del mar por esa zona tan pedregosa que se ve en la foto.
Y cuando no hemos andado ni cinco minutos, un cartel y una flecha nos invitan a salir del asfalto y tomar un sendero a la derecha, es decir, del lado del mar. Un sendero poblado porque de repente vemos gente, sobre todo extranjeros, que van y vienen amén de bañistas como se aprecia en la foto de la derecha que recoge, además, esa torre circular de defensa. Pasamos por una cala minúscula y, al cabo de un rato, tras un estrechamiento de la senda en un tramo frondoso que parece la selva, vamos a dar al aparcamiento de sa Caleta.
Siguiendo siempre las indicaciones que marcan el sendero bajamos a sa Caleta en la que, según se aprecia en la foto de la izquierda, hay gente bañándose, cruzamos la playa y, pasando por delante del chiringuito, subimos las escaleras que nos llevan a territorio asfaltado al otro lado. Caminamos unos cinco minutos más y, encarados ya hacia Santandria, tomamos referencias para la próxima etapa.
Y deshacemos lo andado pero no por el mismo camino: porque, pensando que el recorrido iba a ser sobre asfalto, salimos de casa con calzado inapropiado -mocasines de Mascaró-. Por ello decidimos evitar la senda y buscamos calles asfaltadas hasta volver al inicio a través de las calles llenas de hoteles de sa Caleta y de la avenida de son Blanc. Y al llegar al coche decidimos hacer la foto de la derecha, otra vez con el terreno pedregoso junto al mar, porque vemos acercarse el barco de Iscomar procedente de Alcudia. En concreto es el puntito blanco que se aprecia - o no- en el horizonte..
En total, hemos estado 38 minutos entre la ida y la vuelta para un recorrido total de 2.600 metros también de ida y vuelta. Y ello lleva mi promedio a 4,12 kms./hora.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Carmen Laforet, Nada

Primera edición: mayo de 1945
Laforet, Carmen, Nada (Destino, Barcelona: 1945)
Leemos a toda prisa la obra. La empezamos a leer a mediodía del 21 de setiembre con intención de asistir a la sesión del club de lectura que se celebrará en la Biblioteca pública de Mahón la tarde del miércoles 23. Como anécdota diré que utilizamos una primera edición, de mayo de 1945, y que lleva la firma de mi madre bajo la fecha del 15 de agosto de ese 1945, es decir, que fue un regalo por su santo cuando tenía 18 años. Damos por sentado que es de sobra conocido que la novela fue el primer premio Nadal, de 1944, y pasamos ya a su comentario:
Fecha y firma de mi madre en Barcelona 15/8/1945 
  • Está presentada en forma pseudoautobiográfica, narrada en primera persona por una muchacha, Andrea, de dieciocho años, que accede a un mundo nuevo: llegué a Barcelona a medianoche (11). Es la asistencia a la universidad el motivo de su venida a Barcelona y de ahí que, en cuanto a la estructura general, la obra abarque un curso escolar: desde octubre hasta el próximo setiembre en que la protagonista marcha a Madrid; y todo ello con el tiempo muy marcado: Navidad (70), mayo (176), junio (202)... Y se divide en tres partes: la primera hasta Navidad; la segunda comenzará en enero y presentará ciertos paralelos con el comienzo de la primera sobre todo una noche en que Andrea llega a casa: El mismo vigilante del día de mi llegada a la ciudad, me abrió la puerta. Y la abuela, como entonces, salió a recibirme, helada de frío (122); y la tercera, a modo de epílogo, tras san Juan y acabado ya el curso escolar. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

Camí de cavalls, VIII (11/3, por son Blanc)

