Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 26 de abril de 2015

Paul Auster, El palacio de la Luna


Auster, Paul, El Palacio de la Luna (Anagrama-RBA, Barcelona: 2009, 1ª de 1989 en inglés):
Bajo una historia que mezcla elementos de saga familiar, roadmovie, viaje iniciático... se notan diversos niveles de significación que, desde lo más formal, la palabra, hasta el plano del contenido o sentido de la novela, pueden ser los siguientes:
1º) Una línea nominalista que corre desde el Cratilo de Platón hasta El nombre de la rosa de Umberto Eco. Quizá un lector común capte el juego de palabras que se da en mi compañero de cuarto se llamaba Zimmer (p. 26) o incluso en una nota de derrota en las palabras de Víctor (p. 28), pero si ignora la letra pequeña del santoral no verá otra ironía, la de la frase me encontré a una prostituta delgada... que se llamaba Agnes (p. 30), porque Santa Inés es la adolescente romana obligada a vivir en un prostíbulo y, a pesar de ello, muere virgen. A veces el mismo autor explica el juego de palabras: el padre del protagonista es un calvo que se apellida Barber (p. 247) y, profesor de universidad, tiene como nombre de pila Solomon, el sabio rey de los hebreos, abreviado en Sol, palabra antigua que significaba sol... y que en francés [...] quería decir suelo. Le intrigaba pensar que él pudiera ser a la vez el sol y la tierra (256). Muchas veces el juego de palabras llega a tal complejidad que requiere la explicación del autor y así, el nombre del protagonista, Marco Stanley Fogg (pp. 16-17) alude a su capacidad viajera a partir de Marco Polo; Stanley, el que buscaba en África al doctor Livingstone; y Fogg, procediendo del alemán Vogel, pájaro, o aludiendo al Phileas Fogg que protagoniza La vuelta al mundo en ochenta días de Verne.
Queda claro que esos juegos de palabras no van a ser gratuitos y quedarse en lo meramente formal: alguna relación guardan con el nivel del contenido por el principio de la solidaridad entre las diversas partes del texto, no en vano texto es participio fuerte del verbo tejer y, en una buena novela, todo debe quedar bien entretejido, entrelazado. Así, el nombre de algún personaje como el del protagonista va a marcar su destino viajero igual que el del tío Víctor va a marcar por ironía el de su derrota vital. Además, en un nivel superior, el libro, en tanto conjunto de palabras, corre paralelo a la suerte del protagonista: éste tiene como único mobiliario en su apartamento las cajas de libros heredadas del tío Víctor y tendrá que desproveerse paulatinamente de ellos hasta tocar su punto más bajo al quedarse sin la biblioteca familiar (cap. I). Pero luego se recuperará al conseguir trabajo como lector de todos los libros del ciego Effing, que luego resultará ser su abuelo; de este modo recuperará, por así decirlo, la biblioteca familiar (cap. III).
2º) Un desarrollo del argumento consistente, a su vez, en el desarrollo de diversos temas entremezclados:
La trayectoria vital del protagonista consistente en constantes cambios de fortuna: de la ruina inicial en sus tiempos de estudiante, que le lleva a dormir en Central Park de Nueva York, pasa a recuperarse trabajando para Effing, a cuya muerte heredará un pequeño capital que gastará con su novia Kitty; tras ello pasará a buscar, por encargo de Effing, al hijo de éste que, resultando ser su padre, morirá dejándole otro capital que le robarán del coche.
La saga familiar frustrada: la novela se va a convertir en una historia de una familia de la que, cronológicamente, forman parte el ciego Effing, el abuelo; el padre Solomon Barber; el protagonista E.S. Fogg. Pero no se da ningún reconocimiento entre ellos: el abuelo muere ignorando que quien trabajaba para él era su nieto y éste sólo con la muerte de su padre Solomon sabrá que éste y Effing eran sus antepasados. Además, la descendencia del protagonista queda frustrada por el aborto de Kitty.
Un viaje constante: la luna actúa como emblema de la novela en tanto ésta comienza el verano en que el hombre pisó por primera vez la luna (p. 11) y termina con el protagonista mirando la luna en el Pacífico; hay otras muchas referencias a la luna como el restaurante chino el Palacio de la Luna donde tienen lugar sus encuentros con Kitty, la fijación con el viaje a la luna de Cyrano de Bergerac o el hecho de que venda su último libro el mismo día en que los astronautas llegan a la luna (p. 41). Pero siendo la luna un destino imposible, el protagonista viajará hacia el oeste repitiendo un viaje ya efectuado por su abuelo, que buscaba espacios para pintar, y por su padre, que había huido tras cometer estupro con una alumna.
3º) Una estructura mítica que recubre todo el argumento:
La nekya: la trayectoria descendente inicial del protagonista tras perder a su familia y los libros está concebida como una nekya o descenso a los infiernos como los de Ulises para ver a sus compañeros de armas, Orfeo para rescatar a Eurídice, Jesucristo antes de resucitar, Dante de la mano de Virgilio, don Quijote a la cueva de Montesinos... Queda explícito en el texto (mi regreso al mundo de los vivos [p.107]) y, tras salir de ese infierno de la mano de Kitty –en inversión del mito de Orfeo y Eurídice-, volverá a recuperar, aunque sin saberlo, a su familia. Si se nota además que el punto más bajo de la trayectoria se da en su época de homeless en Central Park, resultará que el infierno estará ubicado irónicamente en el locus amoenus de la literatura clásica (jardín de Alcínoo en la Odisea, Bucólicas de Virgilio, poesía pastoril de Sannazzaro o Garcilaso...). Además, tras esa resurrección, sufrirá un aprendizaje de la mano del ciego Effing, su abuelo, semejante al de Lázaro de la mano del ciego en el Lazarillo, no en vano citado en el texto (p. 71) y según la tópica del sabio ciego (Tiresias, Homero, Borges...).
La telemaquia y Edipo: tras la muerte de Effing, éste le encarga la búsqueda de su hijo Solomon; el protagonista parte para ello al oeste para encontrarlo del mismo modo que Telémaco parte en busca de Ulises. Reunidos, irán al encuentro de la madre, como en el mito, porque el protagonista propone visitar la tumba de su madre ignorando aún que Solomon es su padre. Ante la tumba y al ponerse a llorar el padre se produce la anagnórisis -o reconocimiento- por parte del hijo que, avergonzado de su padre, le empuja provocándole la muerte como en el mito de Edipo porque, en realidad, está celoso de que Solomon llore también a la madre.
El viaje al oeste: tras ello el protagonista prosigue viaje al oeste hasta llegar al Pacífico, su finis terrae, pero repitiendo tantos otros viajes míticos en esa dirección: a las islas de los bienaventurados en Hesíodo, a la isla de san Brandán en la mitología celta, a Avalon en el mundo artúrico, al lugar de retiro de los elfos en El señor de los anillos.

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