Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 19 de diciembre de 2014

John le Carré, El honorable colegial

John le Carré
le Carré, John, El honorable colegial (Bruguera, Barcelona: 1981)
Proseguimos aquí con la lectura de la serie del autor dedicada a Smiley y Karla que iniciamos con esta reseña de El topo. Y en esta novela de lo que se trata es, por decirlo de algún modo, de recoger las sobras que han quedado del Circus tras la identificación de Bill Haydon como el topo de Moscú que, si bien es mérito de George Smiley, éste nunca lo concibe como una victoria sino casi al contrario.
Destaco algunos aspectos:
  • Si en la anterior novela Smiley actuaba oficiosamente desde fuera del Circus, aquí ya está plenamente integrado y va a ser el cerebro total de una compleja operación en la que se tratará de averiguar la causa por la que desde Moscú Karla envía grandes cantidades de dinero a Hong Kong. Del mismo modo, personajes que en El topo tenían carácter secundario aquí alcanzan mayor categoría: así Connie Sachs, verdadero archivo viviente; o Jerry Westerby, que pasará a ser el protagonista o, al menos, a tener bajo su cargo la verdadera acción.
  • A partir de ello podíamos decir que es una novela concebida a partir de dos ejes: el de la reflexión y el de la acción. Así, de la parte de la reflexión, la labor en Londres alrededor de Smiley y otros personajes: Connie Sachs, Oliver Lacon, Peter Guillam, di Salis..., los políticos de Whitehall, los llamados 'primos americanos' de la CIA...: su labor consiste en el análisis de documentos, la búsqueda en archivos, las reuniones para decidir. Del lado de la acción, el trabajo casi en solitario de Jerry Westerby en Hong Kong pero con rápidos viajes a Camboya, Laos, Tailandia, con sus paisajes bélicos, para acosar y acorralar a un multimillonario chino: ahí, chantajes, asesinatos, atentados... Y curioso es uno de los reflejos de esos dos ejes de la novela: mientras los de Londres no paran de beber té, Jerry Westerby y los personajes con los que se relaciona se enfrentan a alcoholes duros como el coñac o el whisky.
  • No falta, porque no puede faltar en ninguna novela con Smiley -cuyo nombre nos preguntamos si está irónicamente motivado- el característico modo que tiene de limpiarse las gafas: tenía el vicio de limpiar distraídamente los cristales de las gafas con el extremo más ancho de la corbata (65); se quitó las gafas, y... volvió a dar vida a su leyenda de limpiar los cristales con el extremo ancho de la corbata (357); Smiley limpiaba los cristales de sus gafas utilizando al efecto el extremo ancho de la corbata (407); los observadores habían advertido que Smiley dedicaba mucho tiempo a... limpiar los cristales de las gafas con la corbata (664). Incluso se toma nota si una vez no es así: se quitó las gafas y limpió los cristales, y, por una vez en la vida, no lo hizo con el extremo ancho de la corbata sino con un pañuelo de seda (88).
  • Hay un momento previo a la acción final en el que un agente de la CIA, Murphy, está describiendo sobre un mapa cómo van a desarrollarse los acontecimientos. Dice el texto: Parecía que Murphy estuviera describiendo la maquinaria de una aspiradora, lo cual, a juicio de Guillam, daba mayor fuerza hipnótica a su actuación (571). Pues bien, a quien conozca Nuestro hombre en La Habana (1958) de Graham Greene no se le escapa el guiño u homenaje porque en esa novela se trata precisamente de un espía británico que envía planos de aspiradoras haciéndolos pasar por planos de bombas y merece crédito por parte de los servicios secretos.

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