El día 11 de setiembre seguimos nuestro recorrido desde donde lo habíamos dejado, es decir, en el extremo de son Oleo desde donde se podía ver amarrado el barco de la Balearia, y avanzamos en dirección a sa Caleta. Lo primero que topamos, por supuesto, es son Blanc y, como pasamos a la misma hora que en la etapa anterior, ahí vuelve a estar el barco: en la foto se pueden apreciar los camiones y resto de vehículos que se dirigen hacia la bodega.
Proseguimos el camino y, una vez rebasada la rotonda que da al puerto nuevo, avanzamos en dirección a sa Caleta por la Vorera dels Molls, una calle asfaltada que discurre casi al borde del mar; sólo nos separa de la orilla el terreno pedregoso que se aprecia en la foto de la derecha en la que, por lo demás, se aprecia al fondo la zona de cala'n Blanes.
Continuamos la marcha por la misma carretera y en esta otra foto de la izquierda, también con el terreno pedregoso, intentamos que se vea al fondo al menos la silueta de la costa mallorquina, pero no lo conseguimos. Y tras, ello, tomando referencias para la próxima etapa, damos la vuelta hasta el punto de partida: 27 minutos en total para un recorrido de 1.800 metros, 900 de ida y otros tantos de vuelta. Con ello, nuestro promedio global se sitúa en 4,12 kms./hora y nos proponemos subirlo.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Camí de cavalls, VII (11/2, por son Oleo)

El día 9 de setiembre continuamos el recorrido del camí de cavalls en dirección al cabo Artrutx pero en pequeñas dosis. De ahí que nos limitemos a salir de la platja Gran como la etapa anterior pero en dirección contraria, hacia son Oleo. Antes echamos un café en el bar Mogambo desde donde tomamos la foto de la izquierda donde no sé si se llega a apreciar abajo en la playa un grupo de gente que lo que hace es practicar taichí.
Lo dicho, pues: nos dirigimos hacia son Oleo y tomamos la calle paralela al lado sur de la playa desde donde, en una pequeña zona verde con plataformas para tirarse al agua, tomamos la foto de la derecha donde se aprecia la zona del paseo marítimo por la parte del hotel Port Ciutadella.
Seguimos un poco más en dirección al puerto nuevo y aún podemos acercarnos otra vez a la orilla para hacer esta otra foto de la izquierda dirigida hacia la zona norte del puerto y donde, con mayor nitidez, se podría apreciar sa Farola e incluso el hotel Almirante Farragut de cala'n Blanes.
Y por fin llegamos hasta la vista del puerto nuevo con el barco de la Balearia, el Martín i Soler, en el muelle a punto de zarpar según se aprecia en la foto de la derecha. Tras ello, desandamos el camino para ir a buscar el coche donde lo teníamos aparcado. En total, hemos recorrido 900 metros de ida y otros tantos de vuelta en un tiempo, entreteniéndonos para hacer las fotos y mirar el paisaje, de 32 minutos. Y eso lleva a que nuestro promedio por todo el camino sea de 4,14 km./hora.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Camí de cavalls, VI (11/1: De sa platja Gran al puerto de Ciudadela)

Platja Gran desde la terraza del bar Mogambo
Proseguimos, el 8 de setiembre de 2015, con nuestro recorrido del camí de cavalls, que empezamos hace ya tiempo, y enlazamos, en el puerto de Ciudadela, con la etapa que describimos en esta entrada. A la vez, iniciamos así la etapa clasificada como 11, que va desde Ciudadela hasta el cabo Artrutx.
Y la empezamos al revés, desde sa platja Gran, de la que aportamos dos fotos personales sin pretensiones de calidad, hacia el lado norte del puerto.
Son Oleo desde el bar Mogambo
Tomamos, pues, la calle Mallorca y la recorremos toda en dirección al centro histórico. Llegamos así a sa plaça des Pins e, inmediatamente, estamos en es Born. Y aunque por algún lugar del blog ya hemos puesto alguna foto parecida, no está de más otra des Born con el obelisco conmemorativo del asalto turco y, a la vez, el edificio del ayuntamiento.
Plaça des Born
Luego, tomamos sa Muradeta y, por encima del pla de Sant Joan, vamos hasta Dalt es Penyals pasando por es Bastió y, precisamente, frente a la pizzería Oristano, que se ha hecho célebre últimamente porque un poeta mallorquín -que ya es grave que a alguien se le conozca como poeta- le puso una demanda por no sé qué de una camarera que no entendía catalán. Luego ya, por la calle santa Bárbara, venimos hacia sa Quintana, en la parte norte y alta del puerto y damos por terminada la etapa en el punto exacto donde empezamos la etapa I.
En total, hemos invertido 28 minutos en un trayecto de 2.200 metros y de ahí que el promedio global que llevamos sea de 4,24 kms./hora.
Ayuntamiento desde el lado norte del puerto

