Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 9 de junio de 2015

John Dos Passos, Manhattan Transfer

Dos Passos, John, Manhattan Transfer (Bruguera. Barcelona: 1980)
El autor (1896-1970), como es sabido, está encasillado, con Scott Fitgerald, Hemingway... en la generación perdida norteamericana. Y ésta es quizá su obra más representativa. Se podría decir que es la antiepopeya de Nueva York, o que intenta disolver esa novela urbana del XIX que quizá comenzaría con Balzac y pasaría por Dickens, Galdós, los rusos... Pero empezaremos el comentario de otro modo, por comparación con otra novela que toma a ésta como referente, La colmena de Camilo José Cela. Al aparecer ésta en 1951 ha transcurrido ya un cuarto de siglo desde la novela que nos ocupa (1925), pero son numerosos los puntos en común entre una y otra: sobre todo, la multitud de personajes; su deambular caótico por la ciudad; la presentación del texto en fragmentos cortos saltando de unos personajes a otros. Ahora bien, quizá La Colmena presenta un mayor equilibrio que Manhattan Transfer en lo que se refiere a los elementos narrativos. En efecto, mientras en ésta a la multitud de personajes hay que añadir la cantidad de tiempo que se abarca, en aquélla se compensa la cantidad de personajes con una gran concentración del tiempo en no más de tres días; y en cuanto al espacio quedan ambas novelas unidas por la reducción de éste a un escenario exclusivamente urbano: Madrid y Nueva York respectivamente. De otro lado, en Manhattan Transfer notamos también la ausencia de espacios de cohesión, como el café de doña Rosa al que acuden regularmente los personajes que antes y después actúan de forma dispersa.

Y aparte de estas consideraciones iniciales destacamos:
  • La ausencia de protagonista, según ya se ha sugerido a propósito de la cantidad de personajes. De ahí que se pueda decir que el verdadero protagonista es la ciudad. Y en algún momento parece realzarse esa idea; como cuando en uno de los fragmentos con los que, sin indicar su procedencia, se inician los capítulos, se compara Nueva York a grandes ciudades de la antigüedad: Babilonia y Nínive eran de ladrillo. Toda Atenas era doradas columnas de mármol. Roma reposaba en anchos arcos de mampostería. En Constantinopla los minaretes... Acero, vidrio, baldosas, hormigón serán los materiales de los rascacielos (17).
  • El inicio de la novela con una imagen que adquirirá valor simbólico: el recién nacido se retorció débilmente entre algodones como un hervidero de gusanos (7). Ese hervidero de gusanos va a ser después la ciudad de Nueva York del mismo modo que el deambular de los personajes de Cela por Madrid produce el efecto de las abejas en la colmena que da título a la obra. De otro lado, la obra se abre con ese nacimiento, que será el de uno de los personajes de mayor presencia en la obra, Ellen Tatcher: Es usted el feliz padre de una robusta niñita (10).
  • La amplitud temporal. Ellen Tatcher, en efecto, será uno de los personajes guía de la obra. Pocas páginas después de su nacimiento la vemos ya bailando y hablando: la pequeña Ellen bailaba. Dos manitas levantaban el vestido rosa plisado y de cuando en cuando una vocecilla enfática decía "Mamita, fíjate en mi expresión." (24). Más adelante la veremos ya casada con John Oglethorpe: -Ahora eres mi mujer, Elaine (139); y luego, divorciada; y esa tendencia desde pequeña al baile la lleva a ser corista y bailarina de varietés donde, por lo demás, es acosada por el jefe: -The Zinnia Girl va a ser un exitazo, Elaine, se lo digo yo, y el papel parece estar escrito para usted [...] Desde que la conocí a usted estoy como loco (238). Y ya hemos insinuado cómo esa amplitud temporal, añadida a la cantidad de personajes de la obra, le imprime a la misma una mayor complejidad. Y otro de los personajes guía de la obra, Jimmy Herf, que entrará en relación con la anterior, irrumpe en la novela como niño asociado a una fecha clave: -Mamita, ¿es de veras el Cuatro de Julio (79). Alguna vez se inserta alguna marca temporal como este titular de periódico referido al hecho desencadenante de la Gran Guerra: EL ASESINATO DEL ARCHIDUQUE TENDRÁ GRAVES CONSECUENCIAS. EL EJÉRCITO AUSTRIACO, MOVILIZADO (215); y más tarde se dará por acabada la guerra: -Sí, fue una gran guerrita mientras duró (321) según dice y repite literalmente (333) el capitán James Merivale. Nueva marca temporal será, coincidiendo con ese fin de la guerra, la ley seca de 1919: -Helena no conoce la prohibición todavía, ¿verdad? (327)
  • La multitud de personajes. Los que llegan a la ciudad para crearse un porvenir como Bud Korpenning: -Vengo andando desde el norte del Estado. Esta mañana hice quince millas (9); o los marineros franceses Emile y Congo: -Lo que yo digo es que quiero llegar a algo en este mundo. Europa está podrida, apesta. En América uno puede abrirse camino (27). El círculo de mujeres que se mueven en torno al teatro y las varietés como la misma Elaine o Nevada Jones o Cassandra Wilkins. La familia Merivale, de la alta sociedad, con cuya hija quiere casarse el arribista Jack Cunningham...
