Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 21 de febrero de 2015

Salamanca y Tavira, II: Tavira

Día 13/2/15.
Salgo de Salamanca por la ruta de la Plata en plan autovía perfecta. Gredos, completamente nevado. Al llegar a Cáceres me desvío para tomar la nacional a Badajoz, entro en Portugal por la autopista de peaje hacia Lisboa y, más allá de Elvas, me salgo para tomar una nacional, que luego se convertirá durante ciertos tramos en vía rápida, hacia Évora. Cruzo Évora en dirección a Beja y, pocos quilómetros antes, como es la hora de comer, paro en una casa de comidas en la que ya había parado en al menos dos ocasiones: me sugiere la camarera un feijão que vino a ser un plato de alubias más todo un kit de colesterol. Y lo bien que pronunciaría yo el portugués que luego, al preguntar que quería de postre y contestarle yo, me preguntó la camarera si yo era español o portugués: tan cansado iba del viaje que le contesté sin más porque, en otro momento, le habría entrado al asunto. 
Total, continúo el viaje y, por Mértola, voy a parar a Vila Real de Santo António y a la vista del puente sobre el Guadiana. Tomo la autopista y llego a Tavira a las 16:30 hora portuguesa; o sea, con el jet lag a favor. Ni que decir tiene que el hotel Vila Galé, en la foto, con un estilo moruno que no acaba de apreciarse en la foto de la izquierda, es una birguería (que yo siempre lo he escrito con b para que no se asocie con virgo). Dedico un rato a descansar y, de paso, opto por un segundo conato de leer Ontem não te vi em Babilónia de António Lobo Antunes, el que dijo que ningún autor vivo portugués le llegaba aos calcanhares: el resultado es que consigo llegar hasta la página 5 sin saber aún de qué va.
A las 6 declaro la hora de las birras y hago mi recorrido habitual: primero al chiringuito de Quatro Águas, en la desembocadura del río Gilão y frente a la isla de Tavira, para controlar el estado de la marea: véase la foto de la derecha con la cerveza Sagres en primer plano, la isla de Tavira al fondo y barcas fondeadas. Tras ello, al bar O seu cantinho donde me doy cuenta de que ya no está el dueño que yo esperaba: pregunto y la patrona me cuenta que hace ya un par de años que lo lleva ella. Así me da la hora de cenar y voy a un restaurante junto al antiguo mercado para hablar con el camarero, que la otra vez me había recomendado para comer un restaurante que llevaba su suegro y me solucionó las comidas la última vez: me cuenta que el restaurante hubo de cerrar por no poder pagar el alquiler, de ahí pasa a hablarme de la crisis y culmina hablándome del Barça; de todas maneras, me como una ensalada de tomate, queso y cebolla y un bife à pimenta espléndido. Y a dormir.
Día 14/2/15
A las 10 ya estoy en el centro comercial para mirar qué hay en la librería. Y no es que sea una librería de las mejores ni de lejos, pero la última vez encontré una joya: nada menor que un ejemplar de la colección de narraciones de terror seleccionada por Borges y que en España editó Siruela con F.M.R. Esta vez compro algo que ya tenía previsto, el Livro do desassossego de Pessoa en una edición bastante crítica (porque desistí de encontrarlo en la tradicional edición de Ática y lo creo incluso descatalogado). El resto de la mañana lo dedico a hojear y leer el libro descubriendo frases geniales como ésta: Querer ir morrer a Pekim e não poder é das cousas que pesam sobre mim como a idea d'um cataclysmo proximo. A la hora de comer no se me ocurre otra cosa que meterme en un restaurante indio y probar un plato de camarão con especias, eso a lo que suele saber la comida india.
Por la tarde, tras la siesta, mismo programa que el día anterior: chiringuito de Quatro Águas para comprobar que la marea, como el día anterior, está baja. Luego a O seu cantinho a ver pasar el tiempo: por cierto, véase la foto de mi coche aparcado a la puerta y detrás, una casa con la típica chimenea del Algarve, que es eso blanco que sobresale. Sigo luego por la misma calle y me veo un bar, en el que nunca me había fijado, de nombre O poeta: entro y me tomo un par de cervezas contemplando a una camarera de cuerpo mo-nu-men-tal por expresarlo con cuatro palabras según la lexicología a la Jesulín. Y luego a cenar a una pizzería de la misma calle en la que pido una ensalada no sé cómo y una pizza cuatro quesos y me lo como todo aunque hubiera quedado harto sólo con la una o la otra.
Día 15/2/15
