Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 5 de junio de 2015

Dámaso Alonso y José Manuel Blecua, Antología de la poesía española. Lírica de tipo tradicional

Dámaso Alonso
Alonso, Dámaso y Blecua, José Manuel, Antología de la poesía española. Lírica de tipo tradicional (Gredos, Madrid: 1978)
Un libro bonito que encontré en una librería de viejo tan moderna que se hacía llamar outlet. Y ya expliqué en otro lugar que lo compré porque  en la Universidad de Barcelona había visto montones de veces a José Manuel Blecua, uno de los antólogos, con él en la mano.
El prólogo de Dámaso Alonso sirve de rápido repaso a toda la historia de la lírica española: parte de la nueva visión de la lírica popular a partir del Romanticismo, pasa por la introducción del metro italiano durante el Renacimiento y va a parar a Bécquer.

La introducción, por su parte, de José Manuel Blecua -la primera edición es de mayo de 1956- es preciosa por más que gire alrededor de una idea que hoy está más que aceptada: la relación no sólo temática sino también formal entre las jarchas mozárabes y los villancicos castellanos, que a su vez se emparentan, por su carácter femenino, con las cantigas gallego-portuguesas. Y como nota marginal es curiosa la anécdota que cuenta a propósito de las endechas: todavía recuerdo la profunda impresión que me causaban los gritos de las mujeres asomadas a las ventanas (XLVII).
Me voy a limitar a destacar algunos de los muchísimos poemas recogidos en esta antología. Voy a hacer, pues, una antología de la antología, presentando los poemas con la numeración que llevan en el libro y con un brevísimo comentario. Los ordenamos según aparecen en el libro pero variando el orden cuando nos convenga para el comentario:
17
Los cabellos de mi amiga
d'oro son
para mí, lanzadas son.
Hace años publicamos un artículo -que se reseña en este enlace- en el que se analizaba el valor positivo dado a la mujer rubia y del que este poema es buena muestra. Del lado contrario queda los cuatro textos siguientes:
149 (fragmento)
Yo me soy la morenica,
yo me soy la morená.
Lo moreno, bien mirado,
fue la culpa del pecado.
165
Criéme en aldea,
híceme morena:
si en villa me criara,
más bonica fuera.
301
Hadas malas me hicieron negra,
que yo blanca me era.
316
Aunque soy morenica un poco,
no se me da nada:
que con agua del alcanfor
me lavo la cara.
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28 (fragmento)
El galán y la galana
ambos vuelven ell agua clara
mano a mano.
Recuérdese el 'Romance de Fontefrida' cuando la tortolica, viuda, decía Si hallo el agua clara / turbia la bebía yo. Lleva a la oposición agua clara / agua turbia simbolizando la alegría / tristeza amorosa. Toca el mismo tema añadiendo otros símbolos -la cierva, lavar la camisa- el siguiente poema:
77 (fragmento)
Cervatica tan garrida,
no enturbies el agua fría,
que he de lavar la camisa
de aquel a quien di mi fe.
Y lo mismo este otro poema con confidencia de madre a hija:
265
Turbias van las aguas, madre,
turbias van;
mas ellas se aclararán.
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127 (fragmento)
En la fuente de agua clara,
con sus manos lavan la cara
él a ella y ella a él:
lavan la niña y el doncel.
Los mismos símbolos del poema 77: el agua clara y el acto de lavar. Sólo que aquí, aparte de que el acto es mutuo, no se lava un objeto del amado sino su cara.
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44 (fragmento)
Dentro en el rosal
matarm'han.
Yo me iba, mi madre,
las rosas coger.
Aparte de otra confidencia entre hija y madre, apréciese la puesta al día del Collige, virgo, rosas. En ello insiste este otro poema:
182
¡Por el val verdico, mozas,
vamos a coger rosas!
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89 (fragmento)
Yéndome y viniendo
a las mis vacas,
no sé qué me bulle
entre las faldas.
Dejo el comentario al lector y me limito a decir que la muchacha, vaquera como las de Santillana, se emparenta con las serranas del arcipreste de Hita o con las bergères de las pastourelles francesas.

Y para acabar, otro poema erótico donde aparece el galán de monjas y una variante de la malmaridada, la niña que -se supone- no quiere ser monja:
365
No me las enseñes más,
que me matarás.
Estábase la monja
en el monesterio,
sus teticas blancas
de so el velo negro.
¡Más,
que me matarás!

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