Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 21 de marzo de 2015

Vientos y velas (Concurso de relatos Bubok, XLV [el siglo XVIII])

Entra en la alcoba y besa a sus dos hijos en la frente procurando no despertarlos. Sale al patio, arranca un limón, verde aún, del limonero y se lo mete en la faltriquera. Mira al cielo por el lado de tramontana. Una nube, una sola, pequeña y de algodón: quisiera guardársela también y liberarla al volver a poner los pies en el muelle. Ya en la puerta se despide de su mujer:
-Te traeré el mejor vestido del mejor mercado.
-No quiero que me traigas nada, lo que quiero es que vuelvas.
Pasa frente a la iglesia del Carmen y vuelve la vista hacia la casa de los Meliá. Es pronto aún y hasta las once las dos hermanas no saldrán al mirador a vigilar quién va y quién viene por la calle mientras bordan el ajuar. Baja por las revueltas que llevan al puerto, recorre el muelle y ahí está su jabeque. Le acaricia el costado, brillante de sebo, salta dentro y ordena el tiro de leva para avisar de la pena de cincuenta pesos de plata que caerá sobre quien no esté a bordo antes de tres horas. Vuelve al muelle y se sienta en un noray a fumar. Es el 25 de abril de 1780.

El 16 de junio de 1779, por la convención de Aranjuez, España, aliada con Francia, se pone del lado de las colonias americanas, en lucha por su independencia de la metrópoli, y declara la guerra a Inglaterra. Llegada la noticia a Menorca, por entonces bajo dominio inglés, su gobernador sir James Murray decide conceder patentes de corso a favor de armadores menorquines contra todo tipo de barcos españoles y franceses.
Pons y Taltavull oyen el disparo en su camino desde el arrabal nuevo de San Felipe mientras cruzan entre huertos con norias. Como tienen tiempo deciden tomar el camino más largo para así parar en la taberna a mirarle el escote a Teresa. Cuando bajan por la cuesta de cala Figuera hacia el muelle de levante oyen voces, griterío y jolgorio que vienen del agua. Son dos barcas pequeñas, de las que llaman gussis, con críos dentro remando hacia la isla del Rey. Se fijan y ven frente a las barcas una mancha blanca que se mueve por la superficie del agua. También ellos habían jugado a lo mismo: un trozo de madera hueco, un palo hincado en el centro, otro perpendicular y un trozo de tela clavado a modo de vela. Y a correr detrás.
Antes de entrar en la taberna ven al capitán a lo lejos, al pie del barco, hablando con una mujer y un niño:
-Parece la viuda de Moll, el que murió de fiebres el año pasado en Gibraltar. Ahora anda arrimada a Carasucia.
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En el momento del disparo, los hermanos Femenías están entrando por el lado contrario del puerto, por el muelle de poniente. Han salido de Alayor al alba por el camino d'en Kane y sólo han parado un momento, a la sombra de una pared seca poco antes de la encrucijada con el camino hacia Addaia y Fornells, para comer lo que su madre les había echado en la talega. Es su primera salida en corso pero su hermano mayor, que volvió con dinero y por eso ahora festeja, habló de ellos con el capitán y los admitieron en la tripulación. Han de recorrer el muelle hasta encontrar el barco:
-El Halcón se llama; y tiene tres palos.
Soldados ingleses, marineros, pescadores, redes al sol, olor a puerto. Encuentran el jabeque mientras la viuda de Moll sigue hablando con el capitán:
-He puesto un cirio en el Carmen para que volváis todos y mi hijo con vosotros.
Cuando el niño consigue zafarse de los besos de su madre sube corriendo a bordo.
-¿Y vosotros quienes sois?
-Tomeu y Biel Femenías.
-Presentaos al escribiente.