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Carlos Sahagún (1938-2015)

Mientras estaba esperando este pasado domingo, en el bar de Ca-lós de Ciudadela, a que llegara gente suficiente para organizar la partida de dominó me puse a leer los periódicos y di, en El País del sábado anterior 5 de setiembre, con una nota necrológica firmada por José Carlos Mainer y dedicada a Carlos Sahagún. Lo conocía; relativamente pero lo conocía: porque fue profesor mío de lengua española durante el curso -si la memoria no me falla- 1972/73 y en el instituto Narciso Monturiol de Barcelona, en Montbau, que si no yerro fue el primer instituto mixto de Barcelona.

sábado, 5 de septiembre de 2015

El Fari, Apatrullando la ciudad

Como hace tiempo que no aporto nada de música a mi blog, vengo hoy con esta joya a la que quisiera dar doble valor: primero, como homenaje al Fary, que en gloria esté (y seguro que está); y luego, como homenaje a Torrente, también en la gloria.
Atención especial merece, en el vídeo: el conjunto de baile carcelario encabezado por Torrente; la presencia de otros grandes como Paquirrín o el degenerado ese calvo que tiene un hermano gemelo y cuyo nombre no recuerdo; y los anuncios superpuestos con toda la variopintez carpetovetónica.


martes, 1 de septiembre de 2015

La rosa

(El siguiente texto es continuación de este otro)