Como sé que, a pesar de ser domingo, el centro comercial está abierto, me acerco a mirar si hay algo comprable en una tienda de discos y sólo veo un CD de Marisa que no compro. Pero me meto en el Continente y me hago con una botella de vino del Alentejo para la familia. Voy a tomar café y leer un ratito Pessoa, y decido acercarme a Ayamonte, que no está a más de 25 quilómetros. Aparco abajo, en zona portuaria, me meto por cuatro callejas y doy en una plaza bonito con dos o tres bares en los que la gente ya anda por la hora del aperitivo. En cambio yo me pido un café y leo el periódico. Vuelvo hacia Tavira y, al cruzar el puente del Guadiana, leo un cartel en el que viene a decir -cosa nueva- que los vehículos extranjeros deben pagar peaje en la autopista portuguesa. Como estoy situado detrás de un 4x4 con matrícula española que ha entrado en la autopista delante de mí en Ayamonte, decido observar lo que hace: al otro lado del río y como si fuera un área de servicio donde antes estaba la aduana, hay, efectivamente unas cabinas de peaje con coches; pero él, y yo detrás, avanzamos por el centro de la autopista sin problemas y yo, por si acaso, decido salir en la primera salida hacia Vila Real y seguir hasta Tavira por la B-125. Comida y, tras una larga siesta, voy hacia el chiringuito de Quatro Águas convencido de que estaría cerrado por descanso dominical y no, allí estaba el abuelo sirviendo cervezas. Sólo que el público, en vez de la la golfería tradicional del resto de días, lo que en portugués se expresa con a rapaziada, eran más bien matrimonios. Tras ello, y sabiendo ya, porque me lo había dicho la patrona, que O seu cantinho estaba cerrado, voy directamente al bar O poeta donde el personal estaba mirando el fútbol. Luego me como un kebab en un local moruno de al lado y a dormir.
Día 16/2/15
Como tenía decidido dedicarlo al descanso porque al día siguiente quiero hacer el viaje de vuelta de un tirón, decido algo que ya había hecho otras veces, ir a Faro en tren. Así lo hago: marismas, almendros en flor, jubilados ingleses vestidos para caminar que se bajan en cualquier estación para caminar... Llego a Faro y doy una vuelta por el centro: voy a la librería Bertrand y no veo cosa digna de comprar; voy a la tienda de música que solía, y tampoco. Deambulo en busca de un sitio donde comer a su hora y caigo en un restaurante Da ponte donde hay un menú que incluye un bacalháu espiritual: ese nombre de plato me convence más, claro está, que las deconstrucciones y los maridajes de la neococina hortera. Voy a dar otra vuelta y me paro a tomar un café en el puerto, de donde la foto. Voy luego a comer: un caldo, el bacalháu espiritual, mousse de chocolate y agua para beber, 8,50 euros. Vuelvo andando a la estación y a Tavira otra vez.
Dedico el resto de la tarde a descansar de cara al regreso al día siguiente. Una siesta y sólo salgo un ratito al bar el Poeta porque tienen conexión de Internet y luego, en otro lado, me como un bocata. Y a dormir porque quiero madrugar y salir cuanto antes, tras el desayuno en el hotel, que empieza a las 7.
Día 17/2/15
Efectivamente, a las 7:30 ya lo tengo todo hecho: el check-in, que encuentro nombre estúpido, el desayuno, la maleta y todo en el coche y, además, ya me he tomado un café en el único sitio que encuentro abierto. Y el GPS programado y el coche puesto en hora española.
Salgo, pues, a las 7:30 por la autopista portuguesa, cruzo el puente del Guadiana, sigo hacia Sevilla y luego tomo la A-4 en dirección Madrid. Voy parando cada dos horas: al pasar Sevilla y antes de Despeñaperros. Sigo por la A-4 hasta Manzanares y compruebo que el tramo de autovía de Ciudad Real hacia el Mediterráneo que aún no estaba terminado, el tramo entre Manzanares y Argamasilla de Alba, ya está listo. Tomo esa autovía por encima de Manzanares y paro más allá de Tomelloso y Socuéllamos a comer. Prosigo luego hasta enlazar con la A-3 de Madrid a Valencia, salgo a la A-7 por el bypass de Valencia y luego, en vez de coger la autopista de peaje más allá de Sagunto, voy por la autovía hasta Castellón norte donde enlazo con la N-340 hasta Torreblanca. Allí sí, cojo la autopista de peaje pero salgo en L'Ametlla para comprobar la nueva autovía que ahora ya va desde Vandellós hasta la entrada de Altafulla. Vuelvo a la autopista de peaje y llego a Valldoreix a las 21:30. Total: unos 1.100 quilómetros en 13 horas.
Y quedo a la espera de tomar el barco de Menorca el domingo 22.

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