Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 16 de enero de 2015

John le Carré, La gente de Smiley

Muro de Berlín
le Carré, John, La gente de Smiley (Bruguera, Barcelona: 1981)
Continuamos con la lectura del ciclo dedicado a Smiley y Karla cuya segunda novela reseñamos aquí, y damos por terminada la serie con ésta.
Quizá sea la obra, de entre las tres, con mayor suspense e intriga o, al menos, nos ha parecido la más entretenida o menos dedicada a presentarnos pesadas reuniones en las que se discute o se toman acuerdos que, si bien son imprescindibles para el desarrollo de la acción, lastran el contenido. Y también es la que presenta una mayor variedad de escenarios: París, Londres, Hamburgo, Berna, Berlín... Destacamos las siguientes notas:
  • De nuevo, como ocurría en El topo, Smiley comienza solo, al margen del Circus. Está jubilado pero el asesinato de uno de sus antiguos colaboradores le lleva a actuar. Lo hará por sus propios medios hasta llegar a conclusiones que le permitan poner sus conocimientos en manos de su antigua organización a la que siempre ha sido fiel. Y, como en El topo, también se vale de los conocimientos de Connie Sachs a la que visita en Oxford: en una y otra novela ésta aparece como personaje marginado por el Circus mientras que en El honorable colegial forma parte del grupo que toma las decisiones; ahora está retirada, se dedica a cuidar animales y, entre tabaco y alcohol, parece mantener una relación lésbica con otra funcionaria retirada del Circus, Hilary: ¡Por Dios, George, llévame contigo! Dejaré a Hils, lo abandonaré todo, nada de alcohol (245). Y así se irá moviendo Smiley, como un perfecto antihéroe, como la figura contraria a James Bond: no sólo por lo sórdido de los espacios que recorre sino también porque será incapaz de entender como un éxito el resultado final, que no va a ser otro que la captura de Karla: le deja indiferente lo que para otro podría ser la perfecta culminación a toda una carrera en el servicio secreto.
  • Ni que decir tiene que Smiley conserva el más característico de sus tics: Smiley se había quitado las gafas y las limpiaba con el extremo ancho de la corbata (68). Más aún, es su último acto en la novela: Fiel a una prolongada costumbre, Smiley se había quitado las gafas y las limpiaba distraídamente con la punta más ancha de la corbata aunque para hacerlo tuvo que buscarla entre los pliegues del abrigo (444); tras ello sólo le queda poner en duda ante Peter Guillam que conseguir la deserción de Karla haya sido un gran éxito suyo (-¿Qué he ganado? -preguntó Smiley-) y la novela queda concluida.
  • Y junto a lo anterior, la otra constante del ciclo, el mechero que a Smiley le regala su mujer Ann y que en El topo queda en manos de Karla al ser interrogado en la cárcel de Delhi. Se evoca ese episodio: Fúmate un cigarrillo, había propuesto Smiley... ten, usa mi encendedor (185). Pero Karla no fuma aunque sí coge el encendedor, se lo queda y así el objeto adquiere casi el valor de una prenda que ha de recuperar Smiley. La anécdota lleva camino de convertirse en leyenda: Dicen que Karla te robó el encendedor aquella vez que le interrogaste en Delhi (329). Y lo recupera efectivamente en el momento en que Karla llega hasta él al pasar desde el Berlín oriental: Oyó el tintineo de un objeto de metal que caía sobre el empedrado helado y supo que era el encendedor de Ann (443); pero no lo recoge: estaba en el borde mismo del halo, ligeramente inclinado, resplandeciente como oro falso sobre el empedrado. Pensó en recogerlo, pero comprendió que hacerlo no tenía sentido (444). Todo adquiere valor simbólico: cuando por fin consigue lo que no consiguió en Delhi, a Karla, abandona lo que perdió allí, el mechero: ni quiere ni le gusta esa victoria a Smiley porque en realidad él y Karla son seres semejantes.
Tres son pues, las novelas que han conformado el ciclo y, aparte de ésta, las otras dos quedan reseñadas así: El topo; El honorable colegial.

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