Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 10 de abril de 2015

Jorge Luis Borges El Aleph (1)

Borges, Jorge Luis, El Aleph (Alianza, Madrid: 1979)
Tras lo menos treinta años, releemos este conjunto de cuentos de Borges a propuesta del grupo de lectura del Ateneo de Mahón. El primer juicio nos lleva a ponderar la variedad de temas: el culto y erudito ('El inmortal'); el policiaco ('Emma Zunz'); el costumbrista argentino ('Biografía de Tadeo Isidoro Cruz [1829-1874]'); el esotérico ('El Zahir')... Nos limitaremos a anotaciones a alguno de esos cuentos:
  • 'El inmortal':
  1. En un marco de erudición -poco importa si real o falsa- se presenta un relato de múltiples referencias al tema homérico. En efecto, dentro de una versión de la Ilíada de Pope se encuentra un manuscrito en inglés y con latinismos.
  2. Ese manuscrito narra el viaje de un legionario romano hacia occidente en busca de la Ciudad de los Inmortales (8), más allá del río secreto que purifica de la muerte a los hombres (9): las connotaciones son muchas -desde el periplo del homo viator hasta la fuente de la eterna juventud-, pero las más claras remiten a la Odisea: Atravesamos el país de los trogloditas, que devoran serpientes y carecen del comercio de la palabra; el de los garamantas, que tienen las mujeres en común...; el de los augilas, que sólo veneran el Tártaro... regiones bárbaras donde la tierra es madre de monstruos (10). Hasta que, como Ulises antes del país de los feacios, el protagonista se queda sin compañeros: los perdí, entre los remolinos de arena y la vasta noche (11).
  3. Alcanza, efectivamente, la Ciudad de los Inmortales, descrita con la típica arquitectura borgiana: debajo de ella hay cavernas, galerías, cámaras circulares (13) y, tras beber del río, inexplicablemente repetí unas palabras griegas (12), que resultarán ser de la Ilíada. Está de nuevo en un país de trogloditas anteriores al lenguaje y uno de ellos, que le acompaña constantemente, tirado en la arena... trazaba torpemente y borraba una hilera de signos... ninguna de las formas era igual a otra, lo cual excluía o alejaba la posibilidad de que fueran simbólicas (17). Por su fidelidad, el narrador pone al troglodita el nombre de Argos, el viejo perro moribundo de la Odisea (18). Y tras llamarlo varias veces con ese nombre el troglodita, como si recordara con dificultad, reconoce el nombre de Argos y repite algún verso de la Odisea: Este perro tirado en el estiércol. Y tras interrogarle por el libro confiesa: Ya habrán pasado mil cien años desde que la inventé (19). Con ello nos encontramos a Homero, que ha viajado hasta allí como Ulises, ha alcanzado la inmortalidad pero ha olvidado prácticamente la lengua oral y escrita, 
  4. Tras alcanzar la inmortalidad, el narrador vuelve al tema homérico: transcribí... los siete viajes de Simbad (24), otro Ulises (26); En Aberdeen, en 1714, me suscribí a los seis volúmenes de la Ilíada de Pope (24, y con ellos empezaba el relato).
  5. Y en relación con la inmortalidad del título, el narrador, tras un repaso a las religiones, había llegado a creer en el mundo como sistema de precisas compensaciones (22) con lo que, si un río llevaba a la inmortalidad, otro lo devolvería a la mortalidad. Así le ocurre en 1921: a diferencia del agua oscura (12) del río anterior vi un caudal de agua clara; la probé... un árbol espinoso me laceró el dorso de la mano... contemplé la hermosa formación de una lenta gota de sangre. De nuevo soy mortal (24-25).
  • 'Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)':
  1. Es un cuento típicamente argentino, de ambiente gaucho y con resonancias de Facundo y Martín Fierro, que aparece expresamente. Está enmarcado en las guerras del XIX. El protagonista es fruto de la relación esporádica de un soldado: tuvo una pesadilla tenaz; en la penumbra del galpón el confuso grito despertó a la mujer que dormía con él (55). La pesadilla se convertirá en premonitoria y, al día siguiente, el soldado, perseguido hasta los pajonales ya lóbregos... pereció en una zanja, partido el cráneo por un sable de las guerras del Perú y del Brasil (55-56).
  2. Los episodios anteriores se repetirán con Tadeo Isidoro Cruz. También él será, casado o amancebado, padre de un hijo (57). Y también será acorralado: Prefirió pelear a entregarse. Fue herido en el antebrazo, en el hombro, en la mano izquierda hasta que mareado por la pérdida de sangre, lo desarmaron (57). Pero no muere sino que lo obligan a alistarse en el ejército.
