Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 14 de abril de 2015

Jorge Luis Borges, El Aleph (y 2)

Borges, Jorge Luis, El Aleph (Alianza, Madrid: 1979)
La presente entrada es continuación de esta otra.

  • 'El Zahir':
  1. Es el relato de una obsesión por algo simple, una moneda común de ese nombre. Lo que ocurre es que el Zahir ha sido también otras muchas cosas que se enumeran caóticamente: En Guzerat... un tigre; en Java, un ciego...; en Persia, un astrolabio...; en la aljama de Córdoba... una veta en el mármol de uno de los mil doscientos pilares... (105). 
  2. Esa moneda transforma al narrador: Hoy es el trece de noviembre; el día siete de junio, a la madrugada, llegó a mis manos el Zahir; no soy el que era entonces (105). La moneda llega a sus manos tras velar hasta altas horas el cadáver de una hermosa mujer, Teodelina Villar. Después de ello, para a tomar algo y, al pagar, le entregan el Zahir como cambio: lo miré un instante; salí a la calle, tal vez con un principio de fiebre (108). Tras ello piensa en monedas también en enumeración caótica: el óbolo de Caronte..., los treinta dineros de Judas..., los dracmas de la cortesana Laís..., el luis cuya efigie delató, cerca de Varennes, al fugitivo Luis XVI (108-109). Y la primera consecuencia es que, tras vagar largo rato acaba a una cuadra del almacén donde me dieron el Zahir (109).
  3. Tras deshacerse de la moneda pagando en un boliche y dedicarse a escribir un relato sobre un asceta que, en realidad, es una serpiente que yace sobre el tesoro de los Nibelungos, le aparece gradualmente la obsesión: primero procuré pensar en otra moneda, pero no pude (111-112). El dieciséis de julio adquirí una libra esterlina... De nada me valieron el fulgor y el dragón y el San Jorge; no logré cambiar de idea fija. El mes de agosto, opté por consultar a un psiquiatra (112).
  4. La resolución le viene por la vía de la pseudoerudición al adquirir un ejemplar de Urkunden zur Geschischte der Zahirsage (Breslau, 1899) de Julius Barlach (112). Por ahí llega a saber que Zahir, en árabe, quiere decir notorio, visible; en tal sentido es uno de los noventa y nueve nombres de Dios; la plebe... lo dice de "los seres o cosas que tienen la terrible virtud de ser inolvidables y cuya imagen acaba por enloquecer a la gente" (112). Por el mismo procedimiento de recurrir a libros imaginarios, conoce la historia del Zahir y cómo se han convertido en él todas las cosas enumeradas al principio.
  5. Pero la obsesión continúa y crece: El tiempo, que atenúa los recuerdos, agrava el del Zahir. Antes, yo me figuraba el anverso y después el reverso; ahora veo simultáneamente los dos... Lo que no es el Zahir me llega tamizado y como lejano: la desdeñosa imagen de Teodelina... (115).Y así, hasta enloquecer: Antes de 1948... Ya no percibiré el universo, percibiré el Zahir... de miles de apariencias pasaré a una; de un sueño muy complejo a un sueño muy simple. Otros soñarán que estoy loco y yo con el Zahir. Cuando todos los hombres de la tierra piensen, día y noche, en el Zahir, ¿cuál será un sueño y cuál una realidad, la tierra o el Zahir? (116). Y se concluye así al modo de Segismundo con la confusión entre realidad y sueño.
  • 'La escritura del Dios':
  1. Un sacerdote de Moctezuma ha sido encarcelado por Pedro de Alvarado en una celda contigua a otra donde hay un tigre al que sólo ve cuando abren una trampilla para darles de comer. El sacerdote sabe que su dios, previendo que en el fin de los tiempos ocurrirían muchas desventuras y ruinas, escribió el primer día de la Creación una sentencia mágica, apta para conjurar esos males. La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y que no la tocara el azar (118-119).
  2. Se vuelve a tocar la confusión entre sueño y realidad del anterior relato. Tras dormirse el sacerdote cuenta: Alguien me dijo: No has despertado a la realidad sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro sueño, y así hasta lo infinito... morirás antes de haber despertado realmente (121). Pero ese sueño será la puerta a una experiencia mística: ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo... Vi el universo y vi los íntimos designios del universo... Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo... Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses... y... alcancé a entender también la escritura del tigre (122-123). Y así será cómo tras esta nueva enumeración caótica comprende que es en las rayas de la piel del tigre donde está la fórmula mágica. Pero renuncia a pronunciarla precisamente por esa experiencia mística: Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él (123).

No hay comentarios:

Publicar un comentario