Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 30 de abril de 2015

Enamoramiento súbito

Hasta ese momento todo había ido como era de esperar. Ella, como gran señora que era, se había comportado: subió las escaleras sin un traspiés y, a la hora de atarla, ni un grito, ni una mueca, la mirada altiva pero sin un gesto de desprecio… Luego, pura rutina: tiré de la palanca, vi cómo caía la cuchilla, recogí de la cesta la cabeza tirando del pelo, la mostré al público, oí sus vítores y, aún goteando sangre, la giré hacia mí para apreciar con qué expresión pasaba a la eternidad. Me estaba sonriendo. María Antonieta me estaba sonriendo.
Y sí, lo confieso: desde entonces estoy enamorado. Sólo de una cabeza pero profundamente enamorado.

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