  3. A su vez, todo lo anterior va a converger en el episodio final. Convertido más tarde el protagonista en sargento de la policía rural (57) recibió la orden de apresar a un malevo, que debía dos muertes a la justicia (58). Éste procedía del mismo lugar donde, hacía cuarenta años, habíanse congregado los montoneros para la desventura que dio sus carnes a los pájaros y a los perros (58), es decir, del lugar donde había muerto su padre. Para mayor paralelismo, lo acorralan en un lugar semejante: Se había guarecido en un pajonal (59). Y semejante a la premonición de su padre previa a la muerte, Tadeo Isidoro Cruz tuvo la impresión de haber vivido ya ese momento (59). Efectivamente, como había hecho él, no se rinde sino que El criminal salió de la guarida para pelearlos (59). La conclusión es una anagnórisis: el protagonista comprendió que el otro era él... gritó que no iba a consentir que se matara a un valiente y se puso a pelear contra los soldados junto al desertor Martín Fierro (59).
  4. En resumen, se han dado tres versiones de un mismo episodio, el acorralamiento, con diferentes resultados: la muerte del padre, la leva del protagonista, la exaltación de Martín Fierro.
  • 'Emma Zunz':
  1. Es un cuento de tintes policíacos desde el punto de vista de la asesina, Emma Zunz, que prepara meticulosamente su venganza. Recibe la noticia de la muerte de su padre, acusado falsamente de desfalco en una fábrica en la que ella también trabaja y quiere vengarse del verdadero culpable que, gracias a ello, se ha convertido en el dueño.
  2. Urde un plan perfecto y sin fisuras reforzando una caracterización contraria a la de un asesino: Había en a fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia (63). Tras el trabajo sale con la amigas y no siquiera le hablan de novios: En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico (63). Aun así, recorre luego varios bares donde vio la rutina o los manejos de otras mujeres (64) y acaba yéndose con un marinero cuyo barco, según había leído en el periódico, zarparía esa noche del dique 3 (63): ella sirvió para el goce y él para la justicia (65).
  3. Previamente había quedado citada con el dueño con la excusa de la delación: Llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer (63). Lógicamente, lo mata y -de ello su relación con el marinero- llama a la policía diciendo que la ha forzado: Ha ocurrido una cosa que es increíble... El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga... Abusó de mí, lo maté... (68).
  4. Rica también la conclusión del narrador: La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta... sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios (68)-
  • 'Deutsches Requiem':
  1. Consiste en las reflexiones finales de un militar alemán, Otto Dietrich zur Linde. Es el último eslabón de una familia militar quizá de origen prusiano y presenta el contraste entre las vidas y muertes heroicas de sus antepasados con la suya: seré fusilado por torturador y asesino (84).
  2. Se le caracteriza como hombre culto conocedor de Brahms, Schopenhauer, Nietzsche, Splenger... (84-85) y añade que me faltaba toda vocación de violencia (85) y que mis camaradas me resultaban odiosos (86). Pero, en cambio, cree en el mito fáustico y de ahí que afirme: Comprendí... que estábamos al borde de un tiempo nuevo y que ese tiempo... exigía hombres nuevos (85). Cree también en el destino y por eso, en su nombramiento como subdirector de un campo de concentración al no poder ir al frente como consecuencia de la amputación de una pierna durante unos disturbios ocurridos el primero de marzo de 1939 (86).
  3. Considera el nazismo, en línea con el hombre fáustico, como un hecho moral, un despojarse del viejo hombre, que está viciado, para vestir el nuevo (87). De ahí, una referencia a Nietzsche: la piedad por el hombre superior es el último pecado de Zarathustra (87-88). Y de ahí su falta de piedad por un intelectual judío de nombre simbólico, David Jerusalem, que termina suicidándose el primero de marzo de 1943 (89), dos años justos después de la amputación de la pierna del narrador; y con ello se traza un paralelo entre ambos, víctima y verdugo: si yo lo destruí, fue para destruir mi piedad... se había transformado en el símbolo de una detestada zona de mi alma. Yo agonicé con él, yo morí con él (89).
  4. El relato concluye con la asunción y la alegría por la derrota final de Alemania desde una ironía parecida a la derrota de don Quijote en Barcelona que es, parcialmente una victoria puesto que impone a Sansón Carrasco los usos de la caballería para vencerle: Muchas cosas hay que destruir para edificar el nuevo orden; ahora sabemos que Alemania era una de esas cosas... Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotr5os los forjamos, nosotros, que ya somos su víctima (91-92).
(Continuará aquí)

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