  • La relación entre personajes. Si la novela está concebida por secuencias dedicadas a los diferentes personajes, a partir de la segunda parte, algunos de los que aparecían dispersos en la primera, se interrelacionan en un intento de dotar de cierta cohesión a la obra: ocurre con los que antes hemos considerado personajes guía y, así, Jimmy Herf conoce al marido de Elaine: -Oh, pobre Elaine, quiere dormir... Encantado de haberle conocido, señor Herf (158). A la vez aparece en escena un nuevo personaje, Cassandra Wilkins relacionándose con los anteriores: -¡Hola, Cassie! Este es... Perdón señorita Wilkins, éste es el señor Herf (157); a partir de ahí cada uno de estos personajes sigue en una dirección diferente hasta confluir páginas más adelante: Cassie se secó los ojos con la manga de su bata malva y se sentó junto a Ellen en su baúl (194). Del mismo modo se relaciona Elaine con el abogado George Baldwin: Mire, George, yo no quiero que se burle de Jojo [...] / -[...] lo importante, Elaine, es que usted y yo estamos sentados sin que nadie nos moleste (164). O Jimmy Herf con otro personaje que aparece frecuentemente, Joe Harland: Jimmy Herf encendió una cerilla, que se apagó; encendió otra y se la alargó a Harland (290). 
  • Los estratos sociales presentados. Desde la alta burguesía al proletariado, todos aparecen retratados en la obra. Así por ejemplo, a Emile, uno de los dos marineros franceses, lo encontramos al poco de camarero en un restaurante de lujo: Después de ayudar a servir la langosta a la Newburg y de llenar los vasos, Emile se apoyó contra la pared (35). Su compañero Congo, al contrario, tiene menos suerte de momento: Entraba a las ocho y trabajaba hasta las seis, y cada día me daban más cosas sucias que hacer (45). Y el contraste máximo se presentará cuando un grupo de personajes -Gus McNiel, George Baldwin, ...- están cenando lujosamente -El camarero ha traído un gran bistec rodeado por una muralla de setas, zanahorias picadas, guisantes y puré de patatas rizado (338)- mientras pasa un barco con deportados -Deportados... Son los comunistas que el ministro de Justicia deporta... Deportados... Rojos... Son los rojos que deportan (340). Y aparecen así obreros que toman conciencia de su clase: Lo que nos pasa a los obreros es que no sabemos nada, no sabemos comer, no sabemos vivir, no sabemos defender nuestros derechos... (389).
  • Los cambios de fortuna según la creencia de que América es la tierra de las oportunidades. Así le ocurre a Gus McNiel, lechero cuyo carro es atropellado por un tren y, gracias al oportunismo del abogado George Baldwin, consigue una importante suma: Un lechero gravemente herido. Hola, aquí podría sacarse una bonita indemnización (60); aunque el abogado se convertirá en amante de su mujer, Nellie, aprovechando que él está en la clínica: -Mira, Georgy, tenemos que ser prudentes. No debes venir aquí tan a menudo. No quiero dar que hablar a todas las comadres de la casa (67). Caso contrario es el de Bud Korpenning, que sin haber conseguido nada en la ciudad, acaba muriendo al caer al río: Bud se echa bruscamente hacia adelante, resbala, se queda colgando de una mano con el sol en los ojos. El grito se ahoga en su  garganta al caer (149). O la trayectoria descendente de Joe Harland, que pasa de ser El Brujo de Wall Street a sereno en una obra (222). O las trayectorias inversas de Jim Herf y Congo, cuyo verdadero nombre es Armand; dice el primero: -La diferencia entre usted y yo, Armand, es que usted va subiendo en la escala social y yo voy bajando... Cuando usted era pinche en un vapor yo era un niño bien (449).