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Recasens, el escribiente, está sentado en popa. Sostiene entre las piernas un cuaderno abierto con la nómina de los ciento veinte miembros de la tripulación y va anotando una marca a medida que se presentan ante él. De Tarragona y jesuita exclaustrado, es de los que no tiembla cuando oye un cañonazo. Porque el primero lo oyó en Civitavecchia la primavera del año 67 cuando el Papa recibió así a los jesuitas expulsados por Carlos III para disuadirlos de desembarcar en los Estados Pontificios. Vuelta atrás hacia Córcega y nueva prohibición de desembarco esta vez por parte de la República de Génova, entonces soberana de la isla. Tres meses dando vueltas hasta que les permiten poner pie en tierra tras las negociaciones diplomáticas entre españoles y genoveses. Recasens, harto ya de penurias, pasea un día por el puerto de Bastia y oye marineros que hablan como él pero con música. Les pregunta hacia dónde van, contestan que a Argel y luego a Mahón, les pide que lo lleven a cambio de trabajo y el capitán, al verlo demacrado, accede. Ahora navega con el hijo de aquel capitán, no ha vuelto a poner los pies en la península y también habla con música.
-¿Y tú cómo te llamas?
Pero el niño no está escuchando. Apoyado en la batayola de babor, ha visto los gussis, que ahora persiguen a la barquita frente a la isla d'en Pinto, reconoce a alguno de sus compañeros de juegos y reclama su atención gritando y gesticulando para provocarles la envidia al verlo a bordo de un velero de verdad.
Los hermanos Femenías pasan por detrás de él hacia el escribiente, dirigen la vista hacia lo que parece atraer la atención del niño y sólo ven los gussis. Su pueblo no es de tradición marinera y su juego preferido de niños era el del aro. En la punta de una vara se enrollaba un alambre que acababa en un gancho; cogido de él había que llevar el aro, extraído de alguna cuba podrida, rodando por las calles del pueblo sin que se cayera.
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Tudurí viene corriendo por el muelle cuando el capitán da la orden de soltar amarras. La mayoría de marineros se santigua y los hermanos Femenías se llevan a los labios el escapulario con la imagen de la Virgen de monte Toro que su madre les ha colgado del cuello. Recasens anota el retraso de Tudurí con su pena de cincuenta pesos de plata, cierra el cuaderno y se pone en pie. Mira por estribor las casas blancas en lo alto y, al volver la vista a babor, ve también a los niños de los gussis, que ahora reman desde la isla d'en Pinto hacia la Punta porque su barquita ha virado inesperadamente. No sabe si en Tarragona los hijos de los pescadores juegan a lo mismo; él vivió de niño en un caserón de la parte alta y su madre nunca lo llevó a la marina.
El capitán va a proa, se apoya en el palo de trinquete y manda a toda la tripulación prestar atención mientras el primer teniente lee las normas de a bordo:
-Que no se puede salir del barco sin permiso del capitán. Que la parte que corresponda a quien busque discordia o alboroto a bordo, o se embriague o se comporte de forma cobarde, se aplicará al resto de la tripulación...
El capitán se da la vuelta y mira al frente, hacia la Punta. No puede evitar ver, porque resalta moviéndose en el agua, la tela blanca de la barquita algo a babor. Oye también las voces de los niños que la siguen y se gira hacia ellos.
-¡A nado tendríais que perseguirla como yo cuando tenía vuestra edad!
Los niños gritan y gritan todos a la vez y, como no consigue entenderlos, vuelve la vista al frente. En ese momento ve la barquita que viene derecha hacia el barco. Se gira atrás en un acto reflejo de dar al timonel la orden, imposible e inútil, de virar a estribor y siente una punzada en el corazón cuando oye un leve crujido bajo la quilla.

