Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 5 de marzo de 2015

C. M. Bowra, Homero

Bowra, C. M., Homero (Gredos, Madrid: 2013)
Un libro bonito de una nueva colección de Gredos, Biblioteca de estudios clásicos, escrito por Bowra, un sabio de los de verdad, de Oxford, y de quien ya leímos hace muchos años La Atenas de Pericles. Si a eso le añadimos que el libro lo compramos en la librería de la plaza Anaya de Salamanca...
Está organizado en pequeños capítulos independientes -'Composición oral', 'La edad heroica griega', ...- que lo hacen fácil de leer y entretenido. Y en ningún momento parece una aportación más a la tan prolongada cuestión homérica: hasta parece entender a Homero como responsable de la Ilíada y la Odisea en paralelo a esos aedos que aparecen en la Odisea:  Demódoco en la corte de Alcínoo y Femio, que canta para los pretendientes (25).

Otros aspectos dignos de ser destacados:
  • En el capítulo dedicado a la composición oral aborda el tan tratado tema del epíteto épico desde la perspectiva no sólo de un recurso que facilita la composición sino también de sus variaciones y adecuación al texto según la métrica o el tema. Y va más allá: observa cómo a Hera se le aplica un adjetivo que se suele traducir como de ojos tiernos cuando en realidad significa de ojos de ternera y entiende que el adjetivo se remonta a tiempos en que las diosas tenían rasgos de animales (38).
  • Es una lástima, sin embargo, que, al tratar de este tema de las fórmulas y epítetos en relación a la composición oral, acuda -como es lógico- a la épica yugoslava a la luz de los trabajos de Parry (40) y a muchos ejemplos más tanto europeos -Rusia, Albania, Bulgaria (26)- como remotos -Borneo, Sumatra (26)-, que cite bardos modernos kirguizos (42, 44), que recuerde poemas clásicos como Gilgamesh, la Edda Mayor o Beowulf (45 y luego 197); y sin embargo, no aluda en ningún momento al Cantar de Mío Cid. Y lo mismo ocurre al tratar de la edad heroica: está presente Rusia o la época de Carlomagno con Roncesvalles (108) o Escandinavia e incluso Nueva Zelanda (109), pero no aparece alusión ninguna a Castilla.
  • Al tratar de los símiles observa algo por lo demás lógico: que Homero los extrae de la naturaleza. Y ejemplifica con casos como el de Ayante a la defensiva como un león protegiendo a sus cachorros (Il. XVII, 133-136). La noticia que añade es muy interesante al llevar el símil al plano de la realidad puesto que ya los héroes imitaban a los leones: en el corte de su barba los príncipes de Micenas recalcaban su parecido o parentesco con los leones (86). Si a ello se añade la noticia que añade después y que ya conocíamos lateralmente por nuestra tesis doctoral, que el león... en el siglo V había desaparecido de casi todo el continente griego (216), llegamos a conclusiones como la de la antigüedad a la que hay que remontar la asociación del héroe con el león y que se manifiesta en numerosos ejemplos: Heracles, David, Sansón, Mío Cid, El caballero del león... y, en versión cómica, don Quijote.
  • Le añadiría algún comentario: traza una oposición entre troyanos y aqueos a partir de una tierna escena de Héctor con su mujer e hijo (Il. VI,394ss.) para concluir que Frente a la sociedad de los aqueos, casi exclusivamente masculina, caracterizada por su fiero orgullo y su ambiciosa búsqueda de honor, Homero inserta estos breves interludios ambientados en Troya, con sus ancianos y sus jóvenes esposas (134). Y dicho así parece olvidar o relegar a muy segundo plano el papel crucial de dos mujeres, Criseida y Briseida, en el campamento aqueo: de ellas dependen temas tan esenciales como la cólera de Aquiles o la tensión entre éste y Agamenón.
  • De otro lado, y a propósito de esto último, hace atinadas observaciones como la de que en la última fase de la Ilíada resultará que la cólera de Aquiles y el destino de Troya confluyen en una sola corriente (137). No habíamos observado nunca tal detalle, es decir, que el destino último del motivo inicial de todo el poema, la cólera de Aquiles (Il. I,1), fuera ese destino de Troya tras haber pasado varios estadios: la cólera por la pérdida de Briseida, por la muerte de Patroclo...
  • De modo parecido ocurre cuando analiza uno de los pasajes de la Odisea que parece claramente un añadido, la segunda nekya (XXIV, 1-204) con los pretendientes, ya muertos, encontrándose a Aquiles y Agamenón. A pesar de eso, de ser un añadido, cumple, según Bowra (159), diferentes funciones: la antítesis entre Aquiles y los pretendientes en lo que se refiere a la vida y muerte heroica del primero frente a la vida regalada de los segundos y su muerte vergonzante; la antítesis entre Agamenón y Ulises en lo que toca a la fidelidad de sus respectivas mujeres; y, como además, aparecen Patroclo o Ayante, lo que se produce es un efecto de unidad entre la Ilíada y la Odisea por el que ahora, en el canto final de esta última, se pretende bajar el telón para los grandes personajes de aquélla y para la edad heroica.
  • Otra nota curiosa se da cuando, tratando del peso de la poesía heroica, copia unas palabras de Helena en las que dice a Héctor que ella y Paris son causa de los problemas de Troya (208): A quienes Zeus impuso el malvado sino de en lo sucesivo / tornarnos en materia de canto para los hombres futuros (Il. VI,357-358). Y ello no puede sino recordarnos las palabras de don Quijote cuando, saliendo al campo de Montiel, piensa ya en el sabio que va a relatar sus aventuras (I,1).
  • Por último, tiene un detalle cuando, hablando de la prueba que va a superar Ulises (Od. XXI) con el arco acepta en nota que Todavía no se ha aclarado en qué consiste exactamente esta acción (168), en concreto la de disparar la flecha a través de las hachas. Añadiremos de paso, a partir de lecturas de Propp y de Frazer, que esa prueba es semejante a otras por las que de lo que se trata es de superarlas para casarse con la princesa; y lo mismo le ocurre a Edipo ante la Esfinge.




No hay comentarios:

Publicar un comentario