  • La cohesión. Si bien hemos dicho que en la obra no hay, como en La Colmena, tantos elementos cohesionadores que contrarresten la multitud de personajes y la amplitud temporal, se da un momento, que ocupa todo el capítulo 5, en el que parecen reunirse personajes y temas para recapitular sobre ellos: 1) De un lado la referencia a partir de la palabra inicial, Sarajevo (255), remitiendo al comienzo ya citado de la Gran Guerra. 2) Volvemos a ver al personaje inicial, Ellen, pero esta vez en compañía del abogado George Baldwin yendo en taxi a un restaurante y hablando de la guerra: -Es terrible pensarlo, terrible -refunfuñaba George Baldwin- [...] Ellen, con su traje de terciopelo azul [...] iba recostada en los cojines del taxi (255-256). 3) A su vez se encuentran con el matrimonio McNiel: -¡Hola, Gus!... Elaine, tengo el gusto de presentarle al señor y a la señora McNiel... señorita Oglethorpe (256). 4) Se retoman y actualizan temas anteriores: a) se nos hace saber que el matrimonio ha progresado en la escala social gracias a la indemnización conseguida por George Baldwin: vi un tren de carga chocar con el carro de un lechero [...] me dije "O le saco la indemnización que le corresponde, o me arruino intentándolo." Gané el pleito y aquello me dio a conocer a varias personalidades. Así fue como empezamos él su carrera y yo la mía (258); b) se vuelve a la relación entre George Baldwin con Nellie McNiel dándola por más que terminada: Encontrarme con la mujer de McNiel... Después de tantos años. Figúrese... Yo estuve locamente enamorado de ella y ahora no puedo acordarme de su nombre de pila (258); c) vuelven a coincidir Ellen y Jimmy Herf: Ellen miraba las parejas vestidas de verano [...] Herf [...] estaba sentado de espaldas a ella (259); d) también Congo, el marinero francés, está ahí y parece haber progresado: -Oye, Jimmy, ¿conoces a ese francés que tiene aquí el bar? / -¿Congo Jake? Claro que lo conozco (261). Por lo demás, el capítulo acabará reiterando un motivo ya visto: Ellen vuelve a ser acosada, esta vez por George Baldwin: -¿No comprende usted que me volveré loco si no puedo hacerla mía? (263); e introduciendo uno nuevo, la homosexualidad, encarnada por Tony Hunter que, a causa de ello, se quiere suicidar mientras Jimmy Herf le consuela: -¡Vamos, hombre, ánimo! ¡Qué diablo!, hay la mar de personas en su caso (274). Y desde otro ángulo, la misma Ellen parece un elemento cohesionador por la cantidad de personajes que pululan a su alrededor sobre todo en relación amorosa: su marido, George Baldwin, su jefe ya citado, el Stan que luego se citará, o Larry, que se la querrá llevar al Perú: Creo que le gustaría a usted la vida en Lima, Elaine... Esperé a que usted estuviera libre. Y ahora aquí me tiene (314); y acaba prácticamente confiando sólo en Jimmy: Jimmy, es usted la única persona que me queda con quien realmente pueda hablar (312). Resultado de esas relaciones, dicho sea de paso, será un embarazo que solucionará abortando: Comprenda usted, doctor Abrahams, es absolutamente necesario. Voy a divorciarme de mi marido, y tengo que ganarme la vida (315); pero más tarde la veremos con Jim con el que por fin tiene un hijo: Jimmy Herf bostezó [...] Apenas podía divisar a Ellie, dormida en la cama de la alcoba. Al fondo del cuarto estaba la cuna. La ropa del niño despedía un olor a leche agria (386); y luego, otra vez con George Baldwin: -[...] Va a casarse con ese Baldwin que acaba de ser nombrado fiscal de distrito (449). De otro lado, se teje otra red de personajes a partir del homosexual Tony Hunter: sabremos que lo acoge una muchacha, Nevada Jones, a la que le gusta bailar con él, y que ha ido al psicoanalista en busca de solución sin que éste pueda hacer nada; Nevada le dice: -Te juro que yo podría (366); e inmediatamente Tony se tendrá que marchar del apartamento de Nevada porque acude a verla George Balwin, que la mantiene, acompañado de Gus McNiel: -Oh, George, creí que no venías... ¿Cómo está usted, señor McNiel? (367); Luego sabremos es que George Baldwin abandona a Nevada creyendo que mantiene una relación con Tony Hunter: -[...]hace algún tiempo sé que tú y Tony Hunter os entendéis (392); y que los dos se dedican al vodevil: -[...] ¿has oído que a Tony Hunter le ha curado un psicoanalista y ahora está sublimado, se dedica al vodevil con una mujer llamada California Jones? (398); más tarde sabremos que Nevada y Tony Hunter acaban mal: -Tony es una de las equivocaciones de Dios, ya no tengo nada que ver con él ... Le encontré un día mordiendo los bordes de la alfombra, revolcándose por el suelo de mi tocador, porque cuanto antes lo hiciera, mejor, y allí mismo acabó todo (450); y Nevada acaba casada con Congo al que ahora ya no llaman por el apodo: -[...] Me casé los otros días con un amigo suyo, Armand Duval (450).
  • Pluriperspectivismo. De modo parecido a como ocurre en alguna ocasión en La Colmena, hay algún episodio que se presenta desde dos puntos de vista. Así ocurre con el acoso de Georges Baldwin a Ellen narrado en el capítulo 5 y que acaba violentamente: -George, a mí no me manda nadie. / Un objeto de níquel brilló en la mano de Baldwin. Gus McNiel se adelantó y le agarró la muñeca con su manaza roja (269). Pues bien, en el capítulo siguiente, esa escena vuelve a ser narrada por un personaje lateral que había asistido a la escena: Este tipo que es un abogao muy conocido entre la gente de negocios, estaba en el hall gritando como un energúmeno por no sé qué cosa... ¡Tenía una cara!... Y luego sacó un revólver y la iba a matar o algo así, cuando el jefe va y salta y le quitó el revólver (280).
  • Una cierta fijación por los trenes. De un lado, el que atropella a Gus McNiel; de otro, la colección de Jimmy Herf: Tengo doscientas setenta y dos fotos de máquinas (119). Además, la novela toma el nombre de una estación de transbordo: Tuvimos que transbordar en Manhattan Transfer (138).
  • Las variaciones de registro. En un extremo el culto y bíblico de Oglethorpe, el marido de Ellen: "¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! Tus ojos de paloma, sin lo que está oculto por dentro". Por otro, el lenguaje vulgar de Bud Korpenning y su entorno: -[...] ayí me crié, en el norte del Estado. / -¿Por qué no te güelves? (144).
  • Algún episodio cómico como el del que, vestido como repartidor de telégrafos, entra a robar a un apartamento donde está Elaine, que pronto es infiel a su marido, con Stan; descubierto el ladrón, sienten tanta pena por él que acaban dándole un dólar: Cuando estuvo fuera, ella le tendió el billete. Él agarró la mano con el billete y la besó (178).
  • La omnipresencia del alcohol: -¡Oh, me siento tan borracha! (183); -Dice que agarro demasiados tablones (197); -Bueno, Jimmy Herf, ¿no pretenderás convencerme de que vuelves a casa sereno todas las noches, ¿eh? (204); -Inútil pensar en hacer esta tarde nada más que beber (208); -Entre trago y trago los minutos parecen horas (209); -Herfy, estoy borracho como una cuba (225); beberé hasta que cuando me corte salga whisky a chorros (246); Fuimos a Montreal y a Quebec y volvimos por Niágara Falls y no paramos de empinar (288). O el episodio de la borrachera de Stan, el amante de Elaine y marido de Pearline, en el capítulo 7, significativamente titulado Montaña rusalas letras rojas del cartel bailan ante los ojos de Stan (293); no, no tengo el delirium tremens. Me siento muy bien [...] No necesito más que un traguito (295); llega a casa en un estado lamentable: Agarró una silla. La silla quería volar. Volteó sobre su cabeza, se estrelló contra la ventana (297); y acaba envuelto en un incendio sin que quede claro si es él quien lo provoca mientras su mujer, ajena a todo, está en la compra: Si no fuera él quien es, estaría alarmada. Hace dos días que no le veo. Habrá estado en casa de su padre, supongo [...] -Comprenderá usté que no le contaría nada si sospechara que había algo de malo. No, se está portando muy bien (299). Y poco más tarde se da a Stan por muerto: -[...] Es el club adonde el pobre Stan solía ir los domingos. / -Oh, ¿conocía usted a ese desgraciado joven? Fue horrible (333). Es curiosa también la serie de coktails de ajenjo que se toman Jimmy Herf y Elaine a propuesta de esta última -Anda, vamos a tomar una buena curda (352)- y que acaba nada menos que con un coñac para remate (356).
  • La fuga final de Jim Herf y que luego será retomada al final de La colmena: será fruto de su fracaso amoroso y social. Se dirigirá a un camionero: -Oiga, ¿me deja usted subir? -pregunta al hombre pelirrojo que lleva el volante. / -¿Adónde va? / -No sé... Bastante lejos (472).
  • Por fin, no se entienden bien algunos aspectos de la traducción. Por ejemplo, el texto dice: El aguacero azotaba el boardwalk1. Y encontramos en esa nota: 1. Andén de la estación. No se ve la razón de no haberlo traducido en el cuerpo del texto. Lo mismo ocurre en esta frase dicha por un taxista: -All right, la llevaré donde quiera (196). O cuando se aclara en nota que la expresión Time to eat en el reloj de una esfera significa Hora de comer (234).

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