martes, 17 de marzo de 2015

Fernando Pessoa, Livro do Desassossego

Pessoa, Fernando, Livro do Desassossego (Tinta da China, Lisboa: 2014)
Desistí hace ya años de hacerme con un ejemplar del Livro do Desassossego en la tradicional edición de Ática en la que tengo otras obras de Pessoa y de sus heterónimos. Por eso, en mi último viaje a Portugal durante este febrero pasado, me decidí por esta edición, muy correcta y llena de notas textuales de Jerónimo Pizarro.
Lo primero que cabe decir es que estamos ante el Pessoa auténtico que tanto sabe hablar de un plato de callos como de una grúa o de lo que ve un pastor mientras cuida el ganado. Accederemos por apartados:

viernes, 13 de marzo de 2015

Demetrio, Sobre el estilo, 'Longino', Sobre lo sublime

Demetrio, Sobre el estilo, 'Longino', Sobre lo sublime (Gredos, Madrid: 2008)
Otro libro de la Biblioteca clásica de Gredos y, además, comprado en la librería Cervantes de Salamanca. Su interés actual es reducido fuera de círculos muy especializados. En realidad se trata de dos breves tratados de teoría y crítica literaria en los que, sobre todo, se analiza el estilo de los principales autores griegos. De todos modos, podemos observar algunas ideas interesantes.
En primer lugar, presentamos la obra de Demetrio, Sobre el estilo:
  • Ya contiene la idea de que, dado un texto, recordamos especialmente las palabras puestas al principio y las colocadas al final y somos movidos por ellas, mientras lo somos menos por las palabras colocadas en medio, como si estuvieran ocultas y enterradas (42). Es principio que hemos aplicado sobradamente a la hora del comentario de textos. Por poner un ejemplo, en el soneto de Quevedo 'Cerrar podrá mis ojos' el endecasílabo último reza: que no fuese recuerdo de la muerte. Es la última palabra, muerte, la que resalta y queda como un eco en el oído del lector; si a ello se añade que ha rimado con fuerte o que los diptongos de fuese y de recuerdo la están anunciandoen ese mismo verso...
  • Se contiene también la conocidísima crítica y burla al autor que, al referirse a la roca que Polifemo lanza a Ulises, dice exagerando: 'Las cabras pacían sobre la roca al ser ésta lanzada' (65).
Yendo ya a 'Longino' y su Sobre lo sublime, destacamos:
  • La idea que se da en la introducción, de José García López: Ciertamente los estoicos, más que otras escuelas filosóficas, se preocuparon de la gramática y de la lengua en general (141). Pero ni se dice la causa de ello ni la adivinamos.
  • En línea con la exageración anterior de la roca lanzada por Polifemo, critica una agudeza de Jenofonte, que recuerda las de Quevedo, en la que, hablando de los ojos de una estatua y porque el griego también permite el juego de palabras, llama vírgenes a las niñas de los ojos. Considera impropio de ese autor el llamar vírgenes vergonzosas a las niñas de nuestros ojos (155). Con ejemplo parecido achaca falta de decoro a  Heródoto cuando llama a las mujeres hermosas "dolores para los ojos" (156; y que también recuerda a Quevedo: Esos médicos con que miras / esos ojos que me matan).
  • Como en realidad el tratado versa sobre lo sublime, da una cierta definición de qué se entiende como tal: considera hermoso y verdaderamente sublime aquello que agrada siempre y a todos. Pues, cuando personas de diferentes costumbres, vidas, aficiones, edades y formas de pensar tienen una opinión unánime sobre una misma cosa, entonces este juicio y coincidencia de espíritus tan diversos son una garantía segura e indudable en favor de lo que ellos admiran (157-158).
  • En ello, y como fuente lo sublime, interviene también la pasión e inspiración por parte del autor: nada hay tan sublime como una pasión noble, en el momento oportuno, que respira entusiasmo como consecuencia de una locura y una inspiración especiales y que convierte a las palabras en algo divino (159).
  • Como ejemplo de lo anterior aporta un ejemplo de Safo que, además, tiene la ventaja de presentar un contraste entre fuego y hielo que luego será típico en la lírica petrarquista: cuando te miro por un momento se me quiebra la voz. Mi lengua se hiela y al punto un fuego suave recorre mi piel (166).
  • Como ambos tratados presentan, enjuiciándolas, multitud de figuras retóricas, en éste se admiran una serie de metáforas que presenta Platón en el Timeo y que, para el gusto actual, serían algo retorcidas: llama a la cabeza acrópolis del cuerpo; entre ésta y el pecho ha sido construido un istmo, el cuello... el corazón es el nudo de las venas... y está colocado en el puesto de guardia del cuerpo (196).
  • Por fin y como curiosidad, aporta una idea, que ya leímos quizá en Aristóteles, sobre la razón de que cara y culo estén en zonas opuestas del cuerpo: la naturaleza, ... al formar al hombre, no colocó en nuestro rostro las partes que no se pueden nombrar, ni tampoco los órganos de secreción del cuerpo, sino que los ocultó en la medida que le fue posible y, según Jenofonte, desvió las salidas... lo más lejos para que no dañasen la hermosura de toda su criatura (213).