Que nadie se piense que con ese título voy a contar algo cursi o romántico, que el título lo he puesto porque me acabo de acordar de que mientras íbamos en el Mercedes yo llevaba una rosa en la mano. Porque soy la misma chica que el sábado pasado explicaba lo de mi fin de semana en Madrid, cuando le dije a mi marido que me iba de compras con las amigas a Barcelona pero fui a Madrid a ver a un antiguo novio, Santiago, que hacía muchísimo que no veía. Y ya sé que lo mío no fue una mentirijilla piadosa, pero tampoco esto es un confesonario. Ni lo estoy explicando para justificarme ni para que nadie me entienda sino porque me gusta contar mis cosas.
La rosa me la dio él, Santiago, cuando vino a recogerme al hotel, que me estaba esperando en la cafetería y lo vi en cuanto bajé y se abrió la puerta del ascensor. Y de lo nerviosa que estaba, antes, cuando salí de la habitación, había ido hasta el ascensor y, después de tocar el botón, me quedé dudando y volví atrás a mirarme en el espejo para darme un último retoque. Que eso le pasa a mucha gente: como una vez que estaba en la cafetería de la plaza con las amigas, lo que conté el otro día de que nos juntamos cada mañana, y tuve que volver a casa para comprobar que había desenchufado la plancha.
Y así fue, que salgo del ascensor y él se levanta como un resorte y se viene hacia mí con la rosa en la mano. Besitos en las mejillas, qué guapa estás; y tú más. Que lo de que por ti no pasan los años es una frase que a él ni se le viene a la cabeza porque sería como llamarme vieja cuando aún no he cumplido los treinta y cinco; o no quiero que me la diga hasta por lo menos… porque lo pienso conservar, que me dejó tan ilusionada este fin de semana… Me da que se me caía la baba en el avión de vuelta cuando recordaba cada minuto desde ese besito en la mejilla hasta los que ni fueron en la mejilla ni sé si fueron exactamente besitos.
La rosa la llevé en la mano toda la noche. Porque bajamos al coche, que lo había dejado en el mismo párking del hotel, y luego ya viene lo que contaba el otro día de que íbamos por los bulevares. Ah, y el coche limpísimo y brillante, que seguro que lo acababa de sacar del túnel de lavado y le había pasado a fondo la aspiradora. Y en los bulevares, lo que expliqué de que  me preguntó, al pasar frente a un cine, si me acordaba, y yo sólo me acordaba de haber ido  con él pero no de la película. Eso fue más allá de la glorieta de Bilbao, que yo pensaba que iba a parar antes en aquella cervecería de la plaza Santa Bárbara pero pasó de largo y siguió adelante hasta donde me quedé explicando el sábado, cuando giró en la calle Princesa, allí donde está el Corte Inglés.
Y de la película me acordé después en el bar. Pero iba por la rosa. Era roja, que eso no lo he dicho; o sea, símbolo de pasión. Y al meter luego el coche en otro aparcamiento ya por Argüelles, salgo del coche con la rosa en la mano y me dice que la deje dentro si quiero. Y yo que no, que prefiero llevarla en la mano:
-Y no te pienses que es para que no se moje la tapicería –porque tenía gotitas de agua en los pétalos-, es porque quiero llevarla.
Entonces fue cuando me dijo algo que ya me había dicho una vez por teléfono: que le hacía gracia cómo hablaba yo porque que se me notaba mucho el acento y hablaba con música. Claro, porque cuando estudiaba en Madrid estaba acostumbrada a hablar en castellano, pero ahora, como no lo hablo casi nunca... Y de que hablamos con música yo no me doy cuenta pero será verdad porque nos lo dice todo el mundo.
Entonces, yo con mi rosa en una mano y me cojo de su brazo con la otra. Y nos cruzamos con un matrimonio mayor, que ella se fijó en la rosa y luego miró a Santiago que casi me dio la risa porque sentí un punto de celos. Seguro que pensaría que por qué su marido no tenía esos detalles. O no, que a lo mejor pensó lo contrario: mira esa tonta que no sabe que en cuanto pasen cuatro días ni rosas ni carantoñas… Pero con Santiago nunca fue así, que es el chico más cumplido y educado que he conocido, de los de abrirte la puerta del coche, cederte el paso en la puerta de los locales, no sentarse hasta que yo estuviera sentada... Aunque llevara cinco cañas. Y desde el primer día hasta el último, no como ésos que empiezan tratándote como a una princesa y, en cuanto te tienen camelada, ya te apañarás y allá te las compongas.

Y ya se me ha vuelto a acabar el tiempo para escribir y me doy cuenta de que soy muy lenta, que el otro día acabé cuando giramos con el coche en la calle Princesa y lo de ese matrimonio que nos cruzamos fue sólo cincuenta metros más allá, al principio de la calle Gaztambide, que quien conozca Madrid ya lo sabe. Pero me parece que lo he hecho algo mejor que el otro día. Porque me he acordado de un truco que nos explicó en el colegio la profesora de lengua, una señora muy marimandona y resabidilla. Nos puso unos versos de un poeta muy fino que más o menos decían: No lo toques más, que así es la rosa. Y nos mandó escribir un cuento diciendo que una manera bonita de redactarlo era cogiendo un objeto cualquiera, por ejemplo esa rosa, y explicando lo que pasaba a su alrededor; y que no se valía lo de limitarse a decir que un chico nos regala una rosa, llegamos a casa y la ponemos en agua. Y lo que he dicho al principio: cuando me he visto a mí misma con la rosa en el Mercedes porque lo primero que hizo Santiago fue regalármela, he aplicado el truco. Aunque mucho caso no le haré a la profesora, que sí contaré cómo luego, en casa de Santiago, acabamos metiéndola en un jarrón. Pero no en seguida, que cuando llegamos, claro, como llevábamos toda la noche arriba y abajo en plan formalito, pasó lo que pasó y me olvidé de la rosa. Y fue más tarde, después del primer sofoco, cuando Santiago, que está en todo, se levantó para ponerla en agua. Yo me incorporé también y me dijo que me quedara en la cama. Pero le contesté que si había venido hasta Madrid para verlo quería aprovechar todos los minutos a su lado, que cuando me pongo tierna se me escapan sin querer frases así de mucho amor.