Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 27 de diciembre de 2014

Dámaso Alonso y José Manuel Blecua, Antología de la poesía española. Lírica de tipo tradicional

Dámaso Alonso
Alonso, Dámaso y Blecua, José Manuel, Antología de la poesía española. Lírica de tipo tradicional (Gredos, Madrid: 1978)
Un libro bonito que encontré en una librería de viejo tan moderna que se hacía llamar outlet. Y ya expliqué en otro lugar que lo compré porque  en la Universidad de Barcelona había visto montones de veces a José Manuel Blecua, uno de los antólogos, con él en la mano.
El prólogo de Dámaso Alonso sirve de rápido repaso a toda la historia de la lírica española: parte de la nueva visión de la lírica popular a partir del Romanticismo, pasa por la introducción del metro italiano durante el Renacimiento y va a parar a Bécquer.

La introducción, por su parte, de José Manuel Blecua -la primera edición es de mayo de 1956- es preciosa por más que gire alrededor de una idea que hoy está más que aceptada: la relación no sólo temática sino también formal entre las jarchas mozárabes y los villancicos castellanos, que a su vez se emparentan, por su carácter femenino, con las cantigas gallego-portuguesas. Y como nota marginal es curiosa la anécdota que cuenta a propósito de las endechas: todavía recuerdo la profunda impresión que me causaban los gritos de las mujeres asomadas a las ventanas (XLVII).
Me voy a limitar a destacar algunos de los muchísimos poemas recogidos en esta antología. Voy a hacer, pues, una antología de la antología, presentando los poemas con la numeración que llevan en el libro y con un brevísimo comentario. Los ordenamos según aparecen en el libro pero variando el orden cuando nos convenga para el comentario:
17
Los cabellos de mi amiga
d'oro son
para mí, lanzadas son.
Hace años publicamos un artículo -que se reseña en este enlace- en el que se analizaba el valor positivo dado a la mujer rubia y del que este poema es buena muestra. Del lado contrario queda los cuatro textos siguientes:
149 (fragmento)
Yo me soy la morenica,
yo me soy la morená.
Lo moreno, bien mirado,
fue la culpa del pecado.
165
Criéme en aldea,
híceme morena:
si en villa me criara,
más bonica fuera.
301
Hadas malas me hicieron negra,
que yo blanca me era.
316
Aunque soy morenica un poco,
no se me da nada:
que con agua del alcanfor
me lavo la cara.
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28 (fragmento)
El galán y la galana
ambos vuelven ell agua clara
mano a mano.
Recuérdese el 'Romance de Fontefrida' cuando la tortolica, viuda, decía Si hallo el agua clara / turbia la bebía yo. Lleva a la oposición agua clara / agua turbia simbolizando la alegría / tristeza amorosa. Toca el mismo tema añadiendo otros símbolos -la cierva, lavar la camisa- el siguiente poema:
77 (fragmento)
Cervatica tan garrida,
no enturbies el agua fría,
que he de lavar la camisa
de aquel a quien di mi fe.
Y lo mismo este otro poema con confidencia de madre a hija:
265
Turbias van las aguas, madre,
turbias van;
mas ellas se aclararán.
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127 (fragmento)
En la fuente de agua clara,
con sus manos lavan la cara
él a ella y ella a él:
lavan la niña y el doncel.
Los mismos símbolos del poema 77: el agua clara y el acto de lavar. Sólo que aquí, aparte de que el acto es mutuo, no se lava un objeto del amado sino su cara.
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44 (fragmento)
Dentro en el rosal
matarm'han.
Yo me iba, mi madre,
las rosas coger.
Aparte de otra confidencia entre hija y madre, apréciese la puesta al día del Collige, virgo, rosas. En ello insiste este otro poema:
182
¡Por el val verdico, mozas,
vamos a coger rosas!
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89 (fragmento)
Yéndome y viniendo
a las mis vacas,
no sé qué me bulle
entre las faldas.
Dejo el comentario al lector y me limito a decir que la muchacha, vaquera como las de Santillana, se emparenta con las serranas del arcipreste de Hita o con las bergères de las pastourelles francesas.

Y para acabar, otro poema erótico donde aparece el galán de monjas y una variante de la malmaridada, la niña que -se supone- no quiere ser monja:
365
No me las enseñes más,
que me matarás.
Estábase la monja
en el monesterio,
sus teticas blancas
de so el velo negro.
¡Más,
que me matarás!

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