lunes, 9 de marzo de 2015

Javier Marías, Mañana en la batalla piensa en mí

Marías, Javier, Mañana en la batalla piensa en mí (Alfaguara, Madrid: 1998)
Una buena novela como se espera del autor. Lo que no entiendo es cómo la empecé hace más de diez años, la dejé sin acabar y ahora la he leído de un tirón.
Curiosa la anécdota que la provoca: una cita galante en el piso de una mujer, Marta, cuyo marido está de viaje en Londres; ella acuesta a su hijo de corta edad y, cuando va a encamarse con el narrador-protagonista, se encuentra indispuesta y acaba muriendo con problemas tales para el protagonista como qué hacer con el niño.

jueves, 5 de marzo de 2015

C. M. Bowra, Homero

Bowra, C. M., Homero (Gredos, Madrid: 2013)
Un libro bonito de una nueva colección de Gredos, Biblioteca de estudios clásicos, escrito por Bowra, un sabio de los de verdad, de Oxford, y de quien ya leímos hace muchos años La Atenas de Pericles. Si a eso le añadimos que el libro lo compramos en la librería de la plaza Anaya de Salamanca...
Está organizado en pequeños capítulos independientes -'Composición oral', 'La edad heroica griega', ...- que lo hacen fácil de leer y entretenido. Y en ningún momento parece una aportación más a la tan prolongada cuestión homérica: hasta parece entender a Homero como responsable de la Ilíada y la Odisea en paralelo a esos aedos que aparecen en la Odisea:  Demódoco en la corte de Alcínoo y Femio, que canta para los pretendientes (25).

domingo, 1 de marzo de 2015

Gabriel de la S.T. Sampol, Vulgata

Sampol, Gabriel de la S.T., Vulgata (Moll, Palma: 2004)
Que conste que el libro me lo han regalado. Y no en plan cumpleaños o similar. Concretamente me lo regaló un intelectual de mi pueblo que seguramente lo compró en la liquidación de restos de la editorial. Y esa liquidación sí que es una lástima al menos en lo que se refiere a la Enciclopedia menorquina. El intelectual antedicho me lo regaló en plan 'no quiero tenerlo en mi biblioteca; léelo y dime si estás de acuerdo'.
Yo conocía a ese poeta mallorquín (Palma, 1967) sólo como autor de unos versos que Maite Salord, en su novela La mort de l'ànima, utilizaba de lema inicial y que concretamente aparecen en el quinto de los doce poemas de este libro: La vida dels morts és la continuïtat del camí...
Diré pocas cosas:
  • Que me sobra el prólogo por una razón que ya expuse a propósito de otro poeta balear, porque los pocos lectores de poesía ya son lo suficientemente inteligentes como para interpretarla y no necesitan guía. Además el prólogo peca de intelectualista o, mejor, de pedante: así lo entiendo cuando habla de polimorfisme refiriéndose a la Biblia (9) cuando de lo que quiere hablar es de la variedad de géneros literarios de ésta. Y qué decir de ciertas flores dedicadas al autor: els poemes... encara que utilitzen la Bíblia com a pretext temàtic... també la coneixen a fons des del punt de vista teològic (17); quizá la prologuista se refiera a algunas ideas como las del décimo poema en que se juega, a partir de Juan 1,1, con el logos y la realidad, pero esas ideas, que se pueden recorrer desde el nominalismo medieval hasta Wittgenstein, por ejemplo, no dejan de ser tópicas y, por supuesto, no reflejan ningún conocimiento teológico: El món que ha creat la paraula / esdevé el món real / ... / la mort i la vida / depenen del logos amb què són pensats i expressats / Allò que pensam i expressam / és allò que vivim (X).
  • De acuerdo en que los poemas son glosas a la Biblia, doce en concreto, supongo que en relación con las doce tribus de Israel o los doce apóstoles. Y doce glosas ordenadas desde el Génesis del primer poema hasta el Apocalipsis del último que, por lo demás, intenta cerrar el libro a dos niveles: 1) Volviendo simétricamente a esa materia críptica del primero, ¿la palabra?: aquest llibre / que sorgeix d'una matèria que s'hi oposa, / -que no vol mirar al cel ni sentir la terra (I); ahora la materia está frente al océano: un oceà de vidre i foc / es mostra devant la matèria (XII). 2) Recapitulando lugares y temas recorridos en los poemas intermedios: recorda l'Edèn, la terra inundada pel diluvi, Egipte, / el desert... / coloms, gaseles (XII).
  • Contiene alguna idea que pretende épater como la de Moisés en el monte Nebó (III) que no quiere entrar en la Tierra Prometida de leche y miel perquè la mel no li agradava gens y prefiere hacer del monte Nebó una terra que regalimava calvados. Dos detalles: 1º) Moisés viene a ser el héroe opuesto a Ulises: éste llega a Ítaca sin sus compañeros y aquél no llega a la Tierra Prometida aunque conduce allí al pueblo de Israel. 2º) No creo que mucha gente sepa que la miel de que se habla en la Biblia no es la de las abejas sino una sustancia que sale de ciertas rocas.
  • Me parece fatal la comparación que se sugiere entre el pueblo judío y el catalán en el poema IV: També el nostre poble ha conegut l'esclavatge / i el sotmetiment a gent estrangera. ¿Habrá que recordar las persecuciones a los judíos en la Catalunya del siglo XIV? Da igual, para la ideología dominante pancatalanista todo vale.
  • Usa y abusa de alguna figura de repetición como la anáfora que no sé bien si intenta imitar esos paralelismos bíblicos cuya función es mnemotécnica: que sorgeix... / que no vol... / que li fa mal (I); quina mena de pàtria... / quina mena de llibertat... / quina petita resta... / quin temple (IV); Fa mal conhortar-se... / És inútil... / És inútil.../ Fa mal conhortar-se (V); que es deleix... / que anhela... / que el banyi (IX).
  • En cambio, no se encuentran figuras no sólo propias sino constitutivas de la lírica como la metáfora o el símbolo. Y, de hecho, cuando aparecen, es para negarlos. Así ocurre en un poema basado en el Cantar de los cantares (VIII) en cuya primera parte se repasan símbolos amorosos como la gacela, el ciervo, la yegua o la tórtola para, acto seguido, alejarse dels conceptes hebraics para manifestarse amorosamente en lenguaje casi administrativo: és hora que faci constar en acta, Vull fer constar també; y suerte que el poema se salva culminando en otra imagen bíblica con connotaciones fálicas: els sagrats cedres del Líban que s'alcen sempre drets.
  • Cae por momentos en un prosaísmo rayano en la cacofonía. Véanse estos versos cuya base pretende ser un paralelismo y un juego de conceptos en antítesis: un diluvi / que va fer morir moltes de les poques coses que estimava / i sols algunes de les que estimava poc o gens (I). Y más prosaicao aún es en su totalidad un canto al agnosticismo (VI) que toma como base el salmo De profundis: Tanmateix, o per això, a Vós clam / (de mon no-res perdut dintre l'abisme... O el poema siguiente (VII) con referencias -entiendo- al Eclesiastés y que aparece enmarcado entre dos Potser que, por lo demás, se van repitiendo; léase el siguiente fragmento buscando musicalidad: fent abstracció del fet que per bé o per mal som vius, / fa mal decantar-se per una cosa o l'altre.
En fin, que la lírica, incluso la catalana, es